Foto: Lino González Veiguela

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    ¿Una segunda transición?

    Ignacio Castro Rey - 26-05-2011

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    Es de agradecer la intención, pero los periodistas del Washington post se confunden, como es habitual en su gremio. Esta no ha sido la “primavera de la frustración” en España, sino la de la decisión resuelta y contagiosa, aunque después acabe —no lo esperamos— como el rosario de la aurora. La frustración fue todo lo anterior que, aunque duró años, les pasó inadvertido. Qué vamos a reprocharles, pobres, si sus colegas de aquí tampoco se enteran. El 15-M es desde hace días la potencia inaudita de construir la propia vida sin miedo a la libertad, al margen de todos los que quieren hacerse cargo de nuestro bien a cualquier precio. Ya ocurría soterradamente en millones de personas, pero no lo percibíamos. Como en el caso de ese pequeño desliz neoyorquino de un dirigente del Fondo Monetario Internacional (FMI), los que mandan habían tomado nuestra muda depresión por “sexo consentido”. Le puede ocurrir a cualquiera. Pero ahora damos por supuesto el fin del equívoco sexual y el consiguiente proceso de denuncia por violación. Que la presidenta de la Comunidad de Madrid le suene mal el adjetivo real para el sustantivo democracia solo se debe a su animadversión a los sinónimos de común y su preferencia por otros adjetivos. Por lo demás, si la Puerta del Sol ha perdido su aire radiante y tiene un aspecto un poco tunecino… Qué se le va a hacer, son nuestros vecinos. Lo que siguen son reflexiones filosóficas marginales que, naturalmente, pueden ahorrarse los militantes de un lado o del otro.

     

     

    I

     

    Estos días demuestran a gritos lo que ya sabíamos, que la gente se las arregla a solas, sin contar con los líderes audiovisuales. Lo que se junta desde mucho antes del día 15, lo que de hecho da consistencia a este movimiento, es la sabiduría de una soledad compartida. “Abandono vivido en común”, como se dijo en unos tiempos que estos militantes de la democracia real no vivieron, afortunadamente para todos. ¿Qué encontramos al bajar por fin a la calle? La alegre comunidad de las fuerzas anónimas. Ante la huelga de brazos caídos del Estado y sus servicios mínimos, el voluntarismo máximo en el cual se comparte todo, ideas, consignas y bocadillos. Por supuesto, todo el desorden del mundo, a veces sin altavoces y coreando consignas superpuestas, pitidos estridentes y algarabía con aire árabe. Por supuesto, algunos alborotadores vocacionales en los bordes. Al cabo de unos días, muchos mirones y hasta turistas. Pero en conjunto, extremadamente vital, emocionante, confiado y también divertido. No solo indignación, sino ante todo jovialidad en estado puro frente a este funeral a plazos que nos ofrece la información diaria y la agonía política parlamentaria mezclada con la mitología de moda, la estadística. Tristeza y hartazgo atravesados hasta la insolencia de decir en alto: miserables gestores, no nos representáis, no os necesitamos, no necesitamos vuestro permiso. En efecto, tan poco pan y tanto chorizo, por repetir una consiga célebre, acaba hartando. Y llega un momento en que, aunque seas moderado en tus ideas, pierdes el miedo a gritar, a bajar a la calle y juntarte con don nadies como tú. De ahí esta adhesión casi jubilosa a un destino de todas formas sometido al sacrificio. ¿No es esta la generación que el admirado Felipe González calificaba de “perdida”? Pues bien, aquí están, haciendo de su perdición un arma.

     

     

    II

     

    ¿Y mañana? ¿Y después, en junio? Claramente, uno de los retos es la estabilidad, darle algún tipo de permanencia a la generosa energía de este movimiento sin caer otra vez en el latifundismo partidario. Lo mejor de este fenómeno colectivo es su ambigüedad no calculada, incluso el hecho de que ni siquiera sea radical o anticapitalista. Gracias a ello, nos ha dejado ya alguna certeza. Primero, se vote como sea el día 22, será lo mismo. Mejor dicho, nada será igual porque, aparte de los números, habrá cambiado el sentido de cada voto y el sentido de la democracia día a día, entre cada cita electoral. Es probable que Democracia Real Ya siga existiendo. En todo caso, parte de la población y algunos políticos menos corruptos habrán tomado buena nota de los acontecimientos de estos días. Cuando el poder no respeta a las personas, de pronto estas dejan de rivalizar y empiezan a respetarse mutuamente. Si la única circulación en esta sociedad es la de las elites y las redes, la abstracción del dinero y la información en tiempo real, ahora la gente se junta en el tiempo diferido del espacio, en el tiempo físico de la concentración. Se junta contra la circulación virtual de los flujos, intrínsecamente “piramidales”. Concentrada, la comunidad lucha contra la dispersión de este poder que nos quiere aislados, comunicados a distancia. El 15-M también se rebela contra el último refugio de la sociedad de espectáculo, el desfile televisual de las estrellas, de las víctimas y de la organización social de la caridad. Lo que los expertos han tardado en perdonarle a los protagonistas de la Puerta del Sol y muchas plazas españolas es que no se conformen con ser víctimas y hayan salido del purgatorio.

     

     

    III

     

    El “blanco y negro” de decisiones ocultas siempre está tras el color. Frente a la pesadez de las instituciones binarias —aunque haya más, siempre son dos las que acaparan la hegemonía— por fin ocurrió la vitalidad, el río de lo popular. Para los políticos profesionales y periodistas la perplejidad consiste sobre todo en el hecho de que la gente no espere al guión informativo y a la agenda política para decidir qué quiere en la vida pública. Con o sin permiso, manifestarse significa desbordar el aislamiento privado a que nos someten los que quieren vernos como un público cautivo —eso es para ellos el sistema— y pasar a la acción, la acción de juntarte y marchar, organizando lo que piensas. Por fin la vida inunda la calle de la historia, compartimentada hasta ahora por esta miseria cotidiana que administran los medios y los partidos. Tanto monta, monta tanto, pues se dan de comer mutuamente.

     

     

    IV

     

    No dejan de tener algo de razón, a su pesar, los políticos conservadores que comparan el movimiento 15-M con la marcha nocturna contra las mentiras del Partido Popular (PP) en la noche del 13 de marzo de 2004. Solo que ahora los manifestantes se enfrentan a las mentiras de la clase política en bloque, a todo el espectro ideológico parlamentario. Y esto además en la capital de España, donde precisamente se suman la política estatal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la política regional del PP, ambas profundamente inmorales. Los expertos, políticos o periodistas, siempre aludirán a manipulaciones oscuras, pero lo que es sorprendente en este caso, lo que tiene de emocionante para unos y de preocupante para otros, en pleno proceso electoral, es que miles de jóvenes hayan abandonado el victimismo y la manipulación mayoritaria de la que son objeto para salir a la calle denunciando la infamia de esta democracia piramidal y sus operaciones teatrales.

     

     

    V

     

    Frente a la indiferencia de la gestión, esta grisalla del comentario frívolo ininterrumpido, la información basura, las mentiras a medias y el aplazamiento perpetuo, por fin la decisión popular, la rabia jovial de gritarles treinta verdades como puños al arco entero de la mediocracia. Y esa deliciosa generosidad callejera, donde cada cual intenta escuchar o buscar consignas que tengan resonancia. El eco multiplicado de miles de pequeños descontentos, parecidos en el tono, al fin se unifica en emblemas que extienden la equivalencia como un reguero de pólvora. Por eso dicen: “No estamos aquí para reclamar sencillamente el acceso a hipotecas o para protestar por las insuficiencias del mercado laboral. Esto es un acontecimiento. Y como tal, un suceso capaz de dotar de nuevos sentidos a nuestras acciones y discursos”. Así pues, por una vez, cada voto, cada abstención, representará una vida. No se trata solo de números, sino de significado. Y esto a partir del sentido del humor de la gente que, por una vez, pierde el miedo y quiere que la calle rehaga el pulso de la democracia.

     

     

    VI

     

    No es tanto entonces, o no simplemente, una lucha “antisistema”, como una negativa a que ellos, esa casta que dice representarnos desde sus asientos de primera, detenten la exclusiva de lo que es el sistema con el pensamiento único de la bisagra partidista. Es significativo que, a espaldas de los problemas reales del país, los dos grandes partidos se pasen el día insultándose: se odian como colegas, para que no se vea todo lo que les une. Se tiran todo el día los trastos a la cabeza porque mantienen una complicidad profunda en lo fundamental, en entender la política como gestión, marketing de la pasividad de los otros.

     

     

    VII

     

    Pensándolo bien, esto es una lucha por lo que debe ser el sistema. ¿Quiénes son realmente “antisistema”, aunque no precisamente jóvenes? Si entendemos por sistema el régimen real en el que vive la gente de a pie, “antisistema” son ellos, la laya descarada de banqueros y políticos que nos gobiernan, ayudados por sus correveidiles periodísticos. Fíjense además en la gracia de las coincidencias. Los mismos días que comienza el movimiento en Madrid y toda España, la autoridad máxima del celebrado FMI, el sujeto que decide cuándo y cómo se renegocia la deuda de un pueblo griego empujado a la ruina por “nuestro sistema”, es sorprendido en un hotel neoyorquino cuya habitación cuesta por noche cuatro o cinco veces más que el sueldo medio que ganan estos jóvenes que se manifiestan. ¿No hay razones entonces, no para indignarse, sino para decidirse? Aunque después resulte que no violó a la camarera, sino que solo la sometió a múltiples vejaciones, el precio de la habitación donde este socialista da rienda suelta a sus dotes de mando es un dato en sí mismo obsceno, profundamente insultante. Y la misma vejación es la que él y sus amigos cometen con nosotros, también bajo la apariencia de consentimiento. La diferencia es que esta vez, pensando que el recinto era seguro, a este líder mundial “se le fue la mano”. Bien podíamos elegir a Strauss-Kahn patrón de todo este movimiento que grita basta ya a esta “violencia de género”, global y económicamente calculada, a la que se nos somete. ¿Qué minuta diaria tendrá su prestigioso equipo de abogados –“La batalla no ha hecho más que comenzar”, dicen- y quién la paga? Seguro que el dato es tan escandaloso o más que lo que ya hemos visto hasta ahora. Esta es la elite que dirige la Europa que admiramos.

     

     

    VIII

     

    Sin saberlo, y esto es lo mejor, los protagonistas de estos días no son ni siquiera “postmarxistas”. Nunca han sido empleados de esa homogeneidad ideológica de clase que no ha generado, desde hace mucho, otra cosa que inercia y connivencia con el automatismo del sistema. Afortunadamente para su salud mental, la mayoría de los miembros activos de Democracia Real Ya nunca han sido “víctimas” ni del franquismo, ni del marxismo… ni siquiera del pensamiento débil propio de los nativos digitales. El maltrato que han sufrido por parte del sistema es para ellos el colmo de lo analógico, pues siempre nos recuerda una escena originaria a la que debemos ser fieles. Ellos, a través de la precariedad programada, saben algo de eso. Piensan por fin a golpe de experiencia, de sentimiento. De ahí que, al margen de partidos y sindicatos, se hayan adueñado del kilómetro cero de las comunicaciones. Es hora también de recordar que el fenómeno 15-M pone en su justo término a cierta mitología de las redes. Las han utilizado como herramienta, las han forzado como se hace con una llave inglesa, lejos de esa euforia tecnológica que sólo lleva al intercambio de bobadas, esa interactividad narcisista tipo Mira mi foto. Por el contrario, esa común presencia del intercambio en espacio real disipa la mitología digital como un juego de niños. También enseña a discutir largamente sin odiarse. Común presencia frente al tiempo real del sistema en red que nos mantenía presos del aislamiento conectado. Sobre todo, la tecnología que se está usando a fondo es la de la vida que no depende de la información, la decisión de llevar el sentimiento a la palabra y a la acción común, que no cede siquiera ante las prohibiciones de la intocable Junta Electoral.

     

     

    IX

     

    Sin ser llamados, quieren “participar”. Quieren hacer algo por el Estado, ya que el Estado no hace nada por ellos. ¿Jóvenes antisistema? No, gracias, el piropo emociona, pero es excesivo. Y en exceso desinteresado. Ni tan jóvenes ni tan “antisistema”. Sin ningún afán visible de Revolución a la antigua usanza, estos jóvenes de entre 20 y 40 años que comenzaron el movimiento, quieren simplemente una sociedad menos corrupta y cutre, que permita trabajar. Quieren un sueldo digno y respirar sin la pistola de la precariedad en la cabeza. La vida ya es mortal: ¿ha de ser humillante además? ¿Es mucho pedir que tenga esquinas de sosiego? Cansados de unos políticos, unas coartadas ideológicas y unos cómplices comunicadores que se limitan a administrar el oscurantismo —una muestra de ellos es el tratamiento que han dado durante días a esta irrupción— han tomado la calle. Gracias, hay que decirlo, a que no es en absoluto visible en ellos una “ideología” común. Más bien la indignación, y la consiguiente burla, frente a las ideologías globales que se limitan a sobrevolar la vida popular, siempre en sillones de primera y con estadísticas amañadas en la mano. De igual modo que Bush durante días y días no pisó el barro del Katrina, así nuestros políticos, amurallados en sus respectivos aparatos partidarios y en sus cálculos electorales. Hay gente clave del PP y el PSOE que ha crecido literalmente dentro del organigrama, sin pisar la calle. Algunos hemos pensado que el escándalo gremial de los controladores aéreos, con unos sangrantes privilegios impunes durante años, se debía a representar el ideal de una clase político-mediática que sólo sabe sobrevolar, controlar a distancia.

     

     

    X

     

    En cierto modo, la gestión aparentemente neutra de estos expertos que nos manejan y han convertido la democracia en una pantomima, le dice a los manifestantes lo que decía Franco: “Hagan como yo, no se metan en política”. Es decir, déjense gobernar por quienes saben mejor que ustedes cuáles son sus problemas y sus soluciones, qué es lo que realmente necesitan. Y esto tiene el descaro de decirlo la elite de políticos y periodistas que hace veinte años que no bajan a la calle sin una nube de asesores, secretarios, escoltas y un Audi de cristales opacos esperando cerca. Del mismo modo que los expertos que nos gobiernan jamás toman el metro, tampoco se enteran de cuál es el maltrato real que siente la juventud. De tal ninguneo sistemático, del que los culpables —en su distancia mediática— ni se enteran, esta propuesta de democracia real, que les pilla totalmente por sorpresa. “¿Cómo, pero no vivimos ya en democracia?”. Pues no, no lo sienten así millones de personas, en España y en Europa. Las alusiones de la prensa europea a la plaza de Tahrir nos vinculan con cierto nepotismo con el que toman distancias, remarcando otra vez los Pirineos para evitar el efecto contagio. Como la corrupción estructural es similar en toda Europa, nos gustaría que la mancha del kilómetro cero se extendiera al Reino Unido, Francia e Italia. No es fácil, habida cuenta del control de la información y un abuso social un poco más inteligente.

     

     

    XI

     

    Mientas tanto, estos jóvenes españoles cometen el pecado de los pecados, ignorando la mítica fecha electoral y el sacramento de elegir entre dos versiones simétricas de la misma miseria. Esto ya es intolerable, se dice el tertuliano medio: ¿a quiénes sirven estos jóvenes irresponsables? La comparación con Egipto indigna a nuestros analistas políticos, naturalmente embutidos en el racismo Norte-Sur. Pero es evidente que hay concomitancias y que España se ha hecho eco tardío de los acontecimientos del sur del Mediterráneo. Con el mismo gesto altanero que tuvo con Túnez y Egipto, la clase política europea no puede imaginar que los pueblos tengan su propia percepción de las cosas, su propio proyecto, su propia concepción de la democracia, al margen de la bazofia que se les sirve desde arriba. Han tomado su silencio, su resistencia sorda durante años, su depresión, por aquiescencia. Por lo tanto, dicen, si de repente alguna gente se levanta, es que alguien está detrás manipulándoles. Ya conocen el refrán: Piensa el ladrón…

     

     

    XII

     

    Inanidad de poder, vacío con el que se juega día a día igual que se juega con la inercia, el fatalismo global y la depresión a cámara lenta. Lo mejor del librito de Hessel, en su sencillez, es su llamada a la movilización individual, la fe en que “el mundo” cambia si uno se pone en marcha a partir de su percepción y sus traumas personales. Precisamente la gran coartada fatalista del sistema son las fuerzas ciegas del mercado, la “mano invisible” y acéfala que gobierna los pueblos desde las alturas de Bruselas, París, Berlín o Wall Street. Pero de repente a estos jóvenes les importa un comino toda esa letanía a la que nos habíamos adaptado. Sólo saben, y es suficiente para rebelarse, que su presente es miserable y su futuro no promete nada mejor, al contrario. Así pues, ¿qué tienen que perder? Tiene gracia ver a los analistas políticos tartamudear ante un acontecimiento para el que no estaban preparados. De pronto, resulta que la gente no es idiota. Viven aquí, trabajan aquí, aman y sufren aquí. Quieren por tanto empezar a cambiar las cosas, aquí y ahora. También quieren que respondan los políticos a los cuales les pagamos, no ya su tren de vida, sino su “jet de vida”. Por eso nuestros eurodiputados se resisten a viajar todas las semanas en clase turista, ya que alegan estar muy estresados. Es de suponer el chiste que DRY haría aquí.

     

     

    XIII

     

    A pesar de todos los escándalos, quizás hoy la primera corrupción española es la del particularismo, la endogamia institucional y su inercia. Me refiero al caciquismo público y privado que funciona en todos los ámbitos de nuestra vida pública, desde los partidos a la Universidad o a los organismos oficiales de cultura. La Transición nos liberó pacíficamente de la dictadura. Lo que pide tal vez el movimiento del 15-M es una segunda transición que nos permita dejar atrás esta democracia osificada, jerarquizada por la dictadura financiera europea y nuestra burbuja partidista.

     

    XIV

     

    De hecho, en cuanto al mero resultado electoral, por muy dañino que haya sido para el socialismo el movimiento 15-M, todo tiene un aire de déjà vu. Las cifras que tenemos hoy a la vista, incluso con una elevada abstención y la disminución parcial del bipartidismo, era uno de los escenarios previsibles y se parece a otros vuelcos electorales anteriores. Tendrá ocho años de confianza de los mercados, con el consabido ciclo de austeridad, posterior crecimiento económico y despilfarro final. Lo que reclama Democracia Real Ya, el único dato realmente novedoso que sigue en juego, apenas debe plantearse variaciones tácticas en el nuevo decorado. Si acaso, para acentuar el reto de darle continuidad y profundidad a la rabia del movimiento. No es que ningún partido sea “igual” a otro —como tampoco lo son los distintos personajes dentro de cada aparato—, pero la indignación juvenil tiene razón en que se trata de dos partidos equivalentes. Los socialistas estaban haciendo mal y a rastras lo que los populares harán de manera más descarada. Para la gran masa de jóvenes y trabajadores, las cosas difícilmente pueden ir a peor. Es posible incluso que dentro del partido que se prepara para tomar la alternativa se haya anotado con preocupación este despertar insólito. Lo que es vital es confirmar este temor y darle forma. Para seguir manteniendo la simpatía de la población, y animar un poco la aburrida vida nacional, es clave que el movimiento mantenga su agresividad pacífica y consiga organizarla. No va a ser fácil, pero es el único dato verdaderamente nuevo. Todo lo demás, incluido un probable cambio de signo de los datos macroeconómicos, estaba en el guión.

     

     

     

    Ignacio Castro Rey es filósofo y crítico de arte, autor de libros como Votos de riqueza (A. Machado Libros) y Roxe de sebes (Noitarenga). En FronteraD ha publicado Si esto es amor

     


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