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Filosofía para profanos el blog de Maite Larrauri


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28 de mayo, 2015

Para todos la filosofía (18): "Estoicamente"

 

La decimoctava sección de la serie “Para todos la filosofía”, en Para todos la 2, ha sido “Estoicamente” (retransmitida el 27/05/2015).

 

 

“Ha aguantado estoicamente”: esto es lo que decimos cuando alguien soporta sin lamentarse un dolor, un revés de la fortuna. Y nos parece admirable.

 

Ahora bien, soportar sin lamentarse es a veces también soportar sin rebelarse, como una especie de resignación. ¿Lo uno lleva a lo otro? ¿El estoicismo es resignación?

 

La filosofía estoica nació en tiempos duros. Y tiempos, circunstancias, ya presentes, frente a las cuales era inútil rebelarse. Como si los griegos del siglo III a.C. ya hubieran perdido frente a la realidad. Las enseñanzas de los estoicos en materia ética van dirigidas a intentar que esos malos tiempos no les arrastren, no les hundan. O sea poder salvarse a uno mismo en medio del desastre.

 

Sus propuestas hay que entenderlas en ese contexto. Proponen estar preparados para lo peor, para el sufrimiento, para la pérdida. Sus ejercicios mentales, espirituales, son una manera de anticipar males posibles futuros y entrenarse ante ellos para no sucumbir.

 

Nietzsche decía que los estoicos comían vidrios rotos y culebras para endurecer el estómago, para que el estómago estuviera preparado para cualquier alimento. Algo así, en efecto, es lo que propone la filosofía estoica; sin embargo, no se trata de sufrir males reales sino de imaginar situaciones.

 

Para entender el esquema del ejercicio mental propuesto, hay que tener en cuenta que para los estoicos el bien y mal no están en la realidad, la realidad no contiene ningún bien y ningún mal, porque la realidad es inevitable. En cambio, el bien y mal es algo que depende de nosotros, del modo en el que la realidad nos afecta.

 

Por ejemplo, imaginémonos que me rompo una cadera (o que me abandona un ser querido, o que me meten en la cárcel). Puesto que algo que ya ha sucedido es inevitable, por lo tanto no es un mal. Ahora bien, si yo me convierto en una persona amargada, resentida, que hago que los demás tengan que pagar por lo que me pasa, o sea si me convierto en una desgraciada, eso no es inevitable. Aunque pudiéramos explicarnos que así sucediera, sabemos que no todo el mundo reacciona de la misma manera. Podría imaginarme un modo de ser afectada por esa misma realidad que no consiguiera en mí los efectos de arrastrarme con la desgracia.

 

Con ejercicios mentales de ese estilo, separando lo que es inevitable de lo que es evitable, imaginando buenas respuestas que no nos conviertan en desgraciados, siempre estaremos preparados. Y también de esa manera, si las circunstancias no nos vencen, siempre podremos salvar una parte de nosotros mismos que podrá remontar, pasadas las adversidades.

 

El estoico no es un resignado, pero podría entenderse así. Es como si se resignara ante lo sucedido porque admite que esa es la realidad, pero no se resigna a que esa realidad lo conforme como alguien marcado sin remedio por lo que ha sucedido.

 

Se ha dicho que los españoles somos un pueblo estoico. Me gusta pensar que lo somos porque conservamos una gran dignidad en el sufrimiento, pero no porque seamos unos resignados.

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