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Tiernamente adorables el blog de Mario de las Heras


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6 de marzo, 2017

Soy un fascista

 

Me temo que soy un fascista. Hace un tiempo no lo era según los cánones. Pero éstos han cambiado. Voy a tener que asumir mi condición tras muchas resistencias y negaciones. Sin duda, para mi decepción y mi vergüenza, soy un fascista según todos los indicios. Yo creía que fascismo era otra cosa, o menos cosas. El concepto de fascista es tan amplio (los caminos del fascista son casi inescrutables), se está extendiendo de tal modo y está alcanzando a tantas personas y pensamientos que me he visto inmerso de lleno en su ideología. No descarto incluso ser un nazi oculto como el último encontrado en Minnessota. He llegado a soñar que me identificaban y que salía en los periódicos como el tal Gröning: "Descubierto en Madrid el nazi Mario de las Heras". "Tiene cuarenta y un años, había formado una familia y llevaba una vida apacible y discreta". El fascismo ha sido mi existencia sin saberlo; y yo he vivido tan campante todos estos años. Nunca antes había notado ningún síntoma y hoy sin embargo los siento latir en mi interior, numerosos, de variados tipos y de formas inequívocas gracias a la encomiable labor de hombres como Pablo Iglesias y mujeres como Irene Montero. Ahora que lo sé, me sorprende no ir caminando por la calle con las piernas muy rectas y dando taconazos. O no llevar la barbilla levantada para mirar el mundo desde arriba. Desde la cúspide. El fascismo es esquivo. Aunque me doy tiempo. Yo soy más de andar con la barbilla baja, pero no me voy a dejar guiar por esta característica engañosa porque yo soy un fascista. El otro día vi a un conocido a lo lejos y lo saludé levantando el brazo con ese estilo inconfundible. No puedo remediarlo. Y soy consciente de ser muchas cosas más, a saber, quizá todas ellas incluidas dentro del aún por desarrollar concepto de fascista: un intolerante, un violento, un insolidario, un zafio y otros adjetivos no por menores baladís. Cualquier apreciación es importante y no hay que dejarla correr.  A mí ya nada puede librarme de ser un fascista y tengo que reconocerlo. Yo soy un fascista y punto. Y usted probablemente también.

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