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Mundo minúsculo el blog de Alfonso Vila


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1 de julio, 2018

España en Regional. Capítulo cuarto. Valencia-Alcoy

 

Vuelvo a coger este tren después de muchos años. Cuando iba a EGB, hacíamos acampadas en Albaida. Íbamos en tren hasta el pueblo y luego andábamos cuesta arriba con las pesadas mochilas durante unos kilómetros hasta llegar a un alberge que el colegio tenía en la sierra. Los domingos por la tarde, nos sentábamos o nos tumbábamos en el andén, con las mochilas como almohada, mientras esperábamos el tren que nos llevaría de vuelta a la gran ciudad. Recuerdo un viaje en invierno, de noche, con las montañas nevadas y la luna llena. Son imágenes que un niño de ciudad no olvida fácilmente. Y luego el tren… un mítico “ferrobús”, que nosotros llenábamos en los dos sentidos, llenábamos físicamente, porque éramos un buen montón de chavales para un tren tan modesto, y llenábamos con nuestros gritos y risas y cantos, porque entonces, antes del móvil, se cantaba en el tren, y se hablaba y se reía, o se jugaba a cartas o a otros juegos, y sobre todo, sobre todo, se miraba el paisaje. Y el paisaje, de Játiva a Alcoy, era espectacular, con desfiladeros y sierras altas, con bosques y campos muy variados, porque la geografía cambia rápidamente, y el tren tiene que adaptarse, como puede, a esos cambios.

 

Y encima, a la geografía se une el interés (o el desinterés) de los políticos y los empresarios, que desde el principio tenían unos planes no demasiado claros. Se intentó desviar la vía desde Onteniente hasta Villena, y evitar así subir a Almansa por el valle del río Cañoles. Luego se optó, compitiendo directamente con un ferrocarril de vía estrecha que ya se había empezado a construir, por dar un fuerte giró y subir hacia Agres, para salir desde allí, después de rodear la Sierra de Mariola, hacia Cocentaina y el valle del Serpis, donde se cruzaba con otro tren de vía estrecha, éste ya construido por entonces, que bajaba de Alcoy hasta el puerto de Gandía, y que tenía un ramal que salía desde Muro de Alcoy y llegaba a Villena y a Yecla, y luego torcía hacia Jumilla para acabar saliendo al valle del Segura, ya en la provincia de Murcia. También se pensó alargarlo desde Alcoy hasta Ibi y Castalla y de allí bajar por la Sierra de Maigmó hasta salir a Alicante. Y se empezaron a construir túneles y túneles, porque el tren debía alcanzar los 800 metros de altura en muy pocos kilómetros. De todo ese entramado ferroviario no queda casi nada. De las líneas de vía estrecha queda una locomotora sobre un pedestal en el centro urbano de Alcoy, pero lo que era su gran estación es ahora un gran descampado. Y la estación del tren de vía ancha ha quedado reducida a un simple apeadero de una sola vía.

 

Y esa vía la mayor parte del día está vacía. Porque ahora ya no quedan casi regionales que suban o bajen a Alcoy y desde Alcoy. Sólo tres trenes al día en cada sentido y dos de ellos con trasbordo. Es decir, que hay que ir en Cercanías hasta Játiva y luego tomar el Regional, diésel, porque la vía no está electrificada, que nos llevará, después de muchos túneles, hasta Alcoy. El transbordo hace que el viaje sea muy largo. Y esto hace que este tren sea un auténtico superviviente, un tren que lleva años condenado y que sin embargo aún funciona. Y funciona porque la gente lo usa, porque aún tiene pasajeros. Es como el de Cuenca, cuando parecía que tenía los días contados, el tren continua tan vigoroso y tan optimista como siempre. No tiene miedo. El gobierno quitó el servicio de mercancías. Y esta línea no era cualquier línea: Alcoy o Onteniente eran dos de las estaciones con más tráfico de mercancías de todo el país. También se suprimió la mili y con eso dejaron de circular los trenes militares que llevaban los soldados a los cuarteles de Alcoy. Pero quedan los estudiantes, que son muchos, y quedan los vecinos de los pueblos, que prefieren el tren al autobús, y también, y deberían ser muchos más, también tenemos a los turistas y a los excursionistas.

 

Este tren acaba donde empieza la Vía Verde que sube hacía las sierras más altas de Alicante, que pasa a los pies del Santuario de la Font Roja y que sería perfecto para hacer excusiones de un día desde Valencia si los horarios fueran más cómodos. Pero a ver quién coge un tren a las seis de la mañana para irse con los niños de excursión…

 

 

estación abandonada de Agres

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