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Terapia alternativa el blog de Rosa de Lera


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10 de febrero, 2014

¿Periodismo sanitario o reality show?

 

 

 

Michael Mosley es médico pero desde hace más de 25 años trabaja como periodista científico en la BBC, lo que le ha reportado numerosos premios como el de Periodista Médico del Año que concede la Asociación Médica Británica (BMA). Su trabajo no se limita a informar desde fuera sino que se convierte en protagonista al experimentar en su propio organismo los efectos de distintas drogas o terapias.

 

En 2012 se sometió a la dieta 5:2, que consiste en comer de manera normal durante 5 días de la semana y los dos días restantes no superar las 600 calorías, en 2013 probó los efectos del suero de la verdad y  hace tres años los hongos alucinógenos.

 

Pero este año (en un programa que se estrenará este mes de febrero) su objetivo es mostrar a los espectadores cómo se produce la infección parasitaria. Primero intentó sin éxito que los piojos anidaran en su cabeza. Después se colocó una sanguijuela en el brazo y finalmente se tragó tres larvas de la solitaria. Unas semanas más tarde ingirió una minicámara para observar en directo el recorrido de los parásitos por su intestino.

 

Mosley quiere aportar estas imágenes a los investigadores de la Universidad de Salford, que estudian los signos tempranos de las infecciones parasitarias, para poder adelantarse a ellas y tratarlas precozmente, ya que normalmente se detectan cuando el paciente las expulsa a través de sus heces.

 

En los últimos años han proliferado programas de televisión y documentales de este tipo, como el famoso “Super Size Me”, en el que el propio director y protagonista se alimentaba durante un mes a base de “comida basura”.

 

¿Tiene sentido que el periodista abandone su posición de observador imparcial al convertirse en el sujeto de la noticia? Quizás esta tendencia a que el informador ejerza de “cobaya” sea un paso más en la “espectacularización” de la información. Puede ser muy útil mostrar de cerca el efecto de un tratamiento o una enfermedad pero no es ni necesario ni deseable que lo sufra el propio periodista en sus carnes, porque entonces su profesionalidad y objetividad puede quedar en entredicho.

 

Sería preferible que el documental o el reportaje “siguiera” a enfermos o voluntarios sanos que se sometieran a estas terapias o procedimientos médicos, recogiera sus experiencias y los efectos en sus cuerpos. De esta forma se mantendría la veracidad pero garantizando un mayor nivel de neutralidad.

 

Respecto al valor científico de estos documentales, basarlos en un único participante supone una muestra demasiado reducida para aportar unas conclusiones representativas. No obstante, es importante la colaboración mutua entre investigadores y periodistas, para que los primeros aporten sus conocimientos y los segundos los acerquen a los ciudadanos.  

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