Entre   |  Regístrese

Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


Tamaño de texto: A | A | A

13 de abril, 2019

De mi diario : Semana 15 / 2019

 

Weiß/Colonia, 7.4.

La noche de ayer terminó con happy end. A las 7 pm logré recuperar la conexión con internet en la compu portátil de Diny, para gran felicidad de Henri, quien sin solución de continuidad puso manos a la obra para jugar sus juegos preferidos vía Miss Hortensia Google. De ahí en adelante me dediqué a la revisión de las entradas de mi diario, antes de subirlas a Fronterad, y se conoce que la lucha contra la Cibernética me dejó las pilas funcionando bajo mínimos, se me escaparon dos gazapos garrafales que Marcos descubrió ipso fuckto apenas llegaron a la pantalla y así los pude corregir a tiempo. Aunque estaba medio groggy. Menos mal que pasaron un episodio de la primera temporada de Wallander, con Johanna Sällström en el papel de Linda, y eso hizo que la noche terminase como happy end. Y en Escocia. Cheers!

 

Esta mañana, cuando me desperté, lo hice igual que ayer pensando en la imposibilidad material del milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Pero no porque parezca cosa de Harry Potter & Co. sino porque ya entonces, en los tiempos del predicador galileo, debía hacer miles de años desde que el ser humano dejó de comer peces para sólo comerlos pescados. A veces crudos, que así son los sushis, pero decididamente muertos. La única excepción histórica que conozco es la de Kevin Kline comiéndose los de la pecera en la peli A Fish Called Wanda.

 

Vamos Carlitos y yo a visitar a MNV en la residencia de ancianos donde se aloja, y por cierto que uno de los conserjes del edificio es Paul, pero hoy no le tocaba servicio. Encontramos a M en una sala con vistas a la terraza, donde estaba tomando café. Me impone (no, me abruma, me hiere) la presencia de tanto anciano desvencijado, con graves carencias. Al cabo de un rato le pedimos a M que nos muestre su cuarto, y avanzamos por el corredor a un paso lentísimo porque él debe ayudarse con unas andaderas que maneja algo torpemente, tanto que temo que se caiga, y así se lo digo, a lo cual me responde que ya se ha caído un par de veces. Su cuarto es amplio y luminoso, aunque con vistas a la fachada trasera, ciega, de un edificio vecino. M está muy disminuido físicamente, y me temo que también síquicamente. Se ha rodeado de fotos familiares enmarcadas, como un álbum colgado de las paredes. Cuando llevamos casi una hora con él, algo penosa o así me lo pareció, llegaron N y S, grandes amigos de M desde hace años. Tras saludarnos e intercambiar un par de amabilidades, terminamos aliviados la visita. Creo que me resultaría imposible lo de vivir en un establecimiento semejante. Quiero morir en esta casa y que me saquen de ella con los pies por delante. Y con las botas puestas.

 

Weiß/Colonia, 8.4.

0:10 am : Sigue la serie sueca policial nueva, El Réquiem de Estocolmo. Este episodio no es tan bueno como el anterior, pero arroja una luz inédita sobre la incidencia de las redes en la comunicación, por ejemplo, entre la policía sueca y los campos de refugiados en Turquía; se llevan a cabo vía Skype y hay colas del lado turco, porque todos quieren hablar con parientes que tienen en Suecia o dondequiera que no sea el infierno donde [sobre]viven. Y lo más digno de admirar es que la mayoría de quienes se valen de la tecnología cibernética son mujeres, a la búsqueda de sus maridos, sus padres, su familia. Entretanto he adquirido la convicción de que el peor enemigo del Islam es internet. Y el más poderoso, además.

 

Donde Saskia, la pedicura, tan eficaz como siempre. Me pregunta si voy a salir de vacaciones en la Semana Santa y le digo que no, que ya no viajo ni pienso viajar, a no ser a las seis bodas de oro que restan por celebrarse en mi familia neerlandesa. Ella me cuenta que en junio, para su cumpleaños (dos días antes del mío), volará con sus padres y su marido a Los Ángeles, donde alquilarán un auto para recorrer la costa hasta San Francisco. Como jamás he tenido un auto no puedo imaginar qué placer puede sacársele a cambiar las autopistas alemanas por las gringas.

 

Reencuentro en un archivo olvidado mi aproximación a uno de los poemas más emocionantes de Heine, “Wo [=Dónde]”. La transcribo tal como la encuentro : «¿Dónde el cansado de andar / hallará eterno descanso? / ¿En el sur, bajo palmeras? / ¿Bajo tilos junto al Rhin? // ¿Será así que en un desierto / me enterrará mano extraña? / ¿O descansaré en la costa / de algún mar, bajo la arena? / Lo que fuere, acá o allá, / de Dios me cubrirá el cielo, / y a la noche cual lámparas votivas / flotarán las estrellas sobre mí». Diez octosílabos y dos endecasílabos, una chapuza tan grande es casi imposible de imaginar. Pardon, m’sieur Heiné!

 

Luz verde desde la redacción de Nexos para mi artículo sobre los 300 años de la publicación de Robinson Crusoe. Me espera una semana de relecturas intensivas. En especial me alegro por la novela de Golding Martín el náufrago y por Dos años de vacaciones, de Julio Verne. Por cierto que no sé cómo voy a nombrarlo en mi artículo, Julio o Jules. Para mí siempre será Julio, igual que para Cortázar, su tocayo. Pero yo que siempre me he batido en contra de la castellanización de los nombres de los personajes en las traducciones, justamente yo ¿tengo derecho a ello?

 

Weiß/Colonia, 9.4.

1:05 am : Acabo de ver La belle saison [Un amor de verano], una peli a la que deberé volver, ojalá que la programen pronto de nuevo, si no me compraré el DVD, así como también el de La vida de Adèle, para contrastar ambos metrajes. Son hermanos mellizos.

 

En La Modicana, el menú # 1 (sopa de calabacín + macarrones) para Carlitos, espaguetis con rape y espárragos trigueros para mí. Es la primera vez en mucho tiempo que no sólo acabo con el plato sino que, además, agarro un trozo de pan per fare la scarpetta, lo arrebaño hasta dejarlo como recién salido del lavavajillas. Hoy es también, creo no equivocarme, la primera vez este año en que tenemos todo el local para nosotros, el colmo de la felicidad para Carlitos.   

 

Con el correo quelonio me llega un sobre tamaño atlas medieval conteniendo el certificado de mi participación en la X Muestra Abierta de Poesía de Alcanar, en la provincia de Tarragona. Sólo recuerdo  vagamente que hace meses me pidieron permiso para leer algunos poemas míos en esa Muestra, y como con ello no le hacía mal a nadie, lo autoricé. Ahora me lo premian no sólo con ese certificado sino también con un espléndido dibujo de Cinta Sabaté, el # 48 de una edición de 60. Ipso fuckto le escribo a Tomás Camacho, que es el Deus ex machina detrás de todas estas aventuras culturales en el delta del Ebro: «La obra de Cinta Sabaté ya encontró su hueco en las paredes de esta casa. Puedes decirle que está en la mejor de las compañías: Equipo Crónica, Eduardo Arroyo, Juan Manuel Seisdedos, Isabel Tallos, Francisco Amighetti, Günter Grass, Marie Marks, HAP Grieshaber, Horst Janssen, Michael Mathias Prechtl, Hermann Hesse, Joseph Beuys e tutti quanti». 

 

Weiß/Colonia, 10.4.

En un email de antier me decía Javier que tenía que cortar el “rollo macabeo”, expresión que  menda no conocía. Ayer, en otro email, me dijo que la empezó a oír en sus tiempos teatreros de Sevilla (1960/1970), y al final me cuenta una anécdota de aquellos días: «​Estábamos montando Julio César en las ruinas del castillo de Alcalá de Guadaira, y Guzmán [un periodista amigo] el primer ensayo con vestuario lo juzgó así: "Ahora entiendo la caída del Imperio Romano"». Me encanta esa salida y le contesto que «la mejor anécdota teatral que conozco es la siguiente: El canciller federal Helmut Kohl, que se mantuvo en el cargo durante 16 laaaargos años, vivía en Oggersheim, un pueblo de unos 25.000 habitantes en el Palatinado, y tomó la costumbre de invitar a los visitantes ilustres –desde Mitterrand hasta Gorbachof– en su pueblo, con la comida típica de allá, el Saumagen (nombre del plato), un amasijo de carne de cerdo y papas, cocido en tripa de cerdo. De tal manera que hizo famoso a Oggersheim no sólo en Alemania, sino hasta el punto de que se volvió un centro de atracción rurística. Y entonces las mujeres de Oggersheim, campesinas en su grandísima mayoría, tomaron la decisión de aprender inglés, para no quedarse mudas ante los turistas que llegaban a su pueblo. Dicho y hecho. Y con éxito tan grande que el profesor de inglés las quiso gratificar con la asistencia a una representación de Hamlet, por una compañía inglesa, en Fráncfort. Como te puedes figurar, se emperifollaron (¿se sigue usando este verbo en la vieja España?) y viajaron en un autobús charter a la ciudad natal de Goethe. Con lo que no contaron es con los embotellamientos en la autopista: llegaron al teatro cuando la función acababa de comenzar y ya se habían cerrado las puertas. Fue tan grande su decepción que lograron ablandar a uno de los acomodadores, quien se avino a dejarlas entrar en fila india y sin hacer el más mínimo ruido. Y así lo hicieron y ya estaban dentro cuando el centinela descubre en las murallas al fantasma del padre de Hamlet y grita “Who’s there? [¿Quién está ahí?]” a lo que una fresca voz femenina le contestó desde el patio de butacas, en perfecto inglés con acento del Palatinado: “We are the peasants of Oggersheim, who have arrived a little late because of the traffic [Somos las campesinas de Oggersheim, que hemos llegado un poquito tarde por culpa del tráfico]”. La carcajada fue general, el teatro se venía abajo de la risa. Hubo que suspender la función hasta que pasara el ataque de hilaridad».

 

Todo el día echando balones fuera para poder concentrarme a partir de mañana en el artículo acerca de Robinson Crusoe y sus secuelas. Ciertamente deberé mencionar a los robinsones aún más involuntarios que unos naúfragos, por ejemplo Napoleón, o los miles de prisioneros que cumplieron sus condenas en penitenciarías insulares. Un caso patético fue el de aquellos miles de soldados franceses que tras la derrota de Bailén fueron confinados en las Baleares, en la isla de Cabrera, una catástrofe humanitaria que debería pesar como vergüenza en la memoria de los españoles, pero de la que no saben nada porque ni se reseña en los libros escolares de Historia. Y que yo sepa, sólo Jesús Fernández Santos se ha ocupado literariamente del tema, en su novela de 1981 titulada con el nombre de la isla. Ni siquiera Galdós menciona estos hechos en alguno de sus Episodios Nacionales, aunque pudiera ser que por desconocimiento de los mismos, ya que sobre ellos se extendió un vergonzante manto de silencio durante muchos años.

 

Weiß/Colonia, 11.4.

Llega Diny con una mala noticia: al parecer va a ser necesario operar a Paul a consecuencia de su accidente jugando al fútbol, los médicos han detectado que hubo una rotura de ligamentos, ahora, cuando ya casi habíamos olvidado el accidente. A esta altura del partido, uno no sabe a quién mentarle su requecontrarremilputísima madre. ¿A Hipócrates el primero?

 

¡Chévere! Le regalé un tuit a Otraparte, la espléndida corporación cultural de Medellín, y me dan la sorpresa de que Twitter, ¡por fin!, admite las cursivas:

https://twitter.com/otraparte/status/1116411142870589440

¡Aleluya!, como dizque gritan durante sus orgasmos los miembros del Opus Dei.

 

Me escribe Suzana diciéndome que me ha buscado en los dominios de Miss Hortensia Google y se encontró con nada menos que 3.450.000 entradas. Le contesto que eso se debe con absoluta seguridad a que me buscó escribiendo mi nombre en la ventanita de búsqueda sin ponerlo entre  comillas: de ese modo, Miss Google le abre el acceso a todos los Ricardos y todos los Bada que hay registrados en su prodigiosa memoria. Poniéndolo entre comillas, sin embargo, tan sólo se abren 70.700 entradas, lo que tampoco significa que todas estén relacionadas conmigo: según pude rastrear una vez, hay no menos de 20 Ricardos Bada en el mundo: incluyendo a mi padre, que en paz descanse, en mi propia familia seríamos seis.

 

Weiß/Colonia, 12.4.

Todo el día enfrascado en la escritura de mi artículo para Nexos sobre las secuelas de Robinson Crusoe, a 300 años de su publicación. Es tal la plétora de material que fui arrumando y que debí manejar, que cuando ayer le dediqué buena parte del día a ordenar la materia prima y organizar un esquema del texto, hubo un momento en que casi estuve a punto de tirar la toalla, la esponja, el taburete y hasta el segundo. Sólo que el segundo era yo mismo, o mi otro yo. Sea como fuere, acabo de mandarle el borrador (porque no puede ser sino un borrador) a mi consejo asesor de siempre y un par de buenos amigos con unos buenos ojos lectores. Ojalá no me dejen pasar un solo fallo. Yo, ahora, me dispongo a ver Apocalyse Now en el montaje de Coppola, repantigado en una tumbona de la cubierta del último ferry nocturno a Escocia. Cheers!

 

Weiß/Colonia, 13.4.

3:00 am : Acabo de ver The Boat, That Rocked [Radio Encubierta, en España, título estúpido hasta decir basta, mejor Los piratas del rock, como en América Latina] y ha sido una gozada, he regresado al tiempo de mi noviazgo con Diny; cuando nos citábamos casi cada fin de semana en Holanda el fondo musical siempre era Radio Veronica (sin acento en neerlandés). Se trataba de una emisora pirata, que transmitía desde un barco anclado fuera de las aguas jurisdicionales de los Países Bajos, y lo que transmitía 24 horas al día todos los días de la semana, esa era nuestra música, la música de los 60s, la que impuso su sello a lo que terminaría siendo el Mayo del 68. Es el mismo caso de la Radio Rock de esta peli, la música la misma, el ambiente el mismo (la revoluciòn sexual en marcha), el despiporren y la sacada de lengua a la autoridad lo mismo. Pero el desenlace no. Kenneth Branagh se luce en el papel del ministro de Comunicaciones que podría ser por la conducta un Goebbels y por el aspecto un Hitler, estupenda su caracterización. Así como la del resto del reparto. Una peli coral para ver una y mil veces.

 

Ayer, embalumado como estuve todo el día con el texto sobre las robinsonadas, no reseñé que me sentí como si el tal Ratzinger me quisiera tomar el pelo, a mí y a toda la generación del 68, que puso el mundo patas arriba. Ahora resulta que fuimos nosotros, los 68eros, quienes somos los culpables de los abusos sexuales de los sacerdotes católicos con menores de edad, nosotros los maleamos con nuestro mal ejemplo. ¿Habrá que regalarle a Ratzinger los diez tomos de la Historia criminal de la Cristiandad, de Karlheinz Deschner, o quizás mejor la edición puesta al día en 1992 de su ¡Qué cruz con esta Iglesia! Una historia sexual de la Cristiandad? Hace unas semanas, en mi columna de El Espectador caractericé a Bergoglio como “mucho ruido y pocas nueces”. En cuanto a su predecesor, el tal Ratzinger, a quien todos le atestiguan una soberana inteligencia, no se me ocurre otra cosa que aquello que mi abuela Remedios, tan bella y sabia, decía de alguien que le parecía un caradura: «Tiene más cara que un puesto ‘e muñecos».

 

*****************THE END*****************

Compartir

ImprimirImprimir EnviarEnviar
Inicie sesión o regístrese si quiere identificar sus comentarios.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Rellene el código de la imagen / Resuelva la operación matemática

(*) Campos obligatorios

Al enviar tu comentarios estás aceptando los términos de uso.

ISSN: 2173-4186 © 2019 fronterad. Todos los derechos reservados.

.