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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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11 de agosto, 2018

De mi diario : Semana 32 / 2018

 

Weiß/Colonia, 5.8.

Diny estrena su nueva adquisición, una botella térmica que puede conservar la temperatura (es decir: el frescor) durante cuatro horas, tras de las cuales hay que recargar su base en el frigo. Pero lo esencial es que también sirve para para dar sabor al agua, con un manojito de menta y unas rodajas de limón. Y a fe mía que el gusto de su agua es muy agradable en esta canícula.

 

No tiene José María una opinión favorable acerca de Bukowski, y así me lo escribe después de leer la columna de Alma Delia. Le contesto: «A Bukowski nunca le di bola porque me pareció, como el tal Bolaño, un invento de la industria editorial. Lo cual, dicho sea de paso y sin ánimo de polemizar, no quiere decir nada. Porque en el fondo, también el Quijote es un producto de la edición inglesa y alemana. Sin el valor que le acreditaron ingleses y alemanes, el Quijote sería hoy un libro divertido... que sólo leerían los expertos en literatura del siglo de oro español». 

 

Escribo una columna sobre la Olimpiada de la Austeridad, la de Londres en 1948, que se estuvo celebrando por estos días, hace 70 años. De ella no recuerdo nada. De los Juegos Olímpicos los primeros que recuerdo son los de Helsinki 1952, ya tenía 13 años entonces. Y en realidad lo que recuerdo son dos cosas. Primero que nada las hazañas de Emil Zatopek. Nadia ha repetido la hombrada de ganar los 5.000 m, los 10.000 m y la maratón en los mismos JJ.OO. Así es que no por casualidad se ganó además el apodo “la locomotora humana”. Y la otra cosa que recuerdo es que en pleno franquismo duro y ouro, un español ganó una medalla de plata. Fue en el tiro con pistola, y el tirador era policía. Honni soit qui mal y pense!

 

Ayer, cuando escribí en este diario lo admirable de pensar que von Keyserling se vio obligado a dictar sus últimas novelas, a causa de la ceguera, olvidé que eso mismo le pasó a Galdós y creo que también, en cierta medida, a Aldous Huxley. Eso para no hablar de Borges.

 

Weiß/Colonia, 6.8.

De repente me encuentro pensando en las Colombinas, tan luego el día en que deben terminar. O no, porque ya desconozco su calendario. Las Colombinas, de niño, fueron la fiesta que más esperaba cada año. De adolescente no tanto. Y ya adulto ni siquiera iba a ellas, a no ser cuando llegué a Huelva recién casado, y para que las conociera Diny. Luego tan sólo una ocasión, en el 68, cuando a Federico Molina se le ocurrió coronar por primera vez en su historia a una reina de las Colombinas, le dio el encargo a Manolo Marìn, y Manolo me requisò como equipo, lo que me vino muy bien, porque era un encargo bien pagado y porque yo estaba solo en Huelva; Diny –ya embarazada de Chico– se habìa ido en mayo a Holanda para que su familia conociera a Rebeca. La fiesta de la coronación fue en verdad apoteósica, y yo creo que irrepetible, tanto que estoy seguro de que no se repitió, o sólo mientras Federico siguió siendo alcalde. ¡Ay, las Colombinas, mira tú de lo que me vine a acordar con estas calores! ¡Espejismos, claro!

 

Vamos a comer al italiano a la orilla del río, Diny, Carlitos y yo. Descubro en la carta que hay una ensalada de 10 gambas con ajo, cebolla y una pequeña ensalada. Le digo al camarero que me traigan sólo las gambas fritas con ajo, ¡sin cebolla, y sobre todo sin ensalada, que es que los alemanes comen ensalada hasta con el postre! Y en efecto, mi plato es una gran tapa de gambas al ajillo, en la que el buen cocinero, tal vez para paliar el raquítico aspecto del plato, duplicó el número de gambas. Tomo la debida nota para las próximas ocasiones.

 

Tras de hacer unas transferencias en el Banco, despacho en la oficina postal mi correo quelonio para el seguro y el subsidio estatal, unas facturas por valor de más de 10.000 €. Y mentalmente le prendo una velita a la Virgen morena de la catedral. Entro en compás de espera. Oremus.

 

Weiß/Colonia, 7.8.

Manu, tan querida, me ha dejado un comentario al pie de “Ignacio y la corta vida”, en Nexos: «No quiero pensar que te esté leyendo por última vez. Y si es así: pues tal día hizo un año». Apenas lo veo me falta tiempo para contestarle: «Es el mejor comentario que se le puede hacer a este cuento. Gracias, Manu. Y un beso de día martes, ni te cases ni te embarques».

 

El descubrimiento en el centro de Colonia de la única biblioteca romana conocida al norte de los Alpes hace que el diario le dedique toda una plana al completo de las bibliotecas de la ciudad, que son trece, y entre ellas dos, la diocesana y la catedralicia, con tesoros bibliofílicos de primera agua. En la central, además, se encuentran la reproducción del cuarto de trabajo de Heinrich Böll y una exposición permanente dedicada a su obra.

 

Weiß/Colonia, 8.8.

0:55 am : Seguro que los especialistas ya han homologado un tipo de peli que podría llamarse “del single cascarrabias, asocial y de corazón malgré lui tierno”, en el que han brillado talentos como Paul Newman, Robert Redford, Jack Nicholson, Clint Eastwood (¡Gran Torino!) y tantos otros. Creo que a mi juicio, Bill Murray estaba predestinado a encarnar alguna vez este papel, y así lo hizo en St. Vincent, con un resultado que asimismo a mi juicio es óptimo porque se cisca en la corrección política desde el primer momento. Lo que no creo que estuviese predestinado es que alguna vez Naomi Watts hiciera el papel de una puta rusa, tanto es así que en el primer momento de su actuación no la reconocí, pero lo cierto es que borda ese papel.

 

Vinieron Rebeca y Montse para echarle una mano a la madre en las tareas del hogar. Las tres son algo así como un dream team doméstico. Montse aprovechó para entregarme el regalo que me traen siempre de las vacaciones, y que en este caso compró por sugerencia de Henri, quien le dijo «Eso le puede servir al abuelo». Pero yo creo que Montse oyó mal o Henri se expresó mal, porque Henri sabe de sobra que tengo uno, uno de esos manguitos de madera, indonesios, con una manita en uno de los extremos, que sirven para placenteramente rascarse la espalda. Sólo que este que me ha traído Montse, de artesanía sarda, cumple una doble función: por un extremo sirve para rascarse la espalda y por el otro como calzador.

 

Todo el día dedicado a investigar y redactar el texto de un artículo para Nexos, acerca de la Olimpiada de la Austeridad, la de 1948, en Londres. Descubrí ayer que fue en ella donde ganó México sus primeras medallas de oro y eso me da pie para un texto cuatro veces más extenso que el de mi columna para El Espectador, y para decir un par de verdades sobre los JJ.OO. de nuestros días y su carminativa comercialización.

 

Weiß/Colonia, 9.8.

Mientras desayuno/almuerzo y leo el diario, llega Diny de las compras, con Oskar, que la ayuda a cargar las bolsas, todavía no puede valerse 100% por sí misma. De repente me doy cuenta de que Oskar no se va sino que se sienta enfrente de mí, esperando. ¿Esperando? Logo, es la 1 pm, Diny le prepara un almuerzo: dos pechugas de pollo al horno con puré de papa que él riega generosamente con salsa Maggi (en realidad el resultado casi es salsa Maggi con puré de papa)  y que despacha en media docena de bocados. Digno sucesor de Gargantúa. Y de Pantagruel.

 

El calor ha remitido bastante pero lo principal es que el viento se levantó de su pesado sueño y que sopla fresquito. Todas las puertas y ventanas del apartamento están abiertas, para que corra el aire y lo haga a su gusto, que oree los cuartos, que refresque la atmósfera.

 

Vino Arzola para instalarle un nuevo disco duro a mi compu y homologarla para competir en la Fòrmula 1 cibernética. Lo malo es que aunque se trajo un utillaje de alto standing, fracasó en la tarea de hacer vasos comunicantes entrambos discos (el nuevo y el viejo); se presentó alguna especie de incompatibilidad, y nanay de la China. Tuvo que optar por implementar ese nuevo disco duro en la compu, para lo cual había comprado unas abrazaderas que desafiaron durante más de una hora todas sus buenas artes de atornillador. Es la primera vez en mi vida que lo he visto desesperado y tirando la esponja (en forma de un estuche de herramientas que estampó en el suelo). Al fin lo consiguió, pero entonces fracasó la reimplementación de Microsoft 7, que es el programa con que se maneja mi compu y que ya es obsoleto, de manera que compró en línea Microsoft 10, pero recién nos lo suministran el 14 o el 15. Con el resultado de que me tuvo que volver a instalar el disco duro viejo y sigo trabajando con él a la velocidad de la tortuga que perdió la carrera contra Aquiles. Menos mal que al menos la sopa de mostaza que nos ofreció Diny le atinó al gusto, así como dos vasos de gazpacho. ♫ Allons enfants de la Patrie...

 

Concluyo la lectura del libro de aforismos de Juan Ramón. Anoto dos. Uno, éste: «Me gusta el defecto. Y por eso me gusta más encontrarlo que quitarlo, disminuirlo o enmendarlo. Lo que yo procuro evitar es el esceso». Y este otro: «Arte es quitar lo que sobra». Lo que me hace amar su obra es la profunda sinceridad que se desprende de cuanto dice. No escribe para que le quieran más, sino para que le entiendan quienes saber leer en las líneas y entre ellas. Puede parecer a veces arrogante, pero su arrogancia es sin jactancia, sencillamente emana de su personalidad, que era, en todo, de calidad muy superior al promedio de su entorno. Quien nos ha dejado obras como Platero y yo y Diario de un poeta recién casado no tiene necesidad alguna de ver que se refrenda su valor. Él sabía de sobra lo que valía. Uno de los pocos españoles que se merecen el respeto de quienes vinimos después. Y de quienes vendrán, si es que la bestia humana no pone fin a la especie bastante antes que la propia Naturaleza termine por hacerlo.

 

Weiß/Colonia, 10.8.

1:00 am : Me acabo de llevar un susto tremendo. Fui a la cocina para servirme un whisky, apreté la tecla del interruptor de la luz y sin solución de continuidad se produjo un sonido que me hizo pensar en un relámpago, sensación que subrayó una especie de bengala azul añil que iluminó el cuarto unas milésimas de segundo. Como el resto de las luces (en el salón, en el corredor) seguían prendidas, abrí la puerta del apartamento y, en el rellano de la escalera, el armarito de los fusibles. Eso era. Había saltado el fusible de la cocina. Pero el susto no me lo quita nadie, ni el fusible renovado le devolvió la vida a la lámpara del techo en la cocina. Uno, en circunstancias como esta, se pregunta qué hubiese pasado cuando el Dios de la Biblia dijo aquello de «Fiat lux!» y chasqueó los dedos... y fundió el fusible del Universo sin querer.

 

Mi columna de hoy en El Espectador ha encontrado eco al menos en cuatro lectores, que me han dejado comentarios (dos muy positivos, consultivos los otros dos) en el foro de la misma. Una de las consultas confieso que me la temía: la de si no serían los de Londres 1948 los JJ.OO. donde el ganador de la maratón fue descalificado porque en los últimos metros le ayudaron a llegar a la meta. Le he contestado muy respetuosamente al lector: «Gracias por leerme, y no, la Olimpiada en la que sucedió eso fue la primera que hubo en Londres, en 1908, cuando el infortunado italiano Dorando Pietri llegó al estadio y de agotado que estaba se equivocó de dirección, y como lo ayudaron a traspasar la meta fue descalificado. (La reina Alejandra le regaló una copa de oro, a cambio de la medalla perdida). Por cierto que en los JJ.OO. de 1948 el ganador de la maratón fue un argentino, Delfo Cabrera, quien se impuso a su contrincante belga ya dentro del estadio». Cuando en realidad le tenía que haber contestado que si se hubiera tomado la molestia de consultar a mi dilecta amiga Miss Hortensia Google no me habría hecho perder el tiempo respondiendo a su pregunta. ¡Analfabetos virtuales!

 

Weiß/Colonia, 11.8.

El Kölner Stadt Anzeiger le dedica hoy toda una página a la vida latinoamericana en Colonia, con un abanico muy amplio de actividades y direcciones interesantes. Lo que me llama la atención es que en el texto se menciona varias veces a Kim Morales, una bailarina y cantante mexicana que, según Carlitos, acude a veces a la tertulia. Y también se habla de un pintor compatriota suyo, Jaime Rodríguez, de quien se muestra la foto de uno de sus murales acá en Colonia. Pero lo divertido del caso es que en el pie de la foto se les ha ido el santo al cielo pensando en la chica, Kim Morales, y en él puede leerse «Morales de Jaime Rodríguez en la Grimmstraße». ¡Ándele mano, ándele, pos nomás que sí, la gran pintura moralista mexicana!

 

A mediodía intentamos cambiar la bombilla de la cocina. Me subo al escabel de dos escalones que ahí tenemos y descuelgo la pantalla del techo. La bombilla estalló, ese fue el fogonazo azul añil que me asustó hace dos noches. Pero el resultado es que la rosca de la bombilla se quedó enroscada (¡quién sabe si fundida!) en el casquillo y habría que desenroscarla con unos alicates. Desconectamos el fusible y me pongo a la tarea, pero la rosca, si no fundida con el casquillo, no se deja desenroscar tan fácilmente, y debió quedada tan maleable por el estallido que se cae a pedazos. Debo dejarlo al cabo del rato, para reanudar la tarea subido a una escalera de tijera, que con la que llego a mayor altura y tengo más estabilidad. Empezaba a marearme de tener la cabeza echada hacia atrás y concentrarme en hacer girar la rosca con los alicates. Ay.

 

Estoy a sólo 15 páginas del final de la correspondencia de Flaubert y me da una pena enorme saber que, poco después de su última carta, murió en su retiro de Croisset. He ido leyendo sus cartas acompañándolas con el seguimiento de su cronología, año tras año. Y ahora que ya sé cuáles fueron sus últimos hechos en ese 1880, cada página que leo me acerca al instante de su muerte y lo siento como si me estuviese despidiendo de alguien muy querido y condenado sin remedio. ¡Cuánto le voy a echar de menos, monsieur Gustave!

 

***************THE END***************

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