Jean Dubuffet. Foto: Marc Trivier

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    En las afueras del arte. Outsider art

    Dionisio Cañas - 16-05-2013

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    ¿Qué tienes debajo del sombrero? 

     

    En los años 40 del siglo pasado el artista francés Jean Dubuffet coleccionó obras realizadas por personas que vivían fuera de los circuitos del arte: enajenados mentales, aficionados, marginados de la sociedad. En la década siguiente, Dubuffet crearía sus propias obras en un estilo que él llamó Art Brut. Posteriormente se conocería este tipo de arte como Outsider Art. En la actualidad, museos, galerías, coleccionistas, libros, revistas, documentales y películas han convertido a los outsiders en insiders.

     

    ¿Al transformarse en mercancía el Outsider Art, deja éste de pertenecer al ámbito de libertad y marginalidad que significa crear en las afueras del arte? Por supuesto que no, porque estos artistas siguen siendo una singularidad excepcional dentro de la historia oficial del arte.

     

    En España varias instituciones están trabajando con el arte que producen personas con diferentes discapacidades mentales y físicas; la más importante de éstas es Debajo del Sombrero, Centro de Arte y Desarrollo de Procesos Creativos para personas con discapacidad intelectual, dirigida por Lola Barrera, quien es la autora de uno de los documentales más conmovedores sobre este tipo de arte: ¿Qué tienes debajo del sobrero? (2006).

     

    Debajo del Sombrero organiza exposiciones e intercambios con instituciones europeas y museos dedicados al Outsider Art. También hacen talleres en los cuales he tenido la oportunidad de participar varias veces; el último en el mes de febrero del 2013. En estos talleres uno tiene la impresión de estar presenciando el acto creativo en su estado más puro. La mayoría de estas personas no tiene unos conocimientos formales ni históricos del arte, crea por crear, sin ningún sentido del valor artístico o económico que puedan tener sus obras.

     

    Esta experiencia de la creatividad pura la conozco muy de cerca porque mi hermana menor, Isabel, que padece el síndrome de Down, desde hace unos años pinta y dibuja; una actividad que ella llama “escribir”. Isabel hace fundamentalmente obras abstractas, aunque para ella son casas, barcos, jardines, soles y lunas. Trabaja obsesivamente; siempre crea series de formas y colores que repite centenares de veces, aunque ninguna es igual a la otra.

     

    El arte oficial llegó a la abstracción después de un largo proceso histórico que pasó por el arte figurativo primero y luego la experimentación vanguardista. Esta fue la evolución de un proceso intelectual occidental pero para Isabel no ha sido así: ella expresa su realidad en formas abstractas naturalmente, sin ningún conocimiento de la historia del arte porque no sabe leer ni escribir y habla con dificultad (ver artículo sobre Isabel en más de arte).

     

     

    Una historia que empezó hace tiempo

     

    Gran parte de la vitalidad del arte occidental del siglo XX se la debemos a las primeras vanguardias. La energía de aquéllas consistió en un doble movimiento de obstrucción y de absorción: obstrucción ante todo lo académico y sus recetas artísticas, y absorción de lo que era considerado como extraño, primitivo, anormal, auténtico, ingenuo, no artístico, crudo, en estado bruto; o sea, fuera del canon de lo exclusivamente artístico, un arte que vivía en las afueras del arte.

     

    Al desmantelar y revisar la tradición, se desmontó también el aparato crítico que decidía lo que era bello o no lo era, lo que era artístico o no lo era. El arte occidental empezó a respirar de otra manera gracias a las vanguardias. En esta nueva respiración del arte entraban con igual legitimidad la tradición revisada, el arte primitivo, el arte de los enajenados, el de los marginados y el arte popular. Es decir, los territorios del arte se expandieron a remotas geografías de la estética y a terrenos cercanos que nunca habían sido considerados como artísticos. Esta nueva respiración del arte occidental nos llega hasta el siglo XXI, desde la reinterpretación y el reciclado de lo popular hasta el espacio virtual de la alta tecnología donde el arte, liberado por las vanguardias, puede expresarse con total libertad y sin fronteras académicas.

     

    Los primeros estudios que se hicieron del arte de los enfermos mentales, de los outsiders, en las últimas décadas del siglo XIX, son la fuente principal de gran parte del arte fauve, del dadaísmo, del expresionismo y del surrealismo. Más dudosa es quizás la filiación del cubismo con estas raíces clavadas en las enfermedades mentales. De cualquier modo, una exposición en el MoMA (Museo de Arte Moderno de Nueva York), en el año 1936, y, un año después, otra exposición itinerante, Arte degenerado, organizada por el poder nazi en Alemania, legitimaron todo el arte moderno junto al de los outsiders.

     

    Durante la segunda década del siglo XX se publicó, en 1922, el trabajo, con abundantes reproducciones, del médico e historiador de arte Hans Prinzhorn, Los trabajos artísticos de los enfermos mentales. Este libro sería un hito en la historia del arte por dos razones: porque fue uno de los ensayos que consolidó el valor estético de dichas obras y porque su influencia entre los artistas y poetas de vanguardia sería trascendental. El mismo año de su publicación Max Ernst llevó el libro a París y, de alguna forma, como escribe Claudia Dichter en su libro Outsider Art: Collection Charlotte Zander, la obra de Prinzhorn se convirtió en la Biblia de los surrealistas.

     

    Como ya hemos dicho, en los años cuarenta del siglo pasado el artista francés Jean Dubuffet le daría un nombre concreto a todo aquel arte de los enajenados: Art Brut, lo que viene a ser en castellano arte en bruto o arte crudo (el famoso raw art norteamericano). Bajo la influencia de un artista como Max Jacob, del poeta Blaise Cendras y de los dadaístas en general, Dubuffet inicia una peregrinación por los sanatorios de Suiza y de Francia compilando información y obras de los enfermos mentales. Finalmente, en 1945 crearía el concepto de Art Brut y, posteriormente, en 1948 la Compañía del Art Brut.

     

    En la primera de las exposiciones de este tipo de arte realizada un año después en París, Dubuffet escribió un manifiesto para el catálogo de dicha exposición cuyo título de su escrito fue L´art  brut préféré aux arts culturels. En este texto se planteaba no sólo la legitimidad de aquellos que deciden qué es arte y qué no lo es, sino también cuál es la frontera entre lo normal y lo anormal. A pesar de que André Breton quiso apropiarse de sus ideas, y posiblemente de su colección de trabajos de los dementes, Dubuffet, defendiendo la autonomía de dicho arte, se llevó su colección a Estados Unidos en 1951, donde permaneció hasta 1962. Una década después esta colección fue a parar a su lugar definitivo, Collection de l´Art Brut, en Lausanne, Suiza, un museo extraordinario que pude visitar el año pasado.

     

    En1972 se publicaría en Nueva York un libro fundamental (en el que se acuñó el término de outsider art) con abundantes ilustraciones: el de crítico inglés Roger Cardinal, Outsider Art. En los años setenta se realizaron nuevas catalogaciones y puestas en circulación de ciertas piezas de los outsiders. Sin embargo, sería a finales del siglo veinte cuando el mundo del arte consagraría oficialmente el Outsider Art: se preparó una exposición en Los Ángeles en 1992, Visiones Paralelas: Artistas modernos y arte marginal (que el año siguiente se pudo ver en España, en el Museo de Arte Reina Sofía); otra exposición importante fue la que se presentó en la Bienal de Venecia de 1995.

     

    En el campo de la historia y la crítica del arte ocurriría algo semejante: en el año 2000 aparecerían un trabajo monográfico de Colin Rhodes, Outsider Art, y una colección de ensayos compilados por Josten Berge, Marginalia: perspectives on outsider art. Roger Cardinal, en el ensayo incluido en este libro, llega a la conclusión de que dentro de la marginalidad artística urbana europea se está creando una especie de nuevo arte folclórico en la vestimenta, la música y los comportamientos típicos de estos nuevos outsiders.

     

    En el año 2001 se editó otro libro fundamental, el de Lucienne Peiry Art Brut: The Origins of Outsider Art (originalmente publicado en francés en 1997). Por otro lado, cualquier interesado en este tipo de arte debe consultar un libro que sintetiza la historia y la actualidad de dicha tendencia: Raw Vision: Outsider Art Sourcebook. Pero, ¿existe una tradición de artistas outsiders en España?

     

     

    La tradición de los outsiders en España  

     

    La tradición española de artistas outsiders ha sido parcialmente estudiada en algunos de los libros que acabo de mencionar. Uno de los outsiders más importante fue Miguel Harnández (1893-1957). Nacido en un pueblo de Ávila, a los diecinueve años emigró a Argentina. Vivió entre Buenos Aires, São Paulo y Río de Janeiro haciendo todo tipo de trabajos, desde campesino a chef. Metido en la política en Brasil, volvió a Europa, donde colaboró con los anarquistas en Lisboa, y participó en la guerra civil española. Finalmente tuvo que salir de España en 1938. Encarcelado en un campo de concentración en el sur de Francia, una vez terminada la II Guerra Mundial se fue a París. Vivió y murió en la pobreza total, dibujando y pintando obsesivamente.

     

    Uno de los outsiders españoles más fascinante fue Josep Baqué (Barcelona, 1895-1967). Era un solitario, un nómada. Desde los 17 años vivió una existencia errante por buena parte Europa desempeñando los más diversos oficios. En el año 1928 finalmente volvió a Barcelona y entró en el cuerpo de la Guardia Urbana de su ciudad natal, un puesto que desempeñaría hasta su muerte. Cuando terminaba su trabajo dedicaba todo su tiempo libre a dibujar, minuciosa y obsesivamente, monstruos. Soltero y sin hijos, vivía con su madre y tenía poco contacto con el resto de la familia, salvo con una sobrina que sería la que salvara los 1.500 dibujos que realizó y que el propio Baqué clasificó como “monstruos, maravillas y fenómenos raros”.    

     

    Menos reconocido es el escultor sobre corcho Joaquín Vincens Gironella, hijo de una familia de productores de corcho, nació en Gerona en 1911. En 1939 emigró a Francia y a partir de 1946 empezó a hacer sus esculturas de corcho.

     

    Otro de estos outsiders es Ignacio Carles-Tolrá, nacido en Barcelona en 1928  se marchó de España a los trece años y vivió en varios países de Europa. Según los últimos datos que poseemos, en la actualidad viviría en Santander totalmente dedicado a su obra.

     

    En Nueva York conocí a Angelo Romano (Madrid 1933), quien vivió durante un tiempo en Brasil y, después de haber trabajado en la marina mercante, se estableció en la ciudad de los rascacielos en 1968. Su obra es muy conocida entre los especialistas en arte popular. No obstante, es su lado místico, visionario, el que resulta más fascinante porque armoniza una vida dedicada a hacer su obra con un mínimo de medios (frecuentemente usa soportes desechados para pintar sobre ellos) partiendo de un estado espiritual que lo comunica con energías misteriosas. Esto hace que toda su obra no sea un simple producto mercantil sino que, según el propio artista, sus piezas se convierten en algo así como en mensajes recibidos y dirigidos al lado más secreto de la energía universal; o sea, que él se siente como simple mediador que le da forma artística a esos mensajes de la energía universal.   

     

    La obra de Romano está diseminada por todo el mundo y ha decorado varios barcos y, entre otros trabajos murales, las paredes de dos restaurantes en Nueva York. “Yo no soy un gran artista pintor –dice Romano- sino que soy un gran creador, un imaginador”.

     

    Gracias a mi amigo el psiquiatra Carlos Álvarez Vara yo ya había visto en España algunas obras de enfermos mentales muy sorprendentes publicadas por una empresa farmacéutica suiza entre 1964 y 1968 en unas carpetas: Psicopatología de la expresión. Una colección iconográfica internacional. En el año 1969 un laboratorio español también publicó El caso Elisa. La configuración de la temática conflictiva de una neurosis a través de la terapéutica por el arte. Pero estas publicaciones sólo circularon entre psiquiatras y psicólogos y nunca llegaron a las manos de los artistas españoles de la época.

     

    En el año 2005 Susana Blas Brunel realizó un primer documental sobre outsiders españoles para el programa Metrópolis de Televisión Española. En esta primera entrega eligió seis creadores singulares (Man, José Cao Lata, Antonio Taboada Willy, Mery Eis y José y Juan Palau) y un artista consagrado que aun perteneciendo al contexto convencional del arte contemporáneo siempre se ha interesado por estas “prácticas otras”, como es el caso de EVRU.           

     

    El segundo documental se mostró  el 2008; así es como lo describía la directora: “A lo largo del programa nos adentraremos en los universos creativos de cuatro autores singulares Luis García Vidal, Pepo, Julio Basanta y Eulogio Reguillo, provenientes de contextos muy diferentes; y de un artista que aun perteneciendo al contexto normativo y de prestigio de la literatura, siempre se ha interesado por estas prácticas alternativas y de hecho ha desarrollado su obra tanto en los circuitos habituales como en los marginales, como es el caso del poeta Dionisio Cañas. Para finalizar el recorrido, el programa dedica unos minutos de homenaje a uno de los artistas que conocimos en el primer capitulo y que ha fallecido recientemente, el escultor gallego Antonio Taboada (Willy)”. 

     

    En los años siguientes se realizaron varias exposiciones en España: una en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, Art Brut. Genio y delirio (2006), y otra, quizás la más significativa, la organizada por la Universidad de Valencia el año 2010, Pinacoteca Psiquiátrica en España 1917-1990. Esta última mostró una impresionante colección de trabajos que eran totalmente desconocidos en el ámbito del arte nacional.

     

     

    Algunas conclusiones

     

    Toda la información presentada anteriormente sobre artistas outsiders españoles, y las diferentes exposiciones y materiales que se han podido ver en nuestro país, nos plantea una cuestión: cuando se ha despilfarrado tanto dinero en inútiles y faraónicos centros culturales ¿por qué no existe en España un museo o una institución que pueda acoger y en donde se pueda estudiar esta gran riqueza artística y también científica española?     

     

    En última instancia, el arte de los outsiders en España parece estar condenado a vivir en la afueras del arte porque representa una seria amenaza para los artistas consagrados. Algunas de las obras de estos artistas son un documento humano y estético tan extraordinario que pueden eclipsar la idea que tenemos de la genialidad de muchos de los artista profesional. Quizás sea esa la razón última por la que el mercado del arte prefiere que los outsiders sigan siendo considerados como eso, unos bichos raros que no se pueden comparar con los artistas consagrados, que sus trabajos son unas obras inclasificables, pero unas obras que pueden inquietar a más de un artista profesional porque, a la larga, lo que reflejan es que el mundo del arte es un negocio que funciona infravalorando a unos artistas e hipervalorando a otros para que el juez último de la calidad artística sean el dinero. La creatividad y el fenómeno estético y son hoy mucho más ricos gracias a todos estos outsiders.

     

    Como conclusión reproduzco parte de un intercambio de correos electrónicos que he tenido con mi amigo el fotógrafo Santos Montes. Creo que su punto de vista es importante a pesar de que él mismo se encuentra dentro de lo que podríamos llamar artistas profesionales, su interés por compilar obras de fotógrafos que no se consideran artistas y de cuadros de aficionados refleja una sensibilidad y receptividad poco común entre los artistas consagrados. Esto es lo que me escribió Santos Montes:

     

    “Lo que comentas me ha recordado al poema ‘Codex’, de Tomas Tranströmer del libro Deshielo a mediodía. Habla de los artistas cuyo nombre se debe citar con una aclaración a pie de página. Luego están los anónimos que son los que han sido mas productivos, además de misteriosos e interesantes. No hay que olvidar que empezamos a tener “cierta seguridad” en las atribuciones después del Renacimiento: ¡Todo lo anterior era anónimo!, más lo que vino después. Muy productivos y como no tenemos ninguna referencia biográfica nos resultan misteriosos”.

     

    “Creo que unos de los puntos de partida para la aceptación de los outsiders fueron Goya y Tiépolo con obras que no partían del encargo de las monarquías o de la Iglesia. No hay que olvidar que Goya hizo varias obras tremendas del interior de psiquiátricos y que él mismo tuvo problemas mentales. La famosa enfermedad de Goya, que nunca se ha sabido explicar. Después vino ese continuo movimiento de la Historia del Arte en el que cada diez años se daba un nuevo paso que encontraba un punto de mayor libertad. Desde Goya la Historia del Arte ha sido una carrera hacia delante”.

     

    Si están interesados en explorar el tema de los artistas outsiders, recomiendo la excelente tesis doctoral (UCM, Madrid, 2010) de Graciela García Muñoz, ahora disponible a través Bubok Publishing, donde se incluye una importante entrevista a Lola Barrera, codirectora del documental ¿Qué tienes debajo del sombrero?

     

     

     

    Dionisio Cañas es poeta y catedrático de CUNY (The City University of New York). En FronteraD ha publicado El gran poema de nadie, Patricia Gadea, entre la luz y la muerte Expaña hecha polvo. ¿Qué hacer para recomponerla?

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