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Terapia alternativa el blog de Rosa de Lera


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2 de mayo, 2014

Evitar las resistencias antimicrobianas, una labor de todos

 

Hace unos días la mayoría de los medios se hacían eco de una impactante noticia: la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertaba de la grave amenaza para la salud pública que suponen las bacterias resistentes a los antibióticos. Según el Dr. Keiji Fukuda, Subdirector General de la OMS para Seguridad Sanitaria, si no se ponen medidas para evitarlo, “el mundo está abocado a una era postantibióticos en la que infecciones comunes y lesiones menores que han sido tratables durante decenios volverán a ser potencialmente mortales”.

 

La OMS ha realizado el primer informe mundial sobre las resistencias a los antimicrobianos, para lo que ha recogido datos de 114 países y se ha centrado en siete bacterias causantes de infecciones graves como la gonorrea, la septicemia o la neumonía. Sus resultados indican que la farmacorresistencia ha llegado a todas partes y alcanza a muchos de los antibióticos de “último recurso”, para los que no existe otra alternativa terapéutica.

 

Pero el tema trasciende el ámbito sanitario y afecta al económico, sobre todo en época de crisis y recortes, ya que aumenta la estancia hospitalaria de los pacientes y el uso de recursos (humanos y de cuidados intensivos, por ejemplo), lo que incrementa consecuentemente el coste de los tratamientos.

 

Con este estudio la OMS no trata sólo de alertar a la sociedad y los profesionales sanitarios, sino también de incidir en primer lugar en la importancia de la prevención de las infecciones facilitando el acceso al agua potable y a las vacunas, por ejemplo.

 

El segundo pilar en el que debe basarse la lucha contra las resistencias es la educación. Muchos expertos se quejan de que los ciudadanos se “autoprescriben” los antibióticos, es decir, en una ocasión un médico les recetó un medicamento para una infección concreta y no cumplieron el tratamiento (o el paquete incluía más pastillas de las necesarias), por lo que ante síntomas que consideran similares deciden utilizar ese mismo fármaco.

 

Para acabar con esta dinámica los profesionales sanitarios, la industria y las instituciones tienen que trabajar juntos. Entre todos tienen que transmitir a la sociedad que los antibióticos sólo deben consumirse si los ha recetado un medico y que en el caso de que así sea no significa que vayan a ser útiles en el caso de síntomas parecidos (que sufra el propio paciente o personas de su entorno).

 

Asimismo, las instituciones sanitarias pueden insistir a través de campañas educativas en los medios de comunicación en la importancia de terminar los tratamientos para que éstos tengan efecto, así como de los peligros que existen si las resistencias se siguen extendiendo y los antibióticos dejan de ser eficaces. No se trata de alarmar sino de explicar a los ciudadanos las consecuencias para su propia salud que puede tener no tomar adecuadamente los tratamientos o automedicarse. Aquí es importante la colaboración de los medios de comunicación para que hagan llegar al público estos mensajes.

 

Finalmente, la industria, además de su importantísima labor a la hora de  seguir invirtiendo en investigar y desarrollar nuevos fármacos, puede elaborar envases acordes con la duración media del tratamiento (las llamadas unidosis)  para evitar que en los botiquines caseros se acumulen fármacos que en muchos casos no se recuerda ni para qué servían.

 

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