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21 de septiembre, 2017

Festival de Almagro 2017 (y V) - Demasiados perros

 

(Leer la primera parte aquí, la segunda aquí, la tercera aquí y la cuarta aquí.)

 

Servilleta

 

Y llega por fin, con algo de retraso, la última entrega de las crónicas del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, que podrían conformar una saga épica como Las Crónicas de Narnia o El señor de los anillos, pero en versión manchega y a través de los ojos de un perro.

 

La última semana del Festival no me perdí nada, ni 5 minutos; no me quedé dormido por los rincones como en semanas anteriores, ni me echaron un bebedizo en el gazpacho, ni demasiado ajo en el asadillo. Así que me he enteré de todo, y voy a esbozar aquí a grandes trazos cómo fue. No puedo contarlo todo por problemas de espacio, y porque… Bueno, si queréis saberlo todo… ¡pues haber ido vosotros mismos! ¿No? Venga, el año que viene, ¡id!

 

Servilleta

 

Lo más importante de esta cuarta semana fueron los perros. Sí, ya hablé sobre el perro de Marta Poveda en la crónica anterior… es que ese perro y yo hicimos muy buenas pulgas. Pero el caso es que esa cuarta semana husmeó por la plaza un gran perro blanco con el que no congenié, y que además, me miraba de reojo. Un gran perro actor que iba a ser protagonista de un espectáculo en el escenario Áurea. Un perro con el que todos se hicieron fotos. ¡No estoy celoso! ¿Qué narices estás pensando? ¡Que se hagan fotos con quien les dé la gana! Pero, ¿qué manía es esa de sacar perros en los montajes? ¿No les bastaba con el agua que cae durante veinte minutos? ¿Ni con el tomate frito que hace las veces de sangre de Julio César? No, un perro. En fin… Bueno, no tengo pegas con el montaje, realmente el Julio César húngaro estuvo bastante bien y fue lo mejor del festival de esta última semana (aquí la crítica del señor Vallejo).

 

Perro

El perro de Julio César, mirando a cámara y chupando foco
Foto de J. A. Puertas

 

Ese maldito perro blanco… Yo lo intenté, traté varias veces de hablar con él, pero fue imposible, y además se paseaba con la cabeza bien alta, sabiendo que era a él a quien aplaudía el público, era él a quien consideraba todo Almagro el mejor actor del Festival… A su lado, el efecto agua o tomate frito del montaje quedaban velados. A su lado, cualquier otro perro quedaba en segundo plano. Incluso yo. Sólo deslumbraba él, la estrella del festival…  Un día le dije "Aquí ya hay demasiados perros"... Se dio la vuelta mirándome por encima del hombro... Allá él. Al fin y al cabo nunca me han caído bien los que van de estrella. Y no me importa nada que la gente no se haga fotos conmigo… Así yo puedo ir de incógnito y enterarme de todo… Si yo fuera un perro famoso como ese, sería imposible escribir ciertas cosas… En fin…

 

Servilleta

 

Los otros dos platos fuertes de la semana fueron un monólogo llamado Erminia, basado en un personaje de la Jerusalén liberada, de Torquato Tasso, en el que la propia Erminia nos daba una conferencia para hablarnos de ella misma y de lo mal que siempre se la había estudiado; la versión era de Lucía Vilanova, la actriz Sandra Arpa y el director Víctor Velasco. El segundo montaje estrella de la última parte del Festival fue Twelfth Night, de la compañía inglesa Flute Theatre, dirigida por Kelly Hunter, que con 6 solventes actores, alguno de ellos también músicos, nos hicieron disfrutar de la obra de Shakespeare.

 

Flute

El actor Oliver Grant como Malvolio, con sus medias amarillas, en Twelfth Night
Foto de J. A. Puertas 

 

El resto de espectáculos tuvo procedencias variadas, como las compañías que pisaron el Almagro Off (una chilena, una griega y una colombiana), y también alguna madrileña, zaragozana… El espectáculo ganador de Almagro Off fue el de los malagueños, que mostraron el último fin de semana en el Corral de Comedias la mencionada en la crónica anterior A secreto agravio, secreta venganza, un montaje basado en el texto de Calderón pero cuya historia se narra a modo de investigación policial, con más prosa policíaca que verso de Calderón, y con una de las actrices cantando fados.

 

También fue divertido seguir escuchando los comentarios del jurado del Almagro Off, tras encontrarme a sus miembros por las calles almagreñas. Las señoritas Sánchez y Rodríguez siempre me admitieron en su mesa y me dieron los restos de sus opíparas cenas, y yo, como soy un perro que no le hago ascos a nada… También fue muy entretenido seguir observando el continuo ir y venir de los trabajadores de la oficina, y de los técnicos en bicicleta, con bolsas con helados… Llevaba ya un tiempo viéndoles con bolsas llenas de helados y no sabía por qué… Hasta que lo descubrí de casualidad; bueno, realmente lo descubrí mediante el Método Torres. Pensaba que el motivo sería simple: a los técnicos les gustan mucho los helados. Pero no, era una especie de pacto no escrito, de contrato verbal oculto… ¡El que llegaba tarde invitaba a un helado a sus compañeros! ¡Por eso los técnicos volaban con sus bicis por las calles y la plaza, para no llegar tarde! Pero, una vez que ya se daban cuenta de que no llegaban, pasaban por la heladería, y ya no corrían, ya no era necesario, ya habían perdido, y se acercaban a los teatros con la bolsa de helados en la mano… (Os voy a contar un secreto ahora que viene a cuento: siempre se aprende más con los técnicos que con los actores. Soy un perro harto de actores y actrices, prefiero los técnicos…)

 

El domingo por la mañana tuvimos nuestra nueva ración de cotilleos en el Vermú de las 40, y allí volví a encontrar otro montón de servilletas a mi alcance. ¡No puede ser esto ya! ¡Por favor, que aparezca de una vez el maldito servilletero que ha ido regando mi periplo festivalero con servilletas escritas! ¿Sería manchego? ¿Le conozco? ¿Me conoce?

 

Servilleta

 

Y como colofón, el último día, en la plaza, hubo un espectáculo aéreo llamado , de la compañía francesa Transe Express, que involucró a unos 15 voluntarios del festival moviendo unos curiosos muñecos relacionados con el mar. Entre los voluntarios pude distinguir, aunque maquillados, a conocidos de Madrid, como la señorita Vélez, y los señores G. López y Barbero. Me saludaban, y yo, que quería pasar desapercibido en La Mancha, no pude… Acabé tomando algo con ellos en la plaza, esta vez ya no oculto bajo una mesa de una terraza, sino sentado en una silla, como las personas… Y los camareros me miraban raro… Accedí a sentarme porque no puede estar uno ladrando siempre…

 

Mù

Mù, espectáculo final del Festival

 

Y así, finalmente, a las 4 de la mañana, se terminó para mí la 40 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Acudí al Chill Out a despedirme de las señorita Giménez, Gascó, del señor fotógrafo Puertas… Tuve que huir de nuevo de mi amigo del pelo rizado, que supe que se llamaba Montero… El señor Montero se había dado cuenta de que yo era un perro y me miraba así, de reojo, cuando me veía entrar a los lugares destinados a las personas… Pero bueno, ¿y el perro de Marta Poveda y el blanco pulgoso de los húngaros sí podían entrar, y yo no? En fin, tal vez fuera por aquel día que le dejé mordisqueado el papel en el Corral… De cualquier modo, no me pude despedir de él, porque una vez que yo ya estaba dentro del Chill Out, él se puso a hablar con alguien, y no quise molestar… De Mr. Pap tampoco me despedí, pero al rato, a las 4,15h., me lo encontré por la calle, a la carrera, y ahí me llamó… “¡Nico!” (¿Cómo sabrá mi nombre?) Y me dijo adiós, y me dijo también que probablemente le vería en la 41 edición del Festival de Almagro, la de 2018, porque él no se pierde una… ¡Entonces me acordé de qué conocía a Mr. Pap! ¡Me lo había encontrado también el año pasado en Almagro! ¡Qué coincidencia! Y eso estaba pensando yo, cuando se marchó corriendo, todo lo deprisa que le permite su edad, porque ya tiene una cierta edad… ¡Hasta el año que viene, Mr. Pap!

 

Y mientras me quedaba dormido en un rincón de la plaza pensé: “¡Hasta el año que viene, Festival!”

 

@nico_guau

 

Almagro 2017

 


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