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Malabo el blog de Juan Tomás Ávila Laurel


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23 de julio, 2013

Extraño padecimiento de la razón

 

Guinea es un país africano en cuya dirección política está un panafricanista lleno de complejos. Hay un comportamiento guineano que no tiene nada que ver ni con el panafricanismo ni con los complejos: el miedo irracional a los extranjeros. Pero sí tiene que ver. Entonces, antes teníamos que introducir la palabra aparentemente. O sea, somos panafricanistas y cuando nos da la no-república gana, mandamos detener a todos los extranjeros sospechosos de ser negros y los encerramos con las heces, y por el horror mierdae que sienten inmediatamente, abren los bolsillos y sacan los dineros que han conseguido ahorrar y se lo dan al militar de turno. Así se han hecho millonarios muchos de estos que tienen galones de cualquier cuerpo, o sea, ejerciendo el panafricanismo.

 

 

Ayer vimos cómo llegaban los coches cargados de yuca, tomates, picantes y aguacates. Llegaban de Douala, y son productos de Camerún. Aquí llueve tanto, debe de ser, que no se puede plantar nada. Ítem más, compramos los coches de Dubai, estos carros impresionantes que gastan los pobres mentales. Y así seguimos con la tontería hasta que descubrimos que no quedaba gasolina, de cualquier octano. ¿Qué pasó? Pues hace unos años que el nivel superior de guineanidad se mide en coches grandes, nada de cochecitos por los que los que nos visiten se rían de nosotros. Con esta tontería en el hígado, llenamos nuestras carreteras de tantos coches que a las 9:00 no puedes recorrer 100 metros sin recibir un bocinazo porque no avanzas nada. Ahí todos apretujados porque estos coches impresionantes se tienen que mostrar, y es la mejor hora.

 

Fue esta incomprensible conducta la que nos hizo parar para ver qué señora impresionante iba a bajar de un no menos impresionante coche de color rojo que ella aparcó en una calle del asfixiante barrio Los Ángeles. Al final no era nadie, sino una que ha aprendido bien la lección. Sí, ¿cuál es la lección? Pues se contará en el apartado serio de este artículo. Pues que nos reiríamos de estos tíos que están en el poder, y de los que quieren seguirles el juego, si para sostener esta vida de andar boca abajo no tuvieran que matar y mandar matar a los demás. Desde el 1 de julio pasaron a mejor vida: un hombre al que dejaron medio muerto detrás de la delegación, otro apuñalado en Bata, y el joven que sigue grave en el hospital porque un soldadito lo juzgó peligroso para sus pequeños intereses. Y más gente ha muerto, y de casos que nunca se contará. ¿Se imaginan lo escandalosamente llamativo del caso que es esto de matar a guineanos para mantener la historia de que el país más petroleado de África no tenga combustible para mover los enormes coches que adquieren, viviendo, además, en la miseria? Lo decimos bien, matan a otros para seguir actuando en contra de los dictados de la razón.

 

Hace poco unos pocos guineanos manejaron muchos millones porque, inexplicablemente, viendo las desastrosas condiciones de su país, ¡organizaron elecciones! Pues sí, no usaron los millones para mejorar una escuela, ni abrir un comedor escolar, ni construir lavaderos en el río San Nicolás, ni mejorar las condiciones de Colwatá, ni para abrir un centro donde atiendan al creciente número de enfermos mentales de Malabo, solo Malabo. Tampoco para poner una línea de autobús Ela Nguema- Barrio Los Angeles-Sampaca. Ese dinero, un montón, tampoco da para que se pague la universidad de 100 jóvenes guineanos defenestrados por la caridad española. El dinero que los partidos recibieron en sacos era para… O sea, somos los únicos que no hubiéramos organizado unas elecciones si ya sabemos en qué gastaríamos millones de FCFA. Pero el sentimiento panafricanista es intenso, y hay que hacer lo que hacen todos, y pese a lo rematadamente mal que está todo. Además, que la gente no pueda abrir la boca, porque puede acabar en los infectos barracones de Guantánamo, o en Blay Beach, y si es visitada por un familiar, incorporar a su dolor el de que este familiar puede acabar siendo violado por los guardas. Y uno dice otra vez que no entiende nada. Pero hace un supremo esfuerzo e intenta poner una piedra sobre otra y descubre que los que quieren los que mandan, casi todos de la familia del general-presidente-dictador Teodoro Obiang, es que todo se resuma en esto, lo que hemos llamado la lección: los de altos cargos, en sus impresionantes coches; los verdaderos pobres mentales, con porras y ametralladoras en la mano, y las pobrecitas, estas que son obligabas a presentarse a todas las elecciones de mises que organizan cada mes, a vivir con los miembros viriles de los altos cargos en la boca. Este es el gran ideal de los que tienen poder en este país. Y bien, creen que esto se consigue reduciendo a la esclavitud a los que se oponen a tan diabólico plan. De nuevo se pone de manifiesto el extraño padecimiento de la razón en la que están inmersos los guineanos. Y hay que hacer algo de manera urgente. Lo peor es que llevamos más de cuatro años hablando de esta urgencia. Esperamos que alguna vez llegue el lobo de verdad. Quien tenga oidos…

 

Malabo, 22 de julio de 2013

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