Petra, las ruinas que soportan el peso de la crisis de Oriente Próximo

Texto y fotos: Inés Escario - 23-06-2016

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La muralla de Nínive, las estatuas asirias del Museo de la Civilización en Mosul o, el caso más conocido, la ruinas de la ciudad de Palmira. Son solo algunos de los monumentos sirios e iraquíes destruidos por el DAESH (Estado Islámico, en sus siglas en árabe) en la guerra paralela declarada al patrimonio. Otros países Oriente Próximo sufren indirectamente las consecuencias de su cercanía al conflicto: no se destruyen sus monumentos, pero los muros de su economía se resquebrajan con la merma del turismo procedente de países extranjeros. Este tipo de turismo es una de las principales partidas en el Producto Interior Bruto de Jordania, limítrofe con Israel, Cisjordania, Irak y Arabia Saudí, y separado por tan solo 19 kilómetros  del mar Rojo, que le liga a Egipto.

 

Uno de los mayores atractivos turísticos de Jordania es Petra. Construida hace más de 2000 años, a su popularidad contribuyeron algunos rodajes de películas, como Indiana Jones y la última cruzada (1989), en la que la fachada más famosa del conjunto, la del tesoro (Al Khazneh), hizo las veces del templo secreto que albergaba el Santo Grial. Y no es casualidad que Cita con la muerte (1938), obra de la célebre escritora de suspense Agatha Christie, estuviera ambientada también en este enclave arqueológico, ya que la antigua ciudad de Petra es, en realidad, un enorme cementerio. De hecho, sus impresionantes fachadas talladas en la roca son los monumentos funerarios y los templos de los reyes y nobles nabateos que poblaban en la época esta zona de tránsito de caravanas llegadas desde Yemen camino de los puertos del Mediterráneo. Los mercaderes de la ruta de las especias descansaban en la “pequeña Petra”, mucho más accesible que el enclave arqueológico, cuya entrada principal es el cañón del Siq (en árabe, “paso estrecho”),  un paso natural de 1.200 metros que conduce hasta la fachada del tesoro.

 

Con el paso de los siglos, la ciudad de Petra (palabra griega que significa roca), que no formaba parte de las rutas de peregrinación a la Meca, fue cayendo gradualmente en el olvido hasta que en 1812 el explorador suizo Jean Louis Burckhardt, convertido al islam, logró convencer a los beduinos para que le llevaran a la tumba de Aarón para ofrecer un  animal como sacrificio. Así descubrió los principales monumentos, como la fachada del tesoro (Al Khazneh), la del monasterio (Al Deir) o el teatro. A él le siguieron otros muchos occidentales, hasta que en 1985 el enclave arqueológico se incluyó en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y en 2007 fue elegida mediante una votación organizada por la  empresa Open New World Corporation como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno.

 

Petra vivió su máximo esplendor turístico en el año 2010, año en el que  975.285 turistas lo visitaron, lo que representó un aumento del 27 % con respecto al año anterior y la cifra más alta de la historia del parque arqueológico. Fue en diciembre de ese año cuando empezó a aflorar la denominada Primavera árabe, con la revuelta de numerosas poblaciones contra los regímenes imperantes. La mecha de las revueltas, que se encendió en Túnez, pronto se extendió a otros países de la zona, como Egipto, Yemen, Siria o Libia. Incluso Jordania, con protestas callejeras que, según la Embajada de España en Amán, continúan produciéndose, generalmente los viernes después de la oración y de forma pacífica.

 

El mundo fue testigo a través de los medios de comunicación y de internet del descontento en estos países árabes, que se tradujo en una percepción de inseguridad que afectó también a Jordania y, automáticamente, a su emblema: la antigua ciudad de Petra.

 

“Aunque Jordania se puede considerar un remanso de estabilidad y no es un país que genere mucha información, pienso que la visión que desde España y Occidente se tiene de Oriente Medio, como un bloque unitario, hace que la situación de inseguridad en unos países afecte al resto, especialmente en cuestiones de turismo”, explica el periodista Jorge Fuentelsaz, basado en El Cairo.

 

El descenso de turistas más notorio coincidió con el inicio de las protestas, en 2011, cuando las cifras de visitantes al monumento disminuyeron en un 35’4 % con respecto al año anterior, según los datos del Ministerio de Turismo y de Arqueología de Jordania. A partir de ese momento se inició una bajada paulatina de viajeros que ha acabado reduciendo a más de la mitad los visitantes anuales. Si comparamos los datos de 2010, cuando fueron casi un millón los visitantes, en 2015 la cifra se quedó en 430.106, de los que 115.304 eran jordanos.

 

La cercanía a la guerra en Siria –en la que entran en juego numerosos actores nacionales e internacionales (Rusia, Estados Unidos, Turquía, Arabia Saudí, Irán), sin olvidar a los grupos rebeldes y grupos terroristas como el DAESH– no es el único problema de este pequeño país de Oriente Próximo.

 

“Estamos rodeados de diversas amenazas como el conflicto palestino-israelí, Irak y el DAESH o Siria y su régimen. Esta última situación es el principal obstáculo que frena a los turistas a la hora de elegir Petra como primera opción para sus vacaciones desde hace tres años”, se lamenta el responsable del departamento de Marketing y Estadísticas de la Autoridad Regional de Petra para el Desarrollo y Turismo, Sallah Faqeer. Para Faqeer la estacionalidad del turismo, así como la fuerte competencia de países vecinos como Egipto e Israel, como causas secundarias de la bajada de las visitas al monumento desde el año 2011.

 

 

Un país en calma rodeado de conflictos

 

Según The Institute for Economics & Peace, Jordania se sitúa en el puesto número 71 en su índice sobre el estado de la paz en el mundo elaborado en 2015, muy por delante de vecinos como Egipto (137), Arabia Saudí (95) e Israel (148), así como de Siria e Irak, último y penúltimo respectivamente en este escalafón. La Embajada de España en Amán establece una serie recomendaciones de viaje y deja patente que “la inestabilidad reinante en Irak, el conflicto en Siria y la inestable situación regional constituyen un riesgo para la seguridad en Jordania”. Desde la legación diplomática desaconsejan “encarecidamente” las zonas fronterizas con Israel y los Territorios Palestinos (Cisjordania), así como las fronteras con Siria y con Irak.

 

De hecho, el pasado 6 de junio cinco agentes de inteligencia jordanos murieron en un ataque armado contra su oficina en el campo de refugiados de Baqaa, situado unos 30 kilómetros al norte de la capital jordana y que acoge a unos 100.000 palestinos. El último atentado contra intereses turísticos se produjo el 9 de noviembre del 2005, cuando en un ataque contra tres hoteles en Amán fallecieron más de 60 personas. Aunque lejano en el tiempo, todavía sigue haciendo mella en el sector turístico. De todas las maneras, desde la embajada destacan que la capital, Amán, así como las principales localidades y regiones del país que forman parte de los habituales paquetes turísticos como Gerasa, Ajlun, Madaba, Aqaba, Wadi Rum o el Mar Muerto no suelen presentar problemas de seguridad.

 

Sin embargo, la situación en las zonas limítrofes o algunos atentados aéreos, en concreto en Egipto,  con el del avión de la compañía MetroJet que se estrelló en la cercana península del Sinaí, han disuadido a muchos turistas extranjeros de la idea de viajar a esta zona.

 

Youssri El Badri es un historiador egipcio que realizaba la visita a Petra con turistas de un hotel ubicado en el Sinaí (Egipto) hasta el 2014, año en el que cerró definitivamente. Diplomado por la Universidad de El Cairo ejerce como guía y conferenciante de arqueología y egiptología. Para El Badri, el Sinaí es la extensión natural del desierto de Petra y Wadi Rum por lo que ambos territorios están fuertemente ligados, geográfica e históricamente. “Cuando el turismo funciona bien en Egipto y el Sinaí, automáticamente lo hace también en Petra”. Recuerda que el 2010 fue un año excepcional de turismo en Egipto, por lo que un gran número de visitantes de Petra pasaban sus vacaciones en Sharm El Sheikh o en otras zonas de la península del Sinaí y también se realizaban circuitos que comenzaban en Egipto o Israel y que incluían Petra.

 

Pero a partir de ese año comenzó el declive turístico en Oriente Próximo y “el número de visitantes al monumento nabateo ha disminuido hasta menos de la mitad actualmente con respecto al 2010”, dice el arqueólogo. Además de Jordania, también en el vecino Egipto, ya que “aunque la situación es bastante tranquila”, el turismo “ha experimentado una drástica bajada de visitantes extranjeros”, explica el guía egipcio, que en estos momentos se dedica a acompañar a turistas franceses en los cruceros del Nilo entre Luxor y Asuán. “Aunque no hay mucha gente”, se lamenta.

 

Lo corrobora el periodista Jorge Fuentelsaz que señala que entre abril de 2015 y abril de 2016 el turismo en Egipto ha caído un 50 %. Esta reducción se produce, además, sobre cifras ya de por sí bajas, como consecuencia de la inestabilidad que experimenta el país desde 2011. “En el caso de Egipto el principal responsable de este drástico descenso ha sido el atentado terrorista contra el avión ruso ocurrido a finales del año pasado”, dice el corresponsal.

 

 

El frágil equilibrio entre explotación y conservación

 

Paradójicamente, el turismo que da vida a la región es el mismo que, si no se organiza de forma correcta, puede poner en peligro las históricas ruinas ya de por sí afectadas por la erosión del viento o los terremotos que afectaron a la zona en la antigüedad. “Aunque en la actualidad el monumento no está en peligro por el descenso del turismo, se han conocido días en los que el parque arqueológico ha alcanzado más de 4.500 visitantes”, explica la responsable de las acciones de concienciación y compromiso con la comunidad de la asociación jordana Petra National Trust (PNT), Anne Apoepjes. La PNT es una organización no gubernamental que se centra en la conservación del conjunto arqueológico de Petra y en establecer conexiones entre la comunidad local y este espacio, sobre todo mediante el trabajo con los más jóvenes. La organización subraya entre las principales amenazas el exceso de turistas en el parque que ha llegado a rebasar los 2.000 visitantes por día, superando el aforo fijado por la dirección de la UNESCO en Petra; los eventos masivos que se han celebrado, sobre todo cuando el conjunto fue proclamado maravilla moderna; la circulación de vehículos en la zona protegida, o el uso inadecuado de las históricas cuevas, entre otros.

 

“El equilibrio entre los requisitos turísticos y la preservación del parque arqueológico y el entorno natural puede ser muy difícil, sobre todo en un país como Jordania donde gran parte del Producto Interior Bruto corresponde al turismo”, apunta Apoepjes. Como en la propia región, ya que la práctica totalidad de trabajadores de Petra pertenecen a las familias de beduinos que poblaron antaño las montañas talladas por los nabateos. Esta tribu continuó viviendo en las cuevas hasta 1985, año en el que el conjunto fue reconocido por la UNESCO y, para preservar los monumentos de la ciudad, sus pobladores fueron trasladados la cercana localidad de Um Saihoun, que cuenta aproximadamente con 4.000 habitantes. Hoy en día, la mayoría de ellos trabaja en el sector del turismo como guías (aproximadamente un 70 % son locales), comerciantes o conductores de los cincuenta coches de caballos que acercan a los turistas por el cañón del Siq hasta la fachada del tesoro.

 

El director de gestión de recursos culturales del Parque Arqueológico de Petra, Tahani Salhi, explica que el precio de la entrada, 50 dinares jordanos (el equivalente a unos 60 euros), está distribuido en parte entre las comunidades y que 15 de los 17 dinares jordanos que cuesta la entrada al espectáculo nocturno, Petra by Night, se destinan también a los locales. “Petra es extremadamente importante en la economía y desarrollo, no solo de la región en sí misma, sino que también como icono del país”, considera Apoepjes, que se encarga de los programas de la PNT más ligados con la población local.

 

 

 

 

Inés Escario (Zaragoza, 1991) es periodista. Tras concluir la universidad vivió en Marruecos, Túnez y Egipto, donde trabajó como animadora turística. Interesada en el periodismo narrativo, los idiomas y, sobre todo, en conocer lo que pasa más allá de nuestras fronteras. Actualmente estudia un máster de periodismo internacional y reside en Zaragoza, donde trabaja como redactora en una agencia de noticias. En FronteraD ha publicado Gabriela Wiener y la crónica en un cómic. Visión del periodismo en primera persona. En Twitter:@escariolost

 

 

 

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