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1 de diciembre, 2016

Sapiens I

 

Estoy leyendo un libro muy estimulante y entretenido: Sapiens, de animales a dioses (autor: Yuval Noah Harari) en el que encuentro, además de miles de cosas que ignoraba, de preguntas todavía sin respuesta, de hipótesis inquietantes, esa perspectiva a vista de pájaro que te hace ver ridículas la mayoría de nuestras concepciones sobre nuestros semejantes y sobre el mundo que habitamos.

 

Aunque soy una típica persona “de letras”, me encanta la divulgación de la ciencia, porque me parece uno de los raros sectores donde prevalece el amor al juego limpio, al conocimiento. Qué pena que los valores sociales, las humanidades, se hayan extendido mucho menos que la ciencia y la tecnología. Estos días, cada vez que veo comportamientos, primarios, despiadados, en personas presuntamente civilizadas me pregunto: ¿serían así los homo ergaster, erectus o neanderthalis, que fueron desplazados por el homo sapiens?

 

En este libro estoy descubriendo también palabras bien curiosas que desconocía: los cauris, un molusco de la familia de las cypraeideae, con color de porcelana blanca cuya forma recuerda los genitales femeninos, y que además de usarse como amuleto fue la primera “moneda”, lo que recuerda su nombre científico, monetaria moneta. Nunca pensé que eso se llamaba cauris y que había sido tan importante. De todos modos, cuando recojo conchas siempre me extraña que sean gratis, porque me parecen joyas de gran belleza y misterio,  y algunas las enmarco y cuelgo en la pared, así que este descubrimiento me ha reconfortado porque en cierta manera me da la razón. 

 

Tampoco sabía lo que eran los millareses, que resultan ser  imitaciones cristianas del dirham cuadrado almohade. A principios de siglo XIV, 20 millareses valían una onza de plata de baja ley. En la Edad Media, en la época de las Cruzadas, los príncipes cristianos al acuñar monedas imitaban las que circulaban con caracteres árabes, lo que enfurruñaba bastante a los papas. Las primeras monedas redonditas fueron los denarios romanos, que como pasa hoy con el dólar se usaban también fuera del Imperio, y de donde viene la palabra dinar, usado durante siglos en el Mediterráneo musulmán.

 

Baratar. Término catalán, al parecer en uso: “Donar una cosa per rebre´n una altra”, y “permutar o trocar”, en desuso. Antes de comerciar -con cauris, millareses o denarios- homo sapiens utilizaba el trueque.

 

Confrontos varios

 

Nosotros no somos incapaces, somos incapaces de poder… (entender, evitar…); es decir, hablamos y escribimos oscuro, temeroso, reiterativo. Como hay miedo a concretar, a meter la pata, damos un rodeo, o varios. Incapaces de entender…¿no sonará eso demasiado duro? Mejor incapaces de poder entender.

 

Nos avergüenza no saber inglés, y entonces acogemos con indisimulado entusiasmo cualquier anglopalabra manque no haga ninguna falta. A mi lado, en el autobús, va una madre con su hija colegiala de unos 8/9 años. Y le pregunta: “¿Pero tampoco te comiste el snack?”. Sobre todo, que nuestros hijos no sean como fuimos nosotros, que sepan inglés… Eso se llamaba “las once” toda la vida de Dios. Y si no, el bocadillo, el bocata, y si no, el tentempié, que sí que suena bien, pero que ya es mucho pedir.

 

En la última entrada de esta bitácora, hace ya mucho tiempo, había un padre desolado por la desaparición de su hija –y así sigue la cosa- que, rodeado de plumillas, les decía: “No quiero confrontar”, y yo criticaba ese uso del verbo porque a ese confrontar le falta algo; pues sí, se confronta algo con algo, y se enfrenta uno a algo: tampoco se podría decir: “No quiero enfrentar”. Pues muy poquito después he visto publicado este gran titular en El País a cuatro columnas: Rajoy hace gestos a Ciudadanos y confronta con Podemos. Para mí incurre en un error parecido, pues aun así le faltaría el se reflexivo: “se confronta con Podemos”, pero en todo caso suena fatal. Cuando queremos expresar lo que parece querer esa información (se pone frente a, planta cara a, por no decir se enfrenta a) lo suyo sería mi propuesta. Estos confrontos se pueden convertir pronto en una plaga, que ojalá sea pasajera; si lo hace un periódico dizque serio, ¿por qué no?

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