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Malabo el blog de Juan Tomás Ávila Laurel


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6 de agosto, 2018

Lo que se dice de Guinea hoy

 

Pues de Guinea se dice lo mismo, y por esto mientras estuvimos, y hasta que la volvimos a abandonar, no hemos escrito, casi, para nuestro blog, pues creemos que toda está dicho. Sí tuvimos testimonios de la práctica diaria de la corrupción, los mismos que nos servirán en obras futuras, o para actualizar las presentes. A propósito, hay mucha gente, incluso gente que presumíamos leída, que no entiende que esto lo escribamos en primera persona de plural. Pues al no ser temas estrictamente personales, porque siempre hemos huido de la narración de temas que nos conciernan directamente, utilizamos este plural que creemos que muchos desconocen que se llama de modestia. Y aunque no fuéramos modestos, el plural se llamaría así. (En realidad los escritos destinados a ciertas plataforma digital suelen ser personales, pero el tema de nuestras reflexiones no nos permite ser tan egocéntricos)

 

Una de las cosas llamativas de la Guinea actual es que pueden encontrarse a mucha gente que lamente la situación, pero hay algo que nunca les abandonará, la corrupción. Y es que el guineano se ha acostumbrado a formas menores o mayores de corrupción, y exigir en público la restitución de la corrección es una tarea complicada, porque al estar tan enquistada, exigir que se luche contra ella es la vía más fácil para pedir la marginación social. Pero la primera lección que deben aprender los guineanos es que la corrupción es la vía por la que Obiang nos tiene sometidos, porque es la seña de identidad de su nefasto régimen.

 

La erradicación de la corrupción, la exigencia del cumplimiento de la corrección en las tareas burocráticas, es tan importante que si se consiguiera hacerla efectiva habríamos ganado un 50% en la lucha contra toda la dictadura. Pero es muy difícil que la gente pueda ser lo suficientemente libre para exigir que se cumpla la legalidad, incluso en lo mínimo. Porque la gente tiene mucho miedo, y porque los que más miedo tienen castigan a los que quieren ser libres. Pero los castigan porque se benefician de esta gran corrupción. Es esta corrupción la que permite que sea Obiang quien llame a un diálogo, existiendo en el país una oposición. ¿A que se creería que Obiang no tenía ya capacidad de organizar algo creíble? Pues cerca de 500 personas, o más, se reunieron en lo que llamaron la Numerada Mesa de Diálogo, sin que en su vida hubieran emitido alguna crítica contra la situación. Por esto no es posible creer que de las mismas pudieran sacar nada, porque el mismo régimen conoce la debilidad de los guineanos y juega con esta debilidad. Gente que vivía en España, personas sin escrúpulos, y sin dinero, que viaja a Guinea para sumarse a otra que jamás ha abierto la boca para decir nada contra los abusos. ¿Y lo ven?, cobrando dinero para estar ahí. Es como si dijéramos que el mismo Obiang pagará a los que contribuirán a desalojarlo del poder y que un primer paso, o un paso decisivo, es una mesa de diálogo sin mencionar ningún tema transcendente.

 

Para finalizar, haremos un recordatorio de los temas recurrentes en la dictadura del general Obiang:

 

Los derechos humanos no se respetan, incluido el fundamental, el derecho a la vida.

Las necesidades de la población no se atienden.

Total desconocimiento de las tareas administrativas.

Despilfarro en regalías o en eventos innecesarios del caudal dinerario del país.

El desfalco de los fondos públicos por parte de la familia directa de Obiang.

No hay justicia imparcial, llevando un país entero como si viviéramos en una jungla.

El desconocimiento y odio a la formación, la ciencia y la cultura.

Rechazo patológico a los temas étnicos.

La amenaza pendiente y sostenible de la sucesión política en la persona de cualquier miembro de la familia.

La perversión de la juventud.

El progresivo aumento de fuerzas armadas extranjeras.

La instalación en suelo patrio del dictador gambiano Yahya Jammeh.

Etcétera, etcétera: (suciedad, falta de escuelas, falta de respeto, presencia militar indiscriminada, desolación...).

 

¿Saben qué? Lo último serio que hemos hablado con alguien de la oposición guineana residente al lado del palacio, de todos los palacios de Obiang, es la recriminación que nos hacía por no haber asistido a una manifestación de rechazo al régimen en Madrid. Lo recordamos ahora porque el 3 de agosto, anteayer mismo, hubo otra y al contrario que lo que vivimos en otra de años pasados, hubo gente que dio la cara, es decir, no se tapó la misma con cartones para que ningún esbirro del régimen los reconociera y los castigara cuando llegaran a Guinea. Y este hecho de que se empezara a dar la cara,  o mostrarla con todas las consecuencias, es la que nos permite hablar de estos diálogos en los que se reúnen, pagados, los que dicen que luchan contra la dictadura, siendo que en la propia Guinea todas las manifestaciones contra la misma son prohibidas de forma tajante, un hecho que coexiste con la realidad de que sí se organizan elecciones. ¿Se dan cuenta?: manifestaciones, no, sí a las elecciones para que gane el mismo, el que paga por los diálogos.

 

Al llegar aquí, y salvo que creyéramos que el general-presidente está queriendo subvencionar a los que lo desalojarán del poder, entendemos que todo lo que envuelve lo que periódicamente recibe el nombre de diálogo, es una forma profunda y condenable de entretenimiento político que hunde sus cimientos en la corrupción, y porque fluye un dinero que va a parar a las bocas de los que quieren tomar parte. Y sí, en formas coloquiales de habla guineana se dice eso de comer dinero.

 

Ya ven, todavía no hemos insultado o acusado a nadie, colectivo o individual, pero hemos visto actos condenables en los que muchos guineanos han tomado parte. Ah, el camino de dar la cara, mostrarla y decir al régimen que ya no podemos más es el único. Eso sí, donde se producen las 750 violaciones diarias de los derechos que dan forma a un país que, franca y dolorosamente, es, hoy por hoy, un espectro. Incluso quien manda, también.

 

Barcelona, 6 de agosto de 2018

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