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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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17 de febrero, 2018

De mi diario : Semana 07 / 2018

 

Weiß/Colonia, 11.2.

1:40 am : He visto sin solución de continuidad She’s Funny That Way [Lío en Broadway], allí donde, como dice un crítico, «Bogdanovich juega a empatar en territorio Woody Allen»... pero pierde, añado yo; y luego el final de Million Dollar Baby, y para cerrar el tercio The Acussed [Acusados], con una Jodie Foster sensacional. Seguro que tuvo un doble de cuerpo en la escena de la triple violación, pero ello no descuenta un ápice de su portentosa performance.

 

Después de leer mi diario de la semana pasada, Manu me deja un comentario al pie: «Laura Freixas tiene razón. Tú eres una excepción, y las excepciones cuentan poco». Le contesto en el mismo blog: «Gracias por leerme, Manu, y es posible que tengas razón, pero lo que a mí me interesaba dejar en claro es que yo no escribo mi diario para hacer literatura, que es lo que sí sucede en la mayoría de los casos (y que se salve el que pueda). Por otra parte, algo que no dije es cuánto me extraña que todos los autores del dossier desdeñen ocuparse –y además lo hacen expresamente– de los diarios que aparecen como blogs en la red y que no llegan (o no aspiran a llegar) al formato libro. Se diría que para estos expertos en dicha materia la única literatura es la que se hace en ese soporte. No hay peores ciegos que quienes no quieren ver». ¡Y cuantísima hýbris, oh dioses!, se me ocurre añadir ahora.

 

El teatro de marionetas (amén de títeres de cachiporra) en que se ha convertido la política alemana después de las últimas elecciones federales, es algo que no provoca la risa porque se nos queda atravesada en la garganta a causa del mucho susto. Imagino que, por ejemplo, en Eritrea, o en Honduras, o en las Maledivas, después de unas elecciones generales pasaran cinco meses sin lograr formar Gobierno. Con toda seguridad que los sesudos analistas occidentales lo atribuirían a la falta de infraestructuras democràticas, una de las características más conspicuas del Tercer Mundo. Uno ya no sabe qué pensar cuando abre el diario por las mañanas, si el país en que vive es Alemania o es una república ni siquiera bananera, sino zanahoria. O remolacha.

 

Weiß/Colonia, 12.2.

Después de levantarme y desayunar leyendo el diario, me aislo en mi cuchitril para escribir mi columna de esta semana en El Espectador, mientras Diny sigue en la tele la retransmisión en directo del gran corso del Lunes de Carnaval.

 

Weiß/Colonia, 13.2.

En La Modicana con Carlitos y Claudia, a quien le entrego el DVD de Carta a una sombra, que tiene muchas ganas de ver. Y a Carlitos le entrego un gracioso regalo de cumpleaños, una bella edición del libro de Mark Twain con sus impresiones de viaje por Alemania, que es uno de los más divertidos de la literatura universal. En la dedicatoria le animo a que lo lea, si es que no ha perdido entretanto la costumbre de leer libros. (¡Ejem!)

 

Weiß/Colonia, 14.2., san Valentín y, ¡qué risa, María Luisa!, Miércoles de Ceniza

1:20 am : Viendo una policial danesa (como esta noche), pero igual hubiese podido ser una sueca o noruega, hay algo que siempre me queda como poso, lo mismo que leyendo las novelas de donde proceden todas estas series: que una de las mayores desgracias de la Humanidad, sin el más mínimo asomo de duda, fue la conversiòn de Escandinavia al cristianismo. E incluso me parece que el mensaje subliminal de toda la filmografía de Ingmar Bergman es justamente ése. Y él lo tenía que saber de primera mano, no en vano era hijo de un pastor. Quelle horreur!

 

En lo de la neumóloga un gran shock: mi capacidad pulmonar ha descendido del 75 al 56% en el tiempo que va desde la última vez que nos encontramos. Me receta una doble dosis diaria del maldito inhalador y diez semanas de fisioterapia pulmonar, vìa gimnasia y aparatos. Cuando su asistenta me entrega el justificante para Novotergum (así se llama el laboratorio de fisioterapia en el centro de Rodenkirchen, aunque mi neumóloga lo nombró con otro latinajo que ni se le parece) sentí que me convertía en paciente de un Dr. Knock con faldas y tacones Luis XIV.

 

En Novotergum, que me parece salida de 2001: Odisea del espacio, o de Alphaville, aunque me atienden muy bien (soy paciente particular, no del seguro), se me acrecienta el escepticismo al organizar mis citas durante las cuatro semanas siguientes. ¿Por qué es que me parece que toda esta infraestructura médica es una sacaliña inventada por los matasanos y los fisioterapeutas a fin de tener unos pingües ingresos? ¿Me estaré convirtiendo en todo lo contrario de lo que fue mi tío Laureano, en una especie de negativo fotográfico de un hipocondríaco?

 

Diny llegó anoche a casa con un espantoso dolor de muelas y salió esta mañana muy temprano, para ir a lo de nuestro dentista, acá en Weiß. El cual la remitió sin solución de continuidad a un cirujano dental en Rodenkirchen, que le ha sajado un absceso y recetado unos antibióticos y un analgésico en modo coz de caballo encabritado, porque todavía habría que esperar hasta poder operar la causa del mal. El resultado es que Diny anda como zombi por la casa y tendiéndose a dormir a cada rato. Y como no estoy acostumbrado a verla enferma, sino todo lo contrario, me angustio y soy incapaz de hacerle el chiste de que no me robe mi rol como enfermo de la casa.

 

10:00 pm : El nuevo episodio de la serie con David Suchet como Hercule Poirot me ha hecho recordar lo que me escribió el domingo José María Guelbenzu (¡qué lectores tengo!) después de leer la última entrega de mi diario: «Concuerdo con usted, Bada, en que David Suchet es el mejor Poirot audiovisual, incluso con ese toque puntilloso que queda admirablemente al borde del ridículo. Pero no me niegue que Hastings y Japp están sublimes, e incluso la señorita Lemon y hasta George el mayordomo. ¡Vaya casting más soberbio! Están pasando la serie por televisión también en España y de inmediato me acordé de usté, pero no ha sido sino hasta sus comentarios cuando me he animado a escribirle. En fin, estos ingleses son la pera». Y a eso le contesté: «Mas ¡voto a bríos! qué protocolar os habéis vuelto, don Guelbenzu, tal paréceme que mudose en portugués (por lo cumplido) sumercé querida, como decimos en Boyacá. Y sí, el casting de la serie es fenomenal, y no sabes cuánto me alegro de que coincidamos en la apreciación de la misma. Y desde luego que la performance de Suchet es abrumadora. Hasta esa manera casi un poco afeminada de caminar. Tú lo dices bien, queda admirablemente al borde del ridículo. Ahora bien, reconozcamos que en los dos episodios que le he visto ya cuenta con un rodaje de 45 episodios anteriores a partir de 1989, son un total de 70 episodios lo que interpretó, y eso te da una competencia incomparable en la composición del personaje».  

 

Weiß/Colonia, 15.2.

1:15 am : En este mismo diario, el 7.6.2014, escribí acerca de Boyhood, que acabo de volver a ver: «Boyhood, qué peliculón. Rodado en doce semanas, pero a razón de una semana por año, para que el efecto visual del paso del tiempo por los personajes se reflejase también de una manera inequívoca en el paso del tiempo por los actores que los incorporan. La única posibilidad de comparación serían los treinta años, desde 1955 hasta su muerte, que Orson Welles estuvo liado con su Don Quijote, que además dejó sin terminar. Pero lo dilatado de la filmación de Welles no fue nada orgánico, sino impuesto por las circunstancias, en especial la falta de financiación del proyecto. En Boyhood el tiempo invertido en la filmación es tiempo ganado en la veracidad del relato. Hemos salido del cine con el asombro en el cuerpo. Y con una nota personal que nos hizo entrañable la peli: el extremado parecido físico de nuestro Oskar con Mason, o mejor dicho, con Ellar Coltrane, el niño cuyo desarrollo acompañamos desde los seis a los 18 años. Por cierto que en la sala éramos 16 espectadores, ninguno de los cuales volverá a cumplir los sesenta, lo que me pareció una divertida asimetría con el título de la peli, y hasta con la propia peli». Nada que añadir al respecto, sino el mismo tirón cordial de reencontrarme con Oskar en el protagonista. Tengo que regalarle el DVD, a ver qué le parece.

 

Estuve hoy en lo de mi cardiólogo, y todas las detecciones ultrasónicas de mi corazón y las arterias claves dijeron unísono que tengo il cuore en orden, pero luego vino la prueba de la bici ergométrica, y ella puso de relieve (hasta un lego como yo se da cuenta de esas cosas) que si bien mi corazón responde 100%, mis pulmones no lo hacen sino al 56%. la misma cifra que me había dicho ayer mi neumóloga. Visto lo cual, mi cardiólogo me dijo que no me prohibía hacer el viaje a Florencia y Roma, pero me lo desaconsejaba: «Tal como yo lo veo, va a ser una fatiga excesiva, y además tendría que interrumpir su terapia fisio», fueron sus palabras. Al regresar a casa, y tras una plática a fondo, con Diny, decidimos que lo mejor es renunciar a Florencia y Roma. Qué se le va a hacer, «mi cuerpo enfermo no resiste más», como dice el tango, y dice bien. Es muy de a deveras que lo sentimos muchísimo, Diny está leyendo fascinada Las piedras de Florencia (el maravilloso libro de Mary McCarthy) como preparación al viaje. Pero esto es aquello que decía el Guerra, torero muy sentencioso, como buen cordobés, igual que Séneca«Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible». Se lo comunico a mi buena Martha en Florencia, y al profesor Tedeschi en Roma, y me siento mal, muy mal, al hacerlo.

 

El único rayito de luz en esta semana marcada por el signo de la némesis medicinal (pero ¿será “némesis! el sustantivo correcto?) es un envío de mi asesor fiscal remitiéndome la copia de mi declaración de ingresos y gastos durante el 2016, y una carta donde me pronostica que esta vez tan sólo tendré que pagar un plus de 444.74 € a Hacienda. Alabado sea el santísimo sacramento del altar. (Sea por siempre bendito y alabado, responden los fieles).

 

Ya lo vi ayer, en la parada del bus en Rodenkirchen, y me olvidé de registrarlo: el último cartel publicitario de Lufthansa. Sobre un fondo azul índigo (creo que se llama así), en letras blancas, esta pregunta: «¿En qué lugar te gustaría más que se detuviera el tiempo?» Eso me hace pensar de nuevo en un tuit que les regalé ayer a mis amigos de Otraparte, en Envigado, Medellín:

Por cierto que en mi archivo de casetes conservo la de una entrevista que le hice por teléfono a Roberto Cantoral, quien se hallaba en Berlín participando en una conferencia sobre derechos de autor, y al final de la entrevista le pregunté si nos haría la gauchada de cantarnos a capella su más famoso bolero, “El reloj”, y así lo hizo, y la entrevista quedó redonda con ese remate.


Weiß/Colonia, 16.2.

Concluyo la lectura de El lector decadente. Todo el tiempo he tenido presente Los rarosese libro precioso de Rubén Darío, aun cuando es tan diferente de este de ahora. Este es una antología de textos de autores raros, todos decadentes. En el de Darío no hay textos de ellos, excepto las citas, lo que cuenta es lo que Darío piensa y cuenta acerca de tales autores, entre ellos, ¡y eso sí que es una rareza!, Ibsen. En ese libro, además, hay una presencia que echo de menos en El lector decadente: la presencia de una mujer, de aquella incomparable Rachilde, que escribió el ensayo “Por qué no soy feminista” y se presentaba con una tarjeta de visita donde podía leerse: “Rachilde, hombre de letras”.

 

Mi columna de hoy en El Espectador ha recuperado su foro de intensa participación, uno que, la verdad, estaba echando de menos. A un lector que me tutea sin más [«Oye, Bada»] y me pregunta que si conozco el fenómeno político Petro, le respondí que «veo ese nombre aparecer con frecuencia en cuentas de Twitter, pero el fenómeno como tal no lo conozco. En realidad le presto muy poca atención a la política, sé de mejores maneras en las que invertir mi tiempo». Lo cual provocó la intervención “irónica” de un forópata habitual al pie de mis columnas, un sabelotodo que se cree muy gracioso, diciendo: «A don Ricardo le están faltando píldoras para la memoria, Aristóteles enseñó del animal político; la pregunta es: ¿Aristóteles perdió el tiempo?» Sin la más mínima compasión le respondo: «Gracias por leerme, pero usted me parece que piensa en Aristóteles como si fuera un ser infalible. Y desde luego que él afirmó que el hombre es un animal político, pero creo que entretanto somos muchos los humanos que hemos dejado atrás el estado animal. Pruébelo usted también, es recompensante».

 

¡Yücel libre! ¡Y de vuelta en Alemania! El tal Erdogan se la ha tenido que tragar doblada. No hace tanto que aseguró en público que Yücel no saldría de la cárcel mientras él mismo fuese presidente de Turquía. Pero, poderoso caballero es Herr Dinero. Apenas el gobierno alemán le apretó las tuercas, de repente la justicia turca se volvió independiente (¡qué risa, María Luisa!) y ya tenemos a Yücel de regreso en Berlín. La consecuencia lógica sería que el tal Erdogan renunciara a su presidencia. Sólo que ¿quièn le pide consecuencia a un autócrata?

 

Weiß/Colonia, 17.2.

Cuando saludo a Diny al levantarme, lo primero que me dice es que si ya sé quién se ha muerto. Y claro, no lo sé. Kamps, Hannes Kamps. Hace años y años que no nos veíamos, la última vez fue en una de las últimas ferias del libro de Fráncfort a la que asistí, y la última vez que asistí fue a la del 2002. A Kamps le debo mi breve carrera como autor de radioteatros en la WDR, la Radio Colonia, reina sin corona del género. Una carrera que se acabó cuando la Agrupación de emisoras de derecho público estableció la norma leonina de que si un autor empleado en una de dichas emisoras publicaba en otra una obra creada en su tiempo libre, se le pagaría tan sólo el 50% del honorario correspondiente. A mí me pareció, y me sigue pareciendo, una práctica delictiva, por no decir mafiosa, y me corté la coleta como autor de radioteatros. Pero la amistad con Hannes siguió, con él y con Peter, su compañero suizo, pintor, que murió demasiado joven, hace ya algunos años. Hannes era un lector apasionado y un fan de la literatura de América Latina, que conocía como pocos. Su gran amor era Cortázar, y brincó de entusiasmo cuando le conté que le había encargado un radioteatro a Julio, para mi emisora, y que Julio aceptó el reto. Su Adios, Robinson creo que se produjo en Radio Colonia, en su traducción alemana, incluso antes de que nosotros lo produjéramos en la Deutsche Welle. Descanse en paz el buen Hannes. Otra estrella que se apaga en mi ciclorama. ¿Y van...? Ay, mejor no ponerme a contarlas.

 

Mientras intentaba conciliar el sueño de la siesta me enredé mentalmente con una de las más divertidas paradojas de la Gramática : ¿Cómo y por qué Paquita (7 letras) es el diminutivo de Paca (4 letras), y cafelito (8) de café (4), y florecilla (9) de flor (4)? ¿Diminutivos tales aumentativos?

 

***************THE END***************

 

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Lo de Alemania es un pequeño sobresalto. No sé cómo te repondrías del "susto" si vivieras aquí.

También es verdad, oye. Me recuerdas la décima que desgrana Rosaura (creo que es ella) en La vida es sueño: "Cuentan de un sabio que un día", etc.

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