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Fuera de guión el blog de Manuela della Fontana


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1 de marzo, 2017

Bvlgari y Roma

 

 

 

Si hay algo que de verdad echo de menos de mis viajes a Roma, además del Negroni, son los paseos por la Via Condotti. Paseos que sin saber por qué, terminan casi siempre cual Holly Gollightly con la nariz pegada al cristal de la tienda Bvlgari, deslumbrada por el fulgor de los zafiros. Nunca un paso más, ninguna intención de entrar, para qué. Lo bonito es adivinar desde el escaparate lo que su interior esconde, incluso imaginar dentro a alguna famosa ricachona regalándose un capricho. Es ahora gracias a esta exposición del Thyssen, cuando por fin tengo la sensación de haber traspasado la puerta, de verme entre esas señoras distinguidas, que están tan pendientes de mirar pedruscos, que no se fijan que yo ando por allí con mis vaqueros viejos curioseando por las vitrinas como una Pretty Woman, que se lo llevaría todo a su casa.

 

El recibimiento no puede ser más prometedor: un cuadro de Canaletto que representa el Coliseo me da la bienvenida y a su lado en una vitrina, una pulsera engarzada en diamantes inspirada en el monumento, casi me deja ciega con su brillo. A pocos metros de allí,  una foto de Liz Taylor junto a Burton y su famoso medallón de zafiros y brillantes me miran sin pestañear. Se les ve sonrientes, el amor y los diamantes son la combinación perfecta para como decía Marilyn ser feliz. Y ellos lo son rompiendo todas las reglas; quien no lo entienda es que nunca se ha enamorado. Escondidos en la joyería huyen de los fotógrafos, dan rienda suelta a su pasión secreta, encuentran en los brillantes la seguridad y en Gianni Bvulgari la complicidad de un amigo, esa complicidad que sus respectivas parejas hace tiempo dieron por imposible.

 

 

 

Y es que poco sentido tendría la historia de Bvlgari sin esos personajes como Ingrid Bergman, Claudia Cardinale, Sofia Loren y tantas otras mujeres de fuerte personalidad, que encontraron en sus diseños la satisfacción de llevarse un trocito de Roma en cada piedra, de sentirse únicas coleccionando caricias de esmeraldas como el que colecciona besos que serpentean como mordiscos en sus cuellos. Algunas de sus joyas se muestran aquí, como el collar de topacios amarillos y azules de la misma Baronesa Thyssen o los broches inspirados en el Campidoglio de Anna Magnani. Tampoco faltan sus piezas más icónicas como son “Serpenti”, “Monete”, “Parentesi” o “BVLGARI BVLGARI”, no falta nada.

 

El recorrido continua y antes de cruzar el puente de Sant’ Angelo me fijo en los pendientes que imitan a los ángeles de Bernini, nunca he visto nada tan delicado, me pregunto cómo sería llevarlos puestos. Necesito un momento de calma antes de proseguir mi paseo por la Piazza de San Pedro. Resulta difícil no sentirse perdida: todo parece reclamar mi atención. El broche inspirado en la plaza se erige en protagonista, del mismo modo que los collares que imitan la escalinata de la Piazza di Spagna cubierta de azaleas y estas joyas en oro y jade que son octágonos, como octágonos eran las cúpulas de los antiguos templos. Incluso la Via Apia aparece pavimentada de aguamarinas y rubíes, mientras la Piazza Navona es ahora un brazalete de oro y platino.

 

 

 

La propia Lucía Boscaini, la comisaria de la muestra, lo dice: “Quisimos imaginar un recorrido donde los principales monumentos de la ciudad pudieran verse a través de los ojos de fotógrafos y pintores, pero también a través de los brillos de estas piezas.” Una estrecha relación de la firma con la arquitectura de Roma, que les llevó a financiar en 2014 con motivo de su 130 aniversario y en señal de agradecimiento, la restauración de la escalinata de la Piazza di Spagna.

 

Me pregunto qué pensaría hoy su fundador Sotirio Bvulgari, si asomado desde un agujerito viera en que se ha convertido la firma, la curiosidad que despiertan sus creaciones entre los que como yo, con los ojos muy abiertos recorremos la ciudad eterna entre brazaletes, collares y broches de brillantes. Ya no tengo excusas, la próxima vez que regrese a Roma, volveré a la Via Condotti, y con la nariz pegada al cristal seguiré imaginando como Holly Gollightly ese mundo multicolor lleno de zafiros y diamantes. No hace falta que lo prometa, lo sé.

 

La exposición permanecerá en el Thyssen hasta el 5 de marzo, un buen motivo para no perdérsela.

 

Exposición Bvulgari y Roma: Museo Thyssen-Bornemisza

Paseo del Prado, 8 (Madrid)

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