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El arte del ajedrez el blog de Amigos del ajedrez


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4 de septiembre, 2016

Arturo Pomar, peleando a la contra

 

El veintiséis de mayo de este año moría un ajedrecista singular, don Arturo Pomar.

 

Este jueves pasado, un uno de septiembre, hubiera cumplido ochenta y cinco años.

 

Nació un 1931, en Palma de Mallorca, en una isla, y quizás desde allí su visión del mundo y de todo lo que acontecía en la península, debió de resultarle un tanto lejano, es lo que tiene no dejarse llevar por los demás y querer dejar tu huella en todo lo que hagas. Cinco meses antes de su nacimiento se había proclamado la República en Madrid, Barcelona y otras capitales españolas. Tres años después se produjo la represión en Asturias dirigida por el general Franco, con esa edad Arturito le suplicaba a sus padres que le dejaran jugar al ajedrez, tardaron dos años en dejarle, pero él ya había aprendido por su cuenta.

 

En 1944 el gobierno de Franco reafirma su neutralidad en España; un seis de junio de este año se produce el desembarco de las fuerzas aliadas en Normandía, y más tarde el veintidós de diciembre de este año el general De Gaulle entra triunfante en París. Mientras nuestro Arturito estaba estudiando en el colegio Areneros regentado por jesuitas en Madrid. Hacía cinco años que había acabado la guerra civil española, y en la postguerra se encontraba con una gran cantidad de privaciones. Un país que intentaba recuperar su dignidad. Su afición por el ajedrez fue en aumento, y decidió presentarse a un torneo de ajedrez que se producía en Gijón, sorteando a los porteros del edificio, porque no estaba permitida la entrada a los menores de edad, y Arturo siempre tuvo una cara de niño.

 

Con doce años hizo tablas a  Alexander Alekhine, fue el ajedrecista de menor de edad que hizo tablas con un campeón del mundo. La partida fue tan extraña y al mismo tiempo emocionante, que Alexander Alekhine aceptó a darle clases particulares, reconociendo el enorme potencial del chaval. El régimen franquista tomó este dato para hacer hincapié en la inteligencia superior española para este juego. Siendo recibido por el Generalísimo y difundida la foto del encuentro por todos los periódicos.

 

Dos años después, en 1946,  un francés- argelino llamado Albert Camus publicaba La peste; André Malraux sorprendía al mundo con su colosal La condición humana”, y hacía un año que los americanos lanzaron los bombardeos atómicos en Hiroshima y Nagasaki. Ese mismo año Arturo Pomar ganaba su primer título de campeón de España, juvenil primero y sénior después, de los siete que obtendría a lo largo de su vida (1946, 1950, 1957, 1958, 1959, 1962, 1966). Se convirtió en el jugador más joven en ganar el título de campeón de España. Con esos relucientes quince años, se fue a jugar a Londres un torneo internacional, y consiguió el cincuenta por cien de los puntos.

 

El doctor José Escudero le hizo un examen psicotécnico y sus conclusiones fueron las siguientes: “Se trata de un superdotado, con una edad mental que corresponde a adultos superiores. Además hace gala de una tranquilidad idónea para soportar la tensión de los torneos”.

 

 

 

 

Todo esto llevó a que en 1950 le dieran el título de Maestro Internacional (MI). Con un poco de acné y unos esplendorosos diecinueve años.

 

En Madrid, a principios de los cincuenta, no había muchas ayudas para el ajedrez profesional, ni subvenciones, ni becas, y tan solo tres o cuatro clubes de ajedrez. Don Arturo Pomar se lo tenía que pagar todo de su bolsillo, su preparación surgía de algunos libros encontrados en rústicas bibliotecas, o facilitados por amigos, pero no tenía ni entrenador, ni analistas, todo lo contrario que el ejército de ayudantes que llevaban los soviéticos.

 

El 5 de junio de 1952, el presidente George Marshall creó el “Plan Marshall” para la reconstrucción de Europa, parodiada ese mismo año por nuestros ilustres directores Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem (guionista), en la película “Bienvenido Míster Marshall”, ese mismo año Don Arturo Pomar decidió dejar la competición para centrarse en exhibiciones con la finalidad de ganar algo de dinero. Recorrió América desde Canadá a Argentina, durante tres años.

 

 

 

En ese tiempo (quizás la mentalidad insular), un futuro campeón europeo o mundial, prefirió el dinero en el bolsillo, a la incertidumbre y la aventura de otros mercados. Lo que pudo llegar a ser Don Arturo Pomar, sólo queda para la especulación, y para los analistas del ajedrez. Ahí quedan sus partidas, ahí queda su talento descorchado entre dos ejércitos de dieciséis piezas.

 

Al mismo tiempo que se creaba el estado de excepción en España por los conflictos universitarios desarrollados por comunistas y socialistas, a principios de 1956, y mientras el dictador Francisco Franco le entregaba la Gran cruz de Isabel la Católica a José María Escrivá de Balaguer (fundador del Opus Dei), Don Arturo Pomar decidió ser funcionario de Correos en Cienpozuelos, cogiéndose excedencias sin sueldo para hacer torneos internacionales. Algo se perdió en ese cambio. Dos años después se casó con Carmen Pérez, y tuvieron siete hijos. No seré yo quién diga que no se puede tener una carrera en el ajedrez y ser padre de siete hijos, pero yo tengo una hija de tres años y me hago un poco a la idea.

 

En 1962, se produjo el Torneo Interzonal de Estocolmo. Y se cruzaron por ahí un tal Bobby Fischer (futuro campeón del mundo) y Don Arturo Pomar. Nuestro jugador español le hizo tablas. Bobby Fischer, cabreado, sorprendido, comentó después de la partida: “¡Pobre cartero español, con lo bien que juegas, tendrás que volver a poner sellos cuando acabe el torneo!”. Fischer podía ser un gran maestro, pero nunca fue muy cuidadoso con las palabras.

 

Con toda su historia, en 1967 tuvo con treinta y seis años 2350 ELO, obtuvo el puesto cuarenta de la clasificación mundial. Me lo imagino recogiendo las cartas por las mañanas, y en el tiempo en que algunos tararean una canción, él estaría con la mirada absorta analizando mentalmente una posición. Mientras paseaba con su carro de correos, analizando las variantes de la defensa Benoni, y al mismo tiempo que arrastraba sus pies por las calles de Madrid, sorprenderse ante sus avances en la apertura italiana, y quizás, y esto me lo guardo, preparándose para un posible encuentro con el bocazas de Fischer.

 

Tras la muerte de Franco en 1975, este país tenía catorce mil millones de deuda exterior; la inflación rondaba el veinte por cien, a niveles sudamericanos; el paro era de 900.000 personas, y sólo 300.000 recibían subsidio de desempleo. Con esa muerte se facilitó el derecho de reunión y asociación, la reforma del código penal y la reorganización de las fuerzas de orden público. Dos años después, Don Arturo Pomar dejaba el ajedrez activo.

 

Algunos lo señalan como “una luciérnaga quemada por los focos”, para mí es alguien que hizo siempre lo que quiso; que no se dejó utilizar por nadie y que fue capaz de medirse con los más grandes de su tiempo. El silencio es una respuesta. Las tablas frente a los más grandes también son una victoria, si no, que se lo pregunten a Alexander Alekhine y a Fischer.

 

Gracias Don Arturo Pomar por abrirnos horizontes nuevos a aquellos que amamos al ajedrez.

 

Esto también me lo guardo.

 

Juan Bohigues

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