1   


    Cenizas y fuego: Crónicas de Ryszard Kapuściński

    Amelia Serraller Calvo - 21-12-2018

    Tamaño de texto: A | A | A

    Las cartas sobre la mesa: una introducción

     

    No es un oficio común el de reportero: resulta muy difícil separar la vida y la obra de un corresponsal de guerra. Y, para más “inri”, ambas facetas están marcadas por la política. Este es justamente el caso de Ryszard Kapuściński (Pińsk, 4 de marzo de 1932-Varsovia, 23 de enero de 2007), que escribió la mitad de sus libros durante la Guerra Fría. En ellos además, el reportero suele desdoblarse en narrador y protagonista. Periodista, viajero, poeta, fotógrafo, pensador... Kapuściński fue un hombre polifacético que quiso elevar el reportaje a la categoría de literatura, experimentando con la mezcla de géneros.

     

    Es decir, que Kapuściński primero fue corresponsal, a partir de su libro El Emperador (1978), autor con vocación de estilo y finalmente, ensayista. Parece lógico que tantas metamorfosis provoquen incomprensión. Especialmente cuando “Ricardo”, en el otoño de su vida, tenía una proyección internacional imposible de controlar.

     

    ¿Y por qué el último Kapuściński, el improvisado analista y paradigma del “buen” reportero, habría de eclipsar toda su obra? Poco tiene que ver la máquina de conceder

    entrevistas con el anónimo corresponsal que cubrió en solitario toda África.

     

    Más de una década después de su muerte, podemos distinguir mejor el grano de la

    paja, lo coyuntural de su auténtico legado. De ahí que su biografía habite rebosante en su obra. Como la trayectoria del reportero contiene también su evolución personal, en este libro hacemos una crónica de sus crónicas. Por otra parte, las situaciones límite –y el periodista polaco vivió unas cuantas– son especialmente reveladoras.

     

    No en vano el gran poeta romántico polaco Cyprian Kamil Norwid (1821-1883) se preguntaba si “al arder (...) solo quedarán cenizas y confusión. (...)/ O se hallará en las profundidades/ un diamante que brille entre la ceniza”.

     

    Escrito en el destructivo contexto de las insurrecciones polacas del siglo XIX, con el país sojuzgado por Austria, Rusia y Prusia, de este bello poema bebieron tanto el escritor Jerzy Andrzejewski (1909-1983) como el cineasta Andrzej Wajda (1926-2016), en lo que fue la obra cumbre de cada uno: la novela Cenizas y diamantes (1948) y la película homónima, de 1958, considerado como el filme más emblemático de la historia del cine polaco. En su caso, el drama se trasladaba al oscuro y mísero fin de la Segunda Guerra Mundial en estas latitudes.

     

    Como consecuencia de una tragedia, Norwid consideraba que, aparte de la destrucción y los escombros, aflora también lo más valioso. No en vano los diamantes se forman precisamente a partir del carbón, gracias al calor y la presión. De hecho, la fluorescencia de esta gema es como una llama persistente, pero polvo del diamante es abrasivo y sumamente inflamable. Cualidades que a su vez definen el singular periplo vital de Kapuściński, quien conoció personalmente a Andrzejewski y Wajda, con los que guarda ciertas concomitancias como personalidades que destacaron durante el comunismo. Se dice asimismo que este último se interesó tanto por el escritor y reportero, que lo retrató en el personaje protagonista de su película Sin anestesia (1978).

     

    Y es que el salto a la fama de “Kapu” es un fenómeno aparte. Viniendo de la Polonia Popular, un pequeño y hermético país comunista, participó activamente en todos los debates más candentes del momento: la Segunda Guerra Mundial, la descolonización de África, las guerrillas latinoamericanas, el conflicto árabe-israelí, la revolución de Irán, el ocaso de la URSS, el genocidio en Ruanda o la guerra de Irak.

     

    En cuanto al estilo, Kapuściński es la gran figura de la Escuela Polaca del Reportaje. Hablamos de toda una generación de periodistas de la posguerra que, a través de la metáfora, burlaba la censura para criticar al sistema. No obstante, cuando Kapuściński se hizo famoso, la distancia entre la mentalidad de los lectores “occidentales” y sus textos anteriores, escritos bajo el Telón de Acero, era abismal.

     

    Pero es que su vida es un suelo igualmente polémico; la divulgación, poco después de su muerte, del material recopilado sobre él por los servicios secretos fue uno de los casos más comentados de la Lustracja. Para cuando ya se habían acallado las acusaciones de espía, la biografía no autorizada que le dedicó en 2010 Artur Domosławski reanudó el debate.

     

    De hecho, el vuelco que ha dado la recepción de Kapuściński hace de él un caso extraordinario: de candidato al Premio Nobel y ejemplo de periodistas que ejerce su magisterio en la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (dirigida entonces por Gabriel García Márquez), a cuestionado por su ideología, porque triunfó durante el comunismo y por las imprecisiones de sus reportajes.

     

    Semejante cambio en la percepción del llamado “reportero del siglo” invita a analizar en profundidad su trayectoria. Una investigación que probablemente diga tanto del periodista como de la sociedad que le lee y juzga.

     

     

     

     

    Este texto corresponde al ensayo que acaba de publicar Amargord Ediciones.

     

     

     

     

    Amelia Serraller Calvo es eslavista y traductora de polaco, inglés y ruso. Entre 2007 y 2009 trabajó como profesora asociada de Hispanística en la Universidad de Wrocław. Doctora en Filología Eslava, fue investigadora en formación en la Universidad Complutense (2010-2014). Su tesis doctoral, titulada ¿Literatura o periodismo? La recepción de la obra de Ryszard Kapuściński (2015), ha sido financiada por el programa FPU del Ministerio de Educación. Además de la literatura documental y la Escuela Polaca del Reportaje, sus líneas de investigación incluyen la cultura judía en Polonia y las relaciones literarias hispano-eslavas. Miembro de ACEtt, entre sus autores traducidos figuran la escritora gallega Sofía Casanova, los catalanes Marc Artigau y Joan Roís de Corella, el ruso Vladímir Sorokin o los polacos Marcin Kurek, Piotr Bednarski y Wanda Prątnicka. En FronteraD ha publicado El misterio Szymborska. La biografía ‘Trastos, recuerdos’: el foco en la obra, y traducido, junto a Elzbieta Bortkiewicz Morawska, el libro Cuba, síndrome isla, de Krzysztof Jacek Hinz, que acaba de publicar Los libros de fronterad.

     

     

     

     

    Artículos relacionados:

     

    Sombras sobre Kapuscinski, por Alfonso Armada

    Kapuscinski según Domoslawski. El debate debe continuar, por Diego Salazar

    De Kapuscinski a García Márquez, por Jaime G. Mora

    La buhardilla de Kapuscinski en Varsovia, por Artur Domoslawski

    ¿Erratas o imprecisiones? ¡Escríbanos!

    CAPTCHA
    Rellene el código de la imagen / Resuelva la operación matemática

    Compartir

    ImprimirImprimir EnviarEnviar
    Inicie sesión o regístrese si quiere identificar sus comentarios.

    Comentarios

    Enviar un comentario nuevo

    El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
    • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

    Más información sobre opciones de formato

    CAPTCHA
    Rellene el código de la imagen / Resuelva la operación matemática

    (*) Campos obligatorios

    Al enviar tu comentarios estás aceptando los términos de uso.

    ISSN: 2173-4186 © 2019 fronterad. Todos los derechos reservados.

    .