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Malabo el blog de Juan Tomás Ávila Laurel


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24 de julio, 2017

Desde las cenizas étnicas al refinamiento de Sipopo: Guinea Ecuatorial

 

Mirad, ya nos hemos cansado de decir las mismas cosas, así que el hartazgo se empezará a notar en forma de heterodoxia. Y que conste inmediatamente, no hay ningún refinamiento en Sipopo, un lugar que está en la costa noreste de la isla de Bioko. Lo que ocurrió fue que cuando a las manos de Obiang llegaron los dineros que “leoninamente” le tocó de la explotación del petróleo, quiso impresionar a los blancos y a los presidentes negros de toda África y se construyó un complejo, tirando literalmente millones de euros al mar. ¿A que suena a risa que un simple monitor de niños, y luego conductor de tanques, quiera impresionar a los blancos y a los demás presidentes de toda África? Pues se lo creía Obiang, y ya saben, ahí es dictadura, no recibe ni críticas ni el parecer de nadie.

 

En Guinea se hablará siempre del problema étnico, y se dirá siempre que esos bubis comerían con los fang si los annoboneses no estuvieran constantemente pensando en las mujeres ndowés.  Pero se habla en tono de fuerte reproche, de unos que matan o comen a los otros, o de cómo Obiang vino corriendo de los bosques, por ejemplo, para hacerse jefe de los fang. Etcétera etcétera. Pero hay una cosa que ni siquiera los que llevan viviendo desde hace 20 años en los Estados Unidos son capaces de entender: que como muchos países africanos, Guinea Ecuatorial no tiene un “detrás” muy consistente, así que en la construcción del discurso nacional, incluso nacionalista, tienen que reconocer que parten desde unas posiciones coloniales, pues Guinea Ecuatorial, por ejemplo, es un nombre colonial, así como la verdad de que las formas de gobierno coloniales no fueron abolidas, pero sí las estructuras físicas, como un tribunal etc. Entonces tienen que entender que su discurso ya viene envuelto en contradicciones. Pongamos un ejemplo. Ciertos fang llevan años en internet hablando del carácter inamovible de la unidad guineana, siendo los mismos que se quejan de los ánimos beligerantes y separatistas de los bubis. Pero si se dieran cuenta de lo que dijimos que Guinea no tenía mucho “detrás”, verían el ridículo de querer condenar a unos usando argumentos coloniales, dando la circunstancia de que hasta hoy los fang siguen yendo a Río Muni como lo hacían hace 50 años, mezclando olores y deseos en masas humanas sobre las que ninguna compañía de seguros podría hacer nada. Además, que estos esqueléticos barcos o aviones todavía están a cargo técnico de los blancos, o sea, los colonos, haciéndonos creer que sí serían capaces de colonizar y mantener a raya a los bubis con podridos barcos manejados por otros.

 

En el caso de los bubis nacionalistas hay una cosa que debemos resaltar: ellos aparentemente son individuos que tienen claro sus objetivos, pero a poco que se acerca uno se da cuenta de que prima en ellos el medro personal, utilizando la tapadera victimista para beneficiarse. Y es que por lo que se ha visto ahora es que son tan intransigentes con las personas que entienden sus posturas, pero si ven ocasiones para obtener un beneficio, no dudarían en echarse al brazo del dictador, haciéndonos creer que los retrasados son los que no conocen el recurso del maquiavelismo. Pues hemos de decirles que por esta vía han agotado el  único capital de que disponían, la bonhomía de la lealtad. A partir de ahora, que hagan un esfuerzo en encontrar un aliado en el mismo régimen o entre los palmeros que pululan a su alrededor, pues nadie aguantará su llanto.

 

A los ndowés ruidosos con los sentimientos de su particular sensibilidad les diremos que hagan lo que quieran, pues tampoco queremos recordarles que no resuelve el asunto de su comunidad el hecho de que uno de ellos, uno solo, esté cobijado bajo la nefasta y corrupta sombra de la dictadura, que es lo que nos han querido mostrar, en un remedo más pequeño de lo que hacen los bubis a los que hemos mencionado.

 

Al final nos hemos dado cuenta que con tanto maquiavélico suelto somos los únicos que seguimos creyendo que sin honestidad no iremos a ningún sitio. Ah, que los annoboneses digan lo que quieran.

 

Barcelona, 24 de julio de 2017

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