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El No-tiempo

Por José de Montfort

 

1.

 

Se pasa tiempo en el metro, ahora. Mucho tiempo. O más del que le gustaría. Pero es un no-tiempo, que no sirve para nada. O sí: para ser consciente del tiempo. Puro tiempo inútil, en el que ahora vive él, a ratos. Cada día.

 

Es una especie de vida en la nube.

No es sino que está.

Ni inquieto, ni esperando.

Está. Y ya está. Y, al mismo tiempo, No está.

 

2.

 

Lo intentó (distraerse) con los podcasts, la lectura del twitter, la lectura de los libros (en papel)… pero hay mucha gente, demasiada. Y pasa más tiempo ocupado en no rozarse con nadie o en intentar que no le roben la cartera que en cualquier otra cosa. El resto del tiempo sencillamente está.

 

Pero no sabe para qué.

O mejor: para quién.

 

3.

 

[A veces tiene la sensación de la infinidad del futuro]

 

 

4.

 

El metro no llega nunca, o llega siempre al mismo sitio, que es una parada igual, pero distinta.

 

Los nombres ya no le llaman la atención, se solapan en su memoria. Se han vuelto una suerte de -posibilidad- de espacio.

 

No exactamente un no lugar, sino un futurible.

 

A veces piensa en bajarse en alguna de esas paradas. O en pasarse de largo, por mucho. Y bajar en cualquiera otra de esas miles de paradas de idéntico color amarillento (como las páginas de un triste periódico que un niño hubiera repintado con amarillo fluorescente).

 

Lo piensa, lo piensa tanto que él mismo se vuelve nada.

 

Y fluye. Y está (pero no se le espera; nadie le espera, más que él mismo al final del arcén).

 

Al mismo tiempo: No está.

 

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