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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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23 de mayo, 2015

De mi Diario / Semana 21 / 2015

 

Weiß/Colonia, 17.5.

Día desapacible y atmósfera pesada, no le dan ganas a uno de hacer absolutamente nada, ni tan siquiera ir al cine, que lo estuve pensando ayer, proponérselo a Diny hoy durante el desayuno. Pero al levantarme de la cama y abrir la ventana para orear el cuarto, la sola idea de proponérselo me dio pereza. Qué bueno que no le dije nada todavía, le evité una frustración.

 

Larga y sabrosa plática con Esther, ya de vuelta en su Berlín, tras casi un mes en la Argentina. Pero no me trajo el chajá que le pedí que me comprase en Montevideo, adonde también fue a presentar Microcósmicas, su último libro. Ay, los amigos no son ya más lo que nunca fueron.

 

Terminó la transmisión de Broadchurch, el 4º capítulo de la primera temporada. Tiene mucha  garra esta serie, de lo mejor que se ha producido en mucho tiempo; es bueno saber que ya se filmó la segunda temporada y que se proyecta la tercera. Lo que me extraña es que en Wikipedia he leído que el rodaje se llevó a cabo en «los Acantilados Blancos de Dover», porque los de la serie no tienen nada de blancos, son de color siena. Yo asocio a Dover el color blanco desde que tenía seis años, cuando vi en un cine de verano, el Colón, junto al viejo campo de fútbol del Recreativo, el Velódromo de Huelva, una de las primeras pelis que recuerdo en mi vida, Las rocas blancas de Dover. No la he vuelto a ver nunca más, y en ella, por cierto, aunque no la registran los créditos, me entero de que hizo su aparición una jovencísima Elizabeth Taylor.

 

Weiß/Colonia, 18.5.

2:30 am : Acaban de pasar en el canal Arte Los cuentos de Hoffmann, con Diana Damrau. Inspirada en sus cuatro papeles, pero impresionante sobre todo en su actuación como Olimpia. No hay, creo, una cantante de su categoría que al mismo tiempo sea tan consumadísima actriz. ¡Y qué gozada la puesta en escena, esta de Múnich!

 

Desayunando me salta a la vista, desde el diario, una esquela fúnebre muy peculiar. Además de la clásica, a la derecha, signada por la viuda, la hija y los nietos, aparece a la izquierda otra del mismo tamaño, firmada por el difunto, quien dice lo que sigue: «Aquí me despido de todos los que me conocieron. Les agradezco a mi querida esposa Madlind, mi hija Eva y los nietos Ben y Louis, y a los amigos que enriquecieron mi vida. // Aquellos a quienes les caía mal, descansarán ahora de mí, y yo de ellos. // Tal vez nos volvamos a ver todos». Lo menos que se puede decir de una esquela como esta es que el finado poseía un buen sentido del humor.

 

Me llega la noticia de la muerte de Óscar Collazos. No llegué a conocerlo personalmente hasta el año 1998, en Bogotá; a pesar de su estadía en Alemania, nunca llegamos a coincidir en ninguna parte. En Bogotá, y ya en el recinto de la feria del libro, aquel año dedicada a Alemania, pronto se me acercó para preguntarme si le daría una entrevista para un programa suyo de TV. Y claro que sí, yo era un invitado oficial de la feria, no podía negarme. La hicimos en una sala, sentados, y el resto peripatetiqueando por el recinto. Por cierto que le dije que sabía cual era la canciòn de Elvis preferida por su camarógrafo. «¿Cuál?» «”Zapatos azules de gamuza”, fue lo primero que filmó de mi persona, mis zapatos». Nos reímos de buena gana porque los dos sabíamos que ese es un truco para comenzar la filmación. Pero además la verdad es que yo ese día iba calzado con zapatos azules de gamuza como para bailar el rock. Es más, eran unos zapatos que apenas los vi en una tienda de la Severinstrasse, de Colonia, entré a comprármelos en honor de Elvis. De esto y otras cosas platiqué aquél día con Óscar, la única vez que nos encontramos.

 

En la cuenta @viajerovertical encuentro esta cita de Tolstói sobre su esposa: «Me ha arruinado también el diario, ya escribo pensando en la posibilidad de que me lea». No es mi caso porque, afortunadamente, a Diny no le gusta mi forma de escribir, le gusta la de Juan Cruz, a quien lee con devoción y, según tengo entendido, a diario.

 

Weiß/Colonia, 19.5.

1:30 am : Las acacias me ha llegado muy hondo. Una peli sin música y casi sin diálogos, pero con una fuerza visual casi magnética. ¿Y qué cuenta?  El viaje de dos adultos y un bebé de sólo cinco meses a bordo de un viejo Scania sin cinturones de seguridad ni (al parecer) radio, entre Asunción de Paraguay y Buenos Aires. El camionero y la madre soltera que el dueño del camión le pide que la lleve en su viaje a Baires con un tráiler cargado a tope de madera de acacias. Casi no tienen nada que decirse pero cuando termina la peli los conocemos como si fueran nuestros amigos de toda la vida. Con él, en las cantinas donde se detienen, recupero el gesto de servirte el agua de un sifón. Y me hago reflexiones tales como que conducir un camión ¡de ese porte! chupando del mate debería estar tan prohibido como conducir telefoneando con un móvil en la mano. Peli para volver a ver todas las veces que la pasen.

 

Recibo a ½ mañana la llamada del Dr. Ruppert para comunicarme los valores del último análisis de sangre. Todo en orden, hasta los valores hepáticos se han reducido. «Usted ha bebido menos whisky en los últimos tiempos», me comenta, y le cuento que en las últimas dos o tres semanas me pasa muy a menudo que me quedo dormido con un sueño súbito delante del televisor, y que Diny me tiene que venir a despertar a las 3:00, 3:30 am, para hacer que me vaya a la cama, con sólo dos (máximo tres) whiskies encima, en vez de los cuatro o cinco (o seis) que eran la norma. Él opina que eso se debe a que el Doxepin me produce cansancio y me pregunta si creo posible reducir la dosis de ½ pastilla a ¼, a lo cual le contesto que creo que no, porque se desmoronaría. Entonces me dice que me mandará una receta de Doxepin 10 (el que tomo en la actualidad es Doxepin 50), y que le cuente dentro de un mes cómo me siento. Después de colgar me quedo pensando que en realidad, y si el efecto es el que él espera, su consejo es una tácita aprobación a mis viejas dosis de whisky diario. Ahora queda esperar qué me cuenta el endocrinólogo, a quien tengo que llamar el jueves, del otro análisis de sangre para diagnosticar la causa de mis sudores. Creo que voy a releer Knock, o El triunfo de la medicina. Como terapia de apoyo sicológico.

 

En La Modicana, hoy, de nuevo, Carlitos experimenta. Y al final vuelve a decirme lo mismo que me dice siempre que lo hace. Que no volverá a experimentar. Sonrío, mefistofélico.

 

Encontré un sutilísimo tuit alemán protagonizado por el ex canciller Helmut Schmidt, con sus 96 inviernos a cuestas; decido traducirlo, pero latinoamericanizándolo, y una vez llevado a cabo el trueque, se lo regalé a mi taruguita querida, que lo subió a su cuenta:

 

Weiß/Colonia, 20.5.

1:05 am : Final de la segunda temporada de Masters of Sex. Me temo que en la 3ª temporada van a estirar demasiado la cuerda y se va a romper de manera irremisible. En cualquiere caso esta no pudo superar la hipoteca cualitativa que le dejó la primera. Sin que eso quiera decir que sea mala porque no lo es. Lo jodido es que no es ni buena ni mala, sino todo lo contrario.

 

Últimamente sueño durante las siestas, y de una manera muy vívida. Hoy, por ejemplo, acabo de soñar que estaba en una reunión de amigos, en un lugar que no consigo localizar, y en el que de repente se me presenta sonriendo, con un libro bajo el brazo, Roque Guillermet. Me quedé de piedra, pero la alegría se sobrepuso a la sorpresa y lo saludé apretándole y sacudiéndole con toda cordialidad los hombros mientras le preguntaba que dónde carajo se había metido todo este tiempo. Empezó a contarme y fue en ese momento que me desperté, y pasó un largo minuto antes de que constatara que había vivido un sueño. El pobre Roque murió de manera prematura (¿cuántos años tendría, cincuenta?) hace ya más de un cuarto de siglo.

 

Leyendo apasionadamente la biografía de Hölderlin por Helena, descubro una estrofa de la “Oda a la Alegría“ que desconocía por completo. Es demasiada ingenuidad por mi parte, pero confieso que cuando ya sabía bastante alemán me aprendí de memoria el texto de la oda en el cuaderno que acompañaba la primera edición integral de las nueve sinfonías de Beethoven que he poseído en mi vida como propia, aquí en Alemania, en 1964 (la anterior que compré fue en 1960, como factótum de la discoteca de Radio Popular de Huelva). Inocente que soy pensé que ese texto era la oda completa, y nunca me preocupé de buscar su texto en ningún otro lugar. Inocente y despistado de marca mayor, porque ya la palabra “oda” tenía que haberme alertado en el sentido de que no podía ser tan breve, y mucho menos siendo la obra de un romántico desaforado, como Schiller cuando la pergeñó. Pero ahora, gracias a este rodeo por la obra de Hölderlin, mejor dicho, gracias a Helena, me encuentro con una de las estrofas que el más bien ascético Beethoven desterró de su composición, y busco con la intrépida ayuda de mi buena amiga Miss Hortensia Google si es que hay una versión completa en castellano de la oda de marras. Y la hay, en una una traducción “interpretativa”, como él mismo la llama, de Santiago Sevilla. Y en ella, la estrofa en interdicto beethoveniano suena así: «La alegría se derrama, / de exuberante copón. / Hasta el caníbal reclama / paz y conciliación. / Valor, el desesperado, / que de este vino ha gustado. / Hermanos, resurrección, /cuando este cáliz pasa / y el espíritu rebasa / la más loca ensoñación. / Brindo por la creación, / que es, de Dios, sublime acción». Me llevo las manos a la cabeza porque poco o nada tiene que ver esta ¿“interpretación”? con el original, que traduzco ahora siguiendo fielmente el original: «La alegría bulle en las copas, / en la dorada sangre de la uva. / Ternura beben los caníbales, / heroísmo la desesperación. / Hermanos, volad de vuestros asientos / cuando el cáliz lleno hace la ronda. / ¡Dejad su espuma salpicar el cielo / a este vaso del buen espíritu! / Que alabe al vértigo del firmamento. / Que celebre el himno de los serafines. / Este vaso al buen espíritu, / allá arriba sobre la carpa del cielo». 

 

Weiß/Colonia, 21.5.

Como convenido, llamo a las 12:45 al endocrinólogo, quien ya regresó de sus vacaciones en La Palma y tiene a la vista los resultados del análisis de sangre que me hicieron mientras él andaba pateando la isla. Me dice que todos los valores están en orden, de lo que se alegra (¡y yo, qué carajo!), todos menos uno, y es un flagrante déficit de vitamina D, vitamina que no se puede ingerir a través de los alimentos sino que depende de estar al aire libre expuesto al Padre Sol, a quien casi no veo porque es muy poco lo que salgo de casa. Pero, me asegura mi buen Dr. Deuß, es una vitamina que puede ingerirse en cáspsulas, y me va a enviar una receta, con la indicación de que debo volver dentro de ocho semanas para controlar los resultados. Confieso que cuando nos despedimos siento cómo se me ha quitado un considerable peso de encima.

 

Weiß/Colonia, 22.5.

En el foro de mi columna de hoy en EE, de Bogotá, respondí a un comentario que se me hacía y usé al hacerlo el verbo “chequear” [por cierto que ya admitido en la Real Academia Española © Todos los derechos reservados], y uno de esos puristas profesionales que pululan por Colombia como una plaga egipcia inerradicable, uno que se escuda en el seudónimo Marmota Perezosa, me dejó este baldón dizque irónico al pie de mi respuesta: «chequear, spanglish????????», una ristra de signos de interrogación que denotaban su escándalo ante mi sacrilegio. Pero le salió el tiro por la culata porque le contesté así: «Para Marmota Perezosa : Sí, chequear. ¿Y qué? ¿Usted cómo dice, fútbol o balompié; garaje o cochera; burocracia o aparato administrativo; barco de cabotaje o embarcación que navega sin perder de vista la línea de la costa; iceberg o masa de hielo flotante de la que sólo una novena parte emerge de la superficie; cine o captación y proyección sobre una pantalla de imágenes fotográficas en movimiento? ¿Tiene usted la menor idea de la cantidad de anglicanismos, galicismos y toda clase de ismos que usa al cabo del día? Sólo para que me deje en paz de una maldita vez con ese purismo trasnochado, sepa usted que "marmota" es la castellanización del francés "marmotte". Y que le baste ya con eso». Pero es recalcitrante el hombre, y me contesta: «Sr. Bada: Iceberg se traduce como témpano. No se enfade que soy un admirador incondicional de su columna y de su erudición». Con lo cual me obliga a responderle, y lo hago: «Gracias por su incondicional admiración, y mejor será que consulte el diccionario y vea cómo define al témpano ("pedazo de hielo") y al iceberg ("gran masa de hielo flotante"): la diferencia salta a la vista. Llamar iceberg al carámbano (el témpano que cuelga de los tejados de las casas en los países fríos) ¿no le parecería excesivo? Pues lo mismo al contrario, ya que igual puede pecarse por exceso que por defecto. Vale». Puristas a mí, qué risa, María Luisa.

 

Weiß/Colonia, 23.5.

1:20 am : Este, “The Magdalen Martyrs”, es el mejor episodio de la serie de Jack Taylor, el detective privado en Galway, en la Irlanda profunda. Tiene que ver fundamentalmente con los crímenes (no hay ninguna otra manera de nombrarlos) cometidos por las requeterremilputas monjas magdalenienses contra sus pupilas, uno de los capítulos más tenebrosos de la Historia criminal de la Iglesia católica en uno de sus feudos más retrógrados. Hay una gran peli de Peter Mullan sobre el mismo tema, la he visto no sé cuántas veces, Las hermanas de la Magdalena. Por cierto que en la serie de Jack Taylor, su amiga Kate Noonan, agente de la Garda [Policía], la interpreta Nora–Jane Noone, una de las pupilas del convento en la peli de Peter Mullan. Irlanda es tan chiquita (70.723 km²) y escasa en población (menos de cinco millones en el 2013, gracias por los datos, Miss Hortensia) que posibilita estos guiños.

 

Descubro un tuit alemán que también pienso traducir, veremos a quien se lo regalo:

[Los escoceses inventaron el whisky Single Malt. No pueden ser sino buena gente].

Y después de traducirlo, qué más propio que decir Cheers!

 

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