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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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4 de marzo, 2017

De mi diario : Semana 9 / 2017

 

Weiß/Colonia, 26.2.

Domingo de Carnaval, y hoy es el primero de los dos desfiles grandes en Colonia: el de las escuelas y los barrios. Siempre me gustó más que el del lunes, el de las agrupaciones y clubs carnestoléndicos, con fastuosos uniformes de opereta; aunque bien es verdad que ello no es sino un recuerdo de que los desfiles de carnaval se iniciaron en Colonia, y en la Renania en general, como caricatura de los ejércitos napoleónicos. Pero las escuelas y los barrios tienen una personalidad propia, no salen a desfilar para que el mundo los vea, como los del lunes, o los cariocas del Sambódromo de Río de Janeiro, sino por el placer de tomar la calle por unas horas, ser los amos de la ciudad aunque sea de mentirijillas. En cualquier caso este año, y no porque no esté Diny, ni siquiera lo he visto en la tele.

 

Termino de leer la biografía monumental de Billy Wilder y continúo con la lectura de las memorias de Lauren Bacall. ¡Qué dos libros tan distintos! El de BW es un interminable rosario de anécdotas, que te divierten porque ese genio lo era también verbal y su biógrafo se limita las más de las veces a transcribir de las cintas que grabó conversando con él. En cambio en el de la Bacall la sientes; para decirlo con Walt Whitman, «quien toca este libro, toca un ser humano». Lo único que me rechina es que ella no parece conocer otro adjetivo que “wonderful” cuando califica hechos y personas. Si a los traductores les hubiesen pagado 10 $US por cada vez que tuvieron que escribir “maravilloso”, seguramente habrían ganado unos honorarios de luxe.

 

Pasan por el canal Arte una de las primeras pelis de Hitchcock en Hollywood, y debe de ser una copia vieja porque el primer título de crédito dice, ad pedem litterae : Selznick International presents its picturization of Daphne du Maurier's celebrated novel. ¡¡¡¡¡"Picturization”!!!!! ¡Toma del frasco, Carrasco!

 

Weiß/Colonia, 27.2.

Lunes de Carnaval, que en alemán se llama Lunes de las Rosas. Tampoco hoy prendo la tele para ver las carrozas. Definitivamente no quiero tener nada que ver con la quinta estación del año, como lo llaman los colonienses. Es un espectáculo que ha perdido conexión con el pueblo, con la gente de los barrios, que se concentran en sus desfiles barriales, donde hay muchísima más imaginación y bastante más chispa que en esta ceremonia de la confusión del gran desfile por el centro de la ciudad.

 

A las 8:15 pm en el canal Arte L’enfer [El infierno], un clásico de Claude Chabrol, admirables los protagonistas, el guión, la música. Hubiera sido quizá mejor que Clouzot, autor del guión, lo hubiese filmado, cosa que no logró. Pero en Clouzot faltaría ese «sans fin [sin fin]» al final, que es la grandiosa rúbrica de Chabrol. En Clouzot habría habido un final espeluznante por el estilo del de Las diabólicas, creo. Y un tema tan calderoniano como el de los celos pienso que no se avendría con él sino en la superficie. En el trasfondo, el infierno no puede terminar, ni son los otros, monsieur Sartre, el infierno lo llevamos dentro y nos carcome toda la vida, ya sea formulado como celos o como esas envidias que son cánceres sociales. Pienso que una peli así jamás se podría filmar en Hollywood. Y no lo digo como elogio, pero también, sí.

 

Weiß/Colonia, 28.2.

En La Modicana el ya habitual espectáculo de los martes, la mesa del padre con los tres hijos (un jovencito, un adolescente ante pubertas, un niño). Siempre se me olvida preguntarles a la signora, o a Mehrnoosh, la camarera persa, si saben quiénes son, si se trata de un viudo o de un padre divorciado que se quedó con la tutela de los hijos. En cualquier caso debe ganar su buen dinero, pienso, sobre todo si el cuarteto viene a comer acá más de una vez a la semana. Y a decir verdad mi curiosidad se debe a que el grupo me cae simpático y hace ya meses que nos saludamos al llegar, ellos o nosotros, y reencontrarnos cada martes. ¿Qué historia habrá detrás de estos tres jovencísimos mosqueteros, hijos de un todavía joven D’Artagnan?

 

Después de La Modicana y la compra semanal en Aldi, pasamos por la oficina postal donde me estaba esperando un paquete enviado desde La Paz, Bolivia, por la gran Patty, y conteniendo el ejemplar que le pedí de La muerte mágica, el libro de relatos de Óscar Cerruto. Apenas llegado a casa le escribo: «Patty querida, llegó tu envío con el libro. En realidad llegó el martes pasado, pero no estábamos en casa cuando pasó el cartero, que nos dejó el aviso para ir a buscarlo en la oficina postal. Lo que sucede es que al día siguiente Diny se marchó a Ámsterdam por una semana (regresa mañana), huyendo del Carnaval, y yo no he salido de casa hasta hoy que fui, como es costumbre de todos los martes, a almorzar con Carlitos Müller, y la oficina postal queda en el camino. Esto te lo cuento tan en detalle para que veas que no es coquetería cuando en mi diario hablo de mis achaquesla vejez me atrapó con el pie contrario, y me va mal, sobre todo en materia de locomoción, me cuesta andar y además me quedo sin aliento. En fin, es "la viejez", como la llama Diny».

 

Weiß/Colonia, 1.3.

Las páginas que Lauren Bacall dedica en sus memorias a la enfermedad y la muerte de Bogie te agarran por la garganta y no te sueltan. Respiran sinceridad e impotencia, y dolor, mucho dolor. Me aventuro a decir que se cuentan sin duda entre las mejores páginas en las memorias de gente del cine, tan sólo superadas por Liv Ullmann en las suyas.

 

Le regalé a Javier, que es farandulero, un tuit imaginando qué dirían a espaldas de Shakespeare los actores de su compañía en The Globe, y lo acaba de subir a su cuenta en Twitter :

 

Regresa Diny de Ámsterdam pero no viene a casa sino que se va derechito a la de Montse, para ocuparse de Henri al llegar de la escuela, y de la comida de los otros dos, aunque, por lo que sé, Paul ha salido a su padre con una buena mano como cocinero. Yo por mi parte bajo a los contenedores especiales toda la celulosa acumulada (diarios, revistas, publicidad, envases de cartón) y todos los envases de metal y plástico, pongo en marcha el lavavajillas y trato de que todo esté en su sitio y en estado de revista. Oremus.


Vendrá esta tarde IL a casa y he comprado un buen Burdeos y he sacado de su hibernación la plancha de jamón serrano que Reme nos regaló en Huelva. Hay además chorizo, morrillo, queso, trucha asalmonada (ahumada), tomates, y cuando llegue Diny habrá además paling (la anguila ahumada neerlandesa, que se ha vuelto casi inencontrable, pero Diny me trajo un ½ k de Harlingen)... en fin, no vamos a morirnos de hambre, aunque no sea comida caliente, pero en La Modicana no tenían lasaña, no pude comprar las tres porciones que quería hornear hoy.


Weiß/Colonia, 2.3.

Es un tema que me plantea más de una pregunta: el dolor de un amigo. ¿Cómo reaccionas al percibirlo? ¿Eres capaz de mimetizarte en el amigo para entender a cabalidad su sufrimiento? ¿Qué puedes hacer para ayudarle a sobrellevarlo?  El poeta andaluz Eloy Vaquero, no uno de los grandes (pero no hay poeta menor sin un verso mayor), escribió aquello de que «cuando se encuentra un amigo / es que Dios hace un regalo». Yo tengo la suerte de que Dios, o bien los dioses, me hayan regalado sin tasa, a manos llenas, y que todos los enemigos de que me hice a lo largo de la vida fueran enemigos unilaterales (yo no les di ni cinco de bolilla, como se decía en el Río de la Plata) y siempre por motivos profesionales, todos ellos por el predecible motivo de la corrosiva envidia. Pobres tipos, diría Cortázar. Pero justamente eso hace que cuando a un amigo le sobreviene una desgracia en su vida, y ese amigo es uno de aquellos a quienes quieres con toda el alma, sufras casi tanto como él en una escala paralela. Y es muy jodido, rejodido.

 

HH me escribe desde Bogotá: «Te agradezco tus envíos, pero quisiera hacerte una solicitud: ¿Pudieras enviarme tus comentarios sobre lo que se publica en otros países? Leo las columnas colombianas por lo que no necesito que me las reenvíes. Sin embargo, sí me gustaría conocer tu opinión sobre las columnas que se publican de otros países». Le contesto ipso fuckto: «Ya he borrado tu dirección del listado Colombia, pero en cuanto a columnas que se publican en otros países, las únicas que leo son las de mis amigos mexicanos. Y alguna que otra vez me llega alguna que me mandan los amigos españoles o argentinos. No tengo otra relación con la prensa que la lectura del diario todas las mañanas mientras desayuno. No leo en pantalla sino a los amigos (y la inmensa mayoría son colombianos), ni oigo la radio ni veo telediarios. Durante cinco años, de febrero 1995 al 31.12.1999, conduje dos informativos radiofónicos diarios, de ½ hora cada uno, desde Alemania para América Latina, y quedé sobresaturado de actualidad para el resto de mis días. Ya es mucho que lea el diario al que estamos suscritos, pero me concentro en las páginas locales, las deportivas y las culturales, en un par de buenos columnistas de los que aprendo, y las glosas cuando las hay; por las noticias nacionales e internacionales apenas paso de los titularescomo es un buen periódico, me basta y me sobra con ellos». 

 

Nos tocaron los últimos flecos del huracán Thomas, toda la tarde ha estado bramando el viento se diría que con ganas de abatir árboles y farolas del alumbrado público, pero con estos vientos pasa en Weiß como con los perros ladradores, que son poco mordedores. Les saco la lengua.

 

Estamos de nuevo en la temporada del skrei, el bacalao de las Lofoten, que es uno de los platos predilectos de Diny en materia ictiofágica. Así es que hoy lo hemos tenido para la cena, y ello me hace recordar que hace ya más de un año que Héctor estuvo comiéndolo acá con nosotros. ¡Cuánta verdad la de que el Tiempo vuela! Con retropropulsión a chorro.

 

Weiß/Colonia, 3.3.

Aparece mi columna en El Espectador y encuentra eco enseguida a través de Twitter. Es una pena penita pena que en la reforma del formato web del diario los columnistas nos hayamos quedado sin foros donde recibir comentarios de los lectores: estoy más que convencido de que mi columna de hoy traería mucha cola en el foro. Che le vachaché, como decimos los clásicos. Paciencia y barajar, diría don Quijote. Joderse y aguantarse, diría Sancho.

 

Buscando tuits alemanes para mi envío de todos los viernes encuentro este, buenísimo:

[Hoy me siento tan, pero tan negativo, que más que negativo estoy megativo].

 

Manu, lectora mía desde que nos reunió el azar en el conventillo (=el foro) del blog que tenía Arcángeles en El País, me escribe diciendo que no pudo dejar comentario al pie de mi columna de hoy en EE. Como su opinión me interesa mucho, porque lee sin antiparras de ninguna clase, le pido que me la dé. Y me dice: «Me divirtió todo lo dicho en ella, amén de estar de total acuerdo. Entre lo que más admiro está el sentido del humor inteligente e imaginativo. Y a ti te sobra». Con algo de sonrojo, pero orgulloso, le contesto: «Gracias, Manu. Y aquí entre nos, si no fuera por el sentido del humor que tengo, hace tiempo que me habría pegado un tiro».

 

Weiß/Colonia, 4.3.

Si no fuese quizás impío decirlo así, el cuaderno de esquelas fúnebres que acompaña al diario todos los sábados es hoy un muestrario de citas. De Christan Fürchtegott Gellert, del prefacio de la Misa de Resurrección, de Albert Schweitzer, del coro de peregrinos de Tannhäuser, del evangelio de san Juan, del Libro de Jeremías, de Carl Zuckmayer, de Saint–Exupéry, de Lao Tse, de san Anselmo de Canterbury, de un poema japonés del siglo VII, de Michelangelo, de la 1.ª epístola a los Corintios, de Hermann Hesse (la misma cita en dos esquelas distintas ¡¡y con dos textos distintos!!)... pero la que más me impresiona es la de una persona joven, de 34 años, que lleva un epígrafe de Leonard Cohen: «like a bird on the wire / like a drunk in a midnight choir / I have tried in my way to be free». Hay debajo del nombre y de las fechas (*22.3.1982 – † 21.2.2017) unas palabras estremecedoras: «Se quitó la vida el martes antes del Jueves de Comadres. No pudimos detenerle». Y debajo de la dirección de la familia, que es habitual acá en Alemania, unas palabras desoladas en francés: «La vie continue pour ceux qui restent». Me quedo pensando que en pocos lugares del mundo habría una esquela con una referencia tan directa uniendo la fecha de la muerte y el Carnaval, y sobre todo me quedo pensando en la frase «No pudimos detenerle». Ni los padres ni sus dos hermanas. Toda una tragedia narrada en sólo catorce palabras (quince en alemán).

 

A la 1:25 pm, al salir de casa para hacer compras, por primera vez escucho este año trinos de pájaros, y el aire luce limpio, suave, templado, casi cálido. ¿Será que la parienta rusa ha venido, y nadie sabe cómo ha sido? Como fuere, alabado sea el santísimo sacramento del altar.

 

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