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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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24 de febrero, 2018

De mi diario : Semana 08 / 2018

 

Weiß/Colonia, 18.2.

Osvaldo Bayer cumple hoy 91 años. No nos vemos desde el entierro de Marlies, hace ya más de dos años, pero lo sigo en la prensa y me digo que este viejo luchador es incombustible. Esther me pasa desde Berlín un enlace con Página12, de un texto dedicado a él, o mejor dicho a la peli que Ana, su hija, ha filmado con su viejo. Me ha hecho recordar los días felices de Berlín, en el apartamento que compartían los dos, cerca del viejo aeropuerto de Tempelhof. Apartamento en el que me alojé varias veces y en el que vivimos un día glorioso, durante la Berlinale de 1984, cuando almorzamos allí con Osvaldo Soriano, Héctor Olivera y Federico Luppi, y de repente sonó el celular de Héctor y era un llamado anunciándole que había ganado el Oso de Plata por No habrá más penas ni olvido. ¡Qué festejo el que organizamos! Pero lo que más recuerdo de ese día es cuando Luppi, Olivera, Soriano y yo regresamos al Festival, que Luppi me dijo que si por una casualidad pasábamos delante de la casa donde nació Marlene Dietrich, o el cementerio donde está enterrada, que no dejara de avisárselo. ¡Tengo tantos recuerdos hermosos asociados a mi amistad con Osvaldo [Bayer]! Y el mejor de todos, el más entrañable, que siempre que lo llamo y reconoce mi voz, siempre me saluda igual: «¿Qué decís, pibe?» ¿Cómo agradecérselo?

 

Me escribe Martha, desde Florencia: «No te contesté en seguida porque me costó mucho digerir la noticia, pero ahora, con calma, te digo que entiendo la situación y que tus médicos saben sin duda lo que te dicen. O sea, ni más faltaba que corras un riesgo de ese tipo por estar aquí. No te preocupes, igual hablaremos de ti, de tu cuento, que leeremos en italiano en mi traducción, y habrá una ponencia sobre la relación entre tu cuento y la novela de Böll. Me hubiera encantado tenerte aquí y recordar viejos tiempos y nuestra amistad con el Gaviero. Pero digamos que nada de eso cambia y lo más importante ahora es que tú te cuides y que tu salud no corra riesgos». Le contesto: «No podés saber cuánto bien me hacen tus palabras. Sobre todo por todo lo mucho que siento no viajar a Florencia (lo de Roma era una yapa), y lo duro que fue tomar la decisión, no ya pensando en mí, sino en vos, que todo lo habías planeado; y en Diny, que estaba ilusionadísima con Florencia (no sólo gracias al libro de Mary McCarthy) pero fue la primera en decir que en esas condiciones yo no debería viajary hasta por Esther, porque aunque vivimos en el mismo país sólo nos vemos a cada muerte de obispo. Gracias, pues, mil y una, y el deseo de que ese coloquio sea el éxito que tanto se merece por tus desvelos, y ya vos misma, y Esther a su regreso, me contarán cómo fue la cosa».

 

Todo el día componiendo la reseña de El lector decadente. Creo que me ha salido un texto de lo más decente. Y me temo que bastante inesperado para los autores del libro. Porque no les podrá caber duda alguna de que es una reseña positiva, pero con toda seguridad habrían preferido más incienso y menos señalamientos de falencias y hasta de un clamoroso ninguneo. Sólo que tal es el triste destino que aguarda a los autores de libros que me entregan para reseñarlos. Porque mi ética profesional, como mercenario de la escritura, me hace leer los libros que reseño de cabo a rabo, y ¡ay amigo! no conozco ninguno que resista indemne semejante tipo de lectura.

 

Weiß/Colonia, 19.2.

Una vez más donde la dermatóloga para ver los progresos que hace la cura de la verruga en la planta de mi pie izquierdo. Me dice que la cosa va a durar todavía algunas semanas, pero esta vez no me hace ver las estrellas con su tintura. ¿Adivinó que cargaba «un 38 Smith & Weston del especial» en mi bolsa, dispuesto a usarlo si me reciclaba como astrónomo involuntario?

 

Weiß/Colonia, 20.2.

1:00 am : Veo Gravity por primera vez, pero ni modo, como dicen los mexicanos, esta es una peli que hay que ver en un cine y en 3D. Sea como fuere, pienso que es cine de cámara, en el sentido en que se habla de una música de cámara. Y me prometo encontrar el hueco para ir un dia a un cine con sistema 3D donde la repongan.

 

En La Modicana reencuentro con Claudia, me trae el dvd de El abrazo de la serpiente, y yo le traje Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón, la novela de su compatriota Albalucía Ángel. No la conocía, me dijo el martes pasado, y yo le aseguré, corriendo el riesgo evidente de implantarle un prejuicio en contra, que es una de las mejores novelas latinoamericanas que he leído en toda mi vida. Le pido que cuide el ejemplar, porque lo tengo dedicado por Albalucía, y le muestro una frase subrayada donde puse una señal de lectura: «Entender, así, de pronto, tantas cosas, es como querer atravesar la barrera del sonido en bicicleta». Después encargamos el condumio. Carlitos pide por tropecientovigésimotercera vez su lasaña de su alma, y Claudia y yo nos decantamos por unos spaghetti pescatore que estaban diciéndonos “¡Comedme!” desde su puro nombre. Y a fe mía que buen honor le hicieron al mediterráneo. Y nosotros a ellos. Yo termino haciendo la scarpetta, es decir, que rebañé el plato con pan hasta dejarlo limpio como una patena. Claudia, persona bastante mejor educada que yo, se abstuvo de imitar mi desconducta.

 

Weiß/Colonia, 21.2.

3:30 pm : Primera sesión en Novotergum, una especie de templo de la fisioterapia, por dicha en el centro de Rodenkirchen, asequible a pata por un semiinválido como yo, desde la parada en la plaza del ayuntamiento, aunque desde luego con la desinteresada, por ignorancia, ayuda del bastón. En este caso la fisioterapia consiste en ½ hora de ejercicios de gimnasia respiratoria, que se me dan muy bien porque de entrada siento una gran empatía con el fisioterapeuta, ya que se me antoja que es un clon de Oskar, en estatura, pelo, mucho de la cara. Se lo digo al final de la sesión, cuánto me recuerda a mi nieto predilecto. Se ríe sin saber qué contestarme, no estàn habituados a este tipo de expresiones personalizadas. Mucho menos tanto como en este caso.

 

Buscando tuits para el envío semanal a mis amigos alemanes, descubro una tuitera alemana, @consternada, cuyo seudónimo o mote es Un poco consternada. Qué pena penita pena que no tenga una dirección de contacto, me gustaría saber más acerca de ella, sobre todo porque se le nota que tiene mucho sentido del humor.

 

Pasan un nuevo episodio de Hercule Poirot basado en la novela que Agatha Christie tituló Five Little Pigs siguiendo su propio modelo con Ten Little Nigers [Diez negritos], es decir, convertir el texto de una canción infantil en una especie de falsilla para construir sobre ella un cuento de terror. En España y América Latina se tradujo como Cinco cerditos, pero en Alemania optaron por titularla El retrato inacabado. Lo que me parece muy divertido es que en neerlandés se titula Vijf kleine biggetjes, lo cual es el triunfo de la redundancia, la apoteosis del diminutivo: Cinco pequeños lechoncitos. La muy acendrada manía diminutivizante del idioma de los Países Bajos me hace recordar siempre uno de los más enjundiosos artículos de Camba, en su libro Alemania, al hablar de la gramática alemana: dice que es horrible, sobre todo por los géneros, hasta que un amigo inglés, Mr. Boston, le enseña el modo de suprimir tan tremenda dificultad: «–Es muy sencillo. Ya sabe usted que en alemán todos los diminutivos pertenecen al género neutro. Pues no hay nada más que poner todas las cosas en diminutivo y aplicarles el artículo neutro, [...] en vez de pedir una cuchara se pide una cucharilla grandecita, y así siempre. // ¡Un inglés había de ser el inventor de esta cosa tan práctica! Tanto como se han desvelado los alemanes para hacer su tremenda gramática, y he aquí que un inglés se la destruye en un momento. Yo estoy practicando con gran éxito el sistema de mister Boston. Las alemanas me dicen que hablo de una manera muy dulce». ¡Grande, Camba! La sacó del estadio.

 

Weiß/Colonia, 22.2.

0:30 am : Acabo de ver En familie [Una familia], una peli danesa con un fabuloso Jesper Christensen en el papel del dueño, en cuarta generación, de la panadería que es “proveedora de la Real Casa”, honor muy perseguido por artesanos y menestrales en los países monárquicos. Ojalá la programen pronto de nuevo, es una de esas que se desean volver a ver enseguida la segunda vez, para aquilatar mejor lo que ya se sabe qué va a pasar y cómo es que lo actúan.

 

Mi deuda estherna me habla de un descubrimiento suyo ayer rastrillando la sección “El Poema del Día”, que edita Luis Miguel, ese querido cuate que siempre se despide de mí con cálidos “badabrazos”. Y el descubrimiento de Esther es un poema del rumano Geo Bogza titulado “Recuerdos de Polonia”. Con ayuda de Miss Hortensia Google lo he ubicado enseguida, y le escribo a Esther: «El poema es muy hermoso, aunque la traducción creo que desdramatiza la segunda parte. Aun no conociendo el original y sin saber qué cosa se designa en rumano con la palabra "mărgele" (si perlas en collares, en anillos o en aretes, o cosidas al traje), "abalorios" pueden ser cualesquiera objetos de adorno de poco valor, pero no necesariamente tienen que "colgar". La buena traducción hubiera sido, en español de España, "pendientes" o “ colgantes”, que sí que cuelgan, y en el de Latinoamérica "aretes", aunque hay aretes que no cuelgan: o bien, a ambos lados del charco, “collar”. Creo que el traductor no tomó bastante en cuenta el detalle de la madre ahorcada colgando de un árbol. A no ser que en el español de México los abalorios siempre sean objetos colgantes, chi lo sa!»

 

Pilar sube a su cuenta de Twitter un trino mío a costa del impresentable. ¿Cómo lo calificaría Rolando, que siempre solía referirse al Presidente llamándolo “mi comandante en jefe”?:


 

Por cierto que Marcos me envía, desde Karakogrado, la capital de Venezuelistán, el enlace con su traducción de un artículo aparecido en el New York Times donde se nos informa de que el impresentable es el peor presidente que hayan tenido los USA, desbancando del farolillo rojo a James Buchanan, el desafortunado antecesor de Lincoln. Tremenda bofetada al orgullo del tal  macho Alpha, relegándolo a un puesto por detrás del dizque único presidente gay de USA.


Weiß/Colonia, 23.2.

A mediodía la segunda sesión de fisioterapia, esta vez con un chico distinto, pero lo mismo de afable y eficiente que el clon de Oskar. Lo primero que hace, después de presentarse, mientras caminamos hacia el cuarto operacional, es decirme que ya sabe que soy escritor y quiere saber qué escribo y dónde publico, etc. No sé de dónde habrá sacado esa novela porque yo, cuando el clon de Oskar me preguntó antier que cuál era mi profesión le respondí que era periodista. Pero no quiero sacar a este nuevo de su error, por la sencilla razón de que no creo que lo sea, para mí un periodista es un escritor, y punto. Me vuelvo a repetir la frase de T.S. Eliot que por fin logré recuperar la semana pasada: «No se puede alegar que el periodista trabaje un material distinto al de otros escritores, lo que hay que reconocer es que lo hace por un motivo distinto y, quizá, más honorable aún».

 

Se nos murió Forges. Supongo que por una asociación instintiva, me viene a la memoria el chiste que hizo cuando murió Mingote, el otro Grande de España en el Gotha del humor. En él se veían en el ángulo superior izquierdo los piés y el pico inferior de las alas de un ángel que volaba raudo aún más arriba. Y a la derecha, abajo, estaba Dios sobre una nube y gritándole: «¡Antonio, que es aquí!» Pero creo que Forges, en el fondo, sabía que Mingote iba bien adonde iba. Sostengo.

 

Weiß/Colonia, 24.2.

0:30 am : In the Electric Mist [estúpidamente titulada en español En el centro de la tormenta, ¿de qué tormenta?], la peli de Bertrand Tavernier con Tommy Lee Jones, pierde por muchos cuerpos de ventaja en la comparación con otra peli de director francés asimismo ambientada en el sur de los USA, El sureño, de Jean Renoir. De todos modos es curiosa esta proclividad de los directores franceses a esa región gringa. Pienso en Louis Malle y su Pretty Baby, y en Louis Letellier y Now See You me, y hasta en Dallas Buyers Club, pues aunque Jean–Marc Vallée no es francés sino quebecois, ¿qué otra cosa es Quebec si no es una Francia irredenta?

 

En una de las esquelas fúnebres del habitual cuaderno del diario en el fin de semana, hay una con un epígrafe jubiloso de Albert Camus: «Au milieu de l’hiver, j’apprenais enfin qu’il y avait en moi un été invincible [En medio del invierno, aprendí por fin que había en mí un verano invencible]». También descubro la esquela de una mujer apellidada Kulpa. ¡Caray!

 

Repasando las notas de este diario antes de subirlas a mi blog de Fronterad me quedo pensando en ese celular de Héctor Olivera, ¿en 1984? No pudo ser un celular. Seguramente fue aquello que la Academia nos enseña que se debe llamar “mensáfono”, pero nosotros, que no somos tan hélenicos, llamamos “bíper”, o “bip”, recurriendo al sagrado refugio de la onomatopeya.

 

Me temo que nuestro televisor ha exhalado su último suspiro, o bien se ha desprogramado y se lo tendría que reprogramar, tendré que recurrir a los “manitas” electrotécnicos de mi tribu. Con todo, lo primero que me viene a las mientes, al tirar la toalla después de una docena de intentos de reanimación (empleé todos los medios a mi alcance, menos el boca–a–boca), es una frase de T. S. Eliot que encontré ayer cuando buscaba, sin encontrarlo, el original de su frase sobre el escritor y el periodista. Esa otra frase dice así: «Television is a medium of entertainment which permits millions of people to listen to the same joke at the same time and yet remain lonesome [La television es un medio de entretenimiento que permite a millones de personas oír el mismo chiste al mismo tiempo, y sin embargo seguir a solas]».

 

***************THE END***************

 

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El televisor no lo tires antes de darle la extremaunción. Igual se cura de repente.

Creo entretanto que no se trata del televisor, sino de uno de esos cachivaches que lo acompañan y para cuyo manejo se necesita la carrera de ingeniero electrónico concluida suma cum laude. Veremos, como decía mi colega Homero.

Pues parece que se sanó de repente y sin medicación alguna.

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