Reformar el sistema comercial, sí… pero no a través de medidas unilaterales

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El pasado martes, Donald Trump, dijo ante la Asamblea General de la ONU que el sistema comercial actual es injusto y necesita urgentemente un cambio.

 

En una entrevista con Noticias ONU durante su paso por la Asamblea General esta semana, la responsable del Centro de Comercio Internacional*, comenta haber escuchado al presidente de Estados Unidos, tras lo cual añade: “Estoy totalmente de acuerdo”.

 

La española explica que la Organización Mundial del Comercio, -el órgano intergubernamental que con sus 164 miembros regula la práctica mayoría del sistema comercial-, es una organización cuyas reglas datan de 1995.

 

“Es hora de reformar la organización y sobre todo las reglas del comercio internacional. En el año 1995 no existía la tecnología, no existía el comercio electrónico, no teníamos problemas con la ciberseguridad simplemente porque esto no se planteaba. Hoy esto existe y está muy bien, y es muy importante que la organización se reforme”, declaró.

 

Ahora bien, para la directora ejecutiva del mencionado Centro, no basta con decir que la Organización tiene que reformarse: “la organización pertenece a sus miembros, incluido Estados Unidos, por tanto, lo importante ahora es pasar del dicho al hecho; sentarse en la mesa de negociación, traer a la mesa los problemas que uno piensa que tienen que ser resueltos e iniciar un proceso de negociación”.

 

Negociar: yo te doy, tú me das

Y negociar es algo muy sencillo para González, pues se trata de “yo te tengo que dar un poquito para que tú me des un poquito”.

 

Para ella, lo que falla son las respuestas unilaterales. “Lo que en el siglo XXI no funciona es intentar imponer al resto del planeta tus propias soluciones. Todo tiene que pasar por una negociación que hace que el resultado se al final más legítimo y probablemente más eficiente”.

 

Además, explica que el problema de fondo es probablemente unas reglas de comercio y una relación comercial que está desequilibrada; pero para equilibrarla no basta simplemente con una medida unilateral.

 

Guerra comercial

Con respecto a cómo la guerra comercial que ha lanzado Estados Unidos contra China y la Unión Europea está afectando al comercio mundial, aseguró que se están viendo dos consecuencias.

 

Por un lado, las medidas unilaterales generan respuestas unilaterales: “si yo te hago esto, tú me vas a responder, pero eso no va a resolver el problema de fondo”.

 

Por otro lado, este tipo de medidas están generando muchas turbulencias en los mercados globales.

 

“Es decir, que una batalla, una rivalidad entre Estados Unidos y China no está confinada a Estados Unidos y a China. Esa rivalidad se extiende al resto del planeta y todos se ven medidas afectados por medidas que no han tomado y que puede que no les gusten”.

 

Repercusiones para América Latina

Entre los que no han tomado esas medidas figuran los países de América Latina. Al preguntarle sobre cómo la guerra comercial puede afectar a los países de la región, Arancha González comenta que hay tres factores que están incidiendo.

 

“Lo primero que hacen las turbulencias en los mercados globales es generar dudas sobre el crecimiento económico, y América Latina necesita crecer”.

 

A continuación, señala que Latinoamérica necesita ese crecimiento porque “tiene una población extremadamente jovenque hay que insertar en el mercado laboral”.

 

Además, en este momento de turbulencias, las empresas son muy reacias a invertir y a tomar decisiones a largo plazo.

 

“Sabemos que América Latina es un lugar del mundo donde las empresas les gusta invertir, pero, en este momento de complicación y turbulencias, muchas de ellas simplemente no lo están haciendo y eso, otra vez, es una rémora para las economías latinoamericanas”, indica.

 

La tercera consecuencia es el encarecimiento del dólar y con esto se encarece servir la deuda que muchos países tienen contraída en dólares.

 

“Todo esto lo que os dice es que se crea una situación en los mercados y en la economía mundial que no es muy propicia para una región como América Latina que insisto necesita crecer, necesita inversiones, porque necesita generar empleo”, afirma.

 

Llamado a la calma

Según la directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional, en definitiva, todas “esas turbulencias están poniendo en peligro el crecimiento económico que tanto ha costado recobrar desde la crisis de 2008”.

 

Ante ese peligro y las tensiones que genera la guerra comercial, Arancha González hace un llamado a la calma.

 

“Un llamado a la negociación que es la manera en la que se resuelven los problemas en el siglo XXI; que los países vuelvan a la mesa de negociación, que se sienten, que discutan que expongan sus problemas, y entre todos logren crear un sistema de reglas de juego que sea benéficos para todos”.

 

Lección histórica

En la década de 1990, se produjeron fuertes reacciones sociales, en ocasiones reprimidas con dureza por algunos Estados, contra el fenómeno de la globalización y algunas de las instituciones que la representaban, como la Organización Mundial del Comercio, ya que había sectores que consideraban que generaría desempleo en muchos países y un reparto desequilibrado de la riqueza.  

 

En la actualidad, algunos de esos mismos Estados son los que están poniendo en duda el sistema comercial al asegurar que ha generado desempleo y pobreza en sus países. 

 

Preguntada por cuál es la lección histórica que podemos obtener de los veinte años de globalización, Arancha González explica: “La lección que yo saco es que el problema no es tanto con la globalización, sino qué hacemos para asegurarnos que no solamente beneficia al uno por ciento de nuestras sociedades, y sí beneficia también el 99 por ciento de hombres y mujeres que componen nuestras economías y nuestros países".

 

Países que lo hacen bien y países que lo hacen fatal

En su opinión, “hay países que lo han hecho mejor y países que lo han hecho fatal y eso no es tanto la culpa de la globalización sino de qué políticas se han adoptado dentro de los países para asegurar una distribución más justa de los beneficios del comercio, de los beneficios del crecimiento económico, de los beneficios del progreso tecnológicos”.

 

Todo eso tiene que ver, según explica, con qué se hace en educación, qué se hace en infraestructuras, cuánto se invierte en investigación y desarrollo, cuánto se invierte en capacitar a los jóvenes y en qué se les capacita.

 

También tiene que ver en “cuánto se invierte en sistemas impositivos más justos que no penalicen siempre a los mismos y dejen libres a quienes en realidad deberían también contribuir pagando sus impuestos”.

 

Finalmente, reflexiona: “creo que tiene mucho que ver con políticas domésticas y esta es la gran lección de los últimos veinte años. Funciona que las economías sean más abiertas, que tengan una mayor respiración con la economía mundial, pero no funciona si nos paramos ahí. Esto tiene que estar complementado con políticas domésticas; políticas internas fuertes, sólidas, que aseguren justicia en la economía y más igualdad en los beneficios del crecimiento”.

 

*Órgano que depende de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo

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Producción: Antonio Lafuente

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