Instrucciones para todos los miembros y colaboradores


  1. Siempre piensa en el lector. No se escribe para que se luzca el escritor sino para informar y entretener al lector. Es más: sólo va a lucirse el escritor cuando su texto sea claro y ameno. ¿Quién es el lector? Puede ser un lector especializado, pero lo ideal sería llegar al mayor número de lectores posible. Mejor dicho: casi cualquier tema, por esotérico que sea, puede interesar a cualquier lector medianamente inteligente con tal de que el escritor tenga tres cualidades: conocer su materia, ser entusiasta y saber contar. Escoge temas interesantes y desarróllalos de manera clara y directa. Olvida el estilo. El estilo sólo aparecerá después: no se puede cultivar ni fingir.

  2. Antes de escribir, piensa. Organiza tus ideas, a veces con un pequeño boceto. ¿Cómo organizar tus ideas? Cada artículo es diferente. Muchas veces hay que darle al lector el sentido de que está avanzando: que tu artículo tiene un comienzo, un medio y un final. A veces es conveniente organizar el artículo por ideas: no cuentes lo que opina cada entrevistado, sino utiliza varias opiniones para apoyar ciertos puntos de vista. Querrás dejar al lector con una impresión, aunque él no recuerde todos los datos o cifras. El tiempo que empleas en pensar y organizar lo ganarás de sobra en el momento de escribir.

  3. Engancha al lector. Lo más importante es el arranque: quieres enganchar al lector de la forma más amena y llamativa. Este primer párrafo (o párrafos) puede ser una anécdota, un dato histórico, una provocativa interrogación, la descripción de una escena o ambiente, el retrato de una determinada persona, etcétera. Cuidado: raras veces el inicio será una cita directa o un resumen del artículo, a pesar de lo que vemos todos los días: la cita directa o el resumen son muchas veces el recurso de un escritor que no se ha tomado la molestia de ingeniar un comienzo de verdad.

  4. No le sueltes. En el resto del artículo, vas a llevar al lector paso a paso y de la manera más amena posible. Puedes incluir otras anécdotas, estadística, humor, observaciones personales... cualquier cosa para desarrollar el tema sin que decaiga el interés. ¿Un entrevistado tiene una forma de expresarse especialmente elocuente? Pues incluye muchas citas directas. Procura que el lector se diga continuamente, “¿Y entonces qué pasó?”. (Hay periodistas que cuentan una historia especializada de economía, algo aparentemente aburrido, y sin embargo la lees como si fuera una apasionante historia de detectives.) Muchas veces la escritura consiste en levantar en el lector expectativas que luego se satisfacen. Es útil establecer un tono, una voz que le inspira confianza; de ahí la importancia de leerte lo que has escrito en voz baja. Cuidado: si ves que tu boceto inicial no funciona, cámbialo.

  5. Termina de forma brillante. Tras el arranque, el párrafo más importante es el último. Puedes meter otra anécdota o hablar del futuro o referirte al inicio para así redondear la faena.

  6. Cuida la técnica. Todo oficio tiene su técnica, aunque debería pasar inadvertida. En esto de escribir, la regla de oro es sujeto, verbo, predicado. Las palabras normales y corrientes son mejores que las largas y pretenciosas. Huye del polisílabo y de los palabros que repiten como loros políticos, locutores y tertulianos. Si basta una palabra, ¿para qué usar tres? Si bien no se puede fijar una extensión ideal, normalmente las frases cortas se entienden con mayor facilidad que las largas. Hay más fuerza al final de una frase que al principio. Para no ser monótono, intenta variar la extensión de las frases y de los párrafos. En un buen párrafo, las frases se suceden con fluidez, con una lógica inexorable. Sin que haya rigidez, cada párrafo debe de desarrollar una idea, y las frases en ese párrafo han de apoyar esa idea. Son importantes las transiciones entre párrafo y párrafo. Recuerda: queremos allanar barreras al lector, no construirlas.

  7. Cuida la revisión. Tras la fase de investigación y organización, es posible escribir un reportaje o ensayo en un par de horas. Sin embargo, el buen escritor está otras tres o cuatro con la revisión. Este obsesivo proceso de limar es fundamental: ten por seguro que si tú mismo encuentras una frase algo farragosa o imprecisa, al lector le va a sentar como una piedra en el ojo. También procura eliminar todo párrafo, frase o dato que sobra (lo bueno, cuando breve, etcétera). Luego, si dispones de más tiempo todavía, conviene dejar el artículo una semana para poder leerlo de nuevo: aparecerán defectos que no habías visto antes. Procura enseñar el artículo a varias personas para que te den su opinión. Si concuerdan en que un elemento no funciona y tú mismo tenías tus propias dudas sobre ese elemento, cámbialo o elimínalo.

  8. Estos siete puntos vuelven al inicio: piensa siempre en el lector.

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