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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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3 de noviembre, 2018

De mi diario : Semana 44 / 2018

 

Weiß/Colonia, 28.10.

2:00 am [todavía del horario de invierno] : Lo bueno del canal 3sat es que como en él están integrados los de derecho público de los tres países germanoparlantes, se puede ver en él mucho cine relacionado con Suiza y con Austria, que generalmente brillan por su ausencia en los canales alemanes. Hoy, es decir, desde ayer a las 8:15 pm hasta hace un rato, pasaron seguidas tres pelis con ambiente austríaco (la admirable Klimt, del chileno Raúl Ruiz), suizo–austríaco (Un método peligroso, magistral, en torno a la relación entre Freud y Jung) y Mahler en el diván, donde el compositor consulta a Freud acerca de las infidelidades de su esposa, Alma. Las dos primeras son cine de lo mejorcito que se despacha en botica, la tercera es un claro ejemplo del quiero y no puedo. Lástima grande, porque a ese tema se le podía haber sacado harto jugo.

 

He recibido mucho correo a cuenta de la entrevista que me hizo Juan David Zuloaga meses ha, y acaba de publicar El Malpensante. Lo que a mí me gusta de ella es que JDZ fue honesto transcribiendo nuestra charla, y yo, que he hecho en mi vida profesional cientos de interviús, celebro que en ningún momento pretendí ser en esta más de lo que soy. A decir verdad, la primera y mayor de las extrañezas fue que alguien me quisiera entrevistar a mí como tal, no con motivo de algún evento en el cual yo participase. Este sentimiento creo que tan solo puede percibirlo, rastrearlo, alguien que haya entrevistado cientos de veces como elemento activo y, de repente, se ve confrontado con el hecho de ser sujeto pasivo. A ello se añade una nota muy personal, y es que conociéndome como me conozco (gracias a los dioses mi salud mental sigue intacta), cualquier elogio que se me haga me provoca una sonrisa, si es que no una risa de las pantagruélicas. El «Sólo sé que no sé nada» de Sócrates, hace tiempo que lo tengo retrucado pro domo: «Sólo sé que no quiero saber quién soy, por si las moscas».

 

Terminé de escribir las líneas anteriores y me vino el recuerdo de otra entrevista por completo distinta, la que me hizo en su día (2010) el buenazo de Salomón Derreza para Letras Libres. La releo y la siento como bastante complementaria de la que ha sacado ahora El Malpensante.

 

Weiß/Colonia, 29.10.

Después de leer mi diario, Manu me escribe que le ha hecho mucha ilusión saber que me gusta tanto viajar en tren, que a ella también, tanto que su cuñado, a ella y a su hermana, las llama “Las locas del tren”. Le respondo: «Te cuento algo que no sabe nadie. En Huelva, cuando yo era muchacho, el exprés que venía de Madrid seguía hasta Ayamonte. Para lo cual tenía que trasladarse de la estación de Sevilla hasta la de Zafra, y lo hacía a paso de tortuga, atravesando la vieja pescadería y los jardines llamados del Muelle (en realidad del Puerto), amén de cuatro calles con no poco tránsito, pues comunican la ciudad con el puerto y a partir de aprox. 1960 la zona industrial. Bueno, pues yo me iba a la estación de Sevilla y me montaba en uno de los vagones, que entonces tenían plataformas a los dos extremos, y ni siquiera entraba al vagón, me quedaba de pie en una de las plataformas, donde viajaba muy guapamente de una estación a la otra, casi todos los días. Sólo para que te hagas una idea de lo que siempre me ha gustado viajar en tren».

 

José Luis me escribe desde Nicaragua: «Acabo de terminar Patria, de Aramburu, quien no me parece que sea una grata persona, a juzgar por las entrevistas. La novela, sin embargo, rezuma humanidad». Le contesto: «Como narrador, Aramburu es formidable. Como persona, en cambio, es infumable, Para él, y desde Cervantes, no ha habido nadie como él, en la literatura en lengua española, y además Cervantes fue un amanuense de un morisco converso, lo que él no». Su ego se debe ver desde el espacio, como la Gran Muralla china.

 

Weiß/Colonia, 30.10.

2:00 am : Union Station [Estación Unión], un clásico de 1950 y que recuerdo vagamente haber visto en un programa doble de algún cine de verano de Huelva, ya entrada la década de los 50 y sin el rodaje fílmico que tengo ahora. Es una peli admirable, en la que guión, cámara, actores y el director forjaron un 100% de conexión, de simbiosis. Una joya del cine negro USAno.

 

En La Modicana, hoy, espaguetis con bacalao y mejillones, requetesabrosos. Y al cabo de un largo tiempo de no aparecer por allí, hoy llegó ese padre con tres hijos a quienes conocemos de vernos tantas veces comer juntos. Hoy vino con sólo dos de ellos, faltó el mayor. De pronto me puse a contar el número de comensales que hay en el local y con ellos hacemos un total de 13. Aunque creo que Carlitos no es supersticioso, no se lo comento.

 

Después de la siesta, el resto del día lo dedico a adelantar todos mis compromisos de esta y de la próxima semana, para poder dedicarme desde mañana, sin falta, a poner al dìa la contabilidad doméstica de cara a mi cita con el asesor fiscal el martes 6. ¡Y que no sea posible que pase de mí este cáliz! Pero sea, con él seguramente purgo muchos de mis pecados. Quien no se consuela es porque no quiere. Y alabado sea el santísimo sacramento del altar.

 

Weiß/Colonia, 31.10.

2:30 am : Hedda Gabler, dentro de mi relectura de los dramas contemporáneos de Ibsen. Aquí el maestro noruego ha recuperado el vigor de sus cinco primeros dramas. Pero creo que voy a tener que releerla en la traducción alemana. En la de Aguilar, Obras Eternas, el personaje no es sino un manojo de contradicciones, una pluma al viento, y aun cuando ello podría corroborar el famoso aria de Rigoletto, en Ibsen no me encaja el esquema. Consulto el meritísimo repertorio de Arturo del Hoyo, Teatro mundial, así como su equivalente alemán, el Hensel, y mis dudas aumentan. On verra!

 

¡Qué buena fue la idea de Diny de poner en el balcón el olivo que compró con el dinero que le regaló Mónica! Hoy me he levantado muy temprano, a las 8:00 am, porque anoche me acosté a las 3:00 am, me desperté a las 4:50 por culpa de la vejiga urgiendo descarga, y desde entonces no logré pegar un ojo. Decidí, pues, levantarme tan temprano y pude despedir desde la ventana a Diny, que viaja a Siegburg, a su peluquera desde hace no sé cuántos años. Es muy curioso ese género de fidelidad a un profesional, siguiéndole incluso cuando, como en este caso, se muda de ciudad. Menos mal que Siegburg queda cerca. Sea como fuere, esta vez, como todas las veces que despido a Diny desde la ventana de su cuarto, cuando llega a la calle y mira en esta dirección y también ella se despide, la imagen primera que veo es ese olivo y la asociación mental inmediata es “Mónica”. Y justo esa era la idea de Diny al comprarlo, que siempre que lo mirásemos recordaríamos a nuestra sobrina y su paso por esta casa, hace ya más de dos años.

 

Felicité a José María por su cumpleaños y me escribe para agradecérmelo, no sin hacerme notar que soy muy detallista. Le contesto: «Detallista no soy, maese Ruiz. Cuando conocí a Diny y empecé a ir regularmente a Holanda, no como turista, sino a unos ambientes caseros, familiares, descubrí que en un lugar visible de las casas, generalmente en la cocina, había un calendario perpetuo, de doce hojas, una por cada mes, en el que estaban apuntados todos los cumpleaños de los miembros de la familia, e incluso de algunos amigos muy queridos. Si te cuento que Diny es la mayor de once hermanos, su padre uno de los nueve hijos de sus abuelos paternos y su madre una entre los siete de sus abuelos maternos, entonces bien te puedes imaginar lo denso que era ese calendario en casa de mis suegros. E hice mía la idea, y en mi cocina cuelga uno de ellos con los cumpleaños de todos los Bada, todos los Hansen y la mayoría de los amigos de cuyos aniversarios me fui enterando a lo largo de los años. Es mi primera lectura del día, y a veces, dolorosamente, la vista se detiene en un nombre a cuyo lado figura una cruz».

 

En una nota de su redacción, “Nexos contra la invitación de dictadores”, me llama la atención la primera frase: «Entre los gobiernos invitados a la toma de protesta del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, hay dos que sobresalen por las condiciones autoritarias en las que viven sus habitantes: Venezuela y Corea del Norte». Siendo harto evidente que no se dice “toma de posesión”, consulto a mi oráculo mexicano y me desasna diciéndome que es así como se llama en México a esa ceremonia, «en la que el presidente entrante recita el texto "Protesto guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen" (o algo así)». Nunca te acostarás sin aprender algo nuevo, como dicen las putas con un alto nivel de profesionalidá.

 

Weiß/Colonia, 1.11., Todos los Santos, fiesta

1:30 am : Acaban de pasar en Arte Young Frankenstein, una de las mejores parodias de uno de los mejores humoristas que se han dedicado al cine, Mel Brooks. No tiene pierde.

 

Una mala noticia : Me dice Diny que Oskar ha decidido no terminar su bachillerato, que quiere ser peluquero y para ello no necesita ir al Gymnasium (¡valiente nombrecito para la escuela de segunda enseñanza!) y romperse los cuernos con conocimientos que no le van a servir de nada. Visto de ese modo, no cabe duda de que tiene razón, y en cualquier caso mejor es que haga con ilusión lo que le gusta que no forzado lo que no le gusta. Digo yo.

 

Anotado a renglón seguido de la cena de hoy : A mí me parece por completo explicable que Esaú vendiese su primogenitura por un plato de lentejas, incluso tomando en cuenta que Jacob –con toda seguridad– no lo aderezó con vinagre balsámico de Módena. Y ahora a sumergirme de nuevo en la contabilidad doméstica. ¡Qué postre tan desabrido tras una comida tan sabrosa!

 

Weiß/Colonia, 2.11., Los Fieles Difuntos

Diny se fue a mediodía camino de Darmstadt, Alex saldrá a buscarla a la estación de tren del aeropuerto de Fráncfort. Yo hubiese ido también, de haber sabido este detalle, pero hace días que le escribí a Alex diciéndole que no iría porque de Colonia a Darmstadt suponía una de estas tres posibilidades: a) tren + bus; b) dos trenes, con transbordo en Fráncfort, una estación que odio; y c) tres trenes, con dos transbordos. Y le expliqué a Alex que ya no estoy para semejante ajetreo; los dos días de Berlín, con caminatas interminables, me supusieron unas agujetas de padre y muy señor mío. Con todo, Diny comentó que tenía que ir pensando que Alex, ahora que ha muerto Dieter, me considera el abuelo paterno de sus nietos, en especial de Liv, que viene a ser nuestra única nieta.

 

Siempre que llega este día pienso que el título español (El día de todas las almas) de la novela de Cees Nootebom que en el original es Allerzielen, más bien evoca la festividad cristiana del día de ayer, Todos los Santos. Pero lo cierto es que tanto el título como el texto originales se refieren de un modo expreso al día de hoy, así que mejor sería haber traducido ese título como Los Fieles Difuntos, advocación que le viene como anillo al dedo al contenido de la novela. Muy buena, por cierto. La reseñé en Revista de Libros cuando apareció, y ahora, releyendo esa reseña, llego a la conclusión de que el primer párrafo no lo redacté tan claramente como aquí.

 

En el foro de mi columna de hoy en EE, un lector me deja este comentario: «Hace rato no leía a Bada. Buena columna». Le he contestado en el mismo foro; «Gracias por leerme, y no sé si mi columna es buena, pero sí que digo mi opinión sin dejarme sobornar por los cantos de sirena de los ditirambos que los departamentos de RR.PP. de los consorcios editoriales orquestan para anunciar el nuevo Böll, el nuevo Grass, el nuevo Von Doderer... Exceptúo expresamente la obra de Uwe Timm, quede constancia de ello».

 

[Al repasar la columna y esta entrada, antes de subir el diario a Fronterad, me doy cuenta de que probablemente soy injusto, y me lo remacha la entrevista con Eva Menasse, en el magazin de la edición del sábado. Es un asunto sobre el que tengo que volver].


Pasan una de mis series favoritas, francesa, con la comandante Candice Renoir, en Sête, la ciudad de Brassens y el cementerio marino de Valéry: valdría la pena ver la serie aunque solo fuese por las tomas aéreas de la ciudad como transiciones visuales de una escena a la siguiente: son una fiesta para la mirada. ¡Sête, ayayayay! Recuerdo unas ostras con vino blanco, camino de España, en el auto de Víctor, hace de esto nada menos que casi 32 años...

 

Weiß/Colonia, 3.11.

Con Carlitos al Bistro Verde para comer Reibekuchen con salmón ahumado y salsa de eneldo. Es un regalo que me hago por haber terminado ayer de poner al día la contabilidad doméstica en bastante menos tiempo del que me temía que iba a necesitar. Además, así no tengo que cocinar hoy. Para la noche merqué pancitos de lo mejor, buena mantequilla y abundante jamón serrano. ¡Viva el lujo y quien lo trujo!, como decía mi abuela Remedios, tan bella como sabia.

 

A mí toda esa monserga de la impasibilidad hindú (o budista, o ambas las dos ©by Cantinflas) y de la santidad de la vida animal, la verdad, me la trae floja. Estoy convencido de que todos los santones hindúes y budistas viven rodeados de cientos de cadáveres de moscas cojoneras a las que les atizaron un sopapo cuando no estaban mirando ni los discípulos ni los turistas. El placer que se experimenta al dejar fuera de combate por KO técnico a una mosca cojonera, atizándole un solo papìrotazo, ¡ah, para describir eso hay que tener la pluma del autor del “Cantar de los Cantares”! Yo me limito a hacer lo que puedo y establecer las coordenadas del caso.

 

***************THE END***************

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