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Mundo minúsculo el blog de Alfonso Vila


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2 de julio, 2018

España en Regional. Capítulo quinto. Lérida-La Pobla de Segur

 

Si hay regionales que son supervivientes, esté es más que eso: es un superhéroe. Superhéroe porque ha superado una maldición primitiva y un pecado original que debían suponer un estigma y una carga tan pesada que habría hundido a cualquier tren. Pero no a éste. Y eso que llegó a estar desahuciado, como en su momento casi lo estuvo el Regional de Alcoy. Pero si el de Alcoy se salvó en el último momento, el Regional Lérida-La Pobla de Segur llegó a entrar en la UVI. Y nadie quería operarlo, porque la operación no tenía ninguna garantía de éxito. Y entonces llegó la Generalitat Catalana al rescate, y el dio igual que fuera un tren de vía ancha, cuando la Generalitat sólo tenía trenes de vía estrecha, y le dio igual los malos augurios y los informes demoledores. Renovó la vía (y aún la continua renovando), cambió los trenes, que son totalmente distintos a los que uno se encuentra en cualquier estación de Renfe y sobre todo, sobre todo (¡qué locos!, ¿a quién se le ocurriría una idea tan estrafalaria?), apostó por el turismo, no sólo atrayendo excursionistas, piragüistas, ciclistas y montañeros a sus trenes ordinarios, sino creando un tren especial, un tren turístico que circula en las temporadas altas, durante los fines de semana, y que tiene un nombre de lo más sugerente: “El tren de los lagos”.

 

En fin, un giro radical que le dio nueva vida al tren. Y esto además de continuar y aumentar el servicio a la ciudad de Balaguer, con unos trenes que no suben más arriba y que funcionan, en la práctica, como un tren de Cercanías de Lérida. Balaguer era una ciudad que no podía quedarse sin tren, y eso la Generalitat Catalana lo entendió muy bien. Pero también comprendió el gran potencial turístico de este tren que fue creado para cualquier cosa menos para llevar turistas, pero que en su sinuoso camino por los desfiladeros del Pirineo atraviesa paisajes espléndidos, sitios que invitan a bajarse en la primera parada y ponerse a andar entre los bosques y las orillas de los pantanos.

 

Ahora bien, empecemos por el principio. Vamos al pecado original. Eso es una cosa muy seria, algo que te marca de por vida. Este tren no tenía que terminar en La Pobla de Segur. De hecho, para ser exactos, este tren ni siquiera tenía que empezar en Lérida. En este país de desmesurados proyectos ferroviarios, el tramo Lérida-La Pobla de Segur era sólo una pequeña parte del “transpirenaico del Noguera Pallaresa”; que era a su vez el tramo final de una larguísima línea que empezaba en Baeza (sí, esa Baeza que está en Jaén), subía hasta Albacete, continuaba a Teruel capital, la dejaba atrás y enfilaba recto hacia Alcañiz, y finalmente, después de cruzar el Ebro, llegaba a Lérida. Sólo entonces, después de cruzar media España, empezaba a subir hacia el norte siempre pegado al río Noguera Pallaresa hasta llegar a la frontera con Francia. Naturalmente cruzar la frontera sólo era posible mediante un gran túnel, muy parecido al de Somport en Huesca, y este túnel era la guinda del pastel, el último de los túneles de un tren lleno de túneles, el último obstáculo geográfico de un tren lleno de obstáculos geográficos.

 

Cualquiera que sepa un poco de geografía española sabrá que el interior del país está formado por una gran meseta, pero peor que la meseta son sus bordes. En la zona que nos ocupa tenemos la Cordillera Penibética y el sistema ibérico y esta línea se metía en el corazón mismo de las montañas, atravesando algunas de las comarcas más altas, abruptas y aisladas del país. Así las cosas cualquiera que tuviera sentido común hubiera dejado el proyecto en papel mojado. Pero Primo de Rivera tenía fe en las obras públicas, tenía fe en los proyectos faraónicos que daban trabajo y buena publicidad (algo nada extraño en un dictador, desde luego). De manera que las obras empezaron. Y continuaron luego, con la dictadura de Franco, que algunos pueden pensar que sólo hacía pantanos, pero no, también tenía una plan de construcción de ferrocarriles muy ambicioso. El resultado fue que para el año 1962 muchos tramos de este inmenso ferrocarril estaban casi terminados. La primera parte del recorrido, la que salía de Baeza y llegaba a Albacete bordeando la Sierra de Alcaraz se terminó totalmente, incluso se colocaron los railes y ya estaba todo preparado para ser puesto en servicio. Y entonces es cuando llegó la maldición…

 

¿Les suenan a ustedes los “informes del Banco Mundial”? Pues es como para echarse a temblar. Sobre todo si se trata del transporte ferroviario. Si viene del Banco Mundial nunca puede ser bueno. No, de bueno nada, es pésimo. En los años 60 el Banco Mundial era el principal enemigo de los ferrocarriles (y por extensión de todo el transporte público). Ellos lo que decían era muy simple: “Nada de trenes, coches, coches, ¡coches!, el futuro son los coches. Todos a comprarse un coche, todos a fabricar coches, todos ha construir carreteras…”. Pues sí. Eso fue lo que pasó. Pasó por todo el mundo, en Los Ángeles, allá en la lejana California, les hicieron mucho caso. Tenían un metro. Lo quitaron. En su lugar construyeron autopistas de muchos carriles, y fueron felices, felices hasta que llegaron los problemas del tráfico, la contaminación y la crisis del petróleo. Entonces alguien se acordó del metro, ese ferrocarril que iba por debajo de las calles. Pero claro, el metro ya no existía… lo habían desmantelado. Al final tuvieron que volverlo a poner en marcha, recuperar lo que quedaba del trazado antiguo y empezar a construir nuevas líneas. Y hace dos años se podía leer en un periódico de gran tirada el siguiente titular: “los vecinos de Los Ángeles vuelven a descubrir el metro”. Eso está bien, por supuesto. Pero hubiera sido mejor no haberlo olvidado nunca.

 

¿Qué pasó en España? Pues sabiendo que la economía española estaba en manos de los tecnócratas del Opus, no resulta difícil de imaginar. Dejaron abandonados todos los proyectos ferroviarios que tenían sobre la mesa, por muy adelantados o casi terminados que estuvieran, y, puesto que teníamos un embrión de sistema radial, continuaron con la construcción de carreteras desde Madrid hacia las provincias, con la inevitable excepción de las autopistas costeras, que los turistas del norte eran una cosa muy seria y había que llevarlos rápido a las playas. Con todo esto es un milagro que la sección Lérida-La Pobla de Segur entrara en servicio, pero podemos decir que se salvó por la campana, porque entró en servicio un poco antes del fatídico informe del Banco Mundial. Si las obras se hubieran retrasado unos años, su historia podría haber sido muy distinta.

 

Pero por suerte tenemos un tren estupendo. Un tren muy curioso, porque sus billetes no se pueden comprar en las taquillas de estación de Renfe de Lérida, aunque comparta las mismas vías que todos los otros trenes. Si vas a comprar el billete con la ignorancia habitual de muchos viajeros, te quedarás sorprendido cuando el personal que atiende la taquilla te diga que tiene billetes para cualquier parte del país, pero no para Balaguer, que está a media hora de Lérida. Pero sí, este tren no es del estado, es de la Generalitat, y el billete se lo tienes que comprar al revisor en el propio tren, y no hay ningún otro sitio donde puedas comprar el billete, porque, aunque la Generalitat tiene el metro y tiene las líneas de vía estrecha del área metropolitana de Barcelona, este tren tampoco funciona con los mismos billetes de ellos, que, naturalmente, se pueden comprar en máquinas expendedoras y con muchas clases de abonos y de tarjetas con distintas opciones de recarga. Pero este tren es único, único e irrepetible. O mejor dicho, único pero muy repetible, muy recomendablemente repetible, porque pasa por sitios muy hermosos, que difícilmente se pueden ver si no es desde este mismo tren. Y además del paisaje, de los túneles y los puentes que obligar a ir a una velocidad muy baja (cosa que no molesta, y más aún si quieres hacer fotos), prácticamente puedes ir del tren a la piragua, o del tren al sendero que te llevará a tu zona de acampada o a la pared rocosa que vas a escalar, con lo cual, cuando llega el verano, no es nada extraño verlo lleno de excursionistas, mochileros, caminantes y toda clase de viajeros por placer. Porque este tren es perfecto para eso, para un viaje por placer.

 

 

uno de los desfiladeros que atreviesa el tren

 

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