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    Padres bloqueados van a la universidad

    Carla Fibla - 06-04-2010

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    Esa broma, algo ridícula, que se hace a los padres cuando nace un bebé de si tienen el manual de instrucciones para saber qué tienen que hacer con ese nuevo ser que acaba de llegar a sus vidas, queda obsoleta a las pocas semanas. Las tareas mecánicas de cambiar pañales, dar biberones, acunar, ayudarle a que hipe, son sencillas si se comparan con las complejas y apasionantes etapas que les quedan por descubrir a los padres cuando ese bebé empiece a crecer, a convertirse en persona.

           El arte de descifrar los llantos puede ser desesperante, a menudo frustrante. Pero nada comparado con el análisis del carácter y el modelaje de la personalidad de un ser con el que se mantiene una relación tan intensamente carnal. Tanto que hace que los padres se sientan desprovistos de argumentos, de reacciones que les permitan construir una relación sana y equilibrada, dando el grado justo de libertad sin dejar de estar pendiente de la evolución del menor.

           ¿Dónde se aprende todo eso? ¿Quién tiene las claves que nos garanticen ser unos buenos padres? ¿Puede seguirse una misma regla siendo los niños, las situaciones familiares y los entornos tan diferentes?

           Las preguntas sobre las relaciones entre padres e hijos son interminables, algunas aparentemente sencillas, pero siempre complejas cuando se llevan a la práctica.

           “Para educar a un niño hace falta una tribu entera”, sentencia el principal lema de la Universidad de Padres (UP), que dirige el filósofo José Antonio Marina con la intención de crear una movilización educativa basada en la experiencia personal de los padres.

           La sensación de bloqueo puede llegarte en cualquier momento, depende de la tranquilidad con la que te tomes la incomunicación que puede llegar a asentarse si no eres capaz de enfrentarte a la situación. Escuche a Marina una tarde hablar por la radio de su proyecto, contar con entusiasmo que es posible enseñar a los padres a serlo y me convenció. Rellené una inscripción para matricularme, esperé paciente a que me aceptasen y a las pocas semanas el tutor se puso en contacto conmigo y comenzaron a colgar el material didáctico en la página de la UP.

           Se educa desde el momento cero, desde que el bebé llega a este mundo berreando. Lo que Marina pretende es que los progenitores sean capaces de dotarle de cinco grandes recursos antes de que cumpla 16 años: “Una idea del mundo veraz, rica en valores, amplia y abierta, que ofrezca posibilidades; un pensamiento riguroso, creativo, crítico y capaz de resolver problemas; estímulo emocional alegre, optimista, activo y resistente; voluntad libre, responsable y recta; y talento para la comunicación y la convivencia”.

           La familia y la escuela son los lugares en los que el niño crece y se desarrolla, por lo que la UP propone un minucioso plan didáctico para que se vayan adquiriendo esos valores en esos entornos, superando las dificultades de cada edad e intentando corregir percepciones equivocadas. En la UP los alumnos son padres inquietos, algo desesperados porque quieren educar a sus hijos de la mejor manera, bloqueados y sin medios para ir avanzando.

           Pedagogos y psicólogos con experiencia educativa y formación de padres participan en este proyecto social de equipo, por el momento sin ánimo de lucro. Y es que la UP está nutriéndose y formándose de la experiencia de esos primeros años de intercambio entre padres y tutores, los educadores que a través de la red corrigen actividades e intercambian impresiones en foros.

           En sólo dos cursos, la UP cuenta con 2.000 alumnos y una amplia lista de espera. El proceso de selección no es público, pero se supone que la criba consiste en tener aulas lo más ricas posibles, con situaciones familiares muy diferentes, y que los únicos criterios para agrupar a los padres son la edad y el sexo de los niños, sin saber nada más sobre ellos. La UP hace una primera criba teniendo en cuenta datos básicos sobre el tipo de familia, la situación económica y el número de miembros que la componen. Luego,  cuando has sido aceptado, el tutor pide pide una breve introducción de las características familiares.

           Recuerdo el ansia en las primeras lecturas de los Módulos en los que buscas desesperadamente referencias a lo que estás viviendo en cada con tu hijo, la necesidad de aprender rápido o de que al menos te den alguna idea novedosa para aplicar de forma inmediata.

           Durante el curso, el maestro se convierte en un ser bastante distante, porque en la UP quieren que sean cada padre o madre los que, de forma autodidacta, lean el material proporcionado -la teoría-, la asimilen, piensen en su situación personal, y la apliquen en las actividades y problemas planteados.

     

     

           Un sistema algo aburrido, teniendo en cuenta las posibilidades de interacción que ofrece la Red, en la que se teje esta iniciativa, pero que permite ir enfrentándote poco a poco a esas situaciones de bloqueo en las que no era posible avanzar.

           Tras haber respondido a la primera actividad decidí intentar comunicarme de forma personal con mi tutor. El esfuerzo empleado en la lectura y el análisis quedaba frustrado con las respuestas mecánicas del profesor. La secretaria UP on-line respondíó: “…quiero que entienda que esto no es consultorio, nosotros os proporcionamos una serie de material teórico, práctico y un tutor que os pueden ayudar en vuestra tarea de educar a vuestros hijos, pero no podemos realizar un formación personalizada”. (En la Revista UP se puede leer más).

           La UP acerca conocimientos y estudios que nos permiten entender mejor cómo está evolucionando la educación, no sólo en nuestro pequeño ámbito familiar, sino en otras partes del mundo. Con títulos concisos, pretenden que el alumno no se quede únicamente en la lectura de las notas del curso. La educación se mueve: Pensar es asunto de todos, Educación del talento, son algunos ejemplos.

           Cuando te conviertes en alumno de la UP, debes seguir un calendario que comprende actividades obligatorias, centradas en el material del curso, y a las optativas, para ampliar conocimientos y, sobre todo, personalizar lo que estás aprendiendo.

           A través de la biblioteca y el glosario virtual es posible documentarse y encontrar las referencias para los problemas que preocupan a cada padre o madre en la UP, como reflejan en algunos de los comentarios de los padres que cuelgan en el foro interno, se busca reforzar la confianza en uno mismo. Al exponer de forma no anónima, pero con una escasa relación con el tutor-educador, las dificultades cotidianas de la relación padres-hijos, y a través de un canal tan frío como Internet, los padres transmiten sentimientos e impresiones a menudo poco racionales. Así, se logra crear una atmósfera profesional, seria, en la que todo el mundo aprende pero que al final deja una sensación de decepción.

           Al principio del curso, cuando se lee con esmero el material didáctico que expone de forma directa las nociones que se deben retener, se siente cierta desilusión por la primera respuesta, algo mecánica, del tutor. Éste te felicita por la contestación -“¡Muy bien!, el objetivo de la actividad era sobre todo reflexionar sobre lo aprendido en esta unidad y asentar conocimientos, y por lo que veo los habéis asimilado estupendamente”- y aporta algunas apreciaciones generales que ayudan a seguir enfocando el tema, pero sin referirse a los comentarios de los padres incluidos en la respuesta a la actividad.

           Produce verdadera ansia comprobar que eres capaz de entender la teoría y de aplicarla a los niños ejemplo del ejercicio, pero que luego eres incapaz de llevarla a la práctica con tu propio hijo.

    La respuesta de la UP a esta sensación es: tiempo. No es posible que los cambios den un resultado inmediato, ni siquiera a corto plazo, cuando se trata de relaciones personales. Y menos cuando uno de los implicados es un menor. Por eso, desde la UP hablan de esa paciencia que nunca es suficiente cuando se tienen hijos.

           Hay tantos matices en la obsesión por ser unos buenos padres, porque nuestros hijos se conviertan en buenos ciudadanos, que puedes debatir las claves que proporciona la UP u optar por unirte. Mientras las actividades y lecturas plantean salidas para que la relación con el hijo o hija sea más fluida, más sana, también sugieren algunos cambios que los adultos debemos considerar cuando los bebés dejan de serlo para convertirse en niños, o cuando estos se acercan a la adolescencia, al mundo de los adultos.

           A los padres nos cuesta mucho asumir esos cambios. Hay quien incluso intenta retrasarlos auto convenciéndose de que su hijo no hace ciertas cosas típicas de su edad, o quien intenta controlar cada instante de la vida de esa persona, a la que has creado pero que no te pertenece.

           QTal vez lo más interesante de la iniciativa aún en gestación que parece ser la UP es que destacan los aspectos positivos de esa relación padres-hijos que va creciendo y por lo tanto cambiando, a la que hay que ir adaptándose, planteando dudas, ofreciendo respuestas. Una persona cambia cuando se convierte en padre o madre. Quizás muchas de las dificultades y miedos a los que no somos capaces de enfrentarnos cuando damos ese paso se deban a que no asumimos nuestra propia transformación.

     

     

           Quizás sea un poco prematuro hacer una crítica de fondo sobre el funcionamiento de la UP pero desde la mezcla de necesidad, ansia y sentimientos encontrados que es educar a alguien, decepciona que su estructura no sea flexible durante el curso. Es una iniciativa nueva y ambiciosa, basada en un intercambio padre o madre- tutor en la que creo que no se aprovecha todo lo que esa relación pueda dar de sí. Entiendo que los responsables de la UP no quieran que se convierta en un consultorio psicológico personalizado, porque se están planteando situaciones y se proporciona información sobre el niño o la niña en cada edad de forma general. Pero creo que es complicado que un campus virtual centrado en algo tan personal como la relación padres-hijos pueda funcionar sin que exista una mayor implicación, más detalles y una respuesta en la que el alumno, el padre o madre, se sienta identificado.

           El esmero y la implicación que supone completar una actividad sobre un caso práctico en el que compruebas que tu hijo encaja es a menudo respondida con recomendaciones demasiado generales: “El sentido del deber es un hábito que los niños tienen que ir aprendiendo poco a poco (…) Desde casa, es bueno que se vaya generando la responsabilidad con pequeñas tareas que se les atribuyan y que entiendan que tienen ciertas obligaciones que cumplir (…). Si desde pequeños fomentamos este hábito les resultará mucho más fácil el ir asumiendo y superando los retos con los que se puedan ir encontrando a lo largo de su vida. Vivimos en una sociedad regida por normas y en la que todos tenemos unas obligaciones que cumplir, el deber es un recurso que potencia la autonomía personal y la capacidad de esfuerzo, y sobre todo es aquello que nos va ayudar a conseguir nuestros objetivos”.

           Son indicaciones correctas, basadas en el sentido común. Pero quizás los padres necesiten algo más, la posibilidad de practicar algún experimento dirigido por el tutor durante el curso para poner en práctica estos cambios con su propio hijo o hija.

           Por el momento, en la UP hay demasiada teoría, interesante y que ayuda a reflexionar, pero que sigue siendo muy difícil llevar a la práctica sin aprender a hacerlo. Ese podría ser un nuevo reto del crecimiento de la Universidad de Padres.

     


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