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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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18 de junio, 2016

De mi Diario / Semana 25 / 2016

 

Weiß/Colonia, 12.6.

Vamos con Montse, Frank y Henri al café y torta tradicionales por el cumpleaños de Vincent. Descubro, mirando la habitación de Vincent, y una foto que me muestra luego Montse en su i–Pad (o i–Pod o como se llame), que tanto Vincent como Oskar tienen colgada la bandera española en sus respectivas ventanas. Yo por mí colgaría la del Perú, si no padeciese de una alergia incurable a los goles cometidos a mano armada. La de Dios o la de su señora madre.

 

Asesorado por sus padres y con el apoyo económico de ellos (50/50), Oskar me regala por mi cumpleaños una botella de un whisky Single Malt de 10 años, de la isla de Mull, archipiélago de las Hébridas interiores, uno de los santuarios del whisky escocés. Amén de ello recibo una bolsa de chocolatinas suizas (sólo las belgas son mejores), un bono para comprar en Amazon (me valdrá para completar mi colección de Adam Dalgliesh, de la que me faltan tres novelas) y una foto enmarcada de Henri vistiendo la camiseta de Götze :


 

Me hace recordar el Mundial de Brasil, hace dos años, cuando durante los partidos de la fase previa un tuitero alemán sacó un tuit referido a Götze, diciendo que se había celebrado un concurso de imitadores de una ardilla, y que el segundo premio fue para una ardilla, pero el primero lo ganó él. Y luego, en la final, aquel gol de ensueño que valió el Mundial... Una de las cosas que más nos gustaban a Benedetti y a mí, cuando nos reuníamos, era contarnos los goles de ensueño que no llegaron al marcador. Contándome uno de Pelé contra Mazurkiewiz, el arquero de la celeste, supe que Mario era poeta, casi más que por sus poemas. Dicho sea de paso, el de Götze en la final de Maracaná es casi una segunda edición de alguno de los goles más típicos de Pelé, recibiendo la pelota con el pecho y chutando sin dejarla caer al césped.

 

Alemania vs. Ucrania. ¡Ah ese gol de Schweinsteiger en el tiempo suplementario y cuando sólo llevaba un minuto en el campo! El dios del fútbol premia así a sus elegidos.

 

Weiß/Colonia, 13.6.

Rebeca en casa ayudando a Diny en el zafarrancho de limpieza de este apartamento, donde del 30.6. al 7.7. (¡san Fermín!) residirán la Nena, mi sobrina Mónica y su hija Nuria, de 11 años, es decir, una delegación de las tres generaciones de los Badas de Huelva. El apartamento debe lucir como los chorros del oro, y este zafarrancho organizado por Diny nada más respetó mi despacho (hasta ahora, oremus), pero sólo porque delante de la puerta alcé un muro semejante al de Berlín y contraté perros pastores alemanes para vigilarlo.

 

KN, después de leer la columna de HAF sobre Borges, me escribe lo siguiente: «Borges: considero, y es asunto personal, ha sido "sobrevendido", más como fetiche de moda que como grande de la literatura, y no lo digo por HAF, que a fin de cuentas tiene su relación directa con él, sino por la farándula mediática de los intelectualoides posudos del entorno, lo que lo hace sujeto de mi apatía hacia su obra, tal y como alguna vez me pasó con la de GGM. Ya llegará y si no llega, pues ni modo, ni tiempo de conocer su obra. Un "admirador" más o menos no afectará su gloria». Le contesto: «Borges: te recomiendo leerlo. Lo que más me gusta de él es su destreza en el uso del lenguaje y su infalible ironía. Te recomiendo empezar por leer una obra que los intelectualoides posudos de los que hablas llamarán "menor", sus Textos cautivosque te cautivarán. Son textos mercenarios escritos semanalmente para una revista destinada a la familia, llamada El Hogar, y constituyen una formidable guía de lecturas. Yo, por lo poco que valga la pena de lo que he escrito, estoy en una deuda impagable con Borges».

 

Weiß/Colonia, 14.6.

1:50 am : Acabo de sufrir uno de los peores shocks traumáticos de mi vida. Me puse a ver en el canal NDR, una peli calificada *****, con Anne Hathaway como protagonista, y que creía no conocer... pero mientras avanzaba iba reconociendo todas y cada una de las escenas, una señal indubitable de que sí la conocía, pero era una sensación, un sentimiento de lo más angustioso, porque sí estaba en condiciones de reconocer las escenas simultáneamente con la proyección, pero no de anticipar las que seguirían, que es lo que suele pasar cuando uno se sabe una peli de memoria. En suma, descubrí que, por lo menos en lo que se relaciona con esta peli, debo tener un alto % de alzhéimer. Y me eché a llorar preguntándome qué valor de fiabilidad tienen mis recuerdos, los que quiero preservar para lectura de mi familia, para que no me olviden.

 

En La Modicana, con Diny y Carlitos. La signora contenta porque Italia ganó ayer a Bélgica. Menos mal que no me preguntó si había visto el partido. Hubiera tenido que decirle que no veo un solo partido que juegue Italia, por la sencilla razón de que amo el fútbol.

 

Hoy, a las 6:00 pm en Burdeos, primer partido del grupo F de la Eurocopa, Austria vs. Hungría. Leí hace tiempo ya no sé dónde que Otto de Habsburgo, el último vástago de la dinastía que gobernó durante siglos el imperio austro–húngaro, escuchó decir a su lado con ocasión de un evento como este: «Vamos, tenemos que apurarnos para no perdernos el Austria–Hungría». Y don Otto, imperial a carta cabal, preguntó: «¿Contra quién jugamos?»

 

Esta Eurocopa es un saco de sorpresas, de las cuales la que más me gusta hasta el momento son los cánticos vikingos de los islandeses, ¡qué gozada!, en contraste con los amorfos, homínidos alaridos de las demás hinchadas. Hay especialmente uno de esos cánticos que me cautivó, y que es la exhalación como de un “¡Uhhhhhh!”, repetido a intervalos cada vez más reducidos hasta alcanzar la sonoridad semejante a la de un tren expreso adquiriendo velocidad, parece algo así como un versión coral a capella de Pacific 231, de Honegger. Y los portugueses se fueron a los vestuarios con el rabo entre las piernas, en especial ese tal Ronaldo que considera un delito de lesa majestad el que le piten offsides, ¡si será cretino más que cristiano!

 

Weiß/Colonia, 15.6.

1:00 am : NS, tan querida, me pidió un texto de unas 200 palabras para la contraportada de su nuevo libro. Se las envío: «Al pie de estas letras, 212. Son el fruto de dos jornadas de trabajo intenso y remunerador, he aprendido muchas cosas con él. Fundamentalmente, y como nunca había escrito contraportada ni solapa de ningún libro, para encontrar el tono justo me dediqué a [re]leer calculo que alrededor de un centenar de solapas de libros de la Colección Austral. No sé si lo sabés, pero esas solapas eran uno de los trabajos mercenarios de Ramón Gómez de la Serna. Luego, pertrechado ya de la posible mejor estructura, empecé a escribir teniendo en mente que las dos primeras líneas eran las decisivas, como el golpe de timbal en la sinfonía homónima de Haydn. Y creo que al menos esas dos primeras líneas (se me ocurrieron en la duermevela de la mañana de ayer –acá ya es miércoles–) abren el apetito para leer el resto. En fin, yo te lo mando, y si te sirve, miel sobre hojuelas, pero si no, te ruego que le pases el encargo a otro y para nada me enfadaré por ello. Se trata de tu libro y tenés todos los derechos del mundo (y de Jerez, como decimos los andaluces) para decidir qué palabras no tuyas lo presentarán en sociedá. Un besote, y te dejo, que suena la sirena del último ferry rumbo a las Hébridas interiores. SC».

 

En el diario, como todos los miércoles, el cuaderno dedicado a Viajes, y hoy en él una ½ plana acerca de la saca de las yeguas en el coto de Doñana. No hay ni una sola referencia a que esta tradición de más de cinco siglos pudiera desaparecer, y con ella otra especie animal, la yegua marismeña. ¿Dónde se informan los reporteros que escriben sobre eventos como este?

 

Weiß/Colonia, 16.6.

Lo primero que hago al levantarme es ver si Gmail.com me ha restituido la cuenta postal que me cerró ayer por incumplimiento de alguna de sus condiciones de servicio. Como no me dicen cuál de ellas, reclamé, dos veces, a lo largo de la tarde, y en vista de sus respuestas robóticas, no personalizadas, la tercera vez los mandé a la recontrarremilgranputa que los remilparió. Me temo que esta vez no me la van a volver a habilitar, pero es que estaba hasta la punta del pelo, para no decir hasta los cojones, de tanto destrato al usuario. Amén de que si es verdad que son robots los que procesan nuestros mensajes, el tercero mío no habrá conseguido descifrarlo.

 

Hoy es Bloomsday, siento nostalgia de Dublín, de los dos viajes que hicimos Willy y yo para el 75.º y el 100.º aniversario del día en que transcurre Ulises, de Joyce. En 1979 creo que fuimos los únicos transeúntes recorriendo los caminos de la novela. En el 2004 eran multitudes. Como buenos pioneros, nos sentimos orgullosamente perdidos entre ellas.

 

5:00 pm : Inglaterra vs. País de Gales: alcancé a ver el segundo tiempo, después de la siesta y cuando Gales iba ganando por 1:0, resultado que mi ⅛ de sangre galesa («sacado de la cuna de los Meredith», dice Joyce en un lugar de su Ulises) saludó con entusiasmo. Yo no sé realmente si es un ⅛ o acaso tan sólo la ½, un dieciseisavo, porque ya mi abuela materna, Joaquina, escribía Merédiz, o sea, que el apellido se había castellanizado en al menos dos generaciones.

 

11:00 pm : Alemania vs. Polonia: La letra del himno polaco comienza con el verso «Jeszcze Polska nie zginęła [Todavía no se ha perdido Polonia]», pero los dos que me interesan más, sobre todo interpretándose el himno en Francia, como hoy, son aquellos que dicen «Dał nam przykład Bonaparte, jak zwyciężać mamy [Bonaparte nos dio el ejemplo / de cómo debemos vencer]». Pero por el resultado del encuentro, 0:0, se diría que no fue tan buen maestro.

 

Weiß/Colonia, 17.8.

1:00 am : En vista de que no me habilitan la cuenta Gmail.com les envío este despacho, como se dice en términos diplomáticos: «¿Cuánto tiempo piensan dejarme inhabilitada la cuenta?  Soy periodista y la necesito. Ustedes me están provocando a que busque un abogado que les obligue a explicarme por qué me han inhabilitado la cuenta, cosa que hasta ahora no han hecho, ni esta vez ni la vez anterior. Ustedes se comportan en todo y por todo contra la presunción de inocencia. Sencillamente se arrogan el derecho de condenarme sin explicarme la causa de la condena. Es la última vez que les pido una explicación, hijos de puta».

 

A las 8:09 pm, Gmail.com se dignó devolverme el uso de mi estafeta virtual. Sin darme la más mínima explicación de por qué me tuvo a pan y agua durante dos días, cada uno largo como el Credo. Por de pronto lo primero que hice fue exportar mi libreta de direcciones, íntegra, a la cuenta secreta que tengo en Yahoo. Y me abriré una cuenta nominal, en hotmail.com, como me aconseja mi deuda estherna, para que la próxima vez que suceda algo semejante, cancele ya sin más mi relación con Gmail.com. Y ahora nos toca ver España vs. Turquía: «en la lona gime el viento / y alza en blando movimiento / olas de plata y azul; / y ve el capitán pirata, / cantando alegre en la popa, / Asia a un lado, al otro Europa, / y allá a su frente Estambul».

 

Terminó esta noche la transmisión de la primera temporada de los misteriosos casos resueltos en Melbourne, en los años 20 del siglo pasado, por una detective atípica, Phryne Fisher. Es una serie asimismo atípica. Me gustó verla, pero más que nada por la reconstrucción ambiental, es de una calidad inusual, casi BBC. Y casi lo que menos interesa es el caso criminal de que Miss Fisher se ocupa en cada episodio. Prometo ver la segunda temporada si la pasan, pero si atino en lo que sospecho, el público alemán no ha conectado con la primera, es demasiado refinada para su paladar, hecho a otros sabores más agrestes. Ergo, pulgar p’abajo.

 

Weiß/Colonia, 18.6.

A las 11:00 am me despierta Henri, cuya llegada a esta santa casa estaba prevista para las 2:00 pm. Y el motivo de despertarme no es el amor filial, aunque me dé un beso, es que la abuela no sabe programarle la versión alemana del DVD de Stars Wars, que quiere ver a toda costa antes de que comiencen los partidos de fútbol: ¡piensa ver los tres! Oremus!

 

Sigo leyendo en paralelo las memorias de Tennessee Williams y la biografía de Eleanor Marx, y me divierte pasar de un siglo al siguiente (y regresar luego al anterior) por el túnel del tiempo de ambos libros. El capítulo de la biografía que acabo de terminar está dedicado a presentar al lector al Dr. Edward Aveling, quien terminaría casándose con la hija pequeña del moro [dentro del círculo familiar y más íntimo, a Marx lo llamaban así, “der Mohr”]. Me ha interesado sobre todo una visita que el Dr. Aveling y un colega alemán, ambos corifeos del ateismo, le hacen a Darwin en septiembre de 1881. Darwin quiere informarse acerca de qué es lo que entienden por ateismo y sus visitantes le explican que el prefijo griego A tiene una naturaleza suspensiva, no es en modo alguno una negación, así es que, dice Aveling, «mientras que no cometemos la necedad de negar a Dios, con el mismo cuidado evitamos la necedad de sostener su existencia». Darwin: «En espíritu estoy con ustedes, pero preferiría la palabra “agnóstico” a la palabra “ateo”». Aveling le replica que “agnóstico” significa lo mismo que “ateo”, pero cortésmente expresado, mientras que “ateo” significa lo mismo que “agnóstico”, expresado de una manera agresiva. Materia para reflexionar, a fe mía.

 

11:00 pm : Alcancé a ver, codo a codo con Henri, el ¼ de hora final del Portugal vs. Austria, y lo que he visto me ha movido a buscar en mis archivos el de las décimas que pergeñé cuando el Mundial 2006, acá en Alemania. Y encontré la que buscaba :

No ha habido en este Mundial

un equipo más farsante,

lacrimógeno y tunante,

que el once de Portugal,

notable por lo teatral.

Once intérpretes de fama,

que hacían del césped cama

si los empujaba el viento:

¡cuánta caída sin cuento

sobre la inocente grama!

 

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