Miniatura de Malala realizada por la artista Wendy Tsao a partir de la muñeca Bratz. Foto: Wendy Tsao

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    ¿Por qué a muchos paquistaníes no les gusta Malala Yousafzai?

    Eva Coronado - 20-10-2016

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    Cuenta con más de 400.000 seguidores en Twitter y es el icono de la lucha por el derecho a la educación de las niñas y jóvenes de todo el mundo.

     

    Malala Yousafzai, la joven de 19 años a quien un talibán intentó asesinar a tiros por defender su derecho a continuar en el colegio, es cada vez  menos querida en su país. A pesar de ganar el Premio Nobel de la Paz en 2014 es difícil encontrar a un solo pakistaní que no tenga una opinión sobre ella, tanto positiva como negativa.

     

    “La prensa dice que llegará a ser presidenta de Pakistán, pero no sé si será verdad, aún es muy joven”, afirma Taleb H. un joven estudiante de periodismo de Islamabad de 21 años. “Mi opinión sobre ella está totalmente dividida, y no sólo yo, la mayoría de la gente piensa igual”.

     

    Cuesta creer que mientras que en la sociedad internacional aumenta la admiración y el reconocimiento por esta estudiante, en su propio país no ha conseguido el mismo respeto. Pese a la imagen negativa que Pakistán proyecta por la actitud hacia sus mujeres, tiene sin embargo en alta consideración a Benazir Bhutto y Fatima Jinnah, ambas relacionadas con la política y la creación del estado paquistaní.

     

    En 2013 Malala escribió su famosa biografía que llegó a ser un superventas, Yo soy Malala, que redactó con la periodista británica Christina Lamb. Hasta hoy se han vendido casi 300.000 copias en el Reino Unido, por valor de 2,2 millones de libras. Alrededor del mundo, la cifra llega hasta los casi dos millones de ejemplares, según ha explicado un portavoz de Nielsen Book Research.

     

    Tiempo después se realizó un documental sobre ella, He named me Malala, en la que su padre tomaba un gran protagonismo.

     

    Pocas chicas de su edad pueden presumir de un Día Mundial con su nombre, y es que el World Malala Day  fue creado por las Naciones Unidas para concienciar sobre la educación de las niñas y se celebra el día del cumpleaños de la protagonista, el 14 de julio. La joven también tiene admiradores que opinan que sí está haciendo un buen trabajo y que debería ser más reconocida en su propio país por varias razones.

     

     

    Pakistán no aprecia a muchos de sus héroes

     

    Mohammad Abdus Salam fue un físico teórico pakistaní que consiguió el Premio Nobel de Física en 1979. Tampoco él recibió nunca el reconocimiento que se espera tras ganar el prestigioso galardón.

     

    Lo mismo sucede con la ganadora de dos Oscars, Sharmeen Obaid-Chinoy. El periódico más vendido de Pakistán, Dawn, apenas le dedicó una fotografía y unas cuentas líneas cuando ganó el Oscar este año. Maria S., de 40 años, paquistaní y residente en Karachi, explica su punto de vista: “Vi Saving face, el documental por el que ganó el Oscar. No me parece una buena obra. Creo que se lo dieron por estar producida por HBO y por el tema en sí. No deja en buen lugar a Pakistán, pero ocurre y hay que contarlo”.

     

    Actualmente en Pakistán el 47% de los niños entre 5 y 16 años no van al colegio. De este tanto por ciento el 52% son niñas. Además, el 18 % de los colegios sólo cuentan con una clase y el 9 % de los colegios de primaria no tienen edificio. Como dato positivo cabe destacar que en el año 2016 el número de niños que no van al colegio ha decrecido. De 25 millones ha bajado a 24. Por otro lado, tan sólo el 20% de los estudiantes llega a la universidad. Con estos datos, muchos se preguntan si Malala no debe seguir llamando la atención sobre la educación en Pakistán.

     

     

    La escuela donde estudió, la apoya

     

    En diciembre del 2011, hubo protestas cuando el gobierno rebautizó al Degree College de Swat donde estudiaba con el nombre de Malala. Los manifestantes argumentaron que así se pondría en peligro las vidas de las estudiantes. A petición de la propia adolescente, la decisión fue revocada.

     

    El maestro de Malala, Fazal Jaliq, siempre mantuvo su apoyo a la que fuera su alumna. Cuando la joven no consiguió el premio Nobel (la primera vez que se presentó su candidatura), Fazal Jaliq comentó que los estudiantes de la Escuela Pública Jushal estaban muy tristes porque no recibió el premio. “Todavía es muy joven y puede obtener el Nobel el año próximo. Su candidatura nos dio una inmensa alegría”, dijo entonces.

     

    Aún así, Pakistán sigue criticando a su jovencísima Premio Nobel.

     

    En un momento en que los medios no dejan de mostrar los aspectos menos gratos del país, Malala sigue haciendo lo mismo. Habla de un país donde las mujeres no tienen derecho a la educación y donde aquellas que quieren estudiar deben superar grandes obstáculos para conseguirlo. ¿Pero qué pasa con todas aquellas que estudian en universidades de Lahore, Karachi o Islamabad? ¿O con todas aquellas que incluso teniendo pocos recursos trabajan y estudian a la vez? Incluso cuando ser crítico es necesario, ser realista también lo es. La opinión pública quiere escuchar a Malala. Por eso sus compatriotas no entienden por qué no aprovecha su fama para ofrecer una imagen más positiva de Pakistán.

     

     

    No fue la única

     

    El día que dispararon contra ella no estaba sola. Se encontraba con un grupo de compañeras que también fueron atacadas, entre ellas sus amigas Shazia Ramzan y Kainat Riaz, que también salieron del país. Una de las preguntas que los paquistaníes se hacen es por qué ella nunca habla de sus amigas y por qué ninguna de ellas ha conseguido la notable popularidad que sí tiene la Premio Nobel. Además, muchos piensan que son las valientes estudiantes de la madrasa (escuela religiosa islámica) Jamia Hafsa, en Islamabad, quienes deberían haber recibido un premio semejante, ya que en 2007 estas estudiantes se enfrentaron a las fuerzas de seguridad y su voz quedó silenciada.

     

    Malala era una niña cuando sufrió el atentado que estuvo a punto de acabar con su vida. Pero su familiar estuvo a su lado y manifestó públicamente su apoyo. Ziauddin Yousafzai, su padre, explica que lo único que ha querido es dar a su hija libertad y apoyarla para que continuase con su educación. Pero lo cierto es que participa activamente en la vida pública de su hija, dando charlas en conjunto o por separado, como la charla TED que ofreció en el 2014.

     

    Mientras Malala ponía en marcha su fundación, su familia creó la compañía Salarzai Limited para proteger los derechos de autor de su hija y su historia. Según recientes informaciones publicadas al respecto, la compañía, en la que también está involucrada su madre, Toor Pekai, tenía un patrimonio neto de 1,87 millones de libras (algo más de 2 millones de euros) en agosto de 2015, casi un 65% más respecto al año anterior.

     

    Muchos paquistaníes comparan la figura de Malala con la de Abdul Sattar Edhi. Este filántropo llevó una vida austera en la que incluso rechazó tratamiento fuera de su país cuando cayó enfermo. Murió el pasado 8 de julio a la edad de 88 años. Su funeral llenó el estadio nacional de Karachi.

     

    Ser activista e icono social es rentable. ¿Es por eso menos importante la labor que realiza? ¿Debería Malala mostrar también la cara más amable de su país o por el contrario debe centrarse en sacar a la luz los aspectos menos amables? ¿Debería una adolescente cargar con la responsabilidad de un premio Nobel? Mientras la tormenta sigue, Malala Yousafzai empieza su último año en la escuela secundaria haciéndose fotos con sus amigas, como cualquier chica de su edad.

     

     

     

     

    Eva Coronado es periodista especializada en temática internacional y cultura. En FronteraD ha publicado La revolución pendiente en Bielorrusia y el espejo de Ucrania y, con Bruno Leão, El dilema de Dilma. Brasil, agotamiento en el paraíso de las paradojas.

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