Desde el interior de las revueltas

Carla Fibla

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Sorprendidos por las revoluciones árabes? Sí. Desde el ciudadano medio acostumbrado a los comentarios algo banales sobre “las dictaduras árabes”, “su incapacidad para vivir en democracia”, “la actitud sumisa que les hace aceptarlo todo”; a los expertos de las asociaciones, foros y espacios en los que supuestamente se ha discutido durante años la evolución de los países que hoy les están obligando a replantearse su propia existencia.

      Hace poco más de tres meses que las secciones de Internacional de las redacciones del mundo son la referencia para de forma acelerada entender algo, poder transmitir algunos datos, información que impida que los que narramos lo que ocurre no quedemos completamente fuera de juego. Llevamos 14 semanas aprendiendo a contrarreloj algo de historia del mundo árabe, analizando a los dirigentes que están siendo cuestionados por una población árabe que, como si se tratase de un camaleón, parece haber cambiado de piel.

      La calle árabe está en ebullición. En países como Túnez y Egipto, donde ha triunfado la revolución y la gente ha hecho caer a los regímenes que les han oprimido durante décadas, han descubierto el poder que tiene un individuo cuando se junta con otro y con otro, y unidos manifiestan una misma reivindicación, con la determinación de no callar hasta que se cumpla lo demandado. Grupos de gente ante bancos, empresas, negocios, explotando la posibilidad de, por fin, decir en voz alta, muy alta, lo callado durante tanto tiempo.

      Los egipcios y los tunecinos no volverán a aceptar que les impongan una vida indigna, que les maltraten, les humillen y les golpeen hasta matarles sin que nadie asuma responsabilidades. Y en ese mismo camino hay en estos momentos cientos de miles de árabes que luchando, adaptándose a la idiosincrasia de los regímenes que están combatiendo, pelean para que el cambio de piel que estas sociedades han hecho, llegue también a las altas esferas, a los gobernantes que con mayor o menor acierto están reaccionando.

      FronteraD abre hoy este espacio para dejar de correr detrás de los acontecimientos, para no cometer los errores del análisis fácil y superfluo, para estar a la altura con el rigor y la importancia que los ciudadanos árabes están exigiendo al cambiar el curso de su historia.

      Cada miércoles nos sentaremos delante de la mesa repleta de las declaraciones oficiales, los teletipos de las agencias, los análisis de expertos, las fotografías, los muertos, los heridos, las imágenes de las televisiones árabes y occidentales… y haremos un resumen, dando prioridad al país o a los países donde más eventos se hayan producido en esos siete días de revolución para que el lector de FronteraD tenga suficiente información y pueda opinar. Cada miércoles la mesa de las Revoluciones árabes quedará vacía, hambrienta, con la misma expectación con la que cada mañana miles árabes están en este 2011 levantándose sin la rutina que les mantenía en letargo, con el nervio de estar decidiendo su presente.

 

Miércoles, 30 de marzo, 2011

Hace cinco semanas que los rebeldes libios establecieron en Bengasi la capital de la Revolución, los jóvenes del 17 de febrero se enfrentan a una guerra civil con determinación, pero con nula preparación y escasos medios. La resolución 1973 de las Naciones Unidas a favor del establecimiento de una zona de exclusión aérea para proteger a la población civil de los ataques de su propio dirigente, Muamar al Gadafi, ha provocado un giro radical de los acontecimientos sobre el terreno.

      Ante la llegada de las tropas de dictador a Bengasi, los ciudadanos empezaron a huir hacia la frontera egipcia o se refugiaron en sus casas. Entonces empezó a actuar la coalición internacional. El fin de semana pasado los rebeldes lograron avanzar sin apenas combatir hasta Ajdabía, una importante población que permite tener acceso no sólo a Bengasi sino también a Tobruk (lo que supone poder rodear y cerrar la única salida al exterior terrestre de los rebeldes). La euforia de los que pasaban a toda velocidad junto a los tanques destruidos por misiles disparados por europeos y estadounidenses se truncó unos kilómetros más allá de Ben Yauad (una localidad situada a unos cien kilómetros de Sirte, la ciudad natal de Gadafi, donde los expertos consideran que se vivirá la gran batalla que decidirá si el dictador cae en Trípoli).

      Las fuerzas de Gadafi lograron frenar la ofensiva rebelde el martes, un día en el que volvimos a ver imágenes de las carreteras del desierto con los pick-ups y viejos Mercedes conduciendo a toda velocidad hacia Ras Lanuf y Ajdabia, repletos de rebeldes asustados y angustiados al haberse enfrentado de nuevo al frente de combate donde son tan vulnerables.

      Esto ocurría mientras en Londres miembros del Consejo Nacional de Transición libio, que ya tiene representantes políticos oficiales, explicaba la situación a sus aliados internacionales. Estados Unidos pasó el mando de la misión Odisea del Amanecer a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) el fin de semana pasado.

        El viernes 25 de marzo ocurrieron cosas interesantes en Yemen, Siria y Jordania. El Día de la partida proclamada en Sanaa, la capital yemení, por decenas de miles de personas que llevan semanas acampados en la Plaza Tagir (“Cambio”, en árabe) fue solapado por la demostración del régimen de que aún es capaz de congregar a cientos de miles de personas en la misma capital para apoyarle. Ali Abdullah Saleh, el presidente que dirige Yemen desde la unificación del país en 1990, pronunció un discurso “conciliador” en el que confirmó que está dispuesto a dejar el poder, que “no le interesa”, pero sólo lo hará con “manos limpias”. En los días siguientes Saleh propuso la creación de un gobierno de transición que redacte una nueva Constitución para pasar de un régimen presidencial a uno parlamentario. El problema es que él quiere ser el artífice de ese cambio.

 

 

       Jordania ya tiene a un grupo de opositores organizados que quieren el cambio. Los Jóvenes del 24 de Marzo aglutina a personas de izquierdas, a islamistas de los Hermanos Musulmanes, a jordanos de origen palestino, a transjordanos… una mezcla que el entorno del monarca Abdallah II (en el poder desde que sucedió a su padre, el rey Hussein, en 1999) se empeña en destacar para explicar la crisis política actual. La policía y fuerzas antidisturbios dispersaron una vigilia pacífica en la plaza Gamal Abdel Nasser el viernes. La violencia empleada concluyó con la muerte de una persona, “el primer mártir de las revueltas jordanas”, y más de cien heridos. Los graves acontecimientos han obligado al rey Abdallah II a dirigirse de nuevo a la nación para asegurar que las demandas de la calle están siendo escuchadas y se reunió con la Comisión de Diálogo Nacional (tiene 53 miembros, intelectuales y políticos, de los que 16 dimitieron tras lo ocurrido el pasado viernes).

      La capacidad del monarca hachemí para imponer al entorno conservador que le presiona las reformas que pide el pueblo es lo único que podría evitar su derrocamiento. Esas son las señales que hace incluso la prensa más oficialista como el periódico Al Dustur que en su editorial del pasado lunes decía: “(…) El monarca ha hecho un llamamiento al gobierno sobre la necesidad de crear una ley electoral moderna que represente a todos los jordanos y que materialice el acuerdo de todas las tendencias políticas del país; también ha hecho un llamamiento a modificar las leyes que regulan las libertades personales, sobre todo la de reunión, publicaciones y edición. Todo esto abre el camino a una nueva vida política y representa una verdadera palanca para lograr una reforma global que saque a la situación política del círculo de espera y no avance, para que entre en un círculo de trabajo, evolución, modernización y creación”.

         El férreo régimen sirio se ha desmoronado en parte esta semana en la acelerada sucesión de acontecimientos que están marcando a las revoluciones árabes. Después de que el régimen consiguiera abortar varias convocatorias a través de Facebook y Twitter en Alepo y Damasco,  mediante detenciones arbitrarias y el despliegue de impresionantes dispositivos policiales, la chispa saltó en Daraa, al sur del país. La detención de 15 menores que se atrevieron a pintar en los muros de su escuela, en referencia a la frase que hicieron populares los manifestantes de Túnez y Egipto -“El pueblo quiere la caída del régimen”-, hizo que miles de personas salieran a la calle. Las fuerzas de seguridad actuaron con contundencia en los alrededores de la mezquita Omari. Las protestas se extendieron a la ciudad costera de Latakia, a Hama, Tel (al norte de la capital)… con el resultado de al menos 130 muertos, según organizaciones de derechos humanos locales e internacionales, que fuentes oficiales rebajan a 30 fallecidos.

        “El domingo los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad se agravaron (…) habitantes de la región quemaron la sede del Baath y el Palacio de Justicia. (…) Daraa se convirtió en un huracán durante la manifestación en el centro del casco viejo en la que las fuerzas del orden estuvieron apoyadas por agentes de la policía y otros de paisano para controlar la situación. La mezquita Omari se convirtió en un hospital de campaña para recibir y ofrecer los primeros auxilios a los heridos (…)”, explicaba un cronista del periódico Al Quds al Arabi.

       El jueves 24 de marzo, Buthania Shaban, portavoz de la presidencia siria, ofreció una conferencia de prensa para anunciar que los posibles errores cometidos por algunos individuos nada tienen que ver con las órdenes del presidente Bachir al Assad (en el poder desde que sucedió a su padre, Hafez al Assad, en el año 2000) de “no disparar a los manifestantes pacíficos”. Shaban anunció que el partido Baath (que dirige el país desde hace casi 50 años) estudia el levantamiento de la Ley de emergencia (que impide la organización de manifestaciones excepto si es el régimen el que las convoca, alegando el supuesto mantenimiento de la seguridad nacional, y que lleva vigente desde los años sesenta), nuevas leyes de partidos y para la prensa, el aumento del salario de los funcionarios y una comisión que estudiará lo sucedido en Daraa.

      Las buenas intenciones del régimen apenas han tenido efecto en la determinación de los manifestantes que mantienen sus reivindicaciones y que han intentado seguir organizando pequeñas demostraciones de que no se quedarán de brazos cruzados. Tropas del Ejército han sido desplegadas en los puntos más conflictivos de país.

El martes la televisión pública mostró las imágenes de cientos de miles de personas reunidas en Damasco para gritar: “Dios, Siria, Assad”. Al mismo tiempo, apenas un par de centenares mantenía su propio eslogan en Deraa: “Dios, Siria, Libertad”.

 

LÍNEA DIRECTA

Espacio para que los lectores pregunten a los ciudadanos árabes que están viviendo este profundo cambio en sus sociedades. Pueden mandar preguntas que Carla Fibla trasladará a sus contactos en el país y cuando respondan podremos incluirlas en las actualizaciones semanales de este espacio abierto en FronteraD. Envíen sus preguntas y sugerencias a [email protected]

 


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