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Urbi et interneti el blog de Ricardo Bada


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22 de diciembre, 2018

De mi diario : Semana 51 / 2018

 

Weiß/Colonia, 16.12.

0:10 am : Desde niño, y no sé explicar bien por qué, fui un devoto de Franklin D. Roosevelt. Hyde Park on Hudson [La visita del rey, en la versión mexicana] es una peli gringa del 2012, con un Bill Murray excelente en su caracterización de FDR, y muy bien el resto del reparto, pero sobre todo Samuel West en el papel de Jorge VI y Olivia Colman en el de su esposa, pues tuvieron que aceptar el reto que suponía encarnar los mismos personajes que encarnaron dos años antes Colin Firth y Helena Bonham Carter en El discurso del rey. Ambos, West y Colman, salen más que airosos del empeño, y ese es uno de los grandes aciertos de esta peli.

 

Primera nevada del año: tejados blancos y fachadas rojas al descorrer las cortinas y abrir el ventanal del dormitorio para orear la habitación. Y ese aire del que se diría que la nieve haya sido una aspiradora y lo dejó limpio, diáfano, estimulante como un buen champagne.

 

Me desperté reinando en el nombramiento de Helena para la Academia Alemana de la Lengua y la Poesía, y me puse a pensar cuántos amigos académicos tengo. Con la ayuda impagable de Miss Hortensia Google he podido establecer esta lista: Rolando Hinojosa en Estados Unidos; Adolfo Castañón en México; Miguel Barnet en Cuba; Pedro Vergés en la Dominicana; Luis Rafael Sánchez en Puerto Rico; Mario Alberto Carrera en Guatemala; Carmen González Huguet y Manlio Argueta en El Salvador; Luis Rocha Urtecho y Sergio Ramírez en Nicaragua; Rafael Ángel Herra en Costa Rica; Gloria Guardia de Alfaro en Panamá (aunque vive en Bogotá); Juan Gustavo Cobo Borda y Maruja Vieira en Colombia; José Balza en Venezuela; Mario Vargas Llosa en Perú (y en España); Carlos Franz y Antonio Skármeta en Chile; Gaby Vallejo Canedo en Bolivia (en su casa de Cochabamba me hospedó un par de días del año 1995); Abel Posse en Argentina; Nélida Piñón en Brasil; Soledad Puértolas y Miguel Sáenz en España; asimismo Miguel en Darmstadt, y ahora Helena. ¿Lagunas detectadas? : Honduras, Ecuador, Paraguay, Uruguay.

 

En la edición finisemanal del diario una entrevista con Frido, el nieto predilecto de Thomas  Mann. Me impresiona algo que cuenta acerca de su padre, con quien la convivencia era un problema grave, Frido prefería estar en la casa de los abuelos, Katia y Thomas. Y su padre un día le dijo que no podía ser un buen padre porque él mismo seguía siendo un niño. Terrible.

 

Leo en mi agenda en esta pantalla: «Viene Oskar a casa, suponiendo que se acuerde». Hice bien en suponerlo. No vino, ni siquiera llamó para disculparse. Così è la vita, fratelli! 

 

Weiß/Colonia, 17.12.

2:00 am : Pasaron seguidos un magnífico documental sobre la vida y la obra de Sergio Leone, con la sorpresa de ver (oír) a Claudia Cardinale hablando en español, y vi a continuación, creo que por segunda vez, Gravity. Hace un par de días David me preguntó por mis preferidos entre los directores latinoamericanos actuales y le dije que los mexicanos, Iñárritu, del Toro... y los puntos suspensivos significan que me olvidé de Cuarón. ¡Ay la memoria, esa puta que a veces se cierra de piernas y te mira riéndose y mostrándote el dedo medio alzado!

 

YC me escribe desde Cámaralentolandia: «He estado ocupadísima en la preparación de mi próximo libro. Ya lo entregué al editor y en este momento está en proceso de diagramación.  Apenas lo tenga, te enviaré uno. Estoy muy ilusionada. Mis sueños se hacen realidad». Claro está que le contesto ipso fuckto, víctima que soy del afán bibliómano de mis amigos: «¡Otro libro! ¡Por Dios!, como decía Álvaro Mutis, ¿es que no saben ustedes más que editar nuevos libros? ¿Cuándo viven?» Y sin embargo, según se desprende del email de YC, hay gente para la cual publicar un libro es la realización de un sueño. Para mí es la de una pesadilla.

 

Weiß/Colonia, 18.12.

0:15 am : Pasan seguidas dos pelis de trenes, que es un género que me gusta mucho. El primer gran asalto al tren es una gozada por la recreación ambiental y por la interpretación, con un Sean Connery y un Donald Sutherland espectaculares, pero el resto del reparto está a su altura. Y Runaway Train [El tren del infierno en España, Escape en tren en América Latina] tiene todas las cualidades que se le exigen a un clásico, y en su género lo es. La crítica del diario hace bien al recordar El salario del miedo a propósito de este film. Sólo nos queda la interogante de que hubiera sido si lo hubiese rodado su guionista, nadie menos que Akiro Kurosawa.

 

Hoy martes sin almuerzo en La Modicana, se acatarró feo Carlitos. Me consuelo comiendo una fabada de lata, pero buena. Siempre me he dicho que en los años del hambre que padecimos al terminar la guerra civil, y sobre todo después de concluir la 2.ª mundial, los asturianos tuvieron al menos el consuelo de comer mejor que el resto del país. Las fabes no admiten comparación de ninguna especie con los garbanzos, que era lo que comíamos el resto de los españoles. Sólo de vez en cuando se conseguían alubias (mi abuela y mi madre las llamaban habichuelas), y ese era un lujo una o dos veces al mes. Alubias de El Barco de Ávila con chorizo y morcilla, ¡ah, que bien vendría aquí uno de aquellos intermedios líricos que Baroja injertaba en sus novelas!

 

Aparece en mi blog la entrega correspondiente a esta semana, y Guglielmo me escribe desde su Orquidiócesis antioqueña: «Qué buena columna y qué bello poema. Grazie tante, Riccardo». Mientras que mi buen amigo Samuel, en Caimanópolis, aunque rebota en su cuenta Twitter el enlace con mi blog, no deja de señalar que le parece un texto algo disperso. Lo releo como con ojos ajenos y la crítica de Samuel me parece aceptable. Pero a lo hecho, pecho.

 

Prácticamente todo el día dedicado al artículo sobre Bach que me encargó Piedrahita para El Espectador y debo entregar a más tardar el viernes. Cuando lo termino, es decir, cuando pongo punto final a su borrador, lo envío de inmediato a mi consejo asesor, a ver qué me dicen. Yo lo tengo muy claro, pero no sé si también lo verán tan claro los lectores, ese tráiler por la vida de Johann Sebastián y los emolumentos crecientes que fue ganando desde que tenìa 18 años hasta que sólo veinte años más tarde culmina su carrera como cantor de la iglesia de santo Tomás, en Leipzig... ¡y todo ello sin haber estudiado nunca composición! Le bastaron el oído y la lectura de las partituras de otros. Si no es eso ser un genio, no sé yo qué pueda serlo.

 

Weiß/Colonia, 19.12.

2:30 am : Esta semana parece que está empeñada en ofrecerme programas dobles en la tele. Esta noche ha sido la de Love Actually [Realmente amor fue el título que le endosaron en la Argentina] y Aviator, que no vi en su día ni tampoco pude en las veces que la pasaron por la tele: pero esta noche, por fin, la vi. Realmente amor es posiblemente la mejor comedia de ambiente navideño filmada en los últimos años. Lo que me hace mucha gracias es que al ir a buscar una reseña para insertarla como hipervínculo en el texto, descubro una muy buena, pero donde la historia en torno a Colin Firth se sitúa en Francia en vez de en Portugal. Un despiste tan fenomenal es increíble. Y en cuanto a Aviator es un Scorsese con toda la barba. Pero tengo que verla una o dos veces más para sacarle todo el jugo que sin duda tiene.

 

Al salir de casa para ir a la pedicura, a las 11:30 am, y como ya va siendo costumbre, me siento en el murete del jardín delantero del # 13 para recobrar el resuello. Justo en ese momento llega la camioneta del reparto de paquetes y Herr Schubert me dice que hay uno para mí. Menos mal que dejé abierta la cerradura de la puerta del garaje, le pido por favor que me lo deje allí y sigo hasta la parada del bus con un grandísimo alivio. Alivio porque en nuestra casa no hay nadie (los Alliyu se fueron de vacaciones a Nigeria y los Röttgen nunca están en casa antes de la 1:00 pm) y por lo tanto corría el riesgo de que al no poder entregármelo hoy postergaran hasta pasadas las fiestas la entrega del paquete, con mis regalos navideños para Diny + Carlitos & Ulli, y para el cumpleaños de Angie. Alabado sea pues el santísimo sacramento del altar.

 

En lo de la pedicura, de nuevo con Saskia. Cuando hablo con gente tan joven, alrededor de los 30, siempre tengo que andar tascando el freno en materia de datos históricos. Pienso p.ej. en los españoles nacidos el año 1975, el año que murió el inferiocre. Han pasado 43 años, y me da en la nariz (y la tengo grande) que para la inmensa mayoría de esos españoles, Franco es tan sólo un nombre. Puede ser que haya quienes, por razones familiares, sepan lo que fue la guerra civil y la represión que siguió, pero vamos siendo los menos. Ay.

 

Weiß/Colonia, 20.12.

Ibsen me pasa desde Bogotá, para que se lo traduzca, un currículo abreviado de Gaby Kröcher–Tiedemann, una de las terroristas más buscadas por la policìa y la justicia alemanas en los años de plomo, los de la banda Baader–Meinhof, que parece ser un tema por el que Ibsen se interesa bastante. Cuando traduzco que en sus años universitarios de Berlín GKT vivió en una comuna con, entre otros, Peter Paul Zahl, rememoro mi relación con él. Lo conocí y lo traté en Managua en noviembre de 1984, y estuvimos recorriendo mercados y lo llevé a uno de los pocos lugares donde se podía tomar cerveza alemana y que yo descubrí por casualidad. Después del episodio nicaragüense, y cuando él se marchó a vivir a Jamaica, nos carteamos un par de veces y seguí de cerca su nueva carrera de autor de novelas policiales, unas policiales sui géneris donde se le notaba el amor por ese nuevo hogar en el Caribe. Me gusta además mucho su comedia Don Juan o El salvador de las mujeres, inspirada por la obra de Tirso de Molina. La noticia de su muerte (sólo tenía 66 años) la registré en mi diario, un registro preñado de recuerdos y nostalgias.

 

Paso fugaz de Henri por acá. Diny estuvo en la boutique de Montse y Henri andaba por allá, así es que se lo trajo a casa para que saludase al abuelo y dejase tranquila a la mamá en su negocio. Pero menos de ½ hora más tarde, lo regresó a su casa. Henri es, de todos los nietos, aquel con el que menos contacto he tenido y el que da menos muestras de cariño, pero lo quiero igual.

 

Weiß/Colonia, 21.12.

2:15 am : Han pasado por el canal Arte dos pelis de Hitchcock y de trenes, Strangers in a Train [Extraños en un tren], una obra maestra, basada en la novela de Patricia Highsmith, y The Lady Vanishes [Alarma en el expreso], de 1938, donde todavía no es el Hitchcock paradigmático que cuajará en Hollywood años después. Pero ya se le va viendo el plumero. Lo mejor ha sido que después de las dos pelis volvieron a pasar el inteligentísimo documental de Kent Jones sobre la legendaria entrevista que a Hitch le hizo François Truffaut en 1962. Ver este documental y leer el libro –alguien lo llamó “sagrado”– que recoge la entrevista, son dos gozosas obligaciones sine qua non para todo cinéfilo que se respete. Desde el lejano día en que lo leí, pienso que ese libro es para el cine lo que la piedra de Rosetta fue para los egiptólogos.

 

Aparece este viernes en EE mi columna que debió haber aparecido el viernes anterior. Lo cual espero que no suceda el próximo viernes, porque mi siguiente columna está pensada para que se publique el Día de los Santos Inocentes. Oremus.

 

Vino Angie a despedirse. Este año –como siempre antes–, por ser par, pasarán ella y Vincent las fiestas con los abuelos maternos, en Franconia. Pero el 5 se dejará caer por aquí para ayudar a Diny en las labores de intendencia durante la anunciada invasión de la familia Hansen. Fui al comedor a saludarla y despedirme porque estaba muerto de cansancio y querìa dormir la siesta. Luego, cenando, Diny me cuenta que Angie está sacando unas buenísimas notas en la escuela nocturna donde se inscribió para terminar su bachillerato, y que está siendo un ejemplo para Vincent, quien no quiere sacar menores notas que la madre. En eso se nota que sale a la manta de abajo, como tan gráficamente se decía en tiempos de mi padre en Extremadura.

 

El pequeño Lord todos los años acudo a la cita de esta peli absolutamente intrascendente pero con un tirón cordial muy fuerte. Me pregunto a qué se deberá y creo que es el subproducto de una serie de elementos concatenados: la historia misma en sí, el guion que no pierde el tiempo en nada que sea ajeno a la historia, los actores, todos los papeles secundarios con vida propia y por completo creíbles, los paisajes ingleses... En fin, trato de buscarle explicaciones racionales a algo que no las tiene. La peli me hace tilín y punto. Además sólo la veo una vez al año.

 

Weiß/Colonia, 22.12.

2:15 am : Viendo esta noche The Holiday [Vacaciones], la peli con Kate Winslet y Cameron Díaz, de repente me di cuenta de qué fue lo que quise decir de Love Actually, cuando la vi hace tres noches y lo registré en  este diario, pero el conceptuarlo se me resistía, y ahora no; y es que todas esas pelis corales, e incluso la de esta noche, que no es coral pero se le acerca, no son otra cosa que Robert Altman descafeinado. Ni más ni menos, ni menos ni más,

 

Ayer, en el diario, venía una entrevista con la hija de Stephen Hawking, Lucy, que acompañó a su padre en muchas de sus giras de conferencias y escribió con él algunos libros para niños. Un dato que me hace sonreír está relacionado con la voz computadorizada que le implantaron al perder la suya propia. El periodista le pregunta a LH qué sintió al oír a su padre hablar con esa voz y descubrir que tenía un acento gringo. Ella se ríe y contesta: «Oh sí, ese acento del inglés americano. Él perdió su voz en 1984 ¡y la única disponible era esa! Había también una voz femenina. Pero la única voz masculina que había era esa. Con el paso del tiempo se pudo disponer de otras voces, entretanto cualquier voz que se quisiera. Hasta la propia, que se podía recrear. Pero él ya se había identificado con la que le implantaron». A Stephen Hawking, como a Borges, no le dieron el Nobel. Lo paradójico es que ello más bien habla de su grandeza.

 

Hace unos días, charlando con Carlitos, le pregunté cuántos suicidas había conocido en su vida. No lo sabía. Yo sí. Se los enumeré: un contable de la Deutsche Welle con el que a veces íbamos a comer con Populius al italiano del Zugweg; un locutor haitiano, también de la DW, que tenía talento como actor y le dimos tarea en algunos de nuestros radioteatros; el pobre Nicasio, mi primer suicida, en Huelva, cuando lo apresaron en una redada homofóbica y no pudo soportar la vergüenza pública; Juan, el empleado del Correo Alemán que también era de Huelva y acudìa a nuestras tertulias literarias, pero un día la depresión pudo con él y se arrojó al Rhin desde el puente ferroviario al norte de Rodenkirchen; Frau Spichalla, la pedicura, de cuyo suicidio nos enteramos por la signora Mancinone, en La Modicana; y Nelson, nuestro vecino del piso de arriba, como conté en mi cuento “El nudo Windsor”. Hoy, escribiéndole a Carla y hablándole de la correspondencia entre Nikki, mi gato, y Nora, la gata de Brigitte Schwaiger, caí en la cuenta de que a Brigitte no la registré al platicar del tema con Carlitos. Es lo que ya dejé escrito hace un par de días: la memoria, esa puta que de pronto cierra las piernas y se burla de ti dejándote bajo el aguacero y sin paraguas. ¡Cómo es posible que me olvidara de Brigitte! A Carla le he enviado las traducciones de sus poemas que hice en vida de ella y que le gustaron mucho. Las releo y creo que Brigitte dejó en esos poemas lo mejor de su talento.

 

**********THE END**********

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