Entre   |  Regístrese

Entrada libre el blog de Juan Ignacio García Garzón


Tamaño de texto: A | A | A

13 de enero, 2019

‘Hermanas’, enemigas íntimas

 

Un actor lanza una catarata de reproches a otro que espera su turno para hacer lo propio cuando el primero calle. Esa estructura de monólogos enfrentados es común en las tres obras que Pascal Rambert (Niza, 1962) ha estrenado y dirigido hasta el momento en España. En La clausura del amor, una pareja que encara el final de su relación se fustiga verbalmente sin piedad, primero él y luego ella. En Ensayo son dos parejas, una actriz y un autor y otra actriz y un director, las que, reunidas en una sala de ensayos para abordar un nuevo montaje, expelen sus diatribas por turno. Y en Hermanas (Bárbara e Irene) son, como se indica en el título, dos mujeres unidas por el vínculo fraternal quienes se enzarzan en la esgrima de reproches, aunque en esta ocasión hay algún momento en el que se produce algo parecido a un diálogo.

 

En los tres espectáculos los personajes se llaman igual que los intérpretes que los encarnan y la acción se desarrolla en un espacio restallantemente blanco iluminado por una luz de consistencia quirúrgica, tal vez, como escribí en mi crítica de la primera de las piezas, para aunar “el doble carácter de lo que vamos a presenciar: un combate sin tregua y una disección”. La escritura de Rambert es de naturaleza caudalosa, hirviente y un tanto reiterativa, llena de meandros narrativos que desactivan el discurso dramático convencional y permeada por una poética corrosiva a veces de tintes marcadamente literarios. Sus personajes son seres crispados, siempre con cuentas por resolver y rencores larvados que se proyectan furiosamente en la confrontación escénica. Los textos, cuantiosos y enrevesados, exigen esos considerables esfuerzos que tanto agradan a los actores porque pueden vaciarse en ellos y salir del trance tan exhaustos como reconfortados.

 

Bárbara e Irene, las dos hermanas que protagonizan su última obra, son respectivamente una activista entregada a causas sociales y una periodista. La segunda irrumpe, arrastrando una maleta, en la sala donde Bárbara va a presentar un proyecto profesional y no es precisamente bien recibida. Ambas empiezan la función con el trueno puesto. Hay una enemistad largamente trabajada, enquistada en el ánimo de cada una de las contendientes, que se reprochan sin descanso rencillas de la infancia, detalles de su evolución sentimental y aspectos diversos de sus vidas en una familia viajera de intelectuales acomodados. En un determinado momento, Rambert introduce un baile en la acción que, además de servir de remanso al torrente de lava verbal, marca un posible punto de encuentro entre las rivales que, al cabo, lo que parecen disputarse de forma retrospectiva es el cariño de sus progenitores. Si el padre se inclinaba por Bárbara, la favorita de la madre era Irene, que enarbola un tono victimista quizá por ser la pequeña. No hay una causa explícita de esa rivalidad, tal vez sea la forma de cada una de reafirmarse en el mundo, pues ambas se miran en el espejo de la otra y lo que ven les resulta tan parecido y hasta complementario que disfrazan de odio lo que puede ser un cierto modo de amor.

 

Pascal Rambert entre Bárbara Lennie (a la izquierda) e Irene Escolar

 

Rambert ha escrito dos versiones de la obra. Una, estrenada en el Théâtre des Bouffes du Nord de París, Soeurs (Marina & Audrey), para Marina Hands y Audrey Bonnet, y la otra, Hermanas (Bárbara e Irene), se representa hasta el 10 de febrero el El Pavón Teatro Kamikaze. “He escrito Hermanas –explica el dramaturgo– teniendo al mismo tiempo frente a mis ojos las voces y los cuerpos de actrices españolas y francesas. Aunque fueran solo dos hermanas, eran cuatro cuerpos y cuatro voces los que nutrían mi escritura. Escribir para Bárbara me sale de manera natural. Es un guepardo. Yo también. Es fácil captar su energía, entrar en ella. Habitamos el mismo país. A Irene la he visto en teatro. Y la he visto también como un felino. Con un cuerpo ultra fino y gracioso, pero con algo que está esperando para morderte. Lo que he escrito le permite morder. Y, al igual que Bárbara, muerde muy fuerte. La violencia de los animales salvajes está aquí. Está muy bien. Es ultra violento. Y está muy bien”.

 

Tiene razón Rambert, porque su propuesta –me refiero obviamente a la española, aunque supongo que ocurrirá igual en la francesa–  se sostiene llevada en vilo por las dos formidables actrices que han aceptado el tremendo reto de interpretar un texto que es como una ascensión al Everest sin oxígeno. Bárbara Lennie, aparentemente fría, calculadora y racional, e Irene Escolar, quebradiza, apasionada y pugnaz, mantienen un pulso electrizante, de intensidades sostenidas a cara de perro, un combate de tigresas enfurecidas. Maravillosas ambas. En el blanco espacio escénico, el autor y director despliega, a mitad de la función aproximadamente, un ejército de sillas multicolores que son como accidentes del terreno en el campo de batalla por el que las dos hermanas se mueven; de vez en cuando, tal vez para aliviar la tensión, una se baja del escenario y se sitúa en el patio de butacas mientras la otra prosigue su porción de la perorata infinita, eternas enemigas íntimas.      

 

 

Título: Hermanas (Bárbara e Irene). Texto, dirección y espacio escénico: Pascal Rambert. Traducción y adaptación: Coto Adánez. Vestuario: Sandra Espinosa. Producción: Diletante Producciones y Buxman Producciones. Intérpretes: Bárbara Lennie e Irene Escolar. El Pavón Teatro Kamikaze. Madrid. 10 de enero de 2019.

Compartir

ImprimirImprimir EnviarEnviar
Inicie sesión o regístrese si quiere identificar sus comentarios.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Rellene el código de la imagen / Resuelva la operación matemática

(*) Campos obligatorios

Al enviar tu comentarios estás aceptando los términos de uso.

ISSN: 2173-4186 © 2019 fronterad. Todos los derechos reservados.

.