Adictos al póker

Ana Rosa Maza
Fotografías Mónica Rojas Sánchez

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Jugadores de poker en el Gran Casino de Torrelodones, Madrid, 2009

Gran Casino de Torrelodones, Madrid, 2009

 

 

Internet se ha convertido en un hervidero de póker. Entre páginas web, casinos y habitaciones, cada día se celebran alrededor de 15 millones de partidas. ¿Pero qué es lo que realmente engancha de este juego de cartas?

 

Los días de verano en Kariah son muy calurosos, el sol cae a plomo desde pocas horas después de amanecer, pero por la noche refresca. Las ramas de las higueras del jardín se mueven al ritmo que marca una ligera brisa, que junto al rumor del mar aligeran el ambiente soporífero que durante el día inunda los rincones de un pequeño pueblo de pescadores del Rif. Aquella noche el viento estaba siendo respetuoso, y aliviaba los cuerpos agotados por el sol; otras, es tan fuerte que hace imposible disfrutar de la calma que da la oscuridad.

 

       Era la una de la madrugada. Bajo el techo de la pérgola que se levanta en medio del jardín se concentraba una densa nube de humo de habano. El aspirar de cada puro y el tintineo de los hielos rociados de whisky con el cristal de los vasos acompañaban el trasiego de naipes sobre el tapete. No se escuchaba mucho más. De pronto, alguien lanzó un exabrupto: “¡Por fin!”. Mohamed acaba de ganar la última mano, ya pensaba que no iba a tener la suerte de su lado en toda la noche. Sólo Asdin había accedido a ir esta vez. Éste le mira de reojo y con una sonrisa socarrona le espeta: “Has tenido mucha suerte”. 

 

       Mientras Mohamed traía para si su botín y Asdin se servía un poco más de whisky, Mahmud se pasaba las manos por la cabeza. El sudor había comenzado a gotearle por la frente y ya había empapado su camisa. Asdin no paraba de molestarle. Mahmud no juega demasiado bien y acude a las partidas más por insistencia de su tío Mohamed que por afición. Esta noche había perdido mucho dinero y no sabía cómo iba explicarle a Yamila, su mujer, el dinero perdido, las horas a las que llegaba a la casa y la resaca del día siguiente.

 

       En el otro lado de la mesa, Mulud, tranquilo, se acomodaba en el sillón, ligeramente recostado. Miró hacia el interior de la casa y vio que sólo quedaba una luz encendida. Acababa de decidir que la próxima sería la última mano. Llevaba ganando toda la noche y creía razonable retirarse. Además, al día siguiente había que salir pronto para Melilla. Los lunes siempre era un día duro en la frontera.

 

       Hasta ahora, frente a esta forma de jugar al póker, entre amigos y al calor de una copa de whisky, se encontraba la del imaginario colectivo, que evoca directamente al saloon de un pueblo del lejano oeste; a un ambiente turbio por el humo de tabaco, u oculto detrás de algo que intenta aparentar normalidad, donde el único brillo proviene de las joyas que portan las acompañantes de los jugadores. Pero también esto ha cambiado.

       Podría pensarse que los aficionados a este juego de naipes prefieren jugar frente a frente con sus contrincantes a cualquier partida virtual, donde, en principio, no se conoce la identidad del resto de jugadores. Pero internet ofrece las mejores condiciones para ser un buen jugador, el anonimato no molesta y que nadie vea tus gestos resulta una ventaja. Un auténtico boom que ha hecho que alrededor de 15 millones de personas en todo el mundo jueguen diariamente al póker. En España se estima que son unos 10.000 los que, entre páginas web y centros de ocio autorizados, toman a diario parte en este juego. Esto sin olvidar las partidas que se celebran en la intimidad. Sólo en Estados Unidos, la meca por excelencia del juego, y no sólo por Las Vegas, hay 20 millones de jugadores de póker, y se cifra en cientos de millones de dólares el dinero que mueve en el mundo, aunque nadie se atreve a poner una cifra exacta.

       Pero, ¿qué ha provocado esta fiebre por un sencillo juego de envite?, ¿por qué aumentan cada día los usuarios de webs que ofrecen la posibilidad de jugar partidas, incluso de forma gratuita?, ¿qué empuja a los aficionados a pasar horas delante de un ordenador, sentarse en las mesas de los casinos o participar en campeonatos que se celebran en todo el mundo?

       La versión on-line ha universalizado el conocimiento y la práctica de un juego que tiene, ante todo, un importante componente matemático, lo que le convierte en algo más que un mero juego azar, y de ahí su irresistible atractivo. A través de la red se ha popularizado una de sus múltiples variantes, el Texas Holdem, modalidad en la que se reparten dos cartas para cada jugador y después de la primera ronda de apuestas se ponen sobre la mesa cinco cartas comunitarias con las que cada jugador deberá formar la mejor combinación ganadora. Esta variante, fácil, rápida y dinámica, ha generado una cohorte de seguidores de múltiples y muy diferentes características, pero sobre todo, gente joven. Estudiantes universitarios que manejan notablemente el cálculo matemático y de probabilidades y que han descubierto en el póker una nueva forma de entretenimiento, y también de ganar dinero fácilmente. Ni siquiera tienen que moverse de sus casas. Todo un universo en torno a una forma de entretenimiento que, cada vez más, está pasando a ser una forma diferente de vida.

 

 

Mesa de poker con fichas y cartas en el Gran Casino de Torrelodones, Madrid, 2009

Gran Casino de Torrelodones, Madrid, 2009

 

 

       Juan Tejada, decano de la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid, apunta cuáles son los componentes susceptibles de ser tratados matemáticamente: el azar y la estrategia. “El cálculo de probabilidades y la teoría de Juegos se encargan de ello, respectivamente. El primero sirve para determinar, por ejemplo, la probabilidad de que tu mano sea ganada por otra extraída al azar. También aparece el concepto de probabilidad subjetiva, que, de manera más o menos intuitiva, asignan los jugadores, por ejemplo, a la posibilidad de que un envite dado sea un bluff (un farol). En cuanto a la Teoría de Juegos, se ocupa del estudio y solución de las situaciones de conflicto. Es el caso en el que los beneficios que puedas obtener de una situación dada no dependan sólo de lo que tú hagas sino que también de lo que hagan los demás”.

       Precisamente, los pioneros de la Teoría de Juegos, Borel y Von Neumann, se dedicaron a analizar ciertos modelos de póker simplificado. Es decir que, aunque en teoría algunos aspectos de la interacción estratégica en un juego como el póker se pudieran analizar formalmente, en la práctica sólo es posible en situaciones simplificadas: “Esa es la gracia, ya que si no el juego no tendría ningún interés”.

 

       Mohamed iba a por todas. Tenía la suerte de su lado, lo presentía. Recibió sus dos cartas. Durante los cinco primeros segundos ni las miró; como si estuviera seguro de que iban a ser las mejores. Repartía Asdin. Mulud recogió las suyas, les echó un rápido vistazo y las dejó sobre la mesa. Sin casi inmutarse se reclinó sobre el sillón, haciendo crujir el mimbre, y prendió un cigarrillo harto de la pesadez del puro. Aprovechando el momento de distensión, sin haber mirado sus cartas, y antes de que Asdin rellenera su vaso, Mahmud vio su oportunidad. Él se marchaba; había llegado la hora de irse, era muy tarde y debía madrugar. Su mujer iba a regañarle muchísimo cuando supiera que había estado perdiendo el dinero con los chicos. Pero no podía esgrimir esta razón como excusa; bastante se ríe su tío de él sin saber que Yamila le reprende muy a menudo. No había terminado de hacer el ademán de levantarse del sillón, cuando…: “Ijliss Mahmud, Siéntate. Tú te quedas. Vamos a terminar la partida”, le espetó Mohamed, tajante y sin levantar la vista de sus cartas. Había esperado toda la noche para ganar dinero, y no iba a perder su oportunidad por el calzonazos de su sobrino; siempre había pensado que Mahmud era un poco flojo, y que su mujer le mangoneaba. Asdin soltó una sonora carcajada. Sin apartar el puro de la boca, sosteniéndolo entre los dientes, batió la cabeza sabiendo que le esperaba una larga noche para satisfacer los deseos de Mohamed: había entrado en la fase de querer ganarlo todo. Mahmud, resignado y avergonzado, se sentó y contempló sus cartas: el cinco de corazones y el ocho de picas. Ni siquiera sabía bien qué debía hacer con ellas, y no recordaba muy bien el valor que tenían. Mahmud no acaba de dominar bien las reglas del juego. Le habían explicado miles de veces cómo se jugaba, pero nunca recordaba del todo las reglas. Puso las fichas que Asdin le indicó y apoyó la frente sobre las manos.

 

       Mohamed hacía entrechocar las fichas mecánicamente, unas con otras, con una sola mano mientras sujetaba las cartas con la otra; su mente estaba concentrada en su reina de diamantes y su dos de picas. La señora le daba fuerza. Veía que podía derrotar fácilmente a sus contrincantes. Lo intuía. Mulud miró sus cartas, y apostó 1.000. Como casi siempre, y sin importarle mucho el valor que tuvieran sus cartas, Asdín decidió que iba. Se movía impulsivamente, sólo por el morbo del riesgo. Acto seguido, repartió la primera ronda; una pareja de cincos, diamantes y picas, y un siete de corazones. 

 

       Mahmud ya se había dado por vencido, se quedaría allí hasta que a su tío le diera la gana. Apostó con fastidio, mecánicamente, casi por inercia. Sólo quería que la noche acabase, que Mohamed terminara llevándose todo su dinero y él pudiera escapar y llegar a su casa. Estaba tan angustiado con largarse lo más pronto posible que había pasado por alto la posible jugada que tenía entre las manos. Los nervios le hacían sudar sin parar y pasarse insistentemene  las manos por la cara, mientras resoplaba con fuerza.

 

       Mohamed no podía imaginar que su sobrino estuviera preocupado por la regañina que le esperaba al llegar a casa. Al verle tan nervioso temió que tuviera buenas cartas, aunque en seguida se convenció de lo contrario: Mahmud era tan torpe que aun llevando buenas cartas nunca sería capar de ganar a nada. Él, sin embargo, estaba algo contrariado. La reina era una buena carta, pero de momento seguía siendo la única. Nervioso por la posibilidad de perder intenta aflojarse el cuello de la camisa, que  de repente le apretaba. “Subo a 2.000”, anunció Mohamed con voz firme.

 

       Dominar ciertas nociones sobre probabilidad y matemáticas, aparentemente, puede resultar una ventaja competitiva, siempre y cuando, claro está, se controlen también los aspectos psicológicos del juego. Es decir, por muchos cálculos que hagas, si dejas que te lean la jugada en la cara y se tiene una mala percepción de los faroles -hacer creer a los demás que tienes buenas cartas para que tiren las suyas y se retiren-, es posible que no consigas nada. Sin ir más lejos, Von Neumann, considerado el padre de las Teoría de los Juegos y un excelente matemático, era un mal jugador de póker.

       Eso siempre que se trate de partidas cara a cara, porque internet permite que el jugador se agazape tras la pantalla del ordenador. Y lo que es más importante en el caso de partidas de cartas: ocultar sus gestos. Aquí no hay sudor, miradas ansiosas, movimiento de manos, toqueteo de fichas… La multiplicación de páginas web ha permitido que incluso los jugadores que no posean grandes habilidades para disimular ciertos tics puedan tener alguna oportunidad de ganar. Para los iniciados, todo son facilidades. Pensando en los principiantes o menos arriesgados, se puede participar sin necesidad de apostar dinero; en otras, empezar a jugar por muy poco, tan sólo unos céntimos. En una mesa de cash, las que tradicionalmente se encuentran en los casinos, “un jugador no puede hacer cálculo de probabilidades con precisión, lo hace intuitivamente, normalmente basándose en su experiencia”, explica Tejada. Jugar a través de internet reduce el peso de los aspectos psicológicos, “nadie te ve, nadie te conoce, no tienen porqué saber nada de ti”. En definitiva, estar menos pendiente de no tener que controlar los gestos permite dedicar más tiempo a los cálculos matemáticos.

 

 

Jugador de poker con gafas de sol en el Gran Casino de Torrelodones, Madrid, 2009

Gran Casino de Torrelodones, Madrid, 2009

 

 

       Julia trabaja como crupier en el Gran Casino de Torrelodones y atestigua que internet se ha convertido en una forma de jugar al póker que gusta mucho: “En la red no se conoce la identidad de la persona que juega, se es anónimo. Sólo, un alias. Es muy cómodo jugar sin que te conozcan”. El aumento en el número de personas que juegan en internet ha hecho que también crezca el de aquellos que se acercan a un casino, un club o una partida clandestina. Según Julia, al principio están un poco cortados, “pero les das un par de semanas, y ya se mueven como pez en el agua”.

       En los quince años que lleva trabajando en el casino Gran Madrid ha visto la evolución del póker en los últimos años. Reconoce que han cambiado muchas cosas. “Hace 15 años el casino era muy estricto, sobre todo en cuanto a las formas con las que debías tratar a los clientes. No se podía hablar con un cliente, no les gustaba”. No resultaba adecuado simpatizar con el jugador, la seriedad que envolvía el juego lo impedía. Sin embargo, ahora el póker se ha inundado de jugadores muy jóvenes, “de veintipocos años, que empiezan jugando por internet y luego vienen a probar aquí, y ven que esto es totalmente diferente”. Las relaciones fraguadas bajo el anonimato que proporciona la red entre los jugadores virtuales hacen que cuando se enfrentan cara a cara las partidas sean mucho más distendidas. “Hay buen ambiente, tienen buen rollo entre ellos, y se divierten”, dice Julia.

 

       Esta vez de la mano salió un cuatro de diamantes. Mohamed no daba crédito, no había subido ni una sola carta con la que formar una jugada ganadora. Podía ir de farol, pero no estaba seguro de lo que tenía Mahmud; aparentemente, lo normal era que en ese punto de la partida su sobrino no llevara ni una simple pareja y había mucho dinero en juego. Mahmud veía a su tío muy nervioso, y a la vez él estaba desbordado, creía que tenía algo, pero no estaba seguro. Alzó la vista y miró fijamente a su tío. No acertaba a intuir que es lo que podía llevar, aunque no era tan tonto como su tío creía. Aunque era cierto que no dominaba el cálculo de probabilidades. Todavía quedaba una carta por salir, pero pese a sus dudas dijo decidido: “Voy y doblo”. Asdin, encantado con el giro que estaba tomando la partida, tampoco se lo pensó: “Voy”, dijo, soltando una estrepitosa carcajada de excitación. Mulud aceptó la apuesta. También había decidido formar parte de aquella fiesta en que se había convertido la partida. Le gustaba ver como Mahmud, por fin, se atrevía a hacer un envite, en el más amplio sentido de la palabra; y aunque fuera sólo la suerte del principiante, esta vez, parecía que Mahmud iba a darle un buen repaso a su tío. Por supuesto, ver la cara de Moha perdiendo ante su sobrino no tenía precio. Una mirada cómplice entre Asdin y Mulud era señal de que la partida iba a ser divertida.

 

       El póker ha vivido una lavado de cara debido a su popularización en Estados Unidos y su democratización a través de internet.  Todas las personas preguntadas para esta mano coinciden que el gran boom a escala mundial que ha experimentado el póker ha sido gracias a internet: “Es muy fácil jugar a través de la red”, asegura Jorge, subdirector del Casino de Torrequebrada, en Málaga. Fue en 2005 cuando en España se legalizó su práctica. Madrid fue la primera comunidad donde se pudo jugar y apostar de forma legal al Texas Holdem,  siempre bajo el amparo de un casino. El Casino Gran Madrid de Torrelodones fue el primero en disponer de una mesa para esta variante; hoy tiene seis y pueden ampliarse, con motivo de campeonatos y torneos, hasta 18. En palabras de Jesús Marín, director de Juego del Casino de Torrelodones, los casinos sólo se han adaptado a una demanda que ha ido en aumento a lo largo de los últimos cinco años. En el último año el número de personas que han consumido servicios de poker ha crecido de un 10% a un 13%.

 

       La última carta en subir fue un ocho de tréboles. Asdin y Mulud habían dejado a tío y sobrino frente a frente. Era una cuestión de qué desenlace tendría la partida entre los dos. A Mahmud, aunque seguía firme en su pretensión  de jugar hasta el final, la tensión le hacía flaquear; comenzaron a sudarle las manos, estaba al borde del colapso. Intentaba controlar los nervios pasándose las manos por la cara, pero nunca antes había ganado a su tío, y lo había intentado unas cuantas veces. Aunque no sabía para qué se hacía ilusiones,  seguro que su tío tendría una muy buena jugada y él, como siempre, perdería. Mohamed, mientras, ya miraba el bote como si fuera suyo.

 

       Si se redujera nada más que a cálculos matemáticos, podríamos estar hablando de un juego como el ajedrez, en donde la igualdad de oportunidades entre ambos jugadores reduce a bajos niveles el azar y hace que todo dependa de la capacidad de previsión y anticipación a la hora de elaborar una estrategia. Sólo es importante anticiparse a la jugada del adversario. Como en el póker, se debe intuir cuaáles van a ser los movimientos de tus contrincantes y en este caso en concreto, con las cartas sobre la mesa, desentrañar qué jugada tendrá el contrario.

       Más relacionados que nunca, el ajedrez y el póker marchan de la mano de las matemáticas. El furor por este juego de la baraja francesa ha cautivado también a los más sesudos ajedrecistas. Por su alto conocimiento de la probabilidad, los jugadores de ajedrez encuentran en el póker una forma de relajarse, pues el ajedrez requiere muchísima más concentración, y una forma de ver recompensado su esfuerzo mental. José Antonio Ortiz, secretario de la Federación de Ajedrez de Madrid, confirma esta impresión. “Sobre todo se están decantando por el juego on-line, y es su descanso del ajedrez”. Por otra parte, el sistema de campeonatos y torneos de ajedrez es bastante más rígido que en el póker: “Las citas están programados con mucha antelación. Además, existe una brecha importante entre los jugadores profesionales y los aficionados y es muy difícil optar a alguno de los premios. Sin embargo, el aficionado al ajedrez, con el póker, tiene opciones”.

 

 

Jugadores de poker en el Gran Casino de Torrelodones, Madrid, 2009

Gran Casino de Torrelodones, Madrid, 2009

 

 

       Cuando es sólo el azar el que interviene, el resultado es un juego como un sorteo de lotería, y si son puras operaciones matemáticas aparece un damero y 32 piezas, blancas y negras. Así que algo más que esos dos elementos debe poseer el póker para traer de cabeza a tanto jugador: dinero, fama…. La adrenalina que conlleva el correr riesgos. Una forma de vida.

       La industria que se ha generado para cubrir las necesidades que requiere este life style abarca desde las infinitas webs, que permiten apostar tanto en pequeñas partidas como en campeonatos internacionales hasta las grandes citas mundiales, donde un escalafón mide el prestigio de aquellos que más veces han resultado vencedores. Las casas de apuestas más famosas exigen para participar un bono para darse de alta que puede oscilar entre los 500 y 1.000 euros, en la mayoría de los casos. Salas virtuales que gozan entre los aficionados y profesionales de gran popularidad y prestigio, y que en algunos casos cuentan con el respaldo y la imagen de reconocidos jugadores internacionales. Estos, a su vez,  se han convertido en un auténtico valor de inversión para las propias casas de apuestas, que no escatiman en patrocinar a sus favoritos pagando inscripciones de torneos que suelen rondan los 10.000 euros. Y es en Las Vegas donde el sueño se hace realidad: jugadores que son verdaderas estrellas, mucho glamour, actitudes ostentosas y, sobre todo, póker.

 

       “La mumkin. Gachach. -No puede ser. Tramposo-”, juró Mohamed mientras lanzaba las cartas bruscamente al centro de la mesa. Contra todo pronóstico, su sobrino no había tirado las suyas, algo necesario para que su farol le diera el triunfo. Con su habitual prudencia, Mahmud todavía no había dicho nada, pero era evidente que su full (5-5-5-8-8), aunque no era una jugada de las más brillantes, había avasallado, de manera sorprendente, el bluff de Mohamed, que arriesgó, confiado en la ineptitud de su sobrino, y perdió. Asdin ya no pudo contenerse: una carcajada estalló de su garganta y sin poder ponerse derecho le entró un ataque de risa. Mulud se unió al jolgororio. Mahmud sintió por primera vez la sensación de ganar. Le había demostrado a su tío quien podía ser, y una sonrisa de satisfacción se dibujó en su oronda y sudorosa cara.

 


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