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Entrada libre el blog de Juan Ignacio García Garzón


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9 de agosto, 2018

'Las amazonas', el amor como guerra encarnizada

 

 

Aquiles (Xabier Murua) y Pentesilea (Silvia Abascal en los momentos finales de Las amazonas.

 


El mito de las mujeres guerreras está hondamente arraigado en nuestro imaginario cultural, de modo que estas féminas independientes y fieras perviven en la geografía americana dibujada por los conquistadores españoles y continúan cabalgando por los territorios de la fascinación desde la antigüedad clásica hasta los cómics o el cine de hoy, con la ebúrnea Gal Gadot como la princesa amazónica elevada al panteón de los superhéroes con el nombre de Wonder Woman. En esa línea de atracción por la historia mitológica, Heinrich von Kleist (1777-1811) construyó con el amor caníbal entre Pentesilea y Aquiles una leyenda romántica titulada con el nombre de la primera y donde la razón es aniquilada por la fuerza devastadora de la pasión. Apartándose de la tradición grecolatina, el escritor alemán convierte a la reina de las amazonas en matadora del de los pies ligeros y hace que luego, consumida de furia autodestructiva, se suicide en un acto purificador y de entrega amorosa postrera. La relación entre ambos se concentra en tres combates con el trasfondo de la guerra de Troya, de forma que el amor surge como guerra encarnizada; es el encuentro subyugante y terrible entre dos modelos opuestos: el rey de los mirmidones quiere hacer suya a la amazona y llevarla a su mundo y Pentesilea solo puede yacer con Aquiles venciéndolo en batalla; en ambos casos, la posesión es destructiva.

 

Fruto de los tiempos, se ha señalado en estos días que Las amazonas lleva al escenario la lucha feminista. No quisiera entrar al trapo de la polémica ni deslizarme hacia un territorio tan resbaladizo, aunque me parece que no es precisamente feminismo poner como ejemplo de esa demanda social tan necesaria y justa un régimen militar matriarcal sustentado en el varonicidio. Tal vez don Sigmundo Freud o alguien de su tribu podría aventurar que ese arquetipo de la dama guerrera es una construcción masculina que seguramente participa a la vez del temor al poder sexual y generador de la mujer y de las fantasías eróticas del hombre. Si alguien lo tiene claro, que nos lo cuente.


Esa concepción que aúna destrucción y amor queda muy patente en la versión libre de Pentesilea que Magüi Mira ha estrenado en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, donde aún se guarda memoria admirativa del montaje de la pieza de Von Kleist que Peter Stein presentó en 2002, aunque en el anfiteatro romano en esa ocasión, con su esposa, la actriz Maddalena Crippa, como protagonista. La de Mira es una porpuesta sumergida en el lenguaje elevado con metáforas poderosas que se asocia a lo clásico, aunque cae en alguna decisión discutible, como cuando hacer decir a Aquiles que besará con su boca a Pentesilea, lo mismo que podría asegurar que la verá con los ojos o la escuchará con los oídos, o como cuando Ulises afirma que las amazonas disparan flechas con certeza de diosas, confundiendo tal vez la puntería con la certidumbre. A título anecdótico añadiré que en un himno victorioso que cantan las amazonas se hace rimar bellotas con derrotas en un no sé si voluntario homenaje a la dehesa extremeña.

La puesta en escena, vibrante y muy efectiva de cara a los espectadores, utiliza con criterio el amplio escenario del Teatro Romano, algo que merece la pena subrayar, pues es muy habitual que bastantes producciones de las que se presentan en este festival hayan sido claramente concebidas para su exhibición posterior en espacios a la italiana más reducidos, obviando las características del imponente marco donde se estrenan. En ese sentido, la directora mueve con acierto a las guerreras, muy bien coordinadas en las magnéticas coreografías rituales de Joshua Cienfuegos, que da la impresión de haberse inspirado en la iconografía corporal de los vasos áticos, igual que los magníficos figurines de Lorenzo Caprile, quien viste a las amazonas como si se hubieran escapado de alguna cerámica roja de la Grecia clásica: unas mallas semi transparentes estampadas con motivos geométricos con las que se encaminan al combate literalmente a pecho descubierto, el izquierdo, como demanda el canon mitológico. Los tres guerreros griegos –Aquiles, Ulises y Diomedes– lucen vistosas corazas y cascos con frondosos penachos de diferentes colores, como si fueran pájaros presuntuosos preparados para la ceremonia del cortejo. Una línea cómica que reduce a los caudillos aqueos a militares ridículos que caminan al paso de la oca en contraste con la uniformidad amenazante y cómplice de sus enemigas, que además son más.

 

Eso provoca desequilibrios en el plano interpretativo de una tragedia cocinada a temperaturas divergentes. Silvia Abascal encarna a una seductora Pentesilea cuya vehemencia bordea la precipitación vocal en algún momento, pero que resuelve su papel con garra y brilla en el sangriento desenlace carnívoro que la une al vencido Aquiles, solventemente interpretado por Xabier Murua. Notables, seguras, hermosas y temibles las tres princesas guerreras que corren a cargo de Olivia Molina, Karina Garantivá y Ondina Maldonado. Loles León perfila a su suma sacerdotisa con empaque tremebundo, mientras que el Ulises payasesco que compone Antonio Hortelano no termina de decidirse entre llamar Diomedes al rey de Etolia de perfil ligero que encarna Maxi Iglesias o incurrir en el esdrújulo error de dirigirse a él como Diómedes; se pasa la función llamándolo indistintamente de una y otra forma. Mención especial para el soberbio el coro de diez amazonas que se mueven con hipnótica sincronización colectiva.

 

Atesora momentos hermosos y emocionantes este ambicioso espectáculo muy atractivamente empaquetado, que gustó mucho al público que en la noche del estreno abarrotaba las duras gradas del teatro. Puestos en pie, los espectadores aplaudieron a los intérpretes y el resto del equipo del montaje.

 

 

 

Título: “Las amazonas”. Autora: Magüi Mira, a partir de “Pentesilea” de Heinrich von Kleist. Dirección:  Magüi Mira. Iluminación: José Manuel Guerra. Escenografía: Curt Allen Wilmer y estudio deDos. Vestuario:  Lorenzo Caprile. Música: Marco Rasa. Coreografía: Yoshua Cienfuegos. Intérpretes: Silvia Abascal, Loles León, Xabier Murua, Maxi Iglesias, Antonio Hortelano, Olivia Molina, Karina Garantivá, Ondina Maldonado y diez componentes del coro. Teatro Romano de Mérida. 64 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. 8 de agosto de 2018.

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