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Entrada libre el blog de Juan Ignacio García Garzón


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30 de agosto, 2018

'Lehman Trilogy', una biografía familiar del capitalismo

 

 

Pasen y vean la extraordinaria y resistible historia de cómo tres hermanos construyeron un imperio financiero que al cabo de 163 años se derrumbó estrepitosamente y el seísmo que provocó su caída hizo temblar al mundo. Asómense y escruten en esta barraca de feria la vida de unos seres tan creíbles que resultan irreales. Lehman Trilogy es nada más (y nada menos) que el retrato de una familia de judíos alemanes que a mediados del siglo XIX emigró a Estados Unidos y amasó una ingente fortuna. El modo en que lo lograron tal vez tenga que ver con el que llevó a Joaquín Miranda, antiguo banderillero de Juan Belmonte, a convertirse en gobernador civil de Huelva; “¿Cómo has llegado de banderillero a gobernador?”, preguntó el legendario torero a su antiguo subalterno. “Degenerando, maestro, degenerando”, respondió Miranda. Y algo así debió de ser, pues los Lehman comenzaron vendiendo en su tienda de Montgomery (Alabama) tejidos y aperos de labranza, descubrieron por el camino el provechoso negocio de comerciar con dinero y terminaron expendiendo, ya en lujosos despachos, cosas que no se podían tocar: activos financieros y otras materias tan lucrativas como volátiles e invisibles, hasta desaparecer por el desaguadero de la mayor bancarrota de la historia mundial.

 

Stefano Massini (Florencia, 1975), dramaturgo, escritor, ensayista, guionista televisivo y actual director artístico del Piccolo Teatro de Milán, ha tejido un soberbio tapiz dramático con la historia de los fabulosos Lehman que es, por añadidura, una parábola satírica a contraluz del capitalismo moderno que corre en paralelo a la historia de EE.UU. De Massini pudimos ver el año pasado en la sala pequeña del Teatro Español su Mujer no reeducable, el impactante retrato documental de la periodista rusa Anna Politkóvskaya, asesinada en 2006; Lluís Pasqual dirigió el estupendo montaje protagonizado por la extraordinaria Miriam Iscla.

 

En esta trilogía americana, Massini inserta el robusto trabajo de documentación patente tras la máscara teatral en una estructura ligera y férrea al tiempo, una vertiginosa sucesión de significativas viñetas que recorren siglo y medio de historia desde que el 11 de septiembre de 1844 Heyun Lehmann, hijo de un comerciante de ganado de Baviera, desembarcó en el puerto de Nueva York y al poco se convirtió en Henry Lehman porque así lo inscribió en el registro el funcionario de inmigración. Henry abrió un comercio de tejidos en Alabama, en 1847 llegó su hermano Emanuel y tres años después el benjamín, Mayer. En la fachada de la tienda colocaron entonces un cartel en el que se leía el nombre de la floreciente sociedad: “Lehman Brothers”.

 

Al cabo de los años, la empresa empezó a diversificarse con la compra-venta de algodón en bruto hasta consolidar un negocio monopolístico y luego fue ampliando su campo de acción al café, el tabaco, los ferrocarriles, la banca, la radio, el cine y la televisión, la bolsa, el sector inmobiliario, los servicios financieros… Siempre sabiendo sacar provecho de las coyunturas: un incendio de las plantaciones de algodón, la Primera Gran Guerra, el crack del 29, la Segunda Guerra Mundial y así sucesivamente a lo largo de tres generaciones signadas por el oportunismo económico y la incesante búsqueda de beneficios. Tras la muerte en 1969 de Bobbie Lehman, el último de la saga, que dijo adiós al mundo a la edad de 77 años sin dejar herederos, la acción de la obra se acelera cuando, a mediados de los años 80, en los momentos en que la actividad financiera se deslizaba aceleradamente a los negocios especulativos, ascienden a la cima de la empresa Pete Peterson y luego Lewis Glucksman, de familias de origen griego y húngaro respectivamente. Tras diversos avatares, Lehman Brothers, que había sabido flotar sobre las olas de duros maremotos económicos, se fue a pique definitivamente en 2008, herida de muerte por la crisis de las hipotecas subprime cuando era la cuarta banca de inversión de Estados Unidos.

 

 

Todo esto, que tan espeso suena, lo desarrolla Massini con amena fluidez y notable talento teatral, deteniéndose en la transformación de la manera de hacer negocios, del contacto personal a lo deshumanizado, y en múltiples detalles de las costumbres judías, tan entrañadas en la vida de los primeros Lehman. Según parece, el autor estudió de niño en una escuela católica y una academia judía, por lo que domina el hebreo, además del italiano, el inglés y el árabe.

 

Lehman Trilogy se estrenó en París en 2013, dirigida por Arnaud Meunier en el Théâtre du Ronde-Point; Luca Ronconi la dirigió dos años después en el Piccolo Teatro de Milán, aunque falleció antes del estreno; Roberto Romei la puso en pie en la barcelonesa Villarroel en 2016, y hace unos meses Sam Mendes la ha llevado al National Theatre de Londres y parece ser que dirigirá la versión cinematográfica. El texto de Massini tiene un cierto aire de poema épico y pedagógico que al modo de los antiguos trágicos griegos despliega una aciaga historia familiar, algo que, según he podido leer, han respetado, cada uno a su modo, estos montajes. La versión española que Sergio Peris-Mencheta dirige en los Teatros del Canal elimina esa leve pátina que alguien podría calificar incluso de algo admirativa y adopta un decidido tono de vivaz sátira musical, un prodigio de carácter casi circense en el que un puñado de charlatanes de feria narra la historia de los Lehman como si ofreciera un freak show al que de vez en cuando se asoman otros brillantes rubros del tiovivo de la crisis económica: Goldman Sachs, Merrill Lynch, Standard & Poor’s...

 

Una propuesta explícita en la inspirada escenografía –algo que de tan habitual lleva camino de convertirse en tópico– de Curt Allen Wilmer, que despliega una media pista de circo o barraca de feria con dos entradas unidas por una plataforma giratoria circular. La puesta en escena de Peris-Mencheta es un trabajo de brillantez abrumadora, detallista, juguetona, mordaz, llena de guiños y sugerencias, animado por una panoplia sonora que enhebra, entre otras referencias, música tradicional judía, espirituales, el Twist And Shout de los Beatles y el Blowin’ in the Wind de Dylan, quien aparece convertido en personaje anecdótico con cariñosa colleja adosada. Hay también oportunas filmaciones, un atinado vestuario de Elda Noriega y, otro tópico, una muy cuidada iluminación de Juan Gómez-Cornejo que evoca el cromatismo de los viejos daguerrotipos.

 

Seis actores-músicos-cantantes-bailarines se encargan de los ciento y pico personajes de la función, incluidos los femeninos: Litus Ruiz, Pepe Lorente, Aitor Beltrán, Víctor Clavijo, Darío Paso y Leo Rivera, en un formidable despliegue interpretativo que incluye filigranas como una interpretación de piano a seis manos, además de mucho humor y tremendo desparpajo escénico. Un trabajo superlativo, aunque he de confesar, cosas mías, que las tres horas de función, con dos descansos incluidos, me pesaron un poco al final, lo que no resta entusiasmo al sombrerazo que dedico al espectáculo.   

 

 

 

Título: Lehman Trilogy. Autor: Stefano Massini. Versión y dirección: Sergio Peris-Mencheta. Escenografía: Curt Allen Wilmer con estudioDedos. Iluminación: Juan Gómez-Cornejo. Vestuario: Elda Noriega. Vídeo y sonido: Joe Alonso. Dirección musical: Litus Ruiz. Composición musical: Litus Ruiz, Xenia Reguant, Ferrán González y Marta Solaz. Intérpretes: Litus Ruiz, Pepe Lorente, Aitor Beltrán, Víctor Clavijo, Darío Paso y Leo Rivera. Teatros del Canal. Madrid. 24 de agosto de 2018.

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