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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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3 de diciembre, 2016

De mi Diario / Semana 49 / 2016

 

Weiß/Colonia, 27.11.

2:45 am : Eastern Promises. Esta vez decidí hacer un experimento y me prometí que no vería nada más que los primeros 20’. Fracasé en toda la línea, este clásico tiene un poder magnético irresistible, si la empiezas a ver, no importa cuántas veces la hayas visto antes, la tienes que ver hasta el final. Y esta noche descubrí el posible porqué: es una peli que la podría haber rodado Dostoievski. Es karamasoviana hasta la médula, incluso hay en ella una menor violada que se convierte en el Deus ex machina para la expiación del patriarca del grupo.

 

Me despierto pensando cuántos ingleses (el pueblo más aficionado al juego en todo el mundo) tenían apostadas sus buenas ££ a que Fidel llegaría a centenario. Tiene que haber sido un duro golpe para ellos que se les muriese tan prematuramente, a los no más que 90 años.

 

Vamos a la Philarmonie con Vincent, al concierto de Jordi Savall. Es un concierto casi mágico, centrado en los elementos de la Naturaleza, desde las mareas en Hamburgo hasta tempestades, terremotos y tormentas. Vincent se sintió fascinado, además porque yo había conseguido por primera vez en mi vida unas entradas en la galería detrás de la orquesta, de modo que teníamos a Savall de frente y a muy corta distancia, y es todo un espectáculo verlo dirigir. También lo es divisar la cabeza de Carlitos entre la masa del público, más allá de la orquesta, bastante arriba, destacando en la oscuridad gracias a la orla blanca de su pelo y su barba: era como ver la testa de Marx flotando en medio de la sala.

 

Diny y yo terminamos la velada en La Modicana (a Vincent lo pasaron a buscar sus padres al final del concierto, para acudir a un mercado navideño, y el fantasmita y Carlitos no nos acompañaron porque él anda con un resfriado de mírame y no me toques). Y al regresar a casa llamo a Javier a Alcalá de Bañares y me cuenta por extenso la presentación del libro sobre Camino, el jueves, en Huelva. Llegamos a la misma conclusión: sigue siendo Troglodia.

 

Weiß/Colonia, 28.11.

UB, después de leer mi diario, me escribe para decirme que «la "grajea cada segunda semana" de tu sabroso diario me parece un recurso manierista, no exageres, tomarse una "gragea cada dos semanas" puede resultar mucho más ortodoxo y conveniente». Le doy las gracias por la "g" de "gragea", la Academia una vez más estúpida para no perder la costumbre. Por lo demás, a UB lo mando a hacer gárgaras, estoy hasta la coronilla de los serenos del idioma. (Esta frase no la van a entender quienes no conocieron la gloriosa institución de los serenos nocturnos).

 

En la edición dominical del diario la entrevista de la semana, a toda plana como de costumbre, fue con Emma Thompson, que vino a Alemania para el estreno de Alone in Berlin, peli basada en la última novela de Hans Fallada, donde ella se desempeña como protagonista. El periodista le pregunta: «Desde muy temprano usted habló siempre sin ambages en público, sobre materias políticas y sociales. ¿No es algo que le haya perjudicado?». Emma Thompson: «Es algo en que no he pensado nunca. A mí me gusta decir lo que pienso, también en público. Es algo que llevo en los genes. Y hay que saber mantener el tipo cuando te pasan la factura. Cuando protesté, por ejemplo, de manera vehemente, contra la primera guerra del Golfo, me injuriaron llamándome “la mejor amiga de Saddam Hussein”. Así sólo piensan los idiotas. Con el IQ de un felpudo. El mejor antídoto contra una tormenta de mierda es siempre el humor. Cuanto más seco, mejor». Grande doña Emma, grande.


[De la novela que inspiró esta nueva peli de ET escribí una reseña que por el cierre de Revista de Libros terminé publicando en mi blog Corazón de Pantaleón, en El Espectador, de Bogotá].

 

Buena parte del día dedicado a la contabilidad doméstica, el jueves tengo cita con mi asesor fiscal y a este ya lo tengo tan mal acostumbrado como a su predecesor, el bueno de Reimann. Le llevo los documentos tan ordenados que le basta usar la liquidación del año anterior sin que haya que cambiar nada màs que las respectivas cantidades. A lo mejor tendría que haber hecho uso de mis estudios de Leyes y ejercer como asesor fiscal mejor que escribiendo. No sé, a veces de a deveras no lo sé, ni tampoco por qué seguir escribiendo, a no ser por la puta plata.

 

Weiß/Colonia, 29.11.

La cavernosa voz de Carlitos, al teléfono, me disuade ya de preguntarle si pasará a buscarme a la 1:00 pm para ir a almorzar a La Modicana. Saber enfermo a Carlitos me apesadumbra casi tanto como ver enferma a Diny, son de esa especie de gente que uno considera incombustible.

 

Salgo a hacer unas compras y al regresar me entero de la catástrofe aérea cerca de Medellín, en la que ha muerto casi al completo un equipo brasileño de fútbol. Mi primera reacción ha sido recordar la tragedia de Superga, en mayo de 1949, yo tenía 10 años y pocos meses antes había seguido en la radio la transmisión del indiscutible 3:1 con que la squadra azzurra derrotó a España en el viejo Chamartín. De aquel equipo nacional italiano, 10 de sus jugadores eran del Torino, “il Grande Torino”, campeonísimo del Calcio cinco temporadas consecutivas y con un plantel donde brillaban, entre otras muchas estrellas, el arquero Bacigalupo y un legendario n.º 10, Mazzola. Y ese Gran Torino dejó de existir de la noche a la mañana en la montaña de Superga, ya a la vista de Turín, al regreso de un encuentro amistoso en Lisboa. Siempre que hay un accidente aéreo, curiosamente, mi primera reacción es pensar que ojalá no volase en el avión siniestrado un equipo de fútbol. Un sentimiento que se acendró en mí nueve años después de Superga, cuando en 1958 pasó casi lo mismo con el Manchester United en Múnich.

 

Diego subió a su cuenta Twitter un trino subversivo que le regalé por si acaso le gustaba, y se diría que sí le gustó:

 

Weiß/Colonia, 30.11.

El domingo por la noche, cuando platiqué con Javier llamándolo a España, la comunicación se interrumpió, me di cuenta de que algo iba mal en el Router [¿cómo se llamará este chisme en español?] y logré desfazer el entuerto con remedios caseros, desconectando la compu, dejando pasar ½ minuto y conectándola de nuevo. Funcionó. Pero desde el lunes como rumor, ahora ya confirmado, se sabe que fue un ataque de unos hackers todavía no identificados todos (algunos sí, en Ucrania) y que el ataque afectó a miles y miles de compus en todo el mundo, en especial en Europa. Tengo la impresión de que ahora, por fin, los políticos van a asumir mentalmente el peligro que se cierne sobre todos si no se controla en serio el ciberespacio. Sólo que el precio a pagar, en materia de derechos civiles, me parece que va a ser, por necesidad, bastante alto. Con lo que al final el remedio puede ser tan malo como la enfermedad... pero si es remedio, vale. Lo otro, quedar en manos de los piratas del ciberespacio, no es cosa que le agrade a nadie.

 

Durante la duermevela de la siesta se me ocurrió lo que pudiera ser el arranque de ese cuento janeausteniano que llevo incubando desde hace muchos años: «La primera impresión que Mrs. Meredith tuvo de Huelva fue ver retroceder los encajes de bolillos de la ola más lejana, dejando en su lugar una línea recta inalterable: la costa de una playa definiendo el horizonte».

 

Pasan El grito en el canal Arte y decido volverla a ver, aunque se trata de un Antonioni que no me convence. La volví a ver y nanay de la China, sigue sin convencerme. Y sí, mi Antonioni es otro, y de él hablé mucho y bueno, con la complicidad –por completo involuntaria– de César Antonio Molina, en el obituario que le dediqué en La Jornada.

 

Weiß/Colonia, 1.12.

A las 12 donde la pedicura y su palique de sacamuelas, y de allí a lo del asesor fiscal. Según su evaluación prima facie, los resultados van a ser los mismos que el año pasado, es decir que a mediados del 2017 me tocará volver a pagar a Hacienda unos mil y pico de € para completar mi contribución al sostenimiento del Estado. Alabado sea el santísimo sacramento del altar.

 

El cartero me trae hoy una de las mayores alegrías que pudiera imaginar, un ejemplar de la edición original de las cartas de César Vallejo, publicada por Rodolfo Alonso en Buenos Aires, 1971. Lo devoro en un santiamén, son sólo 59 páginas incluyendo la introducción de Eugenio Montejo. Termino de leer y me siento avergonzado. Me digo que si me quejo es de vicio, porque sufrir, lo que se dice sufrir, eso debe ser otra cosa.

 

Weiß/Colonia, 2.12.

Mi hermana Laetitia, en su México lindo y herido, le envió a una «amiga radical chic, de las que aún hay» (son sus palabras), la columna de Andrés Hoyos sobre Fidel Castro y me rebota (ella dice que me comparte) este breve intercambio de pareceres habido entre las dos. El de la amiga va todo en mayú