Bruce Springsteen

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    Springsteen: cultura e identidad

    Marina Pallás Caturla - 16-01-2014

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    Bruce Springsteen acaba de publicar su nuevo álbum, High Hopes. Otra promesa musical a las que ya nos tiene acostumbrados. Los valores que mejor identifican al músico son precisamente la esperanza y la libertad, pero ¿es su discurso hegemónico? ¿Y en qué grado han intervenido en su éxito la publicidad y los medios? Tomemos su figura como objeto de análisis dentro del teórico circuito de la cultura. Bruce Springsteen. No hace falta añadir nada más. Bruce Springsteen. ¿Hasta qué punto un solo nombre puede generar tanto significado? ¡Bruce Springsteen!

     

     

    The working class hero: la representación

     

    Jon Landau, crítico musical de la revista Rolling Stone, escribió el 22 de mayo de 1974, después de ver a Springsteen en directo: “He visto el futuro del rock‘n’roll y su nombre es Bruce Springsteen. Y en una noche donde necesité sentirme joven, él me hizo sentir como si escuchase música por primera vez”. No cabe duda. Bruce Springsteen es uno de los grandes de su generación. Un aclamado cantante, compositor y guitarrista que crea buena música. Una de las mejores imágenes de rock actual. Springsteen nació en Nueva Jersey el 1949 y desde que consiguió su primera guitarra con sus ahorros, a los catorce años, no la ha dejado. Con 64 años, todavía da vueltas por todo el mundo en multitudinarias giras internacionales. Sus conciertos duran más de tres horas y demuestra en cada uno de ellos que, a pesar de su edad, continúa en plena forma y siente la fuerza de su música con la misma intensidad que en su juventud. Para muchos, Springsteen no es una estrella de rock, sino la estrella de rock por excelencia. El rock en sí. 

     

    Pero Springsteen no sería Springsteen si sólo tocase rock y folk: el peso de sus letras poéticas le añaden un valor indiscutible a sus obras. Se ha convertido en un cronista del malestar social. En sus letras y con su voz desgarradora, toma consciencia política y social de lo que sucede a su alrededor. Es un artista comprometido con su tiempo, que  intenta denunciar las injusticias de las que es testimonio. Su archiconocida canción The Ghost of Tom Joad, recogida en su nuevo álbum junto con el guitarrista Tom Morello, está basada en el protagonista de Las uvas de la ira, del escritor de la generación perdida John Steinbeck.

     

    Valentía y libertad: parece ser que la creación de significado alrededor de la figura de Springsteen es dominante. Cualquier tipo de público lo puede identificar con el gran rockero que lleva décadas levantando pasiones por la música. Además, siempre se le relaciona con un discurso pro clase trabajadora y de variedad étnica. No faltan en su representación la idiosincrasia modesta, cercana y accesible que parece que lo caracterizan. ¿Han tergiversado los fans esta personalidad exagerando las virtudes de su ídolo? Probablemente sí, pero, basémonos en los hechos: conciertos benéficos, vida familiar discreta sin gallear de su envidiable situación económica, denuncia de injusticias sociales, mensajes de gratitud a sus seguidores, a quienes hace lo posible por conocer personalmente... Está claro que Bruce lo es todo a la vez: un intérprete muy popular, un poeta considerado y una potente fuerza política y cultural.

     

     

    ‘Tramps like us’: la comunidad Springsteen y la identidad

     

    Son 40 años los que lleva Bruce Springsteen, con nuevos discos a cuestas y encima de los escenarios. Y a lo largo de todo este tiempo siempre ha sido relacionado con el mismo discurso y aspecto, sin cambios de chaqueta ni nada por el estilo. Es sabido por todos que Springsteen da voz a los otros estadounidenses, a la otra bandera de la superpotencia: a los humillados veteranos del Vietnam, a los obreros industriales despedidos, a los inmigrantes ilegales capturados, a los presos del corredor de la muerte, a las personas sin techo… Este es también el público de Springsteen, el espíritu y los protagonistas de sus canciones. Ahora bien, ese discurso ha madurado. En sus inicios, el músico estaba más bien identificado con los jóvenes, con los trabajadores sociales y con los rebeldes. Era el ejemplo para los adolescentes problemáticos de las ciudades industriales olvidadas de la no representada América. El mensaje se extrapola hoy a millones de individuos de todo tipo que se sienten igualmente identificados con su música, con sus decisiones y con su personalidad. Porque, para desilusión de aquellos primeros seguidores puritanos, Springsteen hoy puede gustar a muchos (exceptuando, quizá, a los republicanos acérrimos). Uno de los aspectos más curiosos y significativos del vínculo con Springsteen es que éste llega a muchos hogares de manera intergeneracional. El padre lo escuchaba cuando su hijo era pequeño y éste ha crecido con su música como banda sonora de su propia vida. Es un hecho habitual encontrar a familias enteras en los conciertos de Springsteen y los niños en sus conciertos también tienen un protagonismo especial.

     

    ¿Se ha creado un personaje? Sí, el que a Springsteen ya le funcionaba: el músico humilde, modesto, generoso con los demás, el que canta por los olvidados, el que hace de sus conciertos una experiencia inolvidable, el que apoya medidas progresistas… Otros responden que un working class hero no debería tocar al lado del presidente de Estados Unidos. ¿Pero qué presidente? Barack Obama, no Mitt Romney. Si bien previamente Springsteen había ofrecido conciertos a favor de causas benéficas como la lucha contra la energía nuclear o a favor de los veteranos del Vietnam, su participación en Vote for Change supuso la primera vez que declaraba abiertamente su voto al Partido Demócrata, con el candidato John Kerry, y después con Obama. Kerry utilizó el tema No Surrender como canción principal de la campaña. Hoy en día, Springsteen está completamente asociado a Obama y se ha implicado en sus campañas. Por otra parte, es imposible ser seguidor de Bruce y declararse antiamericano. Quizás de una política concreta de Washington, pero no en general. Springsteen y Estados Unidos están unidos. Ciertamente, el discurso político de Springsteen puede ser demasiado generalista. Algunos aspectos a los que hacen referencia no son extrapolables a Europa. Es un discurso que no traspasa el Atlántico. El continuo sentimiento en sus canciones de coger la carretera y apretar el acelerador para huir de todo no cuaja en España. Esta idea tan beat aquí no resulta del todo factible por causas sociales y culturales.

     

    Como explica Eric Alterman en su libro, Bruce Springsteen, nacido para el rock, “Springsteen se convierte en un creador a través de la música de una comunidad invisible que, como él, rechaza hacer concesiones a la manipulación del poder”. Es la idea de una comunidad desconectada pero unida por la música, el romanticismo y el deseo de liberación frente a cualquier forma de autoridad. Los fans hacen de este mensaje su forma de vida y por este motivo se sienten en deuda y desean agradecerle lo que ha hecho por ellos. Durante la infancia y juventud, a Springsteen literalmente le salvó el rock’n’roll, y este mensaje se traslada también a sus seguidores. Sus canciones sirven de inspiración y de consuelo aplicable a nuestras propias vidas. La experiencia global de la música ayuda a los fans a reordenar su mundo, a resistir las dificultades y compartir momentos de extrema emoción.

     

    Las historias del álbum Born to Run son monólogos interiores y rendiciones dramáticas de luchas personales. Es un álbum sobre el heroísmo no exaltado de la vida cotidiana. En una sola canción aparecen grandes temas como el amor, la rebelión, la amistad, la fuga y la aventura. “Son un beso de despedida a todos los que no contaron contigo, te humillaron o decidieron que no eras lo suficientemente bueno”, dice Alterman. El álbum posterior, Born in the USA, trata de aquella inexplicable fuerza vital que nos empuja a vivir aún después de que se desvanecen los sueños y se incumplen las promesas.

     

    A Springsteen le preocupaba, como ha declarado en algunas entrevistas, que se convirtiera en un producto de la imaginación de muchas personas, alguien esclavizado por su propio mito. Porque la mayoría de los fans se introduce en el mundo del intérprete y compositor con el mismo respeto, devoción y seriedad con el que unos fieles entran en una iglesia.

     

     

    ‘The Boss’: la producción

     

    Con sólo un pequeño altibajo en los años noventa, todo este tiempo ha continuado teniendo la misma reputación y fama, debido también a su alta productividad componiendo nuevos discos. Ha sido todo un fenómeno cultural a lo largo de cuarenta años. En 1982 publicó Nebraska, un disco muy diferente a los que nos tenía acostumbrados, alejado de lo comercial, duro con las letras, pero muy puro musicalmente. Fue arriesgado y sin embargo acabó siendo un golpe maestro: el disco se considera uno de los mejores que ha creado jamás.

     

    En plena efervescencia de ídolos adolescentes y de representaciones contradictorias, ¿qué es, hoy, ser auténtico en el mundo de la música? Para los fans de Springsteen, auténtico es un término sinónimo al cantante, así de sencillo. Alguien que compone su música, que la toca en directo, que canta sin playback, que se muestra firme en sus convicciones, que ayuda a los demás, que no consume drogas, que es vital en los escenarios, que siente un constante agradecimiento hacia a sus seguidores... Springsteen incluso ha pagado las operaciones de algunos fans enfermos sin hacer ningún tipo de publicidad, con la máxima discreción. De vez en cuando se pasa por sorpresa por el club The Stone Pony en Asbury Park (Nueva Jersey) donde comenzó a tocar, coge una guitarra y canta con quien esté en el escenario. Es un artista honrado: continúa haciendo buenos trabajos por mucho que ya haya alcanzado el éxito total. Sigue trabajando duro. Él suele decir que en sus conciertos lo da todo porque toca para aquel espectador que es la primera vez que lo ve y que quizás no volverá a ir a un concierto suyo. El cineasta Ridley Scott ha producido recientemente un documental sobre el fenómeno de los seguidores y qué significa su música para ellos: Springsteen and I.

     

    Pasión, esperanza, lucha. Su firma genera sentido, su nombre lo es todo. Si bien no es tan comercial como otras marcas (búsquenlo en vano en la sección de merchandising de establecimientos como Fnac), su nombre ya se ha convertido en una mercancía (para alegría de unos y decepción de otros). Así pues, siguiendo el circuito de la cultura, el encargado de producir toda esta significación es en primer lugar su persona en sí y su representación. En segundo lugar, también es el público y los fans que obviamente tienen una parte importante en este proceso. Y finalmente, su discográfica, Columbia Records, que se beneficia de esta imagen.

     

    Parece paradójico el hecho de que Bruce Springsteen fuera un joven muy tímido y ahora sea un gran comunicador capaz de mover verdaderas masas. Sólo un dato: en algunos conciertos sólo necesita ocho horas para vender 15.000 entradas. Cuando un artista llega a multimillonario y sus canciones pierden el contacto con la vida real los seguidores suelen recriminarle que haya roto los lazos con el mundo que dio forma a su música. O por otro lado, si desde su posición sigue pendiente de lo que pasa en la calle, parece hipócrita y es peor. Pero Springsteen mantiene un vínculo con los fans de confianza, lealtad y compañerismo y por este motivo su imagen es positiva, amable y familiar. ¿Hasta qué punto su imagen y su fenómeno no es una controlada acción comercial? Vaya, ¡Dios tampoco es perfecto!

     

     

    Todo un fenómeno de masas: el consumo

     

    El verdadero fenómeno de masas llegó en 1984 con Born in the USA. Y a partir de ahí fue imparable. Bruce ha vendido 120 millones de discos en todo el mundo, ha ganado una veintena de premios Grammy, entre otros reconocimientos, y puede llegar a vender 50.000 entradas para un concierto.

     

    El consumo de Bruce no sólo se centra en la compra de sus discos y con las entradas a sus conciertos. En realidad, se ha creado toda una apropiación de su figura: muchísimos fans se diseñan camisetas personalizadas con algún disco o letra que le resulte más personal por un motivo particular, otros se tatúan su nombre o alguna característica referente a él para demostrar lo importante que ha sido en su vida, y otros cuelgan en Youtube decenas de vídeos interpretando con una guitarra y la voz cualquiera de sus canciones.

     

    El fenómeno fan es imparable. Muchos de los seguidores han asistido a más de una cincuentena de conciertos suyos y algunos que lo siguen desde los años ochenta a un centenar. Es de admirar la organización de los propios fans a la hora de hacer cola en los conciertos. Muchos recorren miles de kilómetros en un acto de la más sencilla y pura lealtad. La mayoría de asistentes ya se conoce por reencontrarse siempre, sean los conciertos en su propia ciudad o en la otra punta del continente, y otros hacen nuevas amistades, compartiendo el mismo héroe como principal aspecto en común. Se podría hacer un estudio antropológico en la cola de un concierto entrevistando a los seguidores –preguntándoles desde dónde vienen, a cuántos conciertos han asistido y qué significa The Boss para ellos– y no dejarían de aparecer datos realmente reveladores. Es más, otros también le dedican clubes, webs y revistas enteras para fanáticos. Hay 70 millones de entradas si tecleamos el nombre de Springsteen en Google. Bruce y seguidores forman una especie de simbiosis. Los fans le siguen allá donde va. Y sin ellos, él no sería quien es.

     

     

    La regulación

     

    Es el último paso del circuito de la cultura. El principal punto en cuanto a la regulación de su producto cultural es el copyright de Bruce Springsteen, que pertenece a Columbia Records. La piratería para los que quieren escuchar a Bruce es innegable, pero los verdaderos seguidores siempre comprarán sus discos en una simple reacción de fidelidad. En sus multitudinarios conciertos la regulación de las entradas y el orden y la seguridad el día del concierto se hacen necesarios e incuestionables. Nunca se ha sufrido ningún trágico acontecimiento dentro de los recintos donde Springsteen ha actuado.

     

    Springsteen tuvo que hacer frente a un litigio y una batalla legal en 1977 en torno a Born to Run con su antiguo representante, Mike Apple, lo que lo mantuvo fuera del estudio de grabación durante un par de años. Apple finalmente renunció a los derechos de las canciones de Springsteen y su deber como representante a cambio de una compensación económica. Desde entonces, su manager ha sido Jon Landau, quien se sintió especialmente joven aquella primera noche de 1974.

     

    Conocer a alguien también es imaginarlo cuando no lo vemos. Todos creemos conocemos a Bruce Springsteen. Según él, el desafío más grande de la edad adulta es mantener el idealismo después de perder la inocencia. En palabras del intérprete: “me propuse encontrar un público que fuese el reflejo de alguna comunidad imaginaria que yo tenía dentro de mi cabeza, que viviese de acuerdo con los valores de mi música y que compartiese un conjunto parecido de ideales”. Parece haberlo logrado con creces.

     

     

     

     

    Marina Pallás (Tortosa, 1991) es periodista y actualmente estudia el posgrado de Periodismo Literario en la Universidad Autónoma de Barcelona. Es colaboradora del suplemento ‘Estilos de Vida’ de La Vanguardia y de algunos medios digitales como La Cultura No Val Res. Es locutora de radio desde 2009 y ahora presenta el programa cultural La migdiada d’Orió en Ràdio Tortosa. También ha hecho colaboraciones para el semanario La veu de l’Ebre, Imagina Ràdio y para l’Ebre TV. En Twitter: @MarinaPallas 

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