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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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9 de septiembre, 2017

De mi diario : Semana 36 / 2017

 

Weiß/Colonia, 3.9.

Me escribe Arcebelle, desde Toronto, después de leer mi diario, encantada por el proyecto de las botellas mensajeras y para darme la enhorabuena porque mi blog aparece tres veces en la primera plana de Fronterad. Le respondo: «Querida Arcebelle, lo primero de todo felicitarte en el día de tu cumplesantos, y desearte que los cumplás con salú y en compañía de tus seres queridos, y que sean muchos más y yo pueda cantarte "Las margaritas" (rondalla de mi invención) un par de años más. Lo segundo es que sería bueno que tirases un mensaje en una botella al San Lorenzo, que es un gran río aunque cometa el desafuero de no pasar por Toronto. Y lo tercero es que no debés felicitarme porque mi blog aparezca tres veces en la cabecera de Fronterad; lo que eso implica, sensu contrario, es que un gran número de blogueros andan en huelga de brazos caídos o porque no aguantan el ritmo de un texto por semana o porque han perdido la fe en ese gran proyecto que es Fronterad. Si yo soy el único bloguero que no ha fallado ni una sola semana desde noviembre 2009, que empezó la revista, es porque mi diario tiene una dinámica propia que me permitiría programarlo siempre, incluso aunque tuviese una sola entrada en una semana, lo que todavía no se ha producido... ni deseo que se produzca porque eso significaría mucho aburrimiento en mi vida. Un abrazo hasta el país de los arces».

 

Olvidé anotar aquí que hace un par de días se acercó Diny a mi madriguera para decirme que Huelva le ha dedicado una calle a Jesús Hermida. ¿Recién ahora?, pensé. Jesús fue uno de los mejores periodistas que ha dado España en la segunda mitad del siglo pasado, sobre todo en su desempeño para la TV. Además escribía muy bien, lo demostró en Pueblo, antes de que RTVE lo enviase como corresponsal a Nueva York. Su imagen era homologable con la iconografía de aquellos tiempos, liderada por los perfiles carismáticos de los Kennedy; al lado de Robert, parecía Jesús un hermano mellizo paradójicamente diez años más joven. Ahora en Huelva le han dedicado una calle, pero cuando estaba en la cumbre de su carrera periodística era casi un paria para sus paisanos, no sé cuántas veces tuve que salir a defenderlo de la envidia cainita de Troglodia. Recobro aquí lo que escribí en este mismo diario el 5.5.2015:

«Mientras desayuno leyendo el diario viene Diny a decirme que ha muerto Jesús Hermida. Más tarde me llama Joselito, desde Huelva, para decírmelo también. A Jesús, en España en general, pero más que en ninguna parte en su tierra natal, lo criticaron hasta decir basta: en Huelva les molestaba incluso que no hablase con acento andaluz, creían que impostaba el castellano para hacerse importante. Era la venganza de los pigmeos. A mí, cada vez que lo criticaban en mi presencia, me salía la rabia y decía sin andarme por las ramas que a ver cuántos de sus críticos tendrían los cojones que él tuvo, al hacerse cargo de su familia, siendo un muchacho, porque su padre, marinero, desapareció en una tormenta en alta mar; y Jesús, que no quería ser otra cosa sino periodista, se marchó a Madrid y estuvo trabajando de albañil en la Ciudad Universitaria, para pagarse los estudios y mantener a su familia en Huelva. Que se fueran a la repinchemierda quienes lo criticaban, y no excluyo a nadie. Pienso, siempre lo he pensado en su caso, que lo curioso del mismo es que Jesús y yo tan sólo nos encontramos una vez en nuestras vidas, en Huelva, un día muy lejano, saliendo él –que ya se había hecho un nombre en Madrid– de la redacción del diario Odiel, a la que yo llegaba con el manuscrito de otra de mis vitriólicas glosas, una de las cuales terminó casi por condenarme a poco menos que la muerte civil del apartheid. Nos presentaron, nos dimos la mano, y eso fue todo».      

 

Escribiendo y releyendo las líneas anteriores me he puesto a pensar que cuántas calles hay ya con nombres de amigos entrañables. El Pasaje Manuel Alonso Vicedo, en medio de mi calle sevillana, San Eloy, en cuyo nº 47 estaba la pensión familiar donde viví los cinco años de mis estudios de Derecho. Las calles Raúl Guerra Garrido, en dos pueblos del Bierzo más otro de Valladolid. La calle Jesús Arcensio, en Huelva, una calle que no se merece el nombre que tiene porque consta de una sola cuadra y no hay ninguna puerta que se abra hacia ella (creo que ni ventanas). Y recuerdo que en Huelva también hay calles dedicadas a mi don Plácido Bañuelos tan querido, y a otros dos médicos, uno que estuvo a punto de matarme recetándome purgante para lo que era una peritonitis, y el otro que me salvó porque mi tía Amelia no se conformó con aquel diagnóstico del “estómago sucio” cuya “terapia” me hubiese mandado derechito al patio de las malvas. Yo vivìa entonces en casa de mis tíos Laureano y Amelia, recién casados, me había ido de la mía, harto de soportar a mi madre: hasta creo que eso fue precisamente lo que me salvó. Y no sé, seguro que ya debe haber una calle Ernesto Feria y otra Víctor Márquez Reviriego en Villanueva de los Castillejos, y una calle José María Vaz de Soto en Paymogo. Y otra Jesús Quintero, en San Juan del Puerto. Y también seguro que una calle Odón Betanzos en Rociana del Condado. Los amigos han ido y siguen poblando el nomenclator urbano. Hasta en Buenos Aires, donde está la plazoleta Julio Cortázar, en la que desemboca la calle Jorge Luis Borges, ¡oh máquina de los dioses!, como diría el impertérrito locutor de Les Luthiers.

 

Weiß/Colonia, 4.9.

0:30 am : Porque lo pasaron a un horario inusual, 6:45 pm, me perdí el primer episodio de una serie inglesa protagonizada por Morse, pero un Morse jovencito recién llegado a Oxford. Y la malajada es que no está programado en la filmoteca del canal. Ya he consignado en mi agenda los cuatro siguientes lunes. Pero me emputa no haber visto cómo empieza la serie.

 

Llama Leo, feliz, para contarnos que llegaron los resultados del análisis y el tumor era benigno. Alabado sea por siempre el bendito sacramento del altar. Sea por siempre bendito y alabado.

 

Mi querido Fabio me escribe desde la Costa Rica profunda: «He comenzado la lectura de Tirano Banderas y me ha llamado la atención su magnífica estructura, su prodigiosa narración, pero se me ha puesto cuesta arriba ese vocabulario tan propio de ese texto. Por dicha, decimos en Tiquicia, existe tiranobanderas,com, donde he encontrado los significados de algunas palabras y expresiones, necesarios para comprender la novela. Al  mismo tiempo, en algunas redes sociales, me he topado con comentarios de ciertos lectores que se burlan de la obra valleinclanesca, encontrándola muy parecida a un fósil y expresan que es imposible de leer, igual que el texto Finnegans Wake, de Joyce. Como siempre, si tenés algo que decirme respecto de lo que te he comentado, te lo agradezco». Le contesto ipso fuckto: «Fabio querido, mucho tiempo sin saber nada de sumercé, y gran alegría al saber que estás leyendo Tirano Banderas. Es una novela excepcional en todo y por todo, y quienes se burlan de ella porque la encuentran fósil e indescifrable, lo que demuestran es que entienden muy poco de literatura y su caletre no les da para mucho más allá de Corín Tellado. Yo la he leído varias veces, dos de ellas en voz alta, porque lo que Valle-Inclán escribe en esas páginas es pura música. Y no me cuido mucho del cabal entendimiento de todos los vocablos que don Ramón emplea, a) porque muchos de los significados se desprenden del contexto; y b) porque cuando ese no es el caso, pues la mayoría de las veces no importa. Y ahora que lo pìenso, los sabihondos que la creen indescifrable demuestran además que no han leído el Quijote ni por el forro. Cuando acabés Tirano Banderas no dejés de leer sus cuatro Sonatas, que cada una es un primor, ni su Ruedo Ibérico, que redimensionó de una vez por todas, y lo dejó imposible para el resto, el concepto de la "novela histórica". Un fuerte abrazo hasta Cámaralentolandia, querido Fabio».

 

Weiß/Colonia, 5.9.

Carlitos me llama para decirme que el almuerzo en La Modicana debemos posponerlo, tiene una cita con su dermatólogo justo a la 1:00 pm.

 

Se cumplen 40 años del secuestro de Hanns Martin Schleyer por la RAF, acá en Colonia, muy cerca de donde ahora vive Chico con su familia. El diario le dedica una serie de reportajes al tema, culminando hoy con una entrevista a Gerhart Baum, entonces viceministro, poco tiempo después ministro del Interior, probablemente el más liberal en la historia de Alemania. Un dato que lo retrata es el siguiente: siendo ya ministro, ordenó que se destruyesen las listas inmensas de todos los viajeros de tren a París pertenecientes a un segmento específico de edades, puesto que se temía que allá hubiese células de apoyo a la banda Baader–Meinhof. Las tales listas eran una reliquia de la época de pánico que vivió el Estado alemán enfrentado a la guerrilla urbana. Y Baum lo cuenta en la entrevista, añadiendo un final digno de Kafka: «El funcionario que vino a darme cuenta de la destrucción de las listas me dijo: “Señor ministro, las hemos borrado todas y hemos levantado acta del hecho”. “¿Y qué consta en el acta?” “Los nombres borrados de las listas”». Añade Baum: «Así de absurdo funcionaba el aparato entonces».

 

Me escribe Teresa después de leer mi diario: «La nostalgia por La Chucha es honda. Mucho más cuando pasas de largo frente a la entrada de la casa y piensas en tantos momentos felices que has vivido allí. Y también en los últimos tiempos, difíciles, los del ocaso de Hilde». Le contesto: «Y sí, la nostalgia por La Chucha es honda. Claudia, la artista compatriota tuya que vive en Colonia y acude a nuestros almuerzos en La Modicana siempre que tiene libres los martes, nos contó que se iba de vacaciones a Málaga, pero lo hizo, claro, porque partía de la base de que Carlos y yo sabemos dónde queda Málaga (yo la llamo Buénaga) y en cambio no sabríamos dónde está Torrenueva. Por eso, el martes pasado, cuando ya de regreso del sur le pregunté qué tal la estadía en Buénaga y me dijo que allí todo lo que hizo fue aterrizar porque sus vacaciones las pasó en Torrenueva, me repente me arrasó una marea de recuerdos, un ciclón Harvey de la memoria».  

 

Weiß/Colonia, 6.9.

1:30 am : Los 75 años de Werner Herzog los ha celebrado el canal 3sat pasando un documental suyo titulado La muerte en Texas, impresionante alegato contra la pena de muerte en el caso de un asesino convicto y confeso; y ejecutado. Herzog aseguró en su día que el film no perseguía una finalidad política, aunque desde luego él era contrario a la pena de muerte. Ahora bien, si el fin que perseguía no era ese alegato, entonces podemos decir que le salió el tiro por la culata.

 

Pîlar llegó a Hamburgo el 24 y tenía planeado visitar Berlín, Praga, Colonia, Ámsterdam, París y Barcelona, de donde regresará a Los Ángeles el día 14. Yendo de camino a Berlín me puso un email diciéndome que me había intentado llamar por teléfono, sin resultado, y pasándome el # de su móvil, con el no que consigo conectar porque al parecer su sistema es incompatible con el de Telecom. Lo cierto es que estamos a 6 y ya me está pareciendo difícil que venga, a no ser por un solo día, lo que sería una pena. Pero bueno, menos da una piedra, abuela Remedios dixit!

 

Termino hoy de releer el compendio de los diarios de Käthe Kollwitz, y de leer la biografía de Albert Camus. Dos libros de los que he aprendido muchas cosas. De KK: «Trabajar de manera productiva lo hago poco ahora. Es siempre tener el trabajo en la mira, y todo lo que conlleva. Si pudiera luchar con éxito contra la resignada melancolía que otra vez me aplasta, es algo que no sé. [...] Envejecer es tan pesado» (las cursivas son de KK). De AC en una carta de 1953: «La vida sigue, pero cansado por el ruido, alicaído frente a la obra interminable que tiene que ser realizada, y afectado por la locura del mundo, y en último término seguro de que no daré abasto y voy a defraudar a todo el mundo, hay mañanas en las que sólo deseo sentarme y esperar que se haga de noche. Y de vez en cuando cedo a ese deseo». Los dos párrafos reflejan casi como una calcomanía mi estado de ánimo en estos días. De AC, también, esta frase que debo pasarle a Diny: «Holanda, plácida Holanda, donde se aprende la paciencia para morir». («Holanda es un sueño, señor» dice Clamance, el “juez penitente” de La caída). Devuelvo ambos libros a su estante y dejo en el de AC un cupón de la ONCE comprado el 3.12.1996 en Madrid, son 150 ₧ que invertí no con la idea de ganar el premio sino porque el cupón incluía un retrato de AC : 


 

 

Weiß/Colonia, 7.9.

2:30 am : Aguirre, la ira de Dios, una obra maestra por la que no pasa el tiempo. La acabo de ver en el canal bávaro y la he seguido con la misma devota atención que la primera vez. Una actuación como la de Klaus Kinski es difícil de comparar con cualquier otra, a no ser con la suya propia en Fitzcarraldo, también de Werner Herzog. Por cierto, y ya lo dejé dicho en otra parte, pienso que no puede ser una casualidad, sino una confesión en clave, el que Herzog, en su film sobre Aguirre, hiciera que Aguirre fuese incorporado por un sicópata –Klaus Kinski– y Pedro de Ursúa, su víctima, por un director de cine: Ruy Guerra. Honni soit qui mal y pense!

 

En La Modicana, hoy con Diny, apenas entramos corre a saludarnos Brita, que está almorzando con su padre, como todos los primeros jueves de mes (el padre de Brita es el asesor fiscal de la signora y tiene esta fecha fija para recoger el papelerío que calme la insaciable sed del Fisco). Es muy lindo reencontrarnos con Brita, una persona tan encantadora y a quien no vemos nunca, ni tampoco a Hans–Jürgen, su marido, pese a que vivimos a menos de diez cuadras de distancia en Weiß. Es algo que se entendería perfectamente en Nueva York, ¡pero en Weiß! And yet...

 

Interrumpo el programa de relecturas para leer dos libros a los que les ha llegado el turno, uno es El volcán y el sosiego, la biografía de Gonzalo Rojas por Fabianne Bradu (que nos lo entregó en mano hace meses, cuando nos visitó acompañando a Rodrigo Tomás), y el otro un conjunto de textos acerca de Alfred Kinsey, recopilados por Bill Condon, el director de la peli sobre el célebre sexólogo, con Liam Nesson y Laura Linney en la pareja protagonista. Desde el primer momento me pareció coherente que una peli sobre Kinsey la rodara alguien llamado Condon, aunque sin acento. Y el libro, por lo demás, promete bastante. Adelante, pues, con los faroles.

 

Weiß/Colonia, 8.9.

10:10 pm : Antes de sentarme frente al televisor para ver El padrino, repaso mentalmente qué fue lo que hice en todo el día. Leer dos capítulos de la biografía de Gonzalo y unas 20 páginas del libro sobre Kinsey; enviarle a Arcebelle –a petición suya– mi archivo de frases, desde el 2007 al 2016 (ambos inclusive), con las que acompaño los envíos semanales de este diario; dar un repaso a los archivos para ver qué puedo mandarle a Félix Morales, quien me escribió ayer invitándome a colaborar en la nueva salida al espacio virtual de El Fantasma de la Glorieta, una de las mejores revistas en pantalla del idioma español, ¡made in Troglodia!; confeccionar un # especial de The Twitter’s Digest con motivo de la visita de Bergoglio a Colombia y cuál fue su repercusión entre los tuiteros colombianos (una es muy divertida: «El Papa es el Mick Jagger de mis tías»)... mucho más no he hecho en todo el día. Pero cuando uno quiere compaginar en serio un # especial de TTD como ese, o buscar en serio material para EFdlG, se van quieras que no un buen par de horas en el empeño. En todo caso, es un tiempo que doy por bien empleado.

 

Weiß/Colonia, 9.9.

1:30 am : El padrino. Ver El padrino, no importa cuántas sean las veces que ya la hayas visto, es como releer Macbeth, no importa cuántas sean las veces que la has leído o visto en la escena o en la pantalla. ¡Y esa música de Nino Rota! Para alguien nacido en el siglo XX, la trilogía de El padrino es del mismo calibre que la de Sófocles con Edipo para los siglos anteriores y todos los que les sigan. «Lo digo y no me corro» (© by César Vallejo).

 

Un sábado sin historia, con el único aliciente de que desde anoche el enrutador está jugando al escondite con nosotros y nos deja sin Internert ni teléfono cuando le sale de los mismísimos cojones virtuales. Algo que desespera a Diny y que yo acepto con el estoicismo propio de todo un Séneca, sabiendo que contra lo incontrolable no hay tutía. Se da el caso, eso sí, de que luego del desayuno estuve reprogramando el enrutador siguiendo mi memoria visual de los manejos a que lo sometió Arzola hace dos semanas, y ahora sus periodos de bonanza son más prolongados, lo que me hace sospechar que sí podré subir estas páginas a mi blog, a eso de la medianoche, es decir, no, a eso de la 1:30 am, después de que pasen El padrino 2. Oremus.

 

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Camus murió tan pronto que no le dio tiempo de defraudar a nadie. 

Si en la cumbre de su vida tenía ese ánimo, ¿qué habría sido de él de seguir viviendo y acercarse a la vejez hasta instalarse en ella? Nunca lo sabremos.

La ausencia de gente como Camus y Heinrich Böll es algo que nos dejó bastante huérfanos.

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