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Malabo el blog de Juan Tomás Ávila Laurel


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21 de mayo, 2014

Directo a las tripas de los súbditos de Obiang

 

Visto lo cantado por el mundo entero, se confirma que la receta del neoliberalismo para apoderarse del mundo descansa en dos pilares fundamentales: el empobrecimiento de los ciudadanos y la deslocalización de las actividades económicas, en las que la rapiña practicada con los ciudadanos en algunos países desarrollados se intensifica hasta unos niveles denunciables, de manera que un trabajador de la industria textil de Bangladés no salga nunca de la lista de los que sobreviven con dos euros al día.

 

Uno de los aspectos llamativos de este hecho es que esta doctrina estuviera recogida en un libro relativamente viejo como la Biblia, con la siempre incomprensible frase de "Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará". Ya en nuestra juventud preguntábamos cómo se le puede quitar nada a quien no la tiene, pero el mundo contemporáneo ha demostrado que el hecho de que haya tanta gente que nunca ha salido ni saldrá de la miseria se debe la aplicación drástica de esta enseñanza, mientras las estadísticas muestran que cada vez los ricos lo son muchísimo más. Hay gente, por ejemplo, que hereda la deuda de sus padres, por lo que aunque la suerte o sus esfuerzos personales le dieran un alivio, siempre permanecerá en su estado. En las sociedades contemporáneas del Mediterráneo sur, por ejemplo, se ha visto cómo los ciudadanos se han visto machacados con recortes e impuestos, mientras que las clases dirigentes no han bajado sus privilegios. Pues sí, profética enseñanza de un grupo de personas, los cristianos, siempre polémicos.

 

Una de las consecuencias de la aplicación de esta doctrina neoliberal en los países desconocidos, y regidos por regímenes personalistas o por dictaduras inaceptables es la recurrencia del hecho de que personas de aparente adscripción democrática del mundo desarrollado sean capaces de bucear en las aguas económicas del país sin menoscabo de sus aparentes convicciones. Si en las naciones petroleras ya no se oculta el interés, y las élites políticas se relacionan y sacan provecho económico, en algunos países suele ser necesario un maquillaje político para mitigar esta aparente contradicción. Es el caso de Guinea. Y parte del maquillaje político consiste en crear la apariencia de una apertura política para que la interacción con la clase dirigente de la dictadura en busca de la riqueza para la casta no chirríe demasiado. Así, si hubiera cantado mucho que grandes próceres de la democracia como José Bono o Miguel Ángel Moratinos hicieran migas íntimas y remunerables con el dictador Obiang, la adecuación política se impone y regularmente se celebran elecciones en las que los elegidos para este maquillaje obtienen ridículos porcentajes, de los que los próceres aludidos sacan inmensas ventajas. Ya se encarga la misma estructura política montada a propósito para airear estos resultados y exhibir a los elegidos para este maquillaje. En un caso así, otra vez los que ni salen de la pobreza ni están en caminos de conseguirlo son los ciudadanos, en un porcentaje abrumador, cercano al 99 por ciento.

 

Una de las consecuencias del pensamiento neoliberal fagocitador de las riquezas y del poder es la desconfianza hacia grupos nacionales cohesionados. Aplicado este hecho, por ejemplo, a los movimientos migratorios que tienen como punto de mira las fronteras europeas de España, está claro que si los componentes de este masivo interés fueran todos de un país determinado, el problema ese ya se hubiera resuelto hace años. La heterogeneidad de los grupos invasores impide una respuesta contundente, como lo desean los políticos europeos. Este es un hecho del que hay que sacar lecciones importantes para el futuro. Y mientras se proceda al mismo, avisamos a los ejecutores de políticas subyugantes, a los amigos felices de los dictadores y a los demagogos que pregonan sus ideales que digan algo convincente cuando, allá o acá, las masas recurrentemente empobrecidas y subyugadas se levanten en violenta e incontenible furia y se sacudan la miseria impuesta.

 

 

Barcelona, 21 de mayo de 2014 

 

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