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Sestear absorto y pálido el blog de José de Montfort


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12 de septiembre, 2018

Una conversación (in)interrumpida

 

 

 

 

1. 

 

Rezagos (Sloper, 2017), el último libro de Pablo Miravet, es -dígase ya, aunque no solo-, una suerte de conversación con los muertos para poder dialogar con los vivos. Múltiples conversaciones ocurriendo sucesivamente. Texticidios ansiosos, los llama Miravet.

 

Y es como él mismo dice, un libro de aforismos que es una tortura porque se ha de empezar de cero en cada frase. Una tortura (auto)infligida.

 

 

2.

 

Lo de Miravet es de darle la puntilla a las cosas, dialogar empequeñeciendo a amigos y enemigos. Micropensamientos. También algunos calambures. Y hasta un metaensayo.

 

Y no es esto demérito, sino virtud.

 

Porque hay cosas que pueden (y deben) decirse con muy pocas palabras.

 

Un libro breve pero infinito, que se dispara en mil direcciones.

 

Una denodada lucha contra la psicología (cuyo mayor denuedo, dígase de paso, se lo proporciona ella misma) y su deriva contemporánea: la cultura terapéutica, que ha venido a remedar, en parte, el hueco dejado por la religión (al menos en lo que atañe a la comprensión, racionalización y justificación del sufrimiento).

 

Es un libro de grandes ambiciones pero de estrechos marcos. Punzante, inteligente, ameno y brillante. Es sí, también erudito, en el buen sentido de la palabra: diáfano y profundo.

 

Un texto que puntualiza y amplia, que más que exponer verdades incontrovertibles, serpentea por entre los recovecos del pensamiento.

 

Algunos temas que maneja Miravet: la ansiedad, el vacío, el yo, la justicia, la escritura, el hermetismo, la idiotez, el bulo; la soledad.

 

 

3.

 

Cuenta Miravet que hace muchos años, se impuso “la estúpida, fútil, y casi demente tarea de puntualizar por escrito toda la filosofía occidental con el auxilio […] de la alta literatura producida en nuestro ámbito de cultura”. De aquella ingente cantidad de material se hizo una purga que vino a conformar el librito Fragmentos tibios (2002), un alarde de “exhibicionismo léxico”, dice Miravet.” Rezagos sería su continuación a la manera del aforismo, el ensayo inconcluso, el casi truismo.

 

La adolescentización de la sociedad contemporánea, “el ternurismo ubicuo y la omnipresencia ambiental de los afectos” y la postverdad son los tres grandes temas (el background, lo llama Miravet) sobre los que pivota este libro.

 

 

4.

 

Lee uno a Miravet conmovido y aterrado. Conmovido por su ingenio y aterrado por la sencillez de sus verdades.

 

“Deploro las verdades que se afirman; amo las que se deslizan”, dice Miravet, y esto valdría para definir la naturaleza eminentemente inquisitiva de este libro.

 

Lo que nunca hace Miravet (a diferencia de muchos otros escritores de aforismos, y esto cosa que se le agradece enormemente) es servirse de esta construcción literaria para darse al chascarillo, la gracieta o el artificio.

 

Lo expresa así Miravet en uno de sus aforismos:

 

“A veces, solo a veces, el ingenio no tiene nada que envidiar a la inteligencia”.

 

Y todavía más cuando dice:

 

“Nadie entiende mis ironías porque no lo son”.

 

En Rezagos hay inteligencia en marcha, sí, pero también humildad, la que sabe de la nimiedad del ser humano y sus asuntos y autonegación del yo. Y ello obliga a que el libro tenga un cierto tono apesadumbrado. A este respecto, son bastante ilustrativas (y reales) sus invectivas contra las jerarquías y el anquilosamiento de la universidad española. 

 

Se trata de un libro felizmente inconcluso, pues tampoco a nada más aspira, más que a debatir con los otros y consigo mismo sobre los temas contemporáneos que laceran la autarquia humana (en términos espirituales, mayormente –aunque no solo) y que van saliendo al paso.  Y así, a cuenta de un ensayo de Luis Magrinyà (incluido en su libro Habitación doble), se da Miravet a reflexionar sobre los padres ansiosos, sobre ciertas cuestiones jurídicas (no se olvide que Miravet fue profesor de Filosofía del derecho, ahora editor de textos jurídicos e incluso autor de un libro de 733 páginas dedicado a la revisión crítica de las políticas de austeridad bajo el paraguas de lo que él llama neo-empleocentrismo normativo) y sobre la estruendosa realidad de la desincronización intrafamiliar que se produce cuando padres e hijos toman conciencia de no pertenecer ya al mismo mundo.

 

 

5.

 

Durante todo el trayecto de la lectura del libro (111 páginas) sobrevuela una incierta incomodidad, que se siente, empero, de soslayo. Como de aquel que no escribe con el solaz tranquilo y la dicha de una escritura satisfecha (sino inevitable) y que tiene su expresión formal justo al final de Rezagos, cuando Pablo Miravet expresa lo que al lector le ha venido rondando en la mente durante todo el paseo de lectura. Una pregunta esencial, dice Miravet, y que es esta: ¿Para que escribir?

 

A lo que uno está tentado de remedarlo con otro aforismo:

 

“La pregunta que formula Pablo Miravet en su libro Rezagos es (in)correcta. Se escribe porque sí, porque afortunadamente la escritura no tiene mayor finalidad que servirse a sí misma”.

 

 

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