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Malabo el blog de Juan Tomás Ávila Laurel


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4 de diciembre, 2018

Y Camerún se desangra

 

Por la zona costera, primeramente, y por el interior, pasaron los portugueses, los alemanes, los franceses y los ingleses. El país se llama Camerún, Camaroes, y lo conocimos como República Unida de Camerún. El país, pues, destila colonialismo por todos sus costados, y esto es algo que cualquier persona residente en la zona de África Central debe saber.

 

Si se llama Camerún y hubo un tiempo que al nombre lo acompañaba el epíteto de “unida”, nos hace creer que pudo haber un tiempo en que no era unida. Esto lo debe saber cualquier camerunés, cualquier guineano, cualquier gabonés, y por lo que diremos abajo. O enseguida. Y es que dos cosas malas han ocurrido en este bello país. Primero lo de siempre, que está regido por una “viejocracia” insoportable que no mueve ningún dedo por nada, dejando que por muchos años la corrupción sea la seña de identidad del país. Como el país está desatendido y hay diversidad de sentimientos de identidad, la parte inglesa creyó que ya estaba bien, que debía buscar los caminos de su propio destino. Por otra lamentable parte, estos conversos al islam que se constituyeron en grupo terrorista, conocido como Boko Haram, creyó que demasiados infieles eran los ciudadanos y pensaron convertirlos al islam, previa imposición de la ley islámica, o al revés. Entonces armados, y siempre ha sido un misterio el asunto de quién puede estar armando a personas sin sus necesidades cubiertas, van a donde nadie les espera a cometer atentados. Ya es una grande ofensa a la inteligencia y al sentido común pretender convertir a alguien a una fe cortando cabezas. En el siglo XXI luego de la crucifixión de Cristo.

 

Entonces, entre uno y otro lo echarán todo a perder, porque al negroafricano le han enseñado que el valor supremo entre todos es el de la unidad nacional, un valor por el que las decisiones más atroces serían justificadas. Diríamos, por lo que hemos leído, que la parte que se siente marginada de Camerún primero protestó, luego se levantó en armas cuando la respuesta de la otra parte no colmó ninguna expectativa. Luego la exacerbada reacción de la oficialidad no se hizo esperar, y cometieron abusos tan execrables que somos incapaces de recordar. Lo de Boko Haram, formado por impenitentes sarracenos alejados de la razón, nos sobrepasa complemente. Si nadie entra en cordura y se para la sangría, el país entrará en una deriva con consecuencias irreversibles. Sabemos cómo influyen los conflictos armados en los países que previamente nadie miraba por nadie. Los de las zonas afectadas no podrían comerciar, no podrían ir a la escuela, no podrán vivir, y del palacio del presidente ya dieron la consigna.

 

A nosotros, que convivimos en nuestra adolescencia con el descubrimiento del dinamismo de Camerún y fuimos educados, por ejemplo, con su música, no nos puede dar igual. Entonces, antes de que cualquier nativo nos diga que nos metamos en nuestros asuntos, les diremos que el que los cameruneses se maten, y en parte por la defensa de la unidad nacional, también es nuestro asunto. Si creen que son asuntos internos de Camerún, entonces les diremos que también son asuntos internos nuestros. Entonces decimos a los que tienen nombre en el país, profesores, estudiantes, aspirantes, “ndos”, “botukus” y demás fauna camerunesa, que no persistan en la comisión del “erreur”, y que no tomen partido, pero que lo resuelvan. No será fácil, sí, pero que no sigan haciendo como si no ocurriera nada y hablen de otra cosa. Porque lo que pasa en Camerún no es precisamente cualquier cosa.

 

Barcelona, 4 de diciembre de 2018

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