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    Vida breve, comedida y discreta del demiurgo y maese titiritero Miguel de Cervantes: de una caja de galletas al sayal de la V.O.T.

    Eduardo Anglada - 05-05-2016

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                                                                                            “El baile de la chacona
                                                                                             encierra la vida bona”

     

    Y la primera en la frente lisa y desembarazada. Los eruditos del XVIII buscaron como locos la partida de bautismo de Miguel de Cervantes en los libros parroquiales de villas y ciudades de Castilla, y encontraron varias (proliferación de homónimos), y entre ellas la auténtica del escritor, de 1547, en la parroquia de Santa María la Mayor de la cisneriana y archivera Alcalá de los azañas, de la mitra toledana, Cómplutum romana, castillo moro. Guerra y vicisitudes de este documento de cristianación: durante la guerra de fuego y sangre de 1936 el párroco lo salvó de la quema escondiéndolo dentro de un caja de galletas oculta en el fondo de un pozo, así que hoy lo conservamos, aunque deteriorado, mientras de la iglesia parroquial sólo sobreviven sus ruinas y del archivo ni las cenizas. Fue su padre cirujano sangrador, que no médico de pulso, y sordo de nacimiento (aunque tañera la vihuela), y su madre, Leonor de Cortinas, propietaria rural de posibles y mujer de carácter. El cuarto de siete hermanos, de los que cuatro llegaron a edad adulta (Andrea, Luisa monja, Magdalena, y Rodriguín). Buena parte de su vida es un misterio pues durante años se le pierde la pista y apenas se tienen datos documentados, sólo endebles conjeturas y meras deducciones de sus personajes literarios. El autor deviene en personaje de su propia obra y es devorado por ella. A su desgraciado padre, mal avenido con la suerte en su profesión, lo encarcelan por deudas y alega ser hidalgo, aunque sin solar conocido ni ejecutoria, y buscando mayor prosperidad, solo o en compañía de la familia, peregrina por Valladolid, Córdoba, Sevilla y Madrid. Se desconoce si Miguel vivió de mozo en Andalucía, donde se había establecido su familia paterna, de linaje remotamente galaico leonés y quizá descendiente de conversos, aunque no se pueda probar, pero su forma de vida les delata, según los cazadores de marranos. Su tía paterna, María de Cervantes, tuvo una hija, la prima Martina, de sus amores con Martín de Mendoza “el Gitano”, clérigo abarraganado y bastardo de la casa de Mendoza. Su abuelo paterno, el licenciado Juan de Cervantes, pañero cordobés, un temperamento de armas tomar. Coincidencia: abuelo, hijo y nieto conocieron la cárcel. Ingenio libre e ingenuo, aunque lego, es decir, un autodidacta, y el más festivo. No fue letrado, tuvo pocas letras formales, careció de estudios universitarios estructurados. Los “preuniversitarios”, insuficientes, parece los hizo con el humanista López de Hoyos, quien le apellidó “caro y amado discípulo” y editó en 1569 en Madrid sus primeras poesías, cuando la reciente y naciente Corte filipina creaba una burocracia de secretarios vizcaínos, letrados y escribanos para administrar la Monarquía Hispánica, atlántica y universal. Existe una providencia de los alcaldes de Casa y Corte de 15 de septiembre de 1569 “para que un alguacil vaya a prender a Miguel de Cervantes” (¿un sosias?), condenado a que le corten con vergüenza pública la mano derecha y destierren diez años del reino por haber malferido un hombre, un maestro de obras o alarife del rey, del ladrillo, en un lance de duelo. ¿Cervantes prófugo de la justicia, en busca y captura, o impostor? No. Entre 1569 y 1580 su vida transcurre en la Italia peninsular (Roma, Nápoles, Florencia, Milán, Génova, La Spezia, Ancona, Plasencia, Ferrara, Parma, Luca, Gaeta…) e insular: Sicilia (Mesina, Palermo, Trápana), y Cerdeña para la invernada. Criado distinguido de un noble, camarero, ayuda de cámara de un cardenal, oficial. El humanismo y la vida libre triunfan, conoce sus cien ricas y alegres ciudades y sus espléndidas hosterías: su ventura. Sienta plaza como soldado bisoño y bizarro en una compañía de los tercios napolitanos y milita, con 24 años, asombrado, el domingo siete de octubre de 1571, día de San Marcos, en la naval de Lepanto, la madre de todas las batallas, la sangrienta naumaquia de Naupacto, la felicísima jornada. Es su día más largo, en el que un arcabuzazo turco le dejó estropeado el brazo y rompida la mano izquierda y en el que vio cómo pasaban por el agua color vino, humilladas, las colas de caballo o estandartes de los enemigos de la cristiandad, a quienes se les paró los pies. Banderas victoriosas. El jenízaro amenaza: bremaneur casaca cocomiz. Toma parte en otras hazañas bélicas, escaramuzas y batallas, en el Mediterráneo y plazas norteafricanas como un levante más, parlando la lingua franca, infante de marina, soldado aventajado ya, 1572-1575, bajo el almirantazgo del bastardo príncipe serenísimo don Juan de Austria: Navarino, Modón, Corfú, Bizerta, Túnez, La Goleta, Mostagán, Orán. La galera que le devolvía a casa en 1575 la apresan los corsarios berberiscos. Se puso el Sol en Cadaqués. Corso y presa, nueva frontera. Cautivo y desarmado, Prometeo encadenado como un terceto, esclavizado, no hay asiento bueno, sufre prisión en los baños o trena de Argel, 1575-1580, un quinquenio y un mes, e intenta cuatro veces la fuga. La gran evasión. ¿Un experto en fugas, como personaje de Cunqueiro, un cancerbero que trasegaba personas de África a Europa cruzando la mar, contrabandeo o matute, algo que nos resulta muy familiar y cercano? No. En su descenso a los infiernos o purgatorio en la tierra, conoció bien la topographía del inframundo de infieles y renegados, homicidas de todo el género humano: paciencia y barajar, azar y naipe. En 1580 los padres trinitarios entregan su rescate, 500 escudos de oro, lo que arruina el patrimonio familiar y deja sin dote a sus dos hermanas doncellas, que quedaron pobres. ¿Cómo pagar el caudal de la deuda de la redención, cómo medrar y sobrevivir con dignidad? Le encargan una misión secreta en Orán. ¿El heroico y ejemplar soldado también espía o agente secreto? ¿Cervantes interesado intrigante? Quizá. Se ha librado por los pelos de su barba rubia de acabar sus días y sus noches en la Gran y Sublime Puerta (otomana por supuesto), del viaje sin retorno al país de irás y no volverás de Estambul, antes Constantinopla, pero es su adiós a las armas, nunca tendrá la patente de capitán en su cañuto. Después de doce años reinicia su vida en Madrid, a los 33 de su edad, en la mitad del camino de la selva oscura, y se tiene que reinventar y reconstruir en una sociedad clientelar y cerrada, pasa a ser un pretendiente estante en Corte, sólo Madrid lo es. Solicita dos veces, 1582 y 1590, un oficio vacante en América, el sueño de las Indias, y se pide la Gobernación de la provincia de Soconusco o la corregiduría de La Paz, ambas en Guatemala, o la contaduría de las galeras de Cartagena en Nueva Granada. Respuesta: “busque por acá en qué se le haga merced”. Falla en sus pretensiones de salir de pobre y granjearse un acomodo, pero poco tenía que hacer un secretario mesetario y sin estudios frente a la competencia de los vizcaínos. Tiempos de tribulación, tiempos recios. Escritura de memoriales y relaciones de méritos y servicios. Retoma y retorna a las musas, regocijadas, con la publicación de La Galatea en 1585. Intenta la aventura de su pasión  teatral, la única forma de conseguir dineros con la pluma, luego que con la pica y con la espada, y logra representar varias comedias, hoy perdidas salvo El trato de Argel y El cerco de Numancia, pues el teatro triunfante bajo la tiranía monopolista de Lope de Vega no deja espacio al suyo. En 1584 nace su hija natural, la niña Isabel de Saavedra, fruto de su relación con la cómica Ana Franca de Rojas, casada con un bodegonero, y ese mismo año matrimonia el doce de diciembre en Esquivias, un lugar de la Sagra toledana, con Catalina de Palacios Salazar Vozmediano, de diecinueve años y a quien le dobla la edad, hidalga y cristiana vieja y con una buena dote. Entre los bienes muebles e inmuebles de Catalina hay dos cerdos y las 29 gallinas y un gallo que inspiraron relato de Sender en el que Catalina se metamorfosea. Cervantes, Toledo y el Greco. Los corrales, de comedias o de gallinas, y sus concomitancias. En esta villa se avecindó y tuvo su único hogar y donde quizá algún hidalgo sosegado o tronado, un Alonso Quijada, le inspiró el personaje del loco de su obra maestra ¿Cervantes aficionado a las mocitas y algo mujeriego? Quién sabe. 1587-1601: se establece en Sevilla empleado como comisario general requisador de abastos de aceite y granos de cebada y trigo para el bizcocho (dura galleta) de los galeones reales de la Armada de Inglaterra contra el vicioso luterano, y luego recaudador de impuestos o alcabalero para la Real Hacienda. Quintales, arrobas y fanegas para el Friedensfürsten y su empresa o jornada. Fue algo parecido a un moderno funcionario de nivel medio de hacienda o defensa, trabajando en la logística militar, que ejerció de consultor privado, gestor administrativo, financiero y contable con agencia y fue contratista de la Corona, pues era hombre habilidoso y de confianza en tratar negocios y hacer amigos, y un experto en papeleo legal, financiero y crediticio. ¿Prestamista que trapichea con microcréditos, avalista y testaferro? El cobrador del Verde Gabán. Viajante excepcional por necesidad profesional, recorre los caminos reales, ventas, lugares, aldeas, pueblos y despoblados, villas y ciudades de los reinos de la Andalucía (Écija, Osuna, Carmona, Marchena, Morón, Estepa, Cazalla, Úbeda, Baeza, Linares, Montilla, Jaén, Marmolejo, Martos, Porcuna, Andújar, Cabra, Ronda, Vélez, Málaga, Teba, Puerto de Santamaría, Paterna, La Palma del Condado, Coria, Llerena, Alhama, Loja, Baza, Guadix, Almuñécar, Motril, Salobreña), con estancias en Madrid y en Esquivias como apeadero. 13 años cruzando el yermo desierto de la Mancha, paso obligado entre Castilla y Andalucía, experiencia de la que nació el Quijote. Usos y costumbres, mulas de alquiler, arrieros, cuadrilleros de la Santa Hermandad Vieja de Toledo. Viajar vuelve discreto. Es descomulgado por canónigos prebendados avaros y ofendidos por embargar su trigo y encarcelado en Castro del Río y en la cárcel de Sevilla, en 1597, donde habita y se asienta tres meses por la bancarrota fraudulenta de un banquero envuelta en oscuros desacuerdos contables. Un atropello que le asemeja a Camoes, paisano nuestro. Sevilla: refugio y amparo de pobres, desesperados y desheredados, o de tahúres y villanos, de humillados y ofendidos. ¿Tenía el habla de Cervantes deje andaluz de Córdoba? Sufre en sus carnes el mundo picaresco y rufianesco del hampa y del juego. El hermanillo con el que había compartido captiverio, muere en 1600 en Flandes en la batalla de las Dunas de Nieuport, piquero ascendido a alférez, veterano que fue de la jornada de la Terzera de Açores. En 1603 se muda con su familia, compuesta solo por mujeres, a Valladolid, Corte entre 1601-1606 por interés y capricho del de Lerma, la corte sigue al Real Sello. Mudanza y desengaño, del manierismo al barroco. Unos meses después de publicar el Quijote se comete un asesinato delante de su casa del arrabal del Rastro de los Carneros, un primer piso encima de una taberna. El interfecto es don Gaspar de Ezpeleta, caballero navarro dado a galanteos, es decir, un crápula, que iba de caçería. Ajeno por completo a un crimen que la justicia corrupta tapa, le salpican las deposiciones de una vecina, beata amargada y maldiciente, que ponen en entredicho su honorabilidad y la reputación de sus hermanas, hija (analfabeta aunque supiese firmar) y la sobrina Constanza, más la criada: las mal llamadas cervantas, con la honra a cuestas. ¿Cervantes especulador dudoso y ludópata asiduo de garitos de juego? No y sí. Hábitos de soldados y de presos. Dominaba la jerga de tahúres y trileros, de la gente del naipe. El converso sevillano Mateo Alemán, asombrosamente coetáneo suyo, publica en 1599 con inesperado éxito la 1ª parte de la vida del pícaro Guzmán de Alfarache, y sí consigue pasar a México, aunque sobornando a un secretario del Consejo de Indias. Cervantes debió conocer de primera mano la corrupción y no pondría la mano (¿cuál?) en el fuego por nadie, y debió tener mucha mano izquierda, a pesar de todo. Y jamás prevaricó, al menos con el lenguaje. A finales de 1604 se imprime muy malamente (plagada de erratas y con infames tipos y ruin papel de los cartujos del Paular en el alto Lozoya) la 1ª parte del ingenioso hidalgo de la Mancha (endecasílabo perfecto), que aparece con fecha de 1605 y que obtiene un éxito fulgurante, conociendo en vida, finalmente, una cierta fama y gloria literaria, aunque como humorista, incluso allende los Pirineos, pero nada de numerario, ningún lucro. Regresa en 1607, ya con 60 años, a la Villa y Corte de nuevo con toda su familia a cuestas, donde trashuma, víctima de desahucios y desalojos, la crisis, por las modestas colaciones, cuarteles y arrabales  de Atocha, Antón Martín, las Huertas, Duque de Alba, Magdalena y plaza de Matute. Poetón ya viejo y soldado veterano y glorioso pero en la reserva, enfermo, pobre y muy sin dineros, solo pero con amigos, cansado y con la vista cansada (usaba anteojos que eran “como huevos estrellados mal hechos”), ya abuelo, participa en los conventículos de sensatas academias de ociosos (Imitatoria o Selvage o de los Humildes) de la república literaria. Se puede calificar de prodigiosa la última década de su existencia, 1605-1615, pues despliega una intensa e insólita actividad literaria, casi experimental, a mano (1) y con el ordenador de sus cincunvoluciones cerebrales. Antiescritor de antiprólogos. Realiza al tiempo trabajos editoriales y otros negocios, ca. 1607, para Francisco de Robles, mercader de libros y editor de sus obras. Publica las Novelas ejemplares en 1613, el Viaje del Parnaso en 1614 y las Ocho comedias y ocho entremeses y la espectacular segunda parte del ingenioso caballero (donde estuvo sembrado, para quitarse el chambergo o el bonete, chapó) en 1615, y termina el Persiles en 1616, publicado póstumo el año siguiente por su viuda, y cuya emotiva dedicatoria está escrita tres días antes de su muerte, el 22 de abril de 1616 en la casa de la calle del León esquina Francos, junto al Mentidero de los Representantes (comediantes, farsantes), poco más de una semana después que la de Shakespeare, el 3 de mayo, falleciendo de una hidropesía causada quizá por diabetes o cirrosis. Pías costumbres de la época que con gran zelo favorecía un Príncipe devoto y timorato cual era el tercero de los Felipes, y propias de un hombre piadoso y de profunda fe religiosa que busca la salvación: se alistó de congregante en la de los Esclavos del Santísimo Sacramento. ¿Cervantes beato escéptico y desengañado? No necesariamente. Se le dio sepultura el sábado 23, ahora sí, con la cara y una parte de la pierna derecha descubierta semiembutido en el sayal franciscano de la Venerable Orden Tercera (VOT), como hermano profeso que era, en el vecino y destartalado convento de las monjas Trinitarias Descalzas, la orden que le redimió de la herrería del demonio, y donde no reposan sus restos. No se ha hallado ninguno de seis dientes que le quedaban a este pobre viejo con 69 años sobre sus cargadas y baqueteadas espaldas. ¿Las campanas de las iglesias de San Bartolomé y de San Sebastián doblaron por él? Catalina viuda encargó diez misas por su alma. Le bautizaron frente a un corral de comedias y le sepultaron junto al Mentidero de los Comediantes, fracasó como dramaturgo y como poeta en su viaje y subida al Parnaso, pero a cambio creó, maese Miguel, titiritero y demiurgo, un nuevo género literario, la novela moderna, en la que triunfó por los siglos de los siglos. Amén. Fin de partida. Telón. La comedia ha terminado.

     

     

    *      *      *

     

    Las mujeres de Cervantes. Su madre, Leonor de Cortinas, de Arganda del  Rey, población circunvecina de Alcalá y Madrid, fue cervantina a más no poder: sabía leer y escribir, cosa poco frecuente en la época, y tuvo que ser quien enseñara el catón a su hijo Miguel, y probado está que puso toda la carne en el asador para sacar, no a uno, sino a dos de sus hijos de las mazmorras argelinas, para lo que suplicó, mintió piadosamente (que era viuda pobre y que le mancaron dos hijos) e intentó mercadear exportando géneros no prohibidos a Argel porque no le llegaba para los 500 ducados del chantaje. Fue mujer fuerte, inteligente, generosa y de gran espíritu, una matriarca. Cervantes, un feminista avant la lettre. ¿Cervantes de origen judío, de familia conversa? Moda américo-castrista, a la caza de conversos de nariz corva con galgo o con podenco. Su sospechoso linaje paterno, camuflados como familiares (es decir, confidentes, soplones, chivatos, malsines, sayones) del Santo Oficio, hacía ostentación de cristianos viejos y limpios, sin sangre ni de moro, ni de judío, ni de converso, ni de reconciliado, ni de quemados. Abre el ojo, que asan carne. Claro que todo está tapado y bien tapado, y la documentación, incluso la vetusta, puede ser falsa y mendaz. Sobre la relación con su mujer, con la que no tuvo descendencia y de la que vivió separado en sus correrías Despeñaperros abajo para buscarse decentemente la vida, ella dejó escrito en su testamento “por el mucho amor y buena compañía que ambos hemos tenido”, pues es lo mejor del matrimonio, y le legó un majuelo camino de Seseña, la cama, los muebles y el ajuar. No parece fuera su media naranja amarga, quizá fue un matrimonio de interés necesitado de un juez de divorcios. Chistes y bromas se hicieron sobre la forma originaria de su apellido, Cervatos, y la cornamenta cervuna, pues estamos en el siglo del cuerno (don Francisco) cuando los campos de Castilla se araban con maridos. No, de ningún modo doña Catalina era de esas viudas que suele hacer con bizarría más cabalgadas en un día que los moros en un mes, no, vive Dios que no. ¿Murmuraciones de envidiosos poetas cortesanos? Tantos años separados quizá se justificaban con una supuesta infidelidad de una casada que no había leído a Fray Luis de León. ¿Cervantes divorciado o coronado o consentidor? Bromas, chanzas, juegos. Cervantes y los hombres. Está la hipótesis, más que tesis, de su homosexualidad, en el mundo académico hay que publicar lo que sea, aún birrias pericolosas. Se sospecha que pudo tener un hijo en Nápoles, llamado Promontorio, causa y razón de su interés en formar parte del séquito de criados del Conde de Lemos que zarpaba en 1610 de Barcelona rumbo a la mejor ciudad del orbe como Virrey, aunque le dejaron en tierra. El arte de lisonjear magnates. ¿Era la razón del viaje un supuesto hijo, fruto de un amor juvenil napolitano o siciliano? Marte y Venus, armas y letras. Se tuvo que vindicar de las infamias y calumnias de “algunas cosas viciosas y feas” (blasfemia, apostasía o sodomía, palabra mayor) que el dominico, celoso extremeño, judeomorisco y ojizarco doctor Juan Blanco de Paz (¡vaya nombre el del hombre!), su desacreditador, vertió sobre él en Argel, pues le tenía gran ojeriza. Chi lo sà! No sabemos ni cómo ni por qué salvó el pellejo (valía más vivo como mercancía que muerto) y no fue cuatro veces empalado vivo, sadismo puro, después de sus intentos de fuga: ¿no pagó ningún precio? Calvario masoquista, pesadilla argelina. ¿Un Cervantes de conducta equívoca, lgtbi (lenguaje de hoy) o bujarrón (como se decía en la época)? No, mafias. Albert Camus, hijo de una mallorquina analfabeta, Catalina Sintes, cuya única arma era el rosario, nos redimió Argel, que algunos nos han vendido como una república popular, paraíso fiscal, o ciudad libre y abierta plena de ascensores sociales. Moros y cristianos. Renegados y tornadizos. Levantes y levantiscos.

     

     

    *      *     *

     

    Su juventud coincide con el Concilio de Trento y casi toda su vida con el reinado de Felipe II (segundo en nombre y hombre sin segundo, y a cuyo túmulo dedicó en 1598 un famoso y crítico soneto con estrambote ejemplar, del que hasta se jactaba) y de Felipe III, que expulsa a trescientos mil moriscos, cultivadores y comedores de berenjenas (Ben-Engeli o hijo del Evangelio, ¿arabización del apellido de su alter ego?) a partir de 1609, cuando los reinos parecían estar habitados por hombres encantados que vivían fuera del orden natural, según sentenció Cellorigo el arbitrista, a pesar de personajes como el Patriarca Juan de Ribera, pero una golondrina no hace verano ni clase dirigente, el no hay cabezas de los tiempos de don Gaspar el CD. Quiebras, suspensiones de pagos, bancarrotas. Pasquines: si el Rey no muere, el reino muere. En un tris de dar un tras. Toda la documentación archivística existente sobre Cervantes es administrativa y contable y apenas informa sobre su vida externa ni sobre su carrera literaria ni menos aún acerca de su personalidad humana. Con todo, su vida fue bastante normal y relativamente afortunada, o al menos no excesivamente desdichada y sí discreta y comedida, por usar palabras tan de su gusto. Desconocemos hasta cómo era su vera efigie, pues el retrato más conocido, atribuido a Jáuregui, es una notoria falsificación y cuya divulgación debería avergonzar. Con la pluma dibuja con palabras su autorretrato físico, en el prólogo de las Novelas ejemplares, archiconocidas hasta la saciedad: de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y nariz corva, aunque bien proporcionada, las barbas de plata, que no ha veinte años fueron de oro; los bigotes grandes, la boca pequeña, la color viva, antes blanca que morena; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; pero en ninguno de sus libros se publicó su retrato autorial, grabado al cobre (calcográfico) o a la madera (xilográfico), como en las obras de Ercilla, Lope, Alemán y tantos otros autores, de tronío o no, contemporáneos suyos. Goya no llegó a ilustrar el Quijote, pero si por acaso hubiese retratado a Cervantes, ¿cómo hubiera pintado su(s) mano(s)? ¿Fue Cervantes un novelista inglés del siglo XVIII? Los albiones o britanos fueron los primeros que le valoraron y le adjudicaron el tratamiento de don, pues él no firmó nada con el don delante de su nombre, como hacía por ejemplo don Francisco de Quevedo, y usó sólo desde 1585 un  misterioso segundo apellido, que en árabe dialectal magrebí (Shaibedraa) quiere decir brazo defectuoso, acaso un apodo turquesco. La tal Luce López-Baralt dixit. ¿Sutil ironía y discreto donaire o casualidad del manco sano, que antes se cortaría la mano que, siempre escurridizo? Se tiene noticias de obras suyas descarriadas o perdidas, inéditas o quizá meros borradores, como Las semanas del jardín, El bosque amoroso, La confusa, La gran turquesa, El engaño a los ojos, La batalla naval, El trato de Constantinopla y la muerte de Celín, La bizarra Arsinda o El famoso Bernardo, desaparecidas para siempre. Solamente se conservan once autógrafos, todos legales o administrativos, y ninguno literario o personal, y todos de algún archivo, la mayoría del de Simancas, y los que no continúan en su archivo originario algún cuco caco los rapiñó, como los tres que tiene la Rosenbach de Philadelphia, Pennsylvania. Los autógrafos cervantinos se dividen en tres grupos, los auténticos, los falsos y los falsos con certificado de autenticidad. La Biblioteca Nacional atesora(ba) tres: uno auténtico (RES/262/180, un documento legal sobre una fianza), otro falso y un tercero desaparecido. Aun así, todavía aparecerán en los archivos documentos cervantinos, como el testamento que sabemos que hizo, cuando se despidió y quiso arreglar sus cuentas con Dios (extremaunción) y con los hombres. Fernando Bouza divulgó en 2008 un documento del AHN, nada menos que la licencia, privilegio y aprobación , que no se imprimió, de la 1ª parte del Quijote, cuatro siglos bajo el polvo.

                                                                                                                                                                                            Los datos biográficos son hechos susceptibles de interpretarse de formas distintas, y en muchos casos no podemos saber cuál pueda ser la más cierta. El espíritu de la época, la mentalidad cultural, los prejuicios y las necesidades sociales condicionan siempre la interpretación de los datos. Ignorancia inicial, recreación romántica, y mito nacional de héroe cultural, como el Dante, Camoens, Shakespeare, Goethe o Pushkin. La cívica estatua, de su persona sobre el pedestal, con la espada y con la pluma, es la del primer español de a pie, de sangre no azul (1834, frente a las Cortes de la Nación Soberana) que no fuera dios, rey, santo o mito. Aunque el impulso soberano venía de atrás, del felón Fernando y aún del ilustrado usurpador Pepe Botella. Es nuestro tiranicida, junto al padre Mariana. Después de la crisis de identidad del 98 Cervantes y don Quijote tuvieron que representar las esencias nacionales, que cristalizaron en el centenario de 1905. De la reinterpretación oficial durante el período nacional-católico arrastra su figura una imagen que provoca entre algunos desafectos una extraña, incierta y vaga incomodidad. Y para mayor inri de estos tiempos líquidos, su vida, muerte y milagros transformada en mercancías de parque temático de cartón piedra, incluso a costa del presupuesto: turismo, destructor de ciudades civilizadas. Cervantes y las poltronas. Vaya mala suerte que muriese el mismo año que Shakespeare, porque alguna gente piensa y se informa y hace la comparativa de los fastos de ambos centenarios y saca conclusiones. Guillermo y Michael se hubiesen sonreído o guiñado un ojo, tal si el destino les hubiera hecho coincidir en una taberna pinciana, pucelana. Además, como inspector de contribuciones que fue, quien debiera financiar y organizar su homenaje debe ser el prepotente Ministerio de Hacienda o el de Economía y no la miserable Secretaría de Estado de Cultura. Fue contador y contable, tanto de cuentas como de cuentos, pero primen los números una vez más y sustente el erario lo que deba sustentar. Sanseacabó.

     

     

                                                              *     *     *  

     

    El primero que publica un corpus documental cervantino fue el nunca suficientemente alabado como se debe y benemérito bibliógrafo don Cristóbal Pérez Pastor, al que siguió la documentada biografía de L. Astrana Marín y los sesudos trabajos interpretativos y filológicos de Américo Castro, Martín de Riquer, Jean Canavaggio, Francisco Rico, K. Sliwa y tantos otros sabios. Pero el primero (1738) de sus biógrafos  fue el ilustrado protobibliotecario valenciano Mayans y Siscar, don Gregorio, por encargo de milord Carteret, al que siguieron los apuntamientos del marino Fernández de  Navarrete, don Martín (1819). Hoy esto sería imposible, la raza degenera y quedan lejos los tiempos en que los bibliotecarios eran académicos y los directores de la Biblioteca Nacional ilustres polígrafos y cervantistas, y no simples licenciados y que por tanto ignoran cómo trabajan los investigadores y cómo se hace una tesis doctoral: no han leído ni oído el Eco de Umberto. Así como se sabe absolutamente todo de Goethe, hasta la más extrema ridiculez, de las vidas de Cervantes y de Shakespeare no se sabe casi nada cierto y documentado, y ambas están sumergidas en el misterio de sus respectivos mitos culturales y nacionales, lo que propicia teorías peregrinas y disparatadas especulaciones así como patrañas y falsificaciones como El Buscapié del gaditano Adolfo de Castro. Y su paisano medinés, el ingenioso y extravagante doctor Thebussem, inventor del coleccionismo cervantino (triunfó), el de migas de pan (fracasó), la cocina del Quijote (nuevo éxito frente a la afrancesada y cortesana) y hasta de la tarjeta postal (nombrado cartero honorario del Cuerpo).

     

    El cineasta hispanocinéfilo don Orson rodó durante tres décadas una versión inconclusa de un Quijote del siglo XX. Si hubiese filmado la vida de Cervantes quizá la hubiese titulado Súbdito C. Foco de luz sobre Cervantes. Por muchas investigaciones, informaciones, documentación o especulaciones que hagamos sobre cualquier ser humano para intentar averiguar quién era realmente, nunca alcanzaremos a saberlo ni a desentrañar ni destripar su verdadera personalidad o identidad, porque la esencia del ser humano siempre se nos escapará como el agua entre los dedos. ¿Cómo eran sus manos? ¿Cómo hubiera llamado Miguel a su trineo?

     

    Vale.     

     

    —Pero, ¿por qué escudriñar vidas ajenas como la de Cervantes, si lo que nos interesa de él son sus obras y crecer con su lectura? ¿Por qué buscar pan de trastrigo, amigo mío?

     

     

     

     

    Eduardo Anglada es bibliotecario.

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