Montaha Tarshan

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    Sarah y Montaha tratan de mejorar la vida de las mujeres árabes a través de la agricultura

    Texto y fotos: Patricia Cirera - 10-07-2014

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    Sarah, de Líbano, y Montaha, de Palestina, son dos mujeres que luchan por el desarrollo económico y social de la mujer a través de la cooperación de trabajo. 

     

    Sarah Mortada es una mujer libanesa de 60 años. Viuda con seis hijos. Ella es la pequeña de 14 hermanos. Vive en un pueblo fronterizo con Israel. En el año 2000 Israel ocupó su tierra, que luego recuperó en 2006. Lejos del machismo que se les supone a los hombres musulmanes, en su casa las mujeres eran las mimadas y los chicos de la familia las protegían. Los padres y abuelos de Sarah también trabajaban en el campo. Sarah cuenta que antes era más laborioso, pero vivían mejor. En cuanto a los derechos de la mujer explica que la situación está un poco mejor, aunque sin grandes diferencias.

     

    Montaha Tarshan es de un pueblo cercano a Ramallah llamado Kafr Malik. Son nueve hermanos. El padre era profesor y la madre, ama de casa. Montaha tiene 37 años y tiene cuatro hijos. Ha vivido las dos intifadas, la del 87 y la del 2000, pero no le gusta hablar de política. Montaha es costurera. Borda vestidos típicos de Palestina que se usan para celebraciones.

     

    Ambas tienen en común la lucha por los derechos de la mujer, son emprendedoras e intentan impulsar el desarrollo socioeconómico y la cooperación entre mujeres en la cuenca del mar Mediterráneo.

     

    Actualmente en el Líbano hay cierta inestabilidad debido a los más de dos millones de refugiados provenientes de Palestina y Siria. Un país pequeño para absorber tanto refugiado. Según datos de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (URNWA), Líbano es el tercer país con más refugiados palestinos, con 470.604. Los dos primeros países son Jordania (2.090.762) y Siria (518.949).

     

    La situación de refugiado hace más difícil la obtención de la nacionalidad libanesa. Actualmente en el Líbano a los refugiados y a los hijos de padres no libaneses no se les concede.

     

    Sarah se lamenta de la escasez de agua. Si hubiera más, dice, la agricultura estaría mucho mejor. Por eso la mayoría de la agricultura es de secano. Como la tierra no da suficiente dinero para vivir, los hijos de Sarah no han continuado con las faenas agrícolas sino que han estudiado carreras como biología, geografía y contabilidad.

     

    Cuando Sarah tuvo que huir, en la guerra de 2006, una familia del pueblo cercano cristiano-armés los acogió. Ella comenta que no han tenido ningún problema con los vecinos y que en el pueblo conviven diferentes religiones. Son cuestiones políticas las que causan divisiones.

     

    A pesar de la buena convivencia no está bien visto el matrimonio entre un musulmán y una cristiana, aunque sí está permitido un enlace civil desde hace poco tiempo.

     

    La constitución libanesa obliga a que los distintos estamentos del poder nacional se rijan bajo parámetros religiosos: la presidencia del país (cristiano-maroní), la del gobierno (musulmán-sunita) y la del parlamento (musulmán-chií). Aunque no todo el mundo tiene acceso a la política y a formar un partido. Depende de los contactos, explica Sarah.

     

    En la cooperativa agrícola que han organizado entre diferentes pueblos del Líbano no se mira la religión ni hay preocupación por cuánto dinero se va a llevar cada uno.

     

    Por su parte Montaha afirma que la condición de cada mujer depende de la situación individual en su propia casa. Por lo que desde la agrupación en la que trabaja intentan cambiar la visión de la mujer como ama de casa, para que se pueda integrar en el mundo laboral.

     

    El conflicto entre Israel y Palestina es extremadamente complejo y está enquistado. El muro que divide ambos pueblos se extiende a lo largo de 400 kilómetros, y está previsto que llegue a tener 721 cuando esté finalizado. Los check points de los militares israelís regulan la vida cotidina; los colonos no dejan de ejercer presión; el abastecimiento de agua a Palestina sigue sometido a todo tipo de irregularidades, y la situación de los refugiados sigue siendo incierta.

     

    Montaha comenta que este año no han obtenido permiso para hacer la excursión anual alrededor del país.

     

    Del pueblo donde vive Montaha a Ramallah hay poca distancia, pero se multiplica porque en medio hay un pueblo a través del cual no está permitido el paso.

     

    Las asociaciones a las que pertenecen Sarah y Montaha forman parte de Ruwomed, un espacio económico para la mujer. Pretende unir a mujeres de diferentes países del Mediterráneo que trabajan la agricultura.

     

    Junto a la Asamblea de Coorperación por la Paz, el Agricultural Rielf Committee y el Collective for Research, Training and Development-Action, Ruwomed tiene como objetivos apoyar las iniciativas empresariales, potenciar el comercio justo y la cooperación entre Jordania, Palestina y Líbano. Y así contribuir a la independencia económica de la mujer, mejorar sus derechos y su papel en la sociedad, y ayudar a los desfavorecidos. En definitiva, potenciar las pequeñas empresas y cooperativas de mujeres para que sus proyectos sean viables, que les garanticen ingresos decentes. 

     

    Además de dar soporte a 44 mujeres productoras agrícolas del Valle de Jordán, Ramallah y Cisjordania, y a otras 30 en la Franja de Gaza, Ruwomed proporciona apoyo y colabora con diversas cooperativas rurales de mujeres en Líbano y palestinas refugiadas en Líbano.

     

    Sarah y Montaha demuestran que la unión hace la fuerza. Han abierto camino para futuras generaciones, para que vean que pueden tener una economía sostenible y desarrollarse profesionalmente y ser independientes. Que pueden ser útiles.

     

    Ajenas a la política de su país, ellas, de forma práctica y sencilla, se centran en el día a día de su trabajo y en su misión de atraer a más mujeres, sorteando dificultades sin que nada las detenga.   

     

    A pesar de los problemas que se encuentran, Sarah y Montaha han ido encontrando la manera de ser libres, al menos, socialmente, profesionalmente, como personas y mujeres. Labran cada día su futuro, concentran todos sus esfuerzos en salir adelante, y lo hacen juntas.

     

     

     

     

    Patricia Cirera (Barcelona, 1986) es licenciada en Comunicación Audiovisual y técnica en Social Media Management. Ha trabajado como redactora en informativos de cuatro televisiones y ha llegado a la conclusión de que se aprende más en medios pequeños. Colabora con varios diarios haciendo crónicas, reportajes y entrevistas

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