Ilustración: Gluco

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    Apuntes de acampadasol

    Amador Fernández-Savater - 23-06-2011

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    20 de mayo

    Un amigo me cuenta que el historiador griego Heródoto resumía su método de la siguiente manera: “Anoto todo lo que no entiendo”. Es decir, Heródoto anotaba todo lo que estaba por pensar, lo registraba para que no se perdiera. En estos “apuntes de acampada” yo me planteo también anotar todo lo que no entiendo: los detalles, las escenas y las situaciones de la acampadasol que me interrogan. Pero también lo que me maravilla de lo que está ocurriendo y lo que me parece que resuena con un nuevo pensamiento+sensibilidad de lo político que unos cuantos amigos exploramos desde el 11-M de 2004. Sólo me sale vincularme con lo que pasa a través de esta escritura fragmentaria, la de los propios apuntes del cuaderno que llevo siempre encima.

     

    LA CLAVE ESTÁ EN SOL

    Una amiga me dice: “Ya no se trata de tomar la calle, sino de crear la plaza”. Me lo dice como señalándome una diferencia decisiva. Tenemos que entenderla.

           Otra amiga: “Todo el mundo parece enamorado, mira qué sonrisas”.

           Desde el primer día, me impresiona muchísimo la seriedad que atraviesa la acampada, el grado altísimo de madurez y de organización. Hay café y comida abundante (mucha la traen vecinos de Madrid). Se cuida la limpieza y todo el rato se recuerda que “esto no es un botellón”. El jueves había un par de espacios de guardería con cartones en el suelo y muchos niños jugando y pintando. En los grupos y las comisiones que se reúnen por todos lados hay niveles insólitos de escucha, como si estuviese claro para todos que no es tan importante lo que cada cual trae de su casa como lo que podemos elaborar juntos. “Aquí sí se puede vivir”, dice alguien a mi lado. El esfuerzo colectivo por cuidar el espacio construye durante unos días un pequeño mundo habitable donde cabemos todos. Es lo mismo que se leía hace meses sobre la plaza Tahrir.

     

    NO VOTES, TUITEA

           La democracia que queremos es ya la misma organización de la plaza.

           Benditos sean los que decidieron plantarse en Sol después de la manifestación. Creía que estaba planeado por los convocantes de la mani, pero me he enterado de que no fue así. Pienso mucho en ese gesto. Es uno de esos gestos increíbles que hacen que sucedan cosas contra todo pronóstico. A mí me llegó un sms con la noticia a la una de la madrugada y no le di bola. “No funcionará”, pensé. Tengo que hacerme mirar ese cinismo. Porque es la ingenuidad la que cambia las cosas.

     

    ME GUSTA CUANDO VOTAS, PORQUE ESTÁS COMO AUSENTE

    Los estereotipos son una estrategia de gobierno. Se pone una etiqueta a los que protestan (por ejemplo, “antisistema”) y así se les separa del resto como si no tuviesen nada en común. El movimiento tiene una grandísima inteligencia sobre esto: nosotros no somos antisistema, el sistema es antinosotros. Buenísimo.

           Todo lo que divide queda fuera de la plaza: desde las siglas hasta la violencia.

     

    21 de mayo

    00:00: Sol repleto de gente a reventar grita su desafío: “Ahora somos todos ilegales”. ¿Cuándo tanta gente junta se había rebelado contra la legalidad con tanta alegría y tanta razón? Ha sido un momento increíble, para la historia de todos y de cada uno.

           Me gusta ir solo a Sol. Perderme, mezclarme, curiosear, hablar con desconocidos. En el grupo de amigos o con los compañeros del colectivo uno se blinda más. Exponerse al anonimato.

     

    MANOS ARRIBA, ESTO ES UN CONTRATO

    Siempre es una minoría la que se mueve. Lo decisivo es la relación que esa relación establece con lo que un amigo al que echo mucho de menos en la plaza llama “la parte quieta del movimiento”: el resto de la población. En este caso la cresta de la ola está en absoluta sintonía con la base de la ola. No hay más que escuchar las historias que cuentan cualquier mañana los que duermen allá sobre el apoyo que brindan un día sí y otro también los vecinos de Madrid. ¿Qué tenemos que dejar fuera cada cual para entrar en la plaza?

     

    22 de mayo

    Una amiga muy implicada en la organización que da vida a la acampada dice: “Joder, no podremos currar de lo nuestro, pero sabemos hacer de todo”. En la acampada hay una comisión de respeto. Se encarga de velar por el carácter incluyente y pacífico de la concentración. Suena muy naíf, ¿no? Pero, ¿cómo se justifica hoy en todas partes el poder de representación que rechazamos? Como un arbitraje necesario en la guerra de todos contra todos que es cotidianamente la sociedad-mercado. De ahí el esfuerzo infinito por neutralizar la guerra civil entre distintas formas de vida en la acampada de Sol. Así que ¡¡viva la comisión de respeto!!

           Parecería que el problema de la representación ha pasado a primer plano, desplazando la cuestión de la crisis. Pero quizá se apunta al sistema político porque es lo que tenemos a mano, aunque el fondo del asunto sea la cuestión del gobierno de los mercados. Lo que tal vez no sabemos aún es cómo hacer directamente una política contra algo tan abstracto y anónimo como el mercado, aunque sea lo más concreto en nuestra vida diaria.

     

    NUESTRO TRABAJO, VUESTRO BOTÍN

    Le pregunto a un amigo si cree que lo que está pasando influirá en las elecciones del domingo. Me responde: “Creo que por primera vez en su vida mucha gente no votará automáticamente, sino que se lo pensará antes”. Interrupción de los automatismos. Pensamiento. Son pequeñas victorias del movimiento. ¿Y ahora qué?

     

    24 de mayo

    Discusión en el grupo donde estoy: si debemos llamarnos ciudadanos o personas. Los que defienden que somos ciudadanos dicen que estamos haciendo una revolución política. Los que defienden que somos personas dicen que se trata de una revolución apolítica. ¡Pero lo que nadie pone en duda es que esto es una revolución!

           Tres de la mañana. En el grupo en el que estoy hay un chico de los primeros que acamparon el domingo. Cuenta cómo fue. Todos escuchamos súper atentos y muy emocionados. Al final, la gente se acerca al chico, le abraza y le dice: “Gracias”. Gracias por haber abierto y habilitado para otros un espacio que ha cambiado tanto las vidas. Estoy llorando por dentro.

     

     

           Hay gente deprimida tras las elecciones. Deberían pasar más por la plaza. Allí, entre la realidad de Matrix y nosotros, se ha instalado ahora una situación. Matrix no nos afecta tanto. No nos deprimimos porque estamos a otra. En la acampada lo político pasa también por lo técnico: hay gestos políticos que abren un mundo en la actividad cotidiana de los equipos de limpieza, guardería, alimentación, etcétera. No sólo en las asambleas y en los discursos.

     

    26 de mayo

    En Sol hay menos gente. Ya no aparecemos tanto en los medios. Una amiga me dice: “Son buenas noticias, así tenemos más tranquilidad para pensar”. Ni medios para fines, ni medios sin fin: articular un objetivo con el proceso. Ése es el desafío.

           Una chica sub20 en un grupo de debate: “Nos dicen que somos muy abstractos, pero los abstractos son ellos”. Me hace pensar en la diferencia entre utopía y heterotopía. La utopía es otro mundo. La heterotopía es una pequeña distancia con respecto a la realidad que nos permite habitarla de otra manera. Sol es esa pequeña distancia. No ha buscado la separación en ningún momento, por eso ha suscitado tantos flujos de solidaridad fuera del campamento. No queremos otro mundo, el otro mundo son ellos.

           Un chico de la comisión de respeto cuenta la anécdota siguiente: a las tantas de la mañana, un tipo no para de molestar a un grupito de redskins que duermen en la plaza. Durante una, dos, tres horas. Los redskins se acercan entonces a la comisión de respeto y les dicen: “Nosotros sólo sabemos resolver esto de una manera, ayudadnos a encontrar otra”. Esto es puro Sol: advertir que lo que uno trae de casa puede no caber en el nuevo espacio y encontrarse con otros para aprender cómo ir más allá de uno mismo.

     

    2 de junio

    Un periodista habla con un acampado de Barcelona justo después de las cargas: “Esto es como volver al pasado, ¿no? A las cargas de la policía franquista”. El acampado: “No, esto es el presente, que es una mierda”.

           No encuentro a nadie en el campamento que se describa a sí mismo como “indignado”. Es una etiqueta mediática, no un gesto de autorrepresentación.

           Un amigo me dice: “No es que haya asambleas en Sol, sino que Sol es un medio asambleario: te sientas en cualquier lado para charlar con un amigo y enseguida brota una asamblea”.

           El mismo amigo: “Uno de los efectos de Sol es la disminución radical del cinismo. Se nota que todo el mundo se cree lo que dice, lo que hace y dónde está”.

           Cada asamblea dura varias horas. Pero de allí no se mueve nadie. Parece haber desaparecido como por arte de magia el mayor de los problemas de la vida cotidiana: la falta de tiempo.

           Una amiga me dice: “Este movimiento no sigue el modelo red, sino un modelo cadena”. Se ve muy claramente en las asambleas: o todos o ninguno, todo el mundo es importante, debemos avanzar todos juntos, etcétera. Hay un cuestionamiento implícito del modelo red que los que lo hemos estado pensando los últimos años debemos considerar.

           Otro amigo: “Lo que funciona en las asambleas no es el formato asamblea, sino una energía que viene de otro sitio: de la necesidad y el deseo de estar juntos y seguir juntos. Sólo así se aguanta la cosa, eso es lo que hay que cuidar más”.

           En los grupos y las asambleas (organizadas o improvisadas) se dice mucho que “hemos despertado”. Lo entiendo bien, pero lo comparto sólo a medias. ¿Estábamos completamente dormidos? ¿Dónde se ha cocinado entonces el 15-M?

           No te preguntes qué puede hacer por ti el movimiento (ser más así o más asá), sino qué puedes hacer tú por el movimiento.

     

     

    * Amador Fernández-Savater  es filósofo y escritor. Este texto forma parte del libro Las voces del 15-M, que publicará antes de fines de junio la editorial Los libros del lince, en su colección ‘Los panfletos del lince’, y del que también son autores Esther Vivas, Josep Maria Antentas, Ana Requena y Alba Muñoz, más las voces de Fabio Gándara, Jon Aguirre Such, Olmo Gálvez (Democracia Real Ya Madrid), Ana (Indignados por la Sanidad), Javier Toret (Democracia Real Ya Barcelona), Juan Cobo (acampadasol), Luis Fernández (Asociación Nacional de Desempleados), Chema Ruiz (Plataforma Afectados por la Hipoteca), colectivo Mercè Prekària, Héctor Muñoz (activista antifinanciero) y César Castañón (estudiante UAB). Como señala la propia editorial,  “es el libro del 15-M contado por sus protagonistas. Un volumen que recoge las voces y los manifiestos de quienes han reclamado reformas urgentes desde las plazas de toda España”.

     


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    Para los de mi edad (circulo por la senda de la L) es inevitable, aunque probablemente también sea no sé si innecesario o irrelevante, pensar que este Amador fue el destinatario de aquellas "ética" y "política" que formaron (o deformaron, según como se quiera entender, pero siempre en un buen sentido) a miembros de varias generaciones de las que ahora confluyen en el 15-M. En todo caso, es revelador, de nombre a nombre, pensar sobre el camino recorrido. Y más aún, tomando impulso en las emociones que pueden compartirse, imaginar cómo puede ser el camino por recorrer. Además de utopía, hay mucha sensatez que está pidiendo sitio en una realidad desplazada hacia lo considerado irreversible por pura cobardía (y puro determinismo). Y, sí, lo de la Comisión de Respeto quizás suene (y sea) ingenuo. Pero uno de los aspectos más destacados del 15-M es el cuidado con el que se eligen las palabras para liberarlas del secuestro de equívocos y suplantaciones a que siempre las somete el poder. La eficacia de esa medida ingenua la ejemplifica la propia anécdota de los redskins: porque se sienten respetados (no tutelados ni reprimidos), buscan un camino "filosófico" alternativo (como, por otro lado, hace la grulla-guía de Lautréamont al comienzo de Los Cantos).

     

    Gracias por llevar siempre encima un cuaderno.

     

    Alfredo J. Ramos, desde La posada del Sol de medianoche .

    ISSN: 2173-4186 © 2019 fronterad. Todos los derechos reservados.

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