Deportar a los niños es regresarlos a la violencia y a la pobreza

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La violencia extrema, la pobreza y la falta de oportunidades no son solo las causas de la migración de miles de niños de El Salvador, Guatemala y Honduras, sino también las consecuencias de su deportación.

 

Esa es la conclusión de un nuevo informe del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), que analiza los desafíos y peligros que enfrentan los niños y las familias migrantes y refugiados en su ruta hacia Estados Unidos y México, que muchas veces resulta en detención y un retorno inesperado a sus países de origen.

 

“Migrar es un derecho humano. Sin embargo, el ejercicio de este derecho para miles de niños y niñas en Centroamérica norte y México es una pesadilla”, asegura Maria Cristina Perceval, la directora regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, quien conversó con Noticias ONU.

 

Perceval asegura que los niños que son enviados a sus países de origen muchas veces no tienen un hogar al que regresar, terminan endeudados o son blanco de pandillas. Regresar a estas “situaciones imposibles” hace que sea más probable que migren nuevamente.

 

“Por ejemplo, tal como nos contaba una niña en el Salvador, allí presumen que muchas de esas niñas, (y no se equivocan), han sido víctimas del tráfico y la trata de personas, que han sufrido violencia sexual, entonces tienen que encontrarse con una situación de discriminación, rechazo y estigma en las mismas comunidades de las que habían salido”, resalta.

 

El informe de UNICEF recalca que este ciclo de migración y posterior deportación se convierte en un “círculo de peligro y dolor” que viola el interés superior de los niños.

 

Entre enero y junio de 2018 unos 96.216 migrantes, entre ellos 24.198 mujeres y niños, fueron deportados desde Estados Unidos y México. Más del 90% de las deportaciones ocurrieron en este último. 

 

La pobreza

El Salvador, Guatemala y Honduras se encuentran entre los países más pobres del hemisferio occidental, con un 44%, 68% y 74% de niños que viven en la pobreza, respectivamente.

 

“La migración surge como un sueño de un presente y un futuro mejor, con acceso a mejores servicios de educación y de salud a los que muchas veces no es sólo que no tengan acceso en sus países, sino que son inexistentes”, explica la directora regional.

 

Los niños y las familias pobres a menudo solicitan préstamos para financiar su migración irregular a los Estados Unidos, lo que los deja en una situación financiera aún más precaria cuando son detenidos y devueltos sin dinero y sin posibilidad para pagar sus préstamos.

 

“Se trata de organizaciones criminales y personas que les prometen un futuro “peor”, como lo considero yo, cobrándole a las familias desde 3500 dólares para que puedan huir por las rutas migratorias que dicen que están libres de controles. Si se trata de un niño o una niña no acompañada esta cifra puede subir hasta 15.000 dólares”, asegura Perceval.

 

Además la deportación significa el fin de las remesas que suponen miles de millones de dólares perdidos para estos países centroamericanos.

 

“Esto no solo genera una situación de mayor vulnerabilidad para los niños y las niñas, sino también el empobrecimiento de estos países”, dice.

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