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La hora del crepúsculo el blog de Luis Cornago


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28 de diciembre, 2018

25 discos y 50 canciones de 2018

 

(Mis 25 discos y 50 canciones de 2018 en Spotify)

 

Nuestro primer encuentro a solas fue en Coffee Collective, una cafetería hipster situada a escasos 20 metros de mi apartamento en la calle Jægersborggade. Yo había perdido la cartera y guardaba algunos billetes arrugados dentro de la funda de los cascos. La segunda vez fue en el Huset-KBH, un centro cultural en el centro de Copenhague. Conocía el sitio porque hacía unos meses había visto un concierto de Kevin Morby allí mismo. Bebimos té y hablamos sobre nuestros lugares de origen. Más tarde compartimos la pizza Margarita más cara de mi vida en un sitio junto al canal, frente al museo del escultor danés Bertel Thorvaldsen. Nos sentamos junto a la ventana. A la salida tuvimos que cubrirnos de la lluvia, tú con tu gorro negro y yo con mi bufanda verde de lana. Volvimos hacia el barrio de Nørrebro en bicicleta. Nos despedimos en tu residencia en Holger Danskes sin bajarnos de la bicicleta. Al llegar a casa, o quizás al día siguiente, te mandé un mensaje invitándote a venir al concierto de Death Cab for Cutie. Rechazaste la invitación porque no te encontrabas muy bien y preferías que lo disfrutara con mi amigo David que venía desde España.

 

 

La tercera vez que nos vimos fue en Musiksmag, también en la calle Jægersborggade, antes de ir al concierto de Elvis Perkins en Vesterbro. Bebimos una botella de Lambrusco y descubrimos a Loney Dear, concretamente su disco “Loney, Noir”. Los vinilos estaban colocados en un colgador con perchas a la izquierda de la barra. Cuando me acerqué me llamó la atención la portada de uno de los vinilos: un árbol con un fondo azul oscuro y los títulos de las canciones en blanco. A mí me daba demasiada vergüenza así que le pediste al camarero que pusiera ese vinilo. No escuchamos más de tres o cuatro canciones, pero nos encantaron, especialmente “Saturday Waits” (estuvimos escuchando esta canción todo el invierno). Se me olvidaron las entradas del concierto en casa. Te dije que tenía que subir a casa un momento a por las entradas. Subimos juntos y te enseñé rápidamente el apartamento. Se nos hizo tarde y estuve a punto de volver a olvidarme las entradas. Cuando llegamos a la sala acababa de terminar la telonera y pedimos dos cervezas Carlsberg. Mientras apoyábamos la cerveza en una mesa alta en medio de la sala aparecieron Elvis Perkins y su banda.


 

En los siguientes tres años vinieron muchos otros conciertos. Uno de mis favoritos fue el de Josh Rouse en Malmö (Suecia). Era el primer fin de semana de diciembre y hacía muchísimo viento. Quedamos en la parada de Nørreport para coger el tren a Malmö. Los dos acudimos en bicicleta y la aparcamos junto a la estación. El plan era dar una vuelta por Malmö antes del concierto y encontrar un lugar agradable para cenar. Antes de entrar en la estación te diste cuenta de que te habías olvidado el pasaporte y no estabas segura de que la policía te fuera a dejar pasar a Suecia. Me gustó saber que eras casi tan despistada como yo. Volvimos a tu residencia y recogiste el pasaporte. Te esperé fuera. Volvimos a la estación de Nørreport bordeando el canal mientras nuestras bicicletas se tambaleaban por el viento. Acabamos en Malmö cenando en un McDonald’s. La sala donde se celebraba el concierto se llamaba Babel y estaba situada en un lugar bastante inhóspito, como no podía ser de otra forma tratándose de Malmö. Llegamos justos otra vez. A Josh Rouse le acompañaba sobre el escenario el músico español Xema Fuertes, con quien después compartimos un par de cervezas. Josh Rouse interpretó un repertorio repleto de canciones bonitas. Te gustó especialmente Crystal Falls, una canción divertida y nostálgica en la que Rouse recuerda el pueblo de California donde vivió con su familia unos meses durante su infancia.  

 

 

 

Midwestern boy, I didn't know much at all

Sophisticated girls, hanging out at the mall

My mother's a frame, we used to smoke a pipe

And hold cigarettes, on chilly autumn nights

 

Cuando volvimos a la estación para coger el tren de vuelta los trenes entre Malmö y Copenhague no estaban funcionando. Un policía nos indicó que había un autobús que también iba a Copenhague. Te sentaste en el lado de la ventana. Te quedaste dormida sobre mis piernas al poco tiempo de salir y yo me puse a escuchar música en los cascos. Esta escena se repetiría muchas veces en los próximos años en metros y autobuses de Nueva York, Londres y España.


 

En 2018 no hemos visto demasiados conciertos juntos. Nuestro penúltimo concierto fue tu regalo de cumpleaños. No supe a quién íbamos a ver hasta que llegamos al sitio y vi anunciado el nombre de Charles Watson. Su nombre no me sonaba de nada. Me dijiste que le habías conocido a través de la programación del Barbican. El lugar del concierto era una antigua iglesia rehabilitada para conciertos. Cuando se apagaron las luces y empezó el concierto reconocí ese lugar. Varios conciertos de la BBC que he estado viendo en YouTube desde que era adolescente (por ejemplo, este de Ryan Adams con los Cardinals) se grabaron en mismo sitio, el LSO St Luke's. Me gustó mucho la propuesta de Charles Watson y me pareció un concierto redondo. Como solo sucedía en los conciertos verdaderamente especiales (Dawes en Staten Island, Nada Surf en Williamsburg y Ryan Adams en Central Park), a la salida compramos una camiseta del grupo. Me alegra que te quedaras tú con la camiseta, aunque fuese de forma fortuita. Fue el mejor regalo de cumpleaños posible y no lo olvidaré nunca.

 

El último concierto que vimos juntos fue el de Beach House en el Primavera Sound 2018. No vimos acabar el concierto. Decidimos marcharnos cuando estaban tocando Myth porque estábamos muy cansados y teníamos hambre. En el camino de vuelta a casa compramos donetes rayados, barritas de chocolate Kinder y dos Aquarius de naranja (te encantaba pedir Aquarius cuando venías a España).

 

La mayoría de mis discos favoritos de 2018 no los pudimos compartir juntos, con la excepción del God’s Favorite Customer de Father John Misty que sonó sin parar aquellos días de moción de censura en Barcelona.

 

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