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El laberinto español el blog de Cristina Vallejo


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22 de diciembre, 2017

Cuatro reflexiones tras el 21-D

 

Llegó el 21-D y ya tenemos los resultados: Ciudadanos ha sido el partido más votado, pero el independentismo suma mayoría absoluta en escaños. Nos surgen cuatro reflexiones en esta noche electoral: 

 

(1) En primer lugar, lo obvio: la catalana es una ciudad diversa. Es de perogrullo, pero fundamental recordarlo. Las elecciones, todas, pero especialmente las que se acaban de celebrar, con un claro componente más que ideológico, identitario, son útiles para ponerlo de manifiesto. Y actúan como llamamiento, o como recordatorio, para unos, los independentistas, y para otros, los españolistas, tanto para los votantes como para sus líderes -especialmente para estos últimos-, de la necesidad imperiosa de hacer posible la convivencia entre todos, para lo cual es esencial el reconocimiento del adversario. Aunque la tentación es muy fuerte, no sería aconsejable que se impusiera la lógica de la victoria y el aplastamiento del contrario.

 

La solución no es imponer el camino unilateral a la independencia sobre la mitad de la sociedad catalana, ni más 155 para abortar la vía soberanista. Unos y otros han de haber llegado a la conclusión de que son caminos ya transitados que no llevan a ningún destino favorable.

 

Lo responsable es que se imponga la lógica de la escucha, el respeto, la negociación y el acuerdo. Sólo así es posible curar a la sociedad catalana de la polarización (además de diversidad) que han vuelto a revelar estos comicios. Y que empiece a fluir la comunicación entre dos bloques sociales y políticos que parecen férreamente, sólidamente, conformados. Durante la campaña electoral ya ha habido algunas fuerzas políticas, el PSC y los Comunes, que han intentado romper la dialéctica de bloques con diferentes estrategias. Los primeros, conformando una lista transversal tanto en lo identitario como en lo ideológico, y los segundos, desde más antiguo, apostando por el referéndum y la reforma constitucional como instrumentos para resolver el entuerto catalán.

 

En el seno del independentismo no ha sido visible esa voluntad de acercamiento, más allá de guiños de renuncia al unilateralismo, aunque sin abandonar su objetivo de máximos.

 

Ni un paso atrás ha dado la CUP en sus aspiraciones. Y quizás ello pueda resultar un problema a la hora de que la mayoría absoluta se conforme en un Gobierno independentista. O es posible que, una vez más, provoque una radicalización de las aspiraciones soberanistas, al saberse una fuerza indispensable para lograr la mayoría absoluta en el Parlament.

 

Por delante hay otras cuestiones que pueden dificultar el objetivo de la reconciliación, o contaminarlo, como los procesos judiciales abiertos contra personas del depuesto Govern y los líderes de los movimientos sociales independentistas, muchos de ellos en prisión. Algunos, además, son candidatos electos en el Parlament, o se encuentran fuera de España. ¿Cómo se resolverá que Puigdemont, ahora en Bruselas, pueda ser candidato a la investidura? La posición del Gobierno central en esta cuestión será muy relevante. 

 

Pero todos estos problemas pueden convertirse en una oportunidad de conformar una mayoría transversal en lo identitario y de izquierdas en lo ideológico, si es que Esquerra Republicana de Cataluña rebaja el tono independentista. Aunque la aritmética no ayuda.

 

El Gobierno de Madrid, en todo caso, ha de dar alguna respuesta tras conocerse este resultado electoral que pone sobre la mesa una vez más la sensibilidad nacional de una parte sustancial de la sociedad catalana.

 

La necesidad de reconciliación no es sólo necesaria y urgente dentro de Cataluña. Es imprescindible restaurar los lazos de simpatía y solidaridad entre esa región, esa nación, y el resto de España. Y apaciguar los ánimos nacionalistas e identitarios en uno y otro lugar, que no unen, sino que separan, intentando girar la agenda política hacia el clásico eje izquierda-derecha. Ésta, posiblemente, sea una iniciativa que ha de protagonizar la izquierda española. Aunque en estas elecciones se ha mostrado claramente débil, no ha de reducir su empeño por lograrlo. Catalunya en Comú-Podem ha intentado hacerlo durante la campaña, señalando los puntos en los que ha coincidido la derecha independentista catalana y la derecha española, como los recortes y la reforma laboral.

 

Pero ello no implica que debamos aspirar a anular y ocultar el problema territorial español, siempre presente, ahora agravado, sino a aprovechar la ventana de oportunidad para reformar el Estado y que pueda ser posible la celebración del referéndum, aunque ésta última no sea la única solución existente. Quizás haya que empezar admitir que hay que caminar hacia un "mejor juntos, aunque el marco jurídico se transforme, aunque las relaciones sean diferentes". Para transitar ese trecho, que seguro será largo, es necesario un liderazgo que lime asperezas, elimine enemistades y teja redes.

 

(2) Lo que se ha movido en el independentismo. En segundo lugar, hemos visto diferentes dinámicas en el seno del independentismo. Por un lado, el partido favorito ha sido Junts Per Catalunya, por encima de ERC. Quienes pensaran que los electores iban a castigar a Carles Puigdemont por haberse ido a Bélgica se han equivocado. El relato del abandono y la cobardía no ha calado. De hecho, se puede interpretar la victoria de JxCat como el triunfo personal y moral de Carles Puigdemont, que ha recibido importantes aval y respaldo a su actuación. Y quizás a ERC le ha perjudicado contar con Marta Rovira como más que torpe cara visible, sin que haya habido demasiado rédito electoral del hecho de que el líder republicano, Oriol Junqueras, esté en la cárcel (por no huir y dar la cara, como afirmó en la recta final de la campaña). También ha podido jugar en contra de la candidatura republicana la posibilidad de que los electores hayan visto a ERC, pese a Rovira, como una fuerza más proclive a rebajar el tono soberanista, a cambiar su táctica, suavizándola.

 

Si ERC ha tenido un amargo mejor resultado de su historia debido a que al principio las encuestas le daban la victoria (al menos dentro del independentismo), la CUP ha sido la que mayor castigo ha sufrido. El unilateralismo independentista en su versión más radical de izquierdas ha visto reducido al mínimo el apoyo con el que cuenta, con las implicaciones que hemos señalado anteriormente. Aunque puede verse contrarrestado por la victoria de JxCat, que puede arrastrar a ERC a su línea dura.

 

(3) Caluña reconfigura la nueva política. Una de las consecuencias de la crisis catalana es que ha reconfigurado la nueva política, es decir, los nuevos partidos políticos que nacieron con las crisis económica y política que ocurrieron de manera simultánea. El problema catalán ha redimensionado el peso de la nueva hornada política. El problema territorial ha engordado la apuesta por Ciudadanos, cuya situación atravesaba problemas antes del resurgimiento de la cuestión catalana, y ha adelgazado la popularidad de la que llegó a gozar Podemos.

 

Ciudadanos ha hecho bandera, y nunca mejor dicho, de la cuestión identitaria españolista y recentralizadora. Ése fue su origen y durante los últimos años y especialmente en la última campaña electoral ha jugado en un terreno muy conocido y donde siempre se ha sentido cómodo. Ha dado voz, poco a poco, a la que han denominada "mayoría silenciada" y ha logrado la hazaña de protagonizar la primera victoria de un partido netamente españolista en Cataluña. Fue la fuerza que primero requirió la aplicación del 155. Esa claridad y esa dureza, una candidatura, la de Inés Arrimadas, con gancho y con la que se puede identificar la población hispano-parlante, recién llegada a Cataluña o descendiente de emigrantes de fuera de España, han sido las claves de su éxito. Y puede trasladarse al resto de España, donde puede arañarle seriamente apoyos al Partido Popular, mucho más contemporizador en la gestión de la crisis catalana y que se ha visto reducido a la mínima expresión en el Parlament, quedando en último lugar, por detrás de la CUP. Ello, en materia de política estatal, puede provocar que el PP inicie una agenda más social, para compensar.

 

A diferencia de Ciudadanos, Catalunya en Comú Podem ha visto mermados sus apoyos en Cataluña. Aunque lo más importante es que se ha visto frustrada su aspiración de ser llave de Gobierno, de ser esencial para el futuro inmediato de Cataluña. Fundamentalmente, porque se ha construido un relato que ha calado sobre su postura ambigua e incluso cercana al independentismo, percepción que quiso corregirse con la expulsión de Albano Dante Fachín, medida que quizás llegó tarde y que se vio anulada cuando la formación recurrió la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Pero posiblemente esta idea sea la que se castigue más en unas elecciones generales que en las catalanas de ayer, si es que Cataluña continúa siendo un tema primordial en los próximos comicios al Parlamento español. Lo que posiblemente ha pasado factura a CeC-Podem ahora, en este 21-D, ha sido que lo tenía mal en una campaña y unas elecciones polarizadas y planteadas en términos de bloques férreos. Para los puntos intermedios -o ambiguos-, para quienes plantean reconciliación y acuerdos, incluso un referéndum, éste no es el mejor terreno de juego.

 

Esa misma penalización ha podido sufrir el PSC, cuya estrategia transversal, por el diálogo, por la ruptura de la lógica de bloques, con la incorporación en las listas del catalanismo moderado y muy conservador en lo ideológico, no ha tenido los resultados que en principio se esperaban. ¿Ha sido eso o lo que ha castigado el electorado ha sido el tacticismo que se ha observado en sus movimientos?, ¿o lo que no ha convencido han sido sus cambios de opinión respecto al 155? Ésta no es una buena noticia, de todas maneras, para Pedro Sánchez en la que ha sido la primera cita electoral desde que las últimas primarias en que fue reelegido como secretario general del PSOE con el apoyo, primero más claro, luego más difuminado, del candidato del PSC, Miquel Iceta.

 

En todo caso, la percepción de falta de claridad o el no estar nítidamente encasillado en uno de los bloques han sido elementos que el electorado parece haber castigado.

 

(4) Los retos a partir de ahora. Ahora hay varios retos: en primer lugar, sin duda, la formación de Gobierno, que puede no ser fácil, pese a la mayoría absoluta independentista. Después, de formarse una mayoría soberanista, habrá que ver con qué discurso y objetivos declarados. A continuación, será importante conocer la postura que adopte el Gobierno de Madrid de aproximación, o no, o de qué manera, a Cataluña después de unas elecciones que él mismo convocó en virtud del artículo 155 de la Constitución y si el resultado que el PP ha obtenido en Cataluña endurece su posición. Y, finalmente, si de todo ello resulta una reducción de las tensiones, no sólo políticas sino también sociales.

 

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