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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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12 de mayo, 2018

De mi diario : Semana 19 / 2018

 

Weiß/Colonia, 6.5.

En el diario, este domingo, la entrevista finisemanal es con Ben Feringa, neerlandés, Premio Nobel de Química en el 2016 «por el diseño y la síntesis de máquinas moleculares», sean ellas lo que fueren. En cualquier caso, un experto mundial en Nanografía. La última pregunta que le hace el reportero es sobre la responsabilidad de los científicos y los profesores universitarios respecto de los jóvenes en una época plagada de fake news. Y la respuesta: «Es importante para la ciencia poner en claro qué es un hecho y qué una ficción. Hay políticos que sostienen que la ciencia puede ser tratada como una opinión entre otras. ¡Pero nosotros creamos hechos! ¿Es esto una opinión? [y señala su celular] Seguro que no». Lo que me llama más la atención es que se desempeña como profesor en la universidad de Groninga y ello me hace recordar una de las mejores novelas de Willem Frederik Hermans, Entre profesores, que es una despiadada sátira del ambiente universitario en esa ciudad (donde el propio WFH era profesor) y en la que el hecho desencadenante de la trama es la concesión del Nobel de Química a un catedrático de su alma mater. La novela es de 1975, o sea, WHF se adelantó 41 años al premio de Estocolmo. Esta es una novela que debería ser traducida a todos los idiomas europeos (al inglés y alemán ya lo está)... y se me ocurre que con un nanoprólogo humorístico de Ben Feringa.

 

La noticia es de ayer, hasta puede que de antier, pero recién hoy la leo en detalle. Este año no habrá Premio Nobel de Literatura, y todo porque el esposo de una académica sueca incluso le tocó el culo a la jovencísima princesa Victoria. Y lo que yo me digo es que, con ese criterio, hace años que no debería haber Premios Nobel, todos los años desde Sully–Prudhomme en 1901, durante los cuales los académicos de Suecia, con excepciones a cuentagoticas, nos han estado tocando los huevos a todos los lectores de la literatura mundial.

 

Toda la tarde ocupado con mi texto sobre Severo para Nexos. No sé qué decir acerca de él. Me parece que como texto está muy bien, y es entrañable. Ahora bien, en un homenaje a Severo en el 25.º aniversario de su muerte, lo que seguramente esperaría la redacción es un texto distinto, uno en el que se recapacite sobre su obra, se profundice en ella. Yo me he limitado, como lo hago siempre, a contar mi relación con la persona del autor. Pero en fin, el problema no es mio, sino de la redacción. Y allá deben ya saber desde hace mucho que no soy nada académico y la academia me viene tan ancha como estrecha, y en cualquier caso me resulta infumable.

 

Weiß/Colonia, 7.5.

Me entero por el diario, desayunando, de que ayer, con 28º, tuvimos en Colonia la temperatura más alta en toda Alemania. Es una ventura vivir en una casa con un aislamiento tan bueno, no sólo acústico sino también térmico: cálida en el invierno, fresca en el verano.

 

La dermatóloga me da de alta, era hora. Y al regresar a casa debo esperar 18’ al autobús, recién a partir de las 12:30 empiezan a circular cada 10’. Lo cierto es que cuando voy a sentarme en la parada descubro en el parqueo de bicis que hay detrás, entre la parada y el taller del zapatero remendón, una bici con una bolsa grande en la cesta sobre el asiento trasero, y otra más chica en la cesta colgada del manillar. Me resulta sospechoso, pero no quiero caer en la paranoia, si bien me pregunto qué cabeza de chorlito puede haber dejado sus compras en el parqueo, tan a la vista y tan expuestas a que las roben. De cualquier modo me siento lejos, y al rato veo llegar a una señora de unos 60 años, de mi estatura, pero más entrada en carnes que yo, y que abre con sus llaves la cadena del seguro de la bici. Me acerco a ella, que levanta la cabeza y me sonríe, y le digo que ha tenido suerte porque he estado tentado de llamar a la policía. «¡Pero si he estado todo el tiempo en la terraza del café, detrás del taller del zapatero, teniendo la bici a la vista todo ese tiempo!» Luego menea la cabeza y mientras empuja su bici para salir del parqueo me dice: «Pero tiene usted razón. Podían haber sido bombas, y en el mejor de los casos me podían haber robado las compras». Y me digo que menos mal que hay gente que todavía no ha perdido  “la funesta manía de pensar”.

 

Con el correo quelonio me llegó antier un libro–guía o vademécum para viajes en cargueros, con 123 rutas a 300 puertos en el mundo entero. Se lo pasé inmediatamente a Diny, que sueña con hacer un crucero por la ruta postal de los fiordos noruegos, y hoy lo he ojeado y hojeado por primera vez, y en la pg. 38 descubrí una lista de lecturas relacionadas de algún modo con el tema: incluye libros de Blaise Cendrars, Conrad, Hergé, Kerouac, Malcolm Lowry, B. Traven y ¡oh máquina de los dioses! (como diría el impertérrito locutor de Les Luthiers) Álvaro Mutis, de quien se nombran dos títulos: Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero y La última escala del Tramp Steamer. ¡Mare mía, lo que Álvaro se hubiese alegrado con esta noticia!

 

Empecé a ver en el canal Arte La grande bellezza, que no conocía. Pero a menos de ¼ de hora de estar viendo me dije que no, que semejante clase de mierda no es para mí. A mí, la verdad, del cine italiano, después del neorrealismo, es muy poco lo que me convence. Y bufonerías como esta, y las del Fellini de después de Notti di Cabiria, no son del gusto del nieto de mi abuela Remedios, tan bella como sabia. Por supuesto sé que nado contra corriente, y hasta me doy cuenta de que posiblemente sea injusto, pero lo cierto es que las fellinadas y todo Proust me resultan insoportables. Es un problema de incompatibilidad genética, che le vachaché, che.

 

Weiß/Colonia, 8.5.

Me entero por un reportaje en el diario de hoy que el avituallamiento (o mejor, catering, como decimos los puristas) de los cantantes y los grupos musicales que giran por Alemania lo lleva a cabo una empresa de Colonia. Y que la comida que más les suele gustar a gente como Keith Richards, de los Rolling Stones, es el caldo de gallina a la manera como lo guisaba la abuela. Carlos Santana llegó al extremo de regalar a la jefa y al cocinero del catering dos de sus más preciosas guitarras, dedicadas, con la confesión de que ojalá él pudiese hacer tan buena música como ellos tan buena comida. Ahora bien, la anécdota que más retengo es una de la jefa del catering sirviéndole una copa de Chardonnay frío a la esposa de Harry Belafonte, mujer muy discreta y que siempre permanecía en segundo plano, en esa oportunidad leyendo la traducción al inglés de El amor en los tiempos del cólera.

 

En La Modicana, que tenemos hoy para nosotros dos solos, espaguetis con lucioperca y pulpo. Cuando le pregunto a Carlitos si sabe la palabra española para llamar al “Zander” me dice que no, le digo que “perca”, pero la signora, que está a mis espaldas ocupando una mesa con todo el papelerío para el Fisco, me oye y me corrige: «Lucioperca». Es cierto, y además, yo lo sabía, pero, andaluz incorregible, me comí la mitad del nombre. Y durante la espera del condumio un rato largo de plática acerca de la correspondencia y el método de trabajo de Flaubert, eso por mi parte; y por la de Carlitos un introito a un nuevo método de traducción cibernética que ha desarrollado un técnico gringo acá en Colonia, y es por ahora el más próximo a la traducción humana. Muy pronto, en vez de guglear diremos diplenar, Deepln se llama el nuevo método.   

 

Largo rato archivando mi correspondencia con Suzana. Me ha servido para poder comprobar que el método Google Translate no es malo. El más craso defecto que le he podido encontrar desde que empecé a cartearme con Suzana es que no sabe traducir el “usted”, el pronombre de cortesía lo convierte sin excepción en “tú”. ¡Qué confianzuda usté, doña Hortensia!

 

Weiß/Colonia, 9.5.

0:15 am : En el canal 3sat El Manguito, un corto presentado en uno de los mejores festivales de cortometrajes del mundo, el de Oberhausen, de donde es el Fantasmita. Me ha recordado algo el documental de Buñuel sobre Las Hurdes. La misma miseria, el mismo aislamiento, y pese a ello una mirada distinta hacia el futuro: estos cubanos de una aldea insignificante perdida en la Sierra Maestra, creen en algo, creen que deben defender la Revolución. Parecen no darse cuenta de que, para la Revolución, son una “quantité négligeable” y que, por serlo, no salen en la foto.

 

Hoy sesión con la pedicura, me toca con Victoria pero también anda por allì Suzana y viene a saludarme. Ahora que las he visto a las dos juntas, espero no confundirlas nunca más. Oremus.

 

Una joya la peli franco–islandesa El efecto acuático. Es tan natural, tan sencilla, que uno se rinde enseguida a la magia de sus imágenes. Hay además un par de detalles a los que creo que sólo le sacamos partido los más viejos del lugar. Por ejemplo ¿qué le dirá a los espectadores jóvenes (incluso a los franceses) el nombre de Maurice Thorez como patrón nominal de la piscina pública de Montreuil, donde trabaja la protagonista? A mí me trae el recuerdo de los tristemente famosos “partes” (terminología bélica) de Radio Nacional, donde a Maurice Thorez, secretario general del PC francés, se le reservaban insultos de los más escogidos que la redacción franquista guardaba en la gaveta de los epítetos. Aunque creo que nunca llegaron a llamarle “vìbora lúbrica”, como lo hicieron con Andréi Vyshinski, el fiscal de los terroríficos procesos de Moscú, luego ministro de AA.EE. de la URSS y finalmente representante de la URSS en el Consejo de Seguridad de la ONU. Tétrico personaje que fue el modelo que inspiró al sicópata Roland Freisler, colocado por Hitler al frente de la dizque Justicia, el Tribunal Popular del III Reich: a él se deben entre otras las sentencias criminales contra los hermanos Scholl. Todo ello, simplemente, me viene a la memoria al ver el nombre de Maurice Thorez en los dorsales de los uniformes que usan los monitores de la piscina pública de Montreuil.

 

Weiß/Colonia, 10.5.

Este año el mes de mayo empezó con un dìa de fiesta y terminará con una fiesta, el jueves 31, Corpus Christi, pero es que entremedias tenemos hoy la fiesta de la Ascensión (que en estas tierras es tradicionalmente el Día del Padre), y tendremos el 21 la del Lunes de Pentecostés. En general se podría pensar que los días festivos son bienvenidos para quienes se desempeñan en la vida laboral, y seguramente es así. Pero para quienes como yo han tenido que organizar el trabajo de una oficina con 14 redactores (entre fijos y freelancers, y tres secretarias), los meses de comienzo del verano, con esos cuatro días festivos tan seguidos eran una pura pesadilla; había que planificarlo todo desde un par de meses atrás para que aunque la redacción estuviese vacía en esos días, las emisiones continuaran sin pausa. La puta que lo remilparió. Eso.

 

El abuelo que saltó por la ventana y se largó parece ser una peli muy controvertida, y es la primera vez que la veo. Divertirme sí que me he divertido, sobre todo viendo bailar flamenco al inferiocre, como suelo llamar al general Franco, de infausta memoria. Y creo que incluye algún metraje más bastante potable, pero tendría que verla de nuevo y tal vez con otros ojos.

 

Weiß/Colonia, 11.5.

2:50 am : Adaline : Tercera o cuarta vez que la veo en menos de un mes, según me parece. Al menos para mí va camino de convertirse en peli de culto. Sobre todo a partir del momento en que aparece en pantalla Harrison Ford. Es lo que yo llamo “el efecto Ortega y Gasset”, que lo he bautizado así en honor a un titulillo en uno de sus ensayos, el prólogo que escribió para el libro Veinte años de caza mayor, del conde de Yebes. Mediado el prólogo, el siguiente capítulo, dedicado al perro en la caza, lo introduce OyG con uno de los mejores hallazgos de su prosa: «De pronto, en este prólogo se oyen ladridos». Y eso es lo que también pasa en Adaline: De pronto, en esta peli, aparece Harrison Ford. Y la convierte en culto.

 

Me llega a la estafeta virtual el boletín con las novedades de Anagrama y de inmediato le pido a Jordi ver si buenamente la editorial puede enviarme un ejemplar de La hermana menor, y le explico que la figura de Silvina Ocampo de siempre me ha fascinado, y siempre la he tenido por la más importante de las dos hermanas. Le digo además que en el libro Borges, de su ilustre marido, hay una escena que la retrata de cuerpo entero y me la hace súper simpática, se la cito:


«Borges: –A Coleridge sólo le importaba hablar. No le importaba el interlocutor ni nada.

Silvina (mirando a Borges): –Hay mucha gente así».

 

Y con el correo quelonio me llega Lunapark, el sexto y, por ahora, último episodio de la saga de Gereon Rath, el comisario coloniense en la brigada criminal de Berlín, esta vez en 1934, siguiendo la cronología establecida por el autor, cada año un nuevo episodio, a partir de 1929, todavía en la República de Weimar. Lectura asegurada para este fin de semana.

 

Henri en casa. Los amigos de sus padres están llegando todos a los 50, de modo que casi cada fin de semana hay una gran fiesta de celebración del medio siglo. Los ganadores netos somos nosotros, que así tenemos más veces a Henri con nosotros. Y por poco tiempo, ya que el año próximo cumplirá 9 años, y en el 2020 cumplirá 10, y perderemos no el nieto, el nieto no, pero sí el niño. Y es bello y confortante ver como una criatura se hace adulta de una manera tan hermosa como lo han hecho los tres nietos mayores, pero el dulce encanto de la infancia de un nieto no se puede comparar con absolutamente nada en este mundo.

 

Weiß/Colonia, 12.5.

Frank pasó al mediodía para recoger a Henri. Y nosotros llamamos a Paul, que se encuentra en Roma, para felicitarlo en su 21.º cumpleaños. Pero su celular no tiene cobertura o se enfrente a los duendes de la red, que son bien cabrones cuando quieren. De todos modos, y usando de los medios de que él dispone y nosotros no, nos ha comunicado a través de Montse que sí recibió nuestro email de felicitación y que lamenta no poder comunicarse con nosotros por teléfono, pero nos envía ½ docena de fotos de sus correrías por la Ciudad Eterna, incluyendo la infaltable de la Fontana di Trevi. Por cierto que eso de la Ciudad Eterna lo digo siempre de cachondeo, porque aquello que caracteriza a la Eternidad es carecer de principio y fin, y es posible que Roma sobreviva a todas las catástrofes y que no tenga fin, pero principio sí que tuvo. Tanto que la cronología de la vieja Roma se databa ab urbe condita [=desde la fundación de la ciudad] en el año 753 a.C. Un par de millones de años después del Big Bang.

 

***************THE END***************

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Lo que los Premios Nobel de Literatura me vienen "tocando" a mí, con más frecuencia de lo deseado, es mi gusto literario. 

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