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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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9 de febrero, 2019

De mi diario : Semana 6 / 2019

 

Weiß/Colonia, 3.2.

Me escribe Carla y entre otras cosas me cuenta que la firma de su madre es de lo más parecido a un electrocardiograma, pero puede decir con orgullo que aprendió desde adolescente a reproducirla con suficiente precisión para engañar a los profesores y justificar su inasistencia a clases: «En Roma se dice “fare sega”, en el norte “bigiare”, en la Toscana “marinare” la escuela. Mi habilidad me consiguió una gran fama entre mis compañeros de Liceo, hasta el punto que fui nombrada falsificadora oficial de la clase». Le contesto que esas tres variantes del ausentismo escolar me han hecho recordar que en España conozco dos: “hacer novillos” en Castilla y “hacer la rabona” en Andalucía. Por cierto que me resultó curioso enterarme de que la expresión andaluza coincide con la que se emplea en toda Alemania, en alemán, claro estáacá se dice “schwänzen”, un verbo derivado del sustantivo “Schwanz”, que significa “cola, rabo”, además de ser también una acepción grosera del pene: «Por lo demás felicitarte por tus rabonas de la escuela romana y tu habilidad como falsificadora de firmas. Yo no tuve ese problema porque me encantaba ir a la escuela, donde había una biblioteca buenísima, y cuando no teníamos clase me metía en ella a leer cuanto caía en mis manos».

 

Me ha gustado mucho la columna de Héctor, hoy, en El Espectador, y le mando un email diciéndole que «me ha hecho recordar el final del episodio # 18 de la saga de Lew Archer, el legítimo heredero de Philip Marlowe. En ese final, Lew está en la cama con la mujer que finalmente pondrá orden y amor en el caos de su vida, ella duerme y él se inclina para mirarla, y lo que sigue es mi versión de la traducción alemana: “Vi cómo su rostro adquiría forma con la luz del amanecer. Tras un rato pude reconocer el pulso azul regular en sus sienes, el golpeteo de un martillo silencioso que mostraba que ella vivía. Espero que ese martillo azul nunca deje de latir”. Es uno de los finales más poéticos que conozco en toda la literatura policial, y no es poca la que conozco. Ah, y el episodio se titula, claro está, The Blue Hammer, y tú te preguntas a lo largo de toda la novela a qué carajo hará referencia ese título. El muy astuto de Ross Macdonald se guardó esa carta en la manga hasta el final».

 

Weiß/Colonia, 4.2.

1:10 am : Chloe. La verdad es que la he vuelto a ver porque adoro a los dos actores principales, adoro a Julianne Moore y a Liam Neeson. Pero ya la vi hace meses y me pareció una estafa que sólo era convincente porque los estafadores (incluida Amanda Seyfried) eran harto convincentes. Algo así como la pescadilla que se muerde la cola. O lo tomas o lo dejas. Yo, honestamente, por mi parte, ni lo tomo ni lo dejo, sino todo lo contrario. Hay pelis así, de las que no sabes qué decir, a no ser que seas uno de los privilegiados autoaristarcos de Internet (¡hay cada imbécil en el gremio!)  En cualquier caso valió la pena volver a verla, aunque no más que por los actores.

 

Me escribe Francesco Varanini, me manda unas reflexiones nada baladíes en torno al tema de la traducción, con ejemplos muy buenos. Pero lo que más me interesa es lo que me dice acerca de que tiene en astillero un libro semejante a su fenomenal Viaje literario por América Latina. Ojalá lo publique y se lo traduzcan antes de que me mande mudar al valle de Josafat.

 

Comienzo la transcripción del texto de Lorelei Express, que hasta ahora sólo existía en soporte papel, y en cinta magnetofónica, y mientras lo hago estoy consiguiendo asimismo que no sea una mera transcripción literal del manuscrito original porque corrijo aquí y allá (había un error de bulto, gran bulto, llamando viaducto a lo que en realidad es un túnel ferroviario bajo la pista de aterrizaje del aeropuerto de Düsseldorf), y amén de corregir, también añadir un fragmento esencial para la comprensión de un relato 100% acústico. Recuerdo que el ejemplo que pongo en ese fragmento les impresionaba mucho a los alumnos que tuve en los cursos de formación de la Deutsche Welle, y a los estudiantes de de la Uni de Cochabamba, donde impartí una lección sobre el lenguaje de la  radio, invitado por Gaby, catedrática en aquella alma máter, y lo hice aprovechando la larguísima pausa entre la llegada de mi vuelo desde Sucre y la partida de mi vuelo a La Paz. He sido desde siempre un consumado maestro en el arte de invertir mi tiempo. Aunque también en el de perderlo mirando las musarañas.

 

Weiß/Colonia, 5.2.

00:30 am : Dieron en el segundo canal  Los siete magníficos y me lo pasé requetebién viendo cómo el bien triunfa contra el mal. Es que soy de izquierdas, qué le voy a hacer. ¡Pero ojo! : Aunque este remake de la peli con Yul Brinner, Steve McQueen, Charles Bronson & Co, no es nada malo, ni él ni el de Yul Brinner, Steve McQueen, Charles Bronson & Co le llegan a la suela del zapato del original japonés. Y al que me diga que no, gritaré “Banzai!” y me arrojaré sobre él (o ella) en modo kamikaze. O me haré el bada–kiri.

 

Los poetas de Samuel en mi blog de EE. Una gozada esa lista. Que me hace ver una vez más cómo la cartografía de mis lagunas se parece en todo y por todo a un mapa de Finlandia.

 

Hoy en La Modicana se terció la plàtica sobre la compartimentación de la Historia en Edades. Vino a cuento porque leí en el diario que un señor era Prähistoriker [=prehistoriador, lo que también existe en español, pero me parece una burrada mayúscula]. Y cuando dije algo así como que la Edad Antigua terminó al caer el Imperio romano tras el saqueo de Roma por Alarico, Carlitos comentó: «Ah, no lo recordaba». Yo: «Es que todavía eras muy chiquito».

 

Una auténtica catástrofe en mi archivo de The Twitter’s Digest, seguro que por un mal teclazo borré los dos números de que tenía ya listos para mañana y el viernes, y que tanto trabajo me costó adelantar la semana pasada. Me doy a los demonios, e improviso dos números nuevos, pero todo el tiempo me lo paso parafraseando a Don Quijote: La razón de la sinrazón, que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de tamaña desventura. Y lo peor del caso es que he perdido todo el tiempo desde que me levanté de la siesta hasta ahora, que son ya las tantas de la noche. Porca miseria, scimmietta!

 

Weiß/Colonia, 6.2.

2:00 am : La peli Un plan parfait [extravagantemente titulada Llévame a la luna, en español] es una comedia cuyo punto de partida tal vez le hubiese gustado a Lubitsch, a Capra, a Wilder, o al Hawks de Bringing Up Baby [La fiera de mi niña en español, No se besa a los leopardos en alemán]. Pero ellos no eran franceses y la hubiesen desarrollado de otro modo. Sea como fuere, el producto se deja ver, y lo sé porque esta es la tercera vez que la he visto y me parece que ha ido ganando desde la primera vez. Y lo que dudo mucho es que Lubitsch & Co hubieran podido sacarle más partido del que le sacaron en esta peli a Diane Kruger y Dany Boon. Es una pareja para la historia, como Claudette Colbert y Clark Gable en Sucedió una noche.

 

Termino de transcribir Lorelei Express y me siento muy satisfecho de poder contar con su texto en mis archivos digitales. Ahora tengo que hincarle el diente al texto que me pidieron de Nexos para el 30.º aniversario de la fatwa del ayatola Jomeini contra Salman Rushdie. Asimismo me han preguntado hoy si puedo y quiero escribir algo para el cincuentenario de la muerte de Karl Jaspers, y lo tengo que consultar con la almohada. Claro que me gustaría, Jaspers es una de las mentes más admiradas por mí, pero no sé si tengo uñas para esa guitarra.

 

El último caso de Hercule Poirot es la estupenda culminación de una saga con David Suchet en una caracterización insuperable. Ver al pequeño detective belga en una silla de ruedas me hizo recordar algo que escribí y publiqué a principios de este milenio en varios medios (La Opinión, de Los Ángeles, la emisora HJCK, de Bogotá, y el suplemento cultural Pérgola, de Bilbao): de acuerdo con los datos cronológicos que nos fue facilitando doña Agatha a lo largo de la dilatada carrera de Hercule Poirot, el legendario detective vivió unos 120 años. Chapeau!

 

Weiß/Colonia, 7.2., San Ricardo, rey

1:20 am : Quería volver a ver la peli de Ken Loach con Eric Cantona. Pero se metió por medio uno de esos programas deportivos súper estúpidos que al parecer gozan de gran predicamento en Analfabetolandia, tanto que las emisoras de derecho público (que financiamos con nuestro canon, nada barato) no se atreven a tirarle de los güevos a los cretinos que las protagonizan, a veces hasta a costa de los presuntos héroes deportivos, y la proyección del film de Ken Loach se retrasó en nada menos que 40’, así es que debo renunciar a él porque me espera al mediodía la visita anual de control a lo de mi cardiólogo y debo madrugar. Hélas, Eric!

 

La visita anual de control con mi cardiólogo, el Dr. Stäblein. Nos conocemos ya desde hace años y es una persona sumamente agradable y muy competente en su tarea. Hoy, desde el principio, nos pusimos a conversar no de bueyes perdidos (como donosamente se dice en el Río de la Plata) sino de bueyes encontrados: el paso del tiempo, las rupturas conyugales, los hijos tardíos (me confiesa que su novia lo dejò plantado y tardó mucho en encontrar otra, mucho más joven que él, así es que a sus 60 tiene hijos de 14, 10 y 6 años de edad), hasta que de repente nos dimos cuenta de que todavía no hablábamos de mi cuerpo y sus falencias, y ahí se puso diligente a anotar mis respuestas a sus preguntas, en un sistema taquigráfico propio. Luego me explica que uno de los medicamentos que me viene recetando desde hace años, el CoDiovan, no me lo recetará más porque se ha descubierto que contiene una substancia que puede provocar el cáncer de piel, aunque su índice de morbilidad es mínimo. Y tan mínimo, le digo, llevo ya más de diez años tomando CoDiovan a diario. También me dice que procure consumir vitamina D bastante, y no sólo en los meses sin sol: la vitamina D, me dice, refuerza la inmunidad, amén de reforzar los huesos, una buena prevención contra la osteoporosis. Vienen a renglón seguido el electrocardiograma y la exploración vía digital, la ecografía. Y resulta que tengo el corazón incluso con valores más positivos que el año pasado. Me voy a morir de pura salud, carajo. Al despedirnos veo que le han llevado el correo del día y destaca en él un sobre con The New Yorker. Miro al doctor con ojos preguntones y curiosos, y me dice que está suscrito porque le parece la mejor manera de cultivar su inglés. También Chapeau! para mi cardiólogo.

 

Vicente ha publicado su columna de hoy dedicada a Somerset Maugham y me menciona en ella de manera muy elogiosa. Después de leerla le escribo: «Y sí, Maugham es definitivamente uno de los clásicos del siglo XX. Tuvo la mala suerte (¡ejem!) de gustarle a los lectores, como Simenon y Benedetti, de manera que los aristarcos que calzan coturno no les dieron pelota. Imbéciles. Ahora, en eso de que soy un escritor prestigioso (no sólo eso, sino de los más) te pasaste un pelín, mi querido ViQui. Pero te lo agradezco porque no soy desagradecido. Nomás que yo, en materia de prestigio, pienso como Unamuno, quien decía que “el laurel está bien para asaborar las patatas”». Y luego le digo, en otro email posterior, que lo mejor que escribió el gran Maugham sobre Andalucía es su precioso cuento “El poeta”. Y le paso el enlace ad hoc.

 

11:00 pm : Acabo de ver Lucky, con otro viejo divino, Harry Dean Stanton, y me conmueve su despedida, su canto de cisne ronco, en la fiesta de cumpleaños del niño mexicano. Moriría un par de meses después de terminado el rodaje y ganó ½ docena de premios póstumos. Me trae al recuerdo otra despedida inolvidable, la de Spencer Tracy en Adivina quién viene a cenar esta noche. Spencer Tracy [el actor] sabe que se va a morir pronto, y aquello que el personaje que interpreta dice de la joven pareja es en realidad una declaración de amor a Katherine Hepburn, su esposa en esa peli, su compañera en la vida: «The only thing that matters is what they feel, and how much they feel, for each other. And if it's half of what we felt – that's everything. [Lo único que importa es lo que ellos sientan y lo mucho que sientan el uno por el otro. Y si eso es la mitad de lo que sentimos nosotros, eso ya es todo]». Una epifanía del cine. La adoro.

 

Weiß/Colonia, 8.2.

Mi columna de hoy para EE me la saqué de la manga recurriendo al anecdotario de mi perra vida, en la cual, a pesar del adjetivo, también he tenido mis epifanías. A esta técnica literaria Raymond Chandler la llamaba “canibalizar”. Y yo me siento –de profundis– caníbal.

 

Casi todo el día dedicado a la escritura de mi texto sobre la fatwa contra Salman Rushdie en el 30.º aniversario del aciago día en que fue sentenciada. Una tarea jodida (peluda, habrìa dicho Cortázar, menos boquisucio que yo) porque sólo disponía de un punto de partida, aquel infame concurso de 1995 en el que se premiaría con diez monedas de oro el mejor cuento que relatase el miedo de Salman Rushdie al cumplimiento de la fatwa. Pero poco a poco encontré materiales de sobra para con esos mimbres pergeñar mi texto. Estoy contento con el resultado, y además lo voy a dejar reposar hasta el lunes por la mañana, antes de enviarlo a la redacción de Nexos en la fecha convenida. Si no equivoco mucho, será poco lo que tenga que corregir o limar. Laus Deo!

 

Weiß/Colonia, 9.2.

1:00 am : Dos pelis francesas vistas en mis descansos de la escritura del artículo sobre la fatwa contra Salman Rushdie. La primera en realidad era un telefilm. Debo confesar una debilidad por este cine. Entre todos los europeos, al final no sabría por cuál definirme, si por el francés o por el italiano (o por un determinado cine sueco, de un tal Bergman)... pero como soy un agiotista nato, me quedo con todos ellos. Soy un europeo que ni mandado hacer de encargo, y no pocas veces, cuando oigo hablar del eurocentrismo escucho dentro de mí una voz burlona preguntando «¿Por qué coño tiene que ser el más malo el eurocentrismo? ¿Es que son menos malos quienes son gringocentristas (hoy más que nunca, con el discapacitado mental de su fake president), o chinocentristas, o congocentristas, o saudicentristas, o israelicentristas, etc. etc. etc.? Váyanse todos ellos a la recontrarremilputamadre que los requetecontrarremilparió». Enter!

 

Reencuentro con Carla y David, esta vez en el Bistro Verde, en Rodenkirchen, local que les cae bien. Es un alegre y entrañable reencuentro porque esta joven pareja nos ha ganado el corazón, o como dicen en Antioquia, nos han llegado al mango. Luego, en casa, le entrego a David el regalo que le tenemos (hoy es su cumpleaños), un DVD con el 6:2 del Barça al Real Madrid el 2.5.2009, nada menos que en el Bernabéu y nada menos que en un 2 de Mayo, este fue otro 2 de Mayo pero al revés: orito en polvo para un culé. Y Carla le entrega a Diny un queso trufado y a mí un ejemplar (el 148) de una tirada de 500, de “La tigre” de Paul Valéry, en una impresión artesanal que da gloria verla, con caracteres de la serie Garaldus y en un solo pliego de papel de barba: es de las Edizioni Henry Beyle, y cuando les cuento a Carla y David que su seudónimo Stendhal lo fraguó monsieur Beyle a partir del nombre de la pequeña ciudad alemana Stendal, donde alguna vez pernoctó durante una campaña napoleónica, resulta que no lo sabían. Luego hablamos de docenas de temas. De Hoy es fiesta, la magnífica pieza de Buero Vallejo. Del desconocimiento que “gozan” las literaturas de los países de Latinoamérica que no son México, Argentina y Cuba, y al mencionar David el Ecuador les descubro la obra de Ángel Felicísimo Rojas. Hablamos de tantas cosas... Al final hasta les cuento chistes. Y nos citamos para mañana, a las 13:00, en La Modicana.

 

Esta mañana nos desayunamos sin diario a causa de una huelga repentina que tuvo lugar anoche y de la que no sabíamos nada. Pero al regresar del Bistro Verde nos encontramos la sorpresa de que al final ha habido un arreglo y han repartido el diario. Lo leeré con el desayuno de mañana, porque a estas horas del sábado el único diario que me interesa es el mío. Este.

 

*****************THE END*****************

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